EL
ARTE DE LO OCULTO XXXI
Un
libro de consulta visual para el místico moderno
S.
Elizabeth
Ediciones
Akal, 2024, Madrid
Orryelle Defenestrate
Orryelle Defenestrate-Bascule es un artista esotérico cuya
obra de arte es una experiencia ritual de diversas formas de trabajo: pintura,
escultura, teatro, escritura, música, donde la estética es el vehículo de la
animación espiritual de la materia. Sus obras están a la vanguardia del arte
visionario de hoy y tienen como objetivo reencantar el mundo con símbolos
arquetípicos y mitológicos. El trabajo de Orryelle se construye en torno a la
idea de que el arte es un puente entre los dos planos de la vida: lo figurativo
y lo abstracto, lo orgánico y lo sintético, lo ancestral y lo contemporáneo. En
Tela Quadrivium o El Libro del Tarot del Caos, por ejemplo, hay una voluntad
alquímica: cada volumen o imagen es un proceso de solve et coagula, disolución
y recomposición con la misión de cambiar la forma en que vemos el mundo. El
tarot, para él, no es solo una herramienta adivinatoria sino una forma de
entrar en un nuevo mundo, donde las cartas abren puertas a nuevos estados de
percepción. Su práctica teatral, a través de la Compañía de Teatro Ritual
Metamórfico, reescribe mitos antiguos en clave escénica, generando experiencias
liminales que recuerdan los misterios órficos o dionisíacos. El teatro se
convierte en un rito de metamorfosis, en el que actores y testigos participan
en una transmutación simbólica. De esta manera, Orryelle es parte del arte como
magia que es operativa, ya que no es entretenimiento sino invocación. Una de
sus estéticas es la convergencia de diferentes culturas: diosas como Sarasvati
y Brigid aparecen en sus pinturas en proximidad, como si estuvieran en una
especie de convergencia de agua y fuego, conocimiento e inspiración, Oriente y
Occidente. Este sincretismo no es arbitrario; es parte de una comprensión
esotérica de la unidad de los símbolos. La serpiente blanca, el cisne, el fuego
en la cabeza del poeta, el río sagrado: todos son símbolos de la energía
kundalini, de la ascensión del espíritu a través del arte. Al igual que con
Esezezus y las instalaciones para Hermes, el lenguaje ahora se ve como magia en
su obra. Hermes, dios de la comunicación y psicopompo, es invocado en
actuaciones donde la voz, la danza y la música se fusionan para representar la
maleabilidad del tiempo y el espacio. Así, el arte se convierte en un acto
hermético: el artista un mediador entre mundos, el símbolo una herramienta para
el tránsito.
Lions of Alchemy es una obra simbólica en la que dos
figuras contrastantes –un león como león y una figura alada y humana- entablan
un diálogo animado sobre un eje central de energía. Eso es desde un punto de
vista esotérico: esta composición está en consonancia con una tradición
alquímica de leones, símbolos de nuestras primeras y más fundamentales fuerzas,
que debemos entender, enfrentar y transformar.
En la alquimia, el león representa el poder bruto de la
naturaleza, la energía vital que puede destruir o iluminar si trabajamos con
ella. El león verde, por ejemplo, es la materia prima que aún no ha sido
purificada y el león rojo es la energía que ya se ha convertido en oro espiritual.
En la obra, el león con un cuerpo musculoso y una serpiente enrollada encarna
esa fuerza telúrica instintiva que permanece fuerte en lo material.
En contraste, la figura alada con rostro humano y serpiente
ascendente representa la sublimación de esta energía: lo animal y lo
espiritual, la elevación del poder a la conciencia. La columna alquímica, donde
fluye energía líquida o luminosa de uno a otro, es el eje de la transmutación.
Es allí donde se logra el solve et coagula: la descomposición de la forma
rígida y la recomposición desde abajo.
El símbolo de infinito en el horizonte indica que esto no es
lineal ni finito, sino un ciclo eterno de muerte y renacimiento, de descenso y
elevación, de materia y espíritu. La presencia de serpientes en ambos cuerpos
es otro signo de la energía kundalini, la energía serpentina que crece hacia
arriba en la columna vertebral y se asocia con el mercurio: lo volátil, el
mediador entre lo fijo y lo ígneo.
