Claves para entender a los Maestros

20 agosto 2026

El mito del Maestro Hiram Abif

 

El mito del

Maestro Hiram Abif

Hiram Abif es la historia central de la masonería especulativa y es la base del tercer grado o grado de Maestro Masón. Esta leyenda, introducida en el ritual masónico a principios de la década de 1720, transforma la imagen de un hábil trabajador del metal descrito en la Biblia en una imagen común de fidelidad, integridad, muerte mística y regeneración moral.

Describiremos el mito en detalle y desde la construcción del Templo hasta la iniciación de los trabajadores:

 

Encargo del Templo y la Organización de los Trabajadores.

El rey Salomón de Jerusalén decide llevar a cabo el plan de su padre David de construir un hermoso Templo al Creador en el Monte Moriah. Sin artesanos especializados en arquitectura y metalurgia compleja, Salomón depende de su amigo, el rey Hiram I de Tiro. Envía a Hiram Abif, un maestro de gran habilidad, experto en fundición de bronce y todo tipo de trabajos decorativos y delicados. Para organizar y dirigir el gran número de trabajadores (más de 150.000 trabajadores), Hiram los divide en tres grupos: Aprendices, Compañeros y Maestros.

Para clasificarlos y pagarles equitativamente según su mérito y habilidad, Hiram asigna señales de mano específicas, toques físicos y palabras de paso secretas para cada uno de los tres grupos.

Conspiración de los Compañeros.

A medida que el gran edificio se acerca a su finalización, la codicia y el resentimiento surgen entre los trabajadores de segunda clase. Quieren conocer el salario y los secretos del Maestro Masón sin pasar los años de instrucción necesarios ni tener todos los méritos. En secreto, quince Compañeros quieren obtener la contraseña maestra de Hiram Abif.

Pero cuando llega el día del ataque, la guardia de Salomón hace que 12 de los conspiradores confiesen. Pero tres de ellos se aferran a su codicia suicida y permanecen en el complot: Jubelas, Jubelos y Jubelum (adaptaciones fonéticas tardías de los hijos de Lamec en Génesis).

 

La Emboscada del Mediodía y los Tres Golpes Fatales.

Esta emboscada tiene lugar al mediodía (el cenit del sol) cuando todos los masones y capataces dejan de trabajar y duermen durante el día.

En este momento de silencio ininterrumpido en el Templo, Hiram Abif suele ser el único que entra solo en el Sancta Sanctorum inacabado para rezar, meditar y dibujar los planos geométricos del día en su tablero de dibujo.

Los tres rufianes bloquean las tres rutas de escape del edificio (las puertas Sur, Oeste y Este) con tres de las herramientas de creación matemática del oficio como armas mortales: La Puerta Sur (Meridional): Hiram es obligado a salir del santuario por Jubelas (el vicio de la Ignorancia) quien lo obliga a salir sin una palabra de escape. El arquitecto se niega a decir algo sobre el secreto del Maestro Masón, argumentando que no puede revelar algo que debe tener a tres personas (Salomón, el rey Hiram de Tiro y él mismo) a su alrededor. Jubelas lo golpea con un golpe feroz en la garganta (o en la sien derecha) con una regla de plomo de 24 pulgadas y Hiram es sacado y corre fuera del santuario.

La Puerta Oeste (Occidental): En este punto, Jubelos (fanático) se encuentra al final de la línea. Después de repetir la demanda de los secretos y obtener la segunda negativa inflexible de Hiram, Jubelos lo golpea fuertemente en el pecho con una escuadra de hierro. Con las costillas rotas y su respiración un silbido metálico, el maestro se arrastra lentamente hacia la puerta oriental como su última esperanza.

La Puerta Este (Oriental): Allí está Jubelum (encarnación de la ambición). Al darse cuenta de que Hiram preferiría morir a su propia muerte en lugar de romper su voto de silencio, Jubelum lo golpea en la frente con una pesada piedra de un mazo de albañil. Hiram Abif se desploma sobre las baldosas de mármol del santuario roto.

 

La ocultación del cadáver y la marca de la acacia.

En un instante se dan cuenta de que han matado al maestro inútilmente y no han hecho el secreto escrito, los asesinos entran en pánico. Ocultan al muerto bajo un montón de escombros en el Templo y llevan el cadáver a medianoche a unas colinas fuera de Jerusalén. Lo entierran en una tumba clandestina excavada rápidamente.

