EL
ARTE DE LO OCULTO XXVII
Un
libro de consulta visual para el místico moderno
S.
Elizabeth
Ediciones
Akal, 2024, Madrid
Gatya Kelly
(1929-1982)
Demeter
La obra de Gatya Kelly (nacida en Mullumbimby, Australia) se inscribe en un universo pictórico que, bajo una apariencia de naturalezas muertas y flores, despliega un trasfondo esotérico: símbolos de transmutación, resonancias alquímicas y metáforas de lo femenino como principio generador. Su pintura, aunque aparentemente decorativa, se convierte en un ritual visual que enlaza lo cotidiano con lo trascendente.
Claves esotéricas en la obra de Gatya Kelly
1. Naturaleza muerta como ritual de transmutación: Kelly
trabaja con flores, frutos y objetos brillantes bajo un esquema de chiaroscuro.
En la tradición esotérica, la flor simboliza el alma en expansión, mientras el
fruto representa la maduración espiritual. El contraste entre luz y sombra
evoca la dialéctica alquímica: la materia bruta (oscuridad) que se ilumina en
el proceso de transformación.
2. Títulos con resonancia mitológica y arcana: Obras
como Demeter, Electra, Empress, Regina o Constellation revelan una cartografía
simbólica.
Demeter remite al arquetipo de la Madre Tierra,
vinculada a los ciclos de muerte y renacimiento.
Constellation sugiere la unión del microcosmos humano
con el macrocosmos celeste, un principio hermético de correspondencia (“como
es arriba, es abajo”).
Tarocco alude al tarot, herramienta iniciática de
autoconocimiento.
3. La estética de lo bello como vía iniciática: Kelly
reconoce que sus obras son “decorativas y bellas” y que a veces siente
que debería disculparse por ello. Sin embargo, en clave esotérica, la belleza
es un reflejo de lo divino: proyectar “delight upon the world” (como
cita a Nick Cave) es un acto de magia blanca, de irradiar armonía en un mundo
caótico.
4. Oscuridad y luz: el misterio del umbral: Los
fondos oscuros y la iluminación lateral crean un espacio liminal, semejante a
un templo interior. La luz que surge desde la izquierda puede interpretarse
como la entrada del conocimiento iniciático, pues en la tradición masónica y
hermética la izquierda es el lado del inconsciente y del misterio.
La obra de Gatya Kelly puede leerse como un altar pictórico
donde cada flor, cada vaso y cada sombra son emblemas de un proceso espiritual.
Sus naturalezas muertas no son meros ejercicios estéticos, sino planchas
visuales que invitan a la contemplación ritual:
ü Flores
→ expansión del alma.
ü Frutos
→ maduración y cosecha espiritual.
ü Objetos
brillantes → espejos del espíritu.
ü Oscuridad
→ materia prima del alquimista.
ü Luz
→ revelación iniciática.
En clave esotérica, Gatya Kelly convierte lo cotidiano en
símbolo. Sus obras son mandalas de lo visible, donde la belleza no es ornamento
sino vehículo de lo sagrado. Al contemplarlas, el espectador participa de un
rito silencioso: la transmutación de la mirada en conciencia.
La obra Constellation se presenta como una naturaleza muerta, pero en clave esotérica se convierte en un mapa celeste ritualizado. Su título ya nos sitúa en la dimensión hermética: la constelación es el tejido de estrellas que vincula el microcosmos humano con el macrocosmos divino.
Elementos simbólicos
Flores y frutos: representan los astros encarnados en
la materia. Cada pétalo y cada semilla es un “estrella terrestre”, un
reflejo del orden cósmico.
Oscuridad del fondo: funciona como la bóveda celeste,
el vacío primordial donde las luces (flores, objetos brillantes) se convierten
en estrellas.
Luz lateral: la iluminación que penetra desde un
ángulo evoca la revelación iniciática, como si el espectador estuviera en un
templo y la constelación se revelara en un instante de epifanía.
Composición ordenada: la disposición de los elementos
recuerda la geometría sagrada, donde cada objeto ocupa un lugar preciso, como
las estrellas en una carta astral.
Constellation puede interpretarse como un altar cósmico, lo
que parece un bodegón es en realidad una planchainiciática, donde el iniciado
contempla la correspondencia entre lo visible y lo invisible. La obra sugiere
que la belleza no es mero ornamento, sino vehículo de lo sagrado. La
constelación no está en el cielo, sino en la mesa, en lo cotidiano: un
recordatorio de que lo divino se manifiesta en lo simple.
En clave hermética, la obra encarna el principio de
correspondencia: “Como es arriba, es abajo”. El universo se refleja en
los objetos más humildes, y la contemplación estética se convierte en
meditación espiritual.
Constellation es una pintura que trasciende lo decorativo
para convertirse en un ritual visual. Es un espejo del cosmos en lo doméstico,
una invitación a reconocer que cada flor y cada sombra son estrellas de un
firmamento interior.
La obra se presenta como un bodegón iniciático, donde los objetos –cartas, frutas, copas y símbolos dorados- se disponen como un tablero de adivinación. El título Tarocco alude al tarot, instrumento de conocimiento interior y espejo del alma. En la composición, las cartas se entrelazan con elementos naturales: uvas, granadas y flores, que representan los arcanos de la vida y la muerte, la fecundidad y la revelación.
La luz cálida que baña la escena sugiere el momento de la consulta
ritual, cuando el iniciado busca en las imágenes la correspondencia entre su
destino y el orden cósmico. Cada carta es un símbolo de transformación; cada
fruto, una promesa de plenitud.
En clave esotérica, Tarocco es una plancha pictórica sobre
el destino: la unión del arte y la adivinación, donde la belleza se convierte
en vía de conocimiento.
Cirlot, J. E. (1997) Diccionario de símbolos. Siruela.
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https://www.gatyakelly.com/available-work/