La serpiente enrollada en el león es la energía aún atrapada
en la energía instintiva; la serpiente en el cuerpo alado es la misma energía
que ya está en proceso de ascensión.
En otras palabras, “Lions of Alchemy” es una visión
del duelo iniciático, donde el adepto tendrá que enfrentarse a su naturaleza
leonina, la pasión y las fuerzas brutas para transformarlas en alas de
conciencia.
La batalla no es destrucción, sino integración; ambos polos
se miran, se reconocen, y ambos están en equilibrio en el eje de energía
central. Su infinito sobre ellos es un recordatorio de que el trabajo alquímico
nunca está terminado y siempre se necesita uno nuevo en cada generación. Y todo
es un símbolo de iniciación y de cómo combina las enseñanzas alquímicas: el
león como energía vital, la serpiente como energía transformadora, las alas
como símbolo de elevación y el infinito como símbolo de eternidad. Es un espejo
del proceso interno del alquimista, que debe reconciliar lo animal y lo
espiritual para alcanzar la piedra filosofal, no como un objeto material, sino
como un estado de conciencia iluminada.
La obra “Águila Blanca” despliega una serie de
símbolos que se conectan con la tradición alquímica y esotérica de la dualidad,
la transmutación y la ascensión espiritual. En el centro hay un huevo cubierto
por una serpiente, un antiguo tropo de la alquimia: el huevo es la materia prima,
el receptáculo de la vida y el misterio, y la serpiente es la energía vital, el
mercurio alquímico, que es el mercurio que está alrededor y es la energía del
proceso de transformación. Este núcleo es el vas hermeticum, el
recipiente a través del cual se realiza el trabajo interior.
El círculo que envuelve la escena, dividido en luz y sombra,
encapsula el principio del yin-yang y la dialéctica de los opuestos: lo
consciente y lo inconsciente, lo solar y lo lunar, lo masculino y lo femenino.
La alquimia siempre insiste en que la unión de los opuestos
es el camino hacia la totalidad, y aquí esa unión se produce a través de la
tensión entre las dos mitades del círculo. La parte oscura con alas de
murciélago y contorno de figuras representa lo oculto, lo nocturno, lo
instintivo; la parte luminosa con figuras apenas delineadas representa lo
revelado, lo espiritual y lo etéreo.
Sobre el círculo se eleva un ave que parece algo así como un
búho o un águila nocturna, como el guardián del proceso. El búho, en la
sociedad esotérica, es un símbolo de sabiduría oculta, de visión en la
oscuridad, de ver a través de la oscuridad, de penetración en lo no visto. Al
mismo tiempo, el búho, al estar elevado, es también un mediador del mundo
inferior del huevo-serpiente al nivel superior de la conciencia. Es el espíritu
que vela por la transmutación, el ojo que todo lo ve.
La composición en su conjunto sugiere un ciclo iniciático:
el adepto enfrenta la materia prima (el huevo), reconoce la energía serpentina
que lo rodea (la fuerza vital), atraviesa la tensión de los opuestos
(luz/sombra) y finalmente asciende a la visión superior (el ave). Es un mapa
visual del proceso alquímico: nigredo en la oscuridad, albedo en la
purificación de la luz, y la promesa de rubedo en la integración final. El
círculo, como un mandala, asegura que todo sucede en un orden cósmico.
Y finalmente, “Águila Blanca” es un libro que
condensa la enseñanza hermética: la vida como un huevo alquímico, la energía
como una serpiente, la dualidad como un círculo, la sabiduría como un ave en lo
alto. Es un ícono de transformación, uno que nos dice que la verdadera alquimia
no es solo la del laboratorio, sino también la del espíritu que se eleva
después de encontrarse con sus sombras y su luz.
https://www.hmag.org.uk/oneiropraxis
https://trans-states.org/speaker/orryelle-defenestrate-bascule
https://www.alchemywebsite.com/Artist_orryelle_defenestrate_bascule.html