Si quieren descubrir el lugar más tarde, clavan una sola rama verde de acacia en la tierra removida y huyen a las lejanas cuevas y canteras.

 

La búsqueda y el descubrimiento en el Monte Moriah.

A la mañana siguiente, el colosal trabajo del Templo se detiene por completo; los capataces no reciben las instrucciones geométricas y Hiram no se encuentra por ningún lado. Salomón está lleno de angustia y miedo al recibir la confesión voluntaria de los doce Compañeros arrepentidos. Inmediatamente envía a quince iniciados de alta confianza (organizados en patrullas) a buscar la geografía de Judea.

Después de varios días de búsqueda infructuosa, uno de los escuadrones comienza a cansarse en la ladera. Apoyándose en la maleza, uno de los hombres nota que un arbusto de acacia se cae y se rompe fácilmente porque la tierra a su alrededor está removida y blanda. Al cavar, descubren el cuerpo del Gran Maestro Hiram Abif.

Los buscadores rinden homenaje a los restos, vuelven a enterrar la tumba, colocan la rama de acacia nuevamente sobre ella y regresan a Jerusalén para informar a Salomón.

 

La Exhumación y la “Palabra de Paso” Sustituta.

Salomón pronuncia mover el cuerpo con los más altos honores de estado al Sancta Sanctorum del Templo. Cuando Hiram Abif ha muerto, la contraseña del Maestro Masón se pierde (sus tres Grandes Maestros originales tenían que estar de acuerdo) con el rey declarando que la primera palabra que venga a la mente cuando exhume al maestro se usará como palabra sustituta para la próxima generación.

Al intentar sacar el cuerpo, que ha estado enterrado durante quince días en el calor del desierto, la descomposición del cuerpo está avanzada.

Un primer maestro intenta levantar el cuerpo con el toque del Aprendiz, pero la piel se desliza del cuerpo. Se intenta el toque del Compañero pero sucede lo mismo porque la carne se desprende de los huesos al toque de los dedos.


Con este desprendimiento anatómico, surge la exclamación de asombro y dolor del Maestro, que es la palabra del Maestro: Macbenac o Mahabone (que en la logia se piensa como “la carne se desprende de los huesos”).

Como ha demostrado la investigación, no hay un origen hiramita de esta fórmula mítica, sino más bien el antiguo manuscrito escocés de Graham de 1726 donde se cuenta la historia noahita de cómo los tres hijos de Noé intentaron levantar el cadáver descompuesto de su padre para obtener sus secretos, exclamando mientras lo hacían que había “médula en este hueso”.

 

La elevación del maestro y los “Cinco Puntos de la Fraternidad”.

Finalmente, Hiram Abif es levantado del pozo de corrupción solo a través del toque del Maestro Masón, también conocido como “La Garra del León” o el fuerte apretón del Maestro. Esta elevación se concluye con los Cinco Puntos de la Fraternidad que son la base moral de la unión de los hermanos: Pie a pie: Esto significa que el masón debe estar siempre listo para ayudar a un hermano en apuros. Rodilla a rodilla: Recuerda la actitud de humildad y compromiso con la oración por el bienestar de los demás. Pecho a pecho: El compromiso inquebrantable de guardar y proteger los secretos de un hermano en el corazón. Mano a espalda: La disposición para levantar y rescatar a un hermano caído. Mejilla a mejilla (o boca a oído): El deber de ofrecer sabio consejo al oído del hermano, evitando que tome decisiones equivocadas y guiándolo hacia la rectitud.

 

El candidato asume simbólicamente el papel de Hiram en este psicodrama en la logia, experimentando una muerte mística de su ego profano para renacer a una vida moral, intelectual y social superior ante la fraternidad universal.

 

El Castigo de los Asesinos.

Los conspiradores que escaparon son finalmente descubiertos en sus cuevas por las búsquedas ordenadas por Salomón. Capturados y llevados a Jerusalén, sufren un severo castigo por su traición. Esto da lugar a los llamados “grados de venganza” o grados de Perfección en la Masonería (del cuarto al undécimo grado en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado) y la lucha interna del iniciado para erradicar y obliterar los vicios de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición.

 

¿Qué nos enseña la leyenda?

La riqueza de este mito radica en sus múltiples niveles de interpretación: Hiram como el propio iniciado: El templo no es una estructura de piedra, sino el templo interior del propio carácter del masón.

