Ananké y la Serpiente
El Monumento Funerario al
Dr. Alfonso Von Der Becke
Cementerio Alemán de
Buenos Aires
El monumento funerario al Dr. Alfonso Von Der Becke es una
composición llena de drama, la fuerza del cuerpo humano se enfrenta a un poder
que parece más fuerte que él; la escultura combina la expresividad del arte
clásico con un simbolismo que hace mirar más allá de lo que se ve a primera
vista.
En el centro de la obra hay un hombre desnudo (cuerpo
atlético) cuyo cuerpo parece haber sido aplastado por una fuerza irresistible.
No está arrodillado ni en sumisión humilde; está parcialmente colapsado sobre
la roca con la pierna izquierda extendida, la rodilla derecha doblada bajo el
torso y la cabeza echada hacia atrás hacia el cielo.
Esta postura sugiere lucha y resistencia. Parece haber sido
físicamente derrotado, pero no totalmente; su cuerpo muestra el sufrimiento de
quien enfrenta una fuerza superior mientras que el rostro y la cabeza hacia
arriba muestran que algo en él todavía resiste caer. En una lectura esotérica
podría representar al ser humano que, incluso cuando no puede dominar las
circunstancias, tiene integridad de espíritu.
La Espada y la Primera Serpiente
En la mano izquierda sostiene una espada que se eleva
verticalmente junto a la roca. Alrededor de su hoja se enrolla una serpiente
cuya presencia introduce uno de los elementos simbólicos más interesantes del
monumento.
La espada ha sido un símbolo de inteligencia, discernimiento
y la capacidad de discernir la verdad de la falsedad. También puede asociarse
con la voluntad y la lucha humana por defender los propios principios; aquí
parece expresar una fuerza interior que perdura incluso cuando el cuerpo
comienza a ceder.
La serpiente, por otro lado, tiene un simbolismo mucho más
complejo: sabiduría oculta, renovación, energía vital y transformación. En la
tradición médica también se asocia con la curación (vara de Asclepio – símbolo
de la medicina).
Esto es aún más llamativo porque Von Der Becke era médico.
La serpiente podría, por lo tanto, sugerir el arte de curar y la preservación
de la vida mientras que la espada introduce la idea de la voluntad luchando
contra lo que amenaza con destruirla.
La serpiente enrollada alrededor de una espada no representa
por sí sola el caduceo o la vara de Asclepio. Pero juntas pueden usarse para
explorar lo que la medicina, el conocimiento y la lucha contra los límites de
la existencia humana podrían tener en común.
La Segunda Serpiente: La Fuerza
que Inmoviliza
La otra serpiente en el lado derecho de la figura es mucho
más inquietante. Su cuerpo se envuelve alrededor del antebrazo y el bíceps,
sube hasta el hombro y luego el cuello donde se enrolla alrededor de la
garganta.
La disposición de este reptil parece indicar una acción de
sometimiento. El brazo (simbólicamente fuerza y capacidad de actuar) está
atrapado por las espirales de la serpiente; también la garganta, que es un
lugar muy vulnerable: por ella pasan la respiración y la voz (dos expresiones
de la vida humana).
Desde un punto de vista simbólico, la serpiente parece ir de
la acción hacia la respiración misma, como si quisiera privar al hombre tanto
de su poder para intervenir en el mundo como de su propia fuerza vital.
Mientras que la primera serpiente podría asociarse con el
conocimiento y la curación, esta segunda figura toma un tono opresivo. Parece
representar una fuerza que no habla con el hombre ni considera sus méritos,
sino que lo subyuga sin consideración alguna.
Es aquí donde la escultura alcanza uno de sus momentos más
dramáticos; todavía hay poder físico, pero ese mismo poder, parece inútil
contra lo que lo domina.
Ananké: El Destino que Nadie
Puede Evitar
El sentido general de la composición tiene una clave
importante en la palabra ANANKE (en la base de bronce, directamente
debajo de la figura).
En la tradición griega, Ananké personifica la Necesidad
(aquello que se impone inevitablemente y ante lo cual incluso los dioses
encuentran límites). En las tradiciones cosmogónicas y órficas antiguas, está
relacionada con el orden primordial que gobierna la existencia; en algunas
representaciones antiguas aparece asociada con imágenes serpentinas (movimiento
y organización del cosmos).