La Alquimia de la Gran Obra: En el esoterismo hermético, el asesinato (y entierro) corresponde a la fase de Nigredo (obra negra/descomposición); el descubrimiento marcado por la acacia es el Albedo (obra blanca/purificación); la búsqueda de los asesinos es la Citrinitas (obra amarilla); y la elevación final a través de la Garra del León es el Rubedo (obra roja) donde el plomo profano finalmente se transforma en el oro espiritual del Maestro.

La Acacia Inmortal: Al igual que el tamarindo en el mito solar egipcio de Osiris (un héroe civilizador también asesinado por conspiradores celosos, desmembrado y buscado con devoción), la rama verde de acacia representa la inmortalidad del alma y la convicción de que la verdad y la moralidad nunca se verán comprometidas ante la destrucción física de la materia.


Anderson, J. (2005). Las Constituciones de los Francmasones.

Bravo Llantén, J. (2020). La iniciación masónica: símbolos y psicología del rito.

Coil, H. W. (1996). Enciclopedia Masónica de Coil.

Manuscrito Graham. (1906). El Manuscrito Graham de 1726.

Guénon, R. (2004). Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada.

Mackey, A. G. (1996). El simbolismo de la masonería.

Scholem, G. (1996). La Cábala y su simbolismo.

Stevenson, D. (1988). Los orígenes de la masonería: el siglo escocés, 1590–1710.

Waite, A. E. (1994). Nueva enciclopedia de la masonería.

 

18 agosto 2026

Tarot

 

Antoine Court de Gébelin y la invención del mito esotérico del Tarot


Antoine Court de Gébelin no fue el creador del Tarot como objeto material, sino el arquitecto de su transformación simbólica y esotérica. El Tarot, que nació en el norte de Italia alrededor de mediados del siglo XV, fue originalmente un juego de triunfo, un entretenimiento cortesano ilustrado con imágenes alegóricas (ver los famosos mazos Visconti-Sforza).

Permaneció en esa zona lúdica durante siglos, ya que no tenía nada que ver con la magia o la adivinación. La intervención de Court de Gébelin en 1781 cambió esa percepción. En el volumen VIII de su obra monumental Le Monde Primitif, dijo que el Tarot era en realidad el Libro de Thoth (por ejemplo, la sabiduría egipcia encriptada en un libro). Según él, las cartas contenían jeroglíficos que eran filosóficos y religiosos y podían interpretarse como una colección de símbolos universales. Estos eran esos pensamientos que, aún careciendo de base histórica, encajaban en el ambiente intelectual del siglo XVIII, cuando el orientalismo, el hermetismo y la búsqueda de raíces antiguas para las tradiciones europeas eran el foco. Court de Gébelin era masón y pastor protestante y usó su poder para propagar estas ideas.

Propuso que el Tarot se usara para la adivinación y la meditación y luego se utilizó en círculos ocultistas. Poco después, Etteilla presentó su método de lectura y más tarde Éliphas Lévi y la Golden Dawn usaron el Tarot como un instrumento iniciático y mágico. El legado de Court de Gébelin es el de haber inventado el mito del Tarot. No creó las cartas, pero las convirtió en un nuevo lenguaje, un lenguaje simbólico universal asociado con Egipto, la masonería y la tradición hermética. El Tarot probablemente habría sido un curioso juego histórico sin él; lo convirtió en un oráculo cultural y espiritual que aún inspira a aquellos que lo miran ahora en busca de un reflejo de lo oculto y lo trascendente como sus imágenes.

16 agosto 2026

Luz Ancestral en el Vitral de la Escalera

 

Luz Ancestral en el Vitral de la Escalera


Lectura Simbólica, Esotérica e Iconográfica

 


El brillante vitral que acompaña el ascenso de la escalera no es simplemente un elemento decorativo, es un mapa visual de la transformación del alma y una puerta al conocimiento iniciático.

Su ubicación física y la forma en que los escalones pasan a través de él están vinculados al concepto universal de la escalera mística, el axis mundi que conecta el plano terrenal con las esferas celestiales. Al cruzarlo, la luz se disuelve y cobra vida en el vidrio soplado, de modo que el caminante está en un camino muy similar hacia la iluminación espiritual, desde la contemplación tranquila de las virtudes humanas hasta el conocimiento de la co-creación divina.

En la cima de esta obra se encuentra una exuberante ofrenda floral. Es una flor suave, la flor es rosa y el pastel es blanco y el pastel es un cáliz o un regalo. Y el alma necesita hacer eso para hacer florecer la naturaleza, para que el amor puro, la dedicación y la belleza intrínseca del mundo puedan ser vistos y experimentados en el mundo.

La abundancia de flores es un testimonio de la base moral que será el cimiento de la sabiduría venidera. El alma está al borde del misterio y el medallón circular central es el círculo dorado que marca la perfección del universo y la inmortalidad del espíritu. La sabiduría se expresa en este espacio en el lenguaje más esotérico.

El León Solar es ese fuego alquímico y esa fuerza vital y esa conciencia activa. Es su pata delantera derecha descansando sobre una esfera terrestre que habla del espíritu sobre la materia y el autocontrol y la antigua idea de “fijar lo volátil” en la que la energía salvaje y celestial del sol se coloca en la tierra para producir realidad.

En el corazón de esta fuerza ardiente y estable del león hay una fuente o estanque místico que corre día y noche porque es allí donde se pueden encontrar todas las emociones purificadas, el inconsciente y la misma fuente de la creación, y el alma debe ser retirada de allí antes de ser elevada. Es donde la figura femenina de la Virtud o Gnosis se encuentra en un alto pedestal y es la piedra de la razón y la buena conducta. Ella, en un arco que es voluntad e intención disciplinada, levanta su mano con su brazo derecho y apunta al cielo frente a ella, para poder ver que la inspiración viene de arriba y todos los caminos llevan al final.

A su costado, está el perro fiel que es el testigo verdaderamente leal y confiable y que es el guardián del umbral.

En la parte superior del vitral, enmarcado por el arco semicircular que es la corona del edificio, está el misterio de la autorrealización y el fin del viaje.

El vitral no es conocimiento pasivo sino co-creación activa y Artes Liberales. Esta sección elevada es el fuego de la iluminación interior que arde y se eleva al cielo con las flechas de la aspiración espiritual hacia el infinito.

 

Así que toda la lectura del vitral es luz y color y propósito. Al caminante que asciende la escalera se le instruye a seguir el camino del trabajo: hacer florecer sus virtudes en la tierra, controlar sus deseos materiales con el poder divino del león solar, meditar con la luz del sol y meditar en el estanque de la sabiduría, para alcanzar los límites de la Mente Superior. El alma con la brújula del orden y la paleta del arte es el maestro del gran templo de la creación.

09 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXX - Remedios Varo

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXX

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Remedios Varo

(1908-1963)


La mujer alquimista

La pintura de Remedios Varo constituye un verdadero mapa iniciático del alma, donde cada lienzo se convierte en un ritual de revelación. Sus personajes, de aspecto andrógino y mirada absorta, no son simples figuras surrealistas: son adeptos en tránsito, viajeros interiores que atraviesan pruebas espirituales. En ellos se encarna la enseñanza del Cuarto Camino de Gurdjieff, la búsqueda de la unión entre esencia y personalidad, entre lo visible y lo oculto.

Las arquitecturas imposibles que habitan sus cuadros –torres, pasajes, laboratorios- son templos de la psique, espacios simbólicos donde se realiza la alquimia interior. Allí, la artista despliega ruedas, mecanismos y engranajes que evocan la gran máquina cósmica, la rueda del samsara y la alquimia como proceso de transmutación espiritual. Cada engranaje es un recordatorio de que el universo es un organismo vivo, regido por leyes invisibles.

Los animales híbridos y las criaturas fantásticas que acompañan a sus protagonistas funcionan como guardianes arquetípicos, fuerzas del inconsciente que custodian el umbral del conocimiento. La presencia de aves, gatos y seres metamórficos señala la conexión con lo chamánico y lo visionario, donde lo animal es mediador entre lo humano y lo divino.

En obras como La creación de las aves, la artista se representa como maga y alquimista, transformando la luz cósmica en canto y vuelo. Allí, la pintura misma es un acto ritual: el pincel se convierte en varita, el color en energía, y el lienzo en altar. En Mujer saliendo del psicoanalista, la liberación del inconsciente femenino se muestra como un rito de individuación, donde la psique se emancipa de sus cadenas y se abre al misterio.