El hecho de que este nombre esté en el monumento nos permite
leerlo como algo más que una representación del sufrimiento del hombre. Ananké
introduce una dimensión universal: la lucha entre la voluntad individual y
aquellas fuerzas que parecen completamente fuera de nuestro control.
La figura no parece querer su caída. Su cuerpo tiene la
tensión de quien resiste mientras que las serpientes parecen ser el poder que
lo subyuga. En esta lectura, no es derrotado por falta de coraje o voluntad,
sino por una fuerza que lo supera.
La palabra Ananké parece nombrar esa fuerza. Donde el cuerpo
muestra la lucha, la inscripción nos dice su posible significado: la presencia
de una necesidad implacable que termina imponiéndose sobre la voluntad humana.
El Epitafio: Memoria Contra el
Destino Ciego
Las inscripciones en el pedestal de granito completan el
mensaje del monumento. Recuerdan al Dr. Alfonso Von Der Becke (nacido el 2 de
mayo de 1892 - fallecido el 6 de julio de 1945) como “eminente médico, noble
y generoso espíritu, ferviente patriota”.
Estas palabras dan una dimensión humana a la lectura
simbólica de la escultura; ya no estamos solo ante un cuerpo dominado por
fuerzas misteriosas, sino ante la memoria de alguien a quien sus contemporáneos
quisieron honrar por sus cualidades profesionales y personales.
La condición de ser médico nos permite hacer una posible
relación con la serpiente asociada con la curación. La nobleza de espíritu se
refleja en la postura de la figura cuyo rostro está levantado hacia el cielo
incluso cuando su cuerpo parece colapsar; el patriotismo completa el retrato de
un hombre comprometido con sus ideales y con la comunidad a la que pertenecía.
Pero el núcleo más conmovedor del epitafio aparece en la
referencia al homenajeado siendo “injustamente abatido por el destino ciego”.
La expresión se refuerza cuando se junta con la palabra
Ananké. Ambas parecen referirse a una fuerza que actúa sin tener en cuenta los
deseos, virtudes o méritos de los seres humanos. Se dice que el destino es
ciego precisamente porque no distingue entre lo justo y lo injusto (quién
merece vivir y quién termina siendo víctima de circunstancias que no pueden
controlar).
La escultura parece poner esa idea en imágenes. La serpiente
que rodea el brazo y el cuello se toma como la imagen de esa fuerza que
inmoviliza y subyuga; el cuerpo aún tenso expresa la resistencia del hombre
contra lo inevitable.
Esto no significa que cada detalle haya sido necesariamente
concebido por el escultor con ese propósito en mente. Si no existe
documentación sobre la intención original de la obra, entonces estas
asociaciones deben leerse como una lectura simbólica (los elementos visibles y
las inscripciones en el monumento la apoyan).
La Victoria de la Memoria
El pedestal concluye con una dedicatoria: “Homenaje de
sus amigos, colegas y admiradores”.
Estas palabras devuelven la escena a un nivel profundamente
humano. Contra el destino mismo –fuerza impersonal- está la respuesta de
quienes lo conocieron, lo amaron y quisieron recordarlo.
Si Ananké es lo que no se puede evitar, entonces el homenaje
es lo que se puede hacer frente a la pérdida: recordar una vida; reconocerla;
transmitir sus valores a las generaciones futuras.
El destino puede haber terminado con la vida terrenal de Von
Der Becke, pero no borró su memoria. Sus amigos, colegas y admiradores
erigieron un monumento para mantenerlo vivo (y registrar el reconocimiento que
le profesaban).
Así que la obra puede leerse como una reflexión sobre la
fragilidad humana, la resistencia del espíritu y el poder de la memoria. La
espada, las serpientes y la palabra Ananké crean una imagen de lucha contra la
inevitabilidad; el epitafio y la dedicatoria nos recuerdan que la vida no se
define solo por su fin.
En su corazón, el monumento plantea una pregunta que va más
allá de la historia individual del médico: ¿qué puede hacer un ser humano
cuando se enfrenta a un destino que no siempre entendemos y que a veces parece
tan injusto?
Tal vez esté en la composición. El cuerpo puede caer; la
fuerza física puede irse; la vida puede ser truncada, pero la dignidad, los
ideales y la memoria de la existencia no tienen que irse con ella tampoco.
Entre la serpiente constrictora y la espada aún sostenida,
el monumento parece dejar una última reflexión: el destino puede terminar una
vida, pero no necesariamente tiene la última palabra sobre su significado.