Así, la obra de Remedios Varo no es mero surrealismo: es esoterismo pictórico, un lenguaje simbólico que une alquimia, psicoanálisis y magia. Cada cuadro es una plancha iniciática, un mandala que invita al espectador a recorrer el camino interior, a transmutar la materia en espíritu, la sombra en luz. Su arte es un espejo del alma, un llamado a la transformación y a la unión de los opuestos.

 


La creación de las aves

Es una de las obras más densas en significación esotérica dentro de su producción. En ella, la artista nos muestra a una figura híbrida, mujer‑ave, sentada en un espacio que recuerda tanto a un laboratorio alquímico como a una cámara iniciática. La escena no es una fantasía surrealista sin más: es un verdadero ritual pictórico.

La protagonista recibe rayos cósmicos a través de un prisma, que transforma la luz en energía creadora. Este detalle remite a la alquimia de la luz, a la transmutación de lo invisible en forma visible, evocando el principio hermético de que lo que ocurre en lo alto se refleja en lo bajo.

El pincel que sostiene la figura funciona como varita mágica, y la paleta como crisol alquímico. De ese acto surgen aves que, una vez creadas, vuelan hacia la ventana, símbolo de la liberación del espíritu y del pensamiento.

Cada pájaro es una emanación del alma, una idea que se emancipa del inconsciente y se eleva hacia lo trascendente. El entorno arquitectónico, cerrado y geométrico, recuerda a los espacios de la alquimia y a los templos interiores de la psique, donde se realiza la obra secreta de transformación.

La obra puede leerse como iniciática; la maga recibe la luz cósmica, la transfigura en canto y vuelo, y libera al espíritu en forma de aves. El proceso creativo se equipará al proceso espiritual: recibir, transmutar y liberar.

El espectador, al contemplar la escena, es invitado a reconocerse en ese mismo camino interior, en la posibilidad de transformar la materia en espíritu, la sombra en luz.

Por ello, La creación de las aves condensa los grandes temas de Remedios Varo: la alquimia, la magia, la unión de opuestos, la transmutación de la energía y la liberación del alma. Es un verdadero ritual pictórico, un mapa esotérico de la conciencia, que nos recuerda que el arte no es solo representación, sino acto sagrado de transformación.

 


La ciencia inútil o alquimia 

Nos presenta a una figura femenina absorta en un laboratorio fantástico, rodeada de instrumentos, tubos y mecanismos que parecen destinados a una tarea de investigación secreta. Sin embargo, el título mismo –“ciencia inútil”- sugiere una paradoja: el conocimiento que se persigue no tiene aplicación práctica en el mundo exterior, sino que se orienta hacia la transformación interior. La obra se convierte así en una metáfora de la alquimia espiritual, donde lo esencial no es producir oro material, sino transmutar la conciencia.

La protagonista aparece como una alquimista moderna, una maga que manipula energías invisibles. Los objetos que la rodean evocan tanto la precisión científica como la imaginación visionaria; son instrumentos que no pertenecen a la física ordinaria, sino a la física del alma. La escena transmite la idea de que el verdadero laboratorio alquímico es el propio ser humano, y que la “ciencia inútil” es en realidad la más necesaria; aquella que busca la unión de los opuestos, la integración de la sombra y la luz, la elevación del espíritu.

El espacio cerrado, con su atmósfera de recogimiento, funciona como cámara iniciática. Allí, la alquimista se aísla del mundo profano para dedicarse a la obra secreta. La inutilidad aparente de su tarea es, en clave esotérica, la señal de que se trata de un conocimiento reservado, inaccesible a la mirada común. Lo que parece inútil para la sociedad práctica es, en verdad, el camino hacia la liberación interior.

La obra puede leerse como una crítica velada a la ciencia positivista, que busca resultados tangibles y utilitarios. Varo contrapone a esa visión la ciencia del espíritu, que no produce objetos ni beneficios inmediatos, pero que transforma al ser humano en su esencia. La alquimia, en este sentido, es inútil para el mercado, pero indispensable para el alma.

Así, La ciencia inútil o alquimia se revela como un manifiesto pictórico; la afirmación de que el arte y la alquimia comparten la misma misión, la de transmutar lo invisible en visible, lo caótico en orden, lo humano en divino. Remedios Varo nos recuerda que la verdadera obra no se mide en utilidad externa, sino en profundidad interior.

 

Su pintura es un espejo iniciático que invita a contemplar la paradoja: lo inútil es lo más necesario, lo oculto es lo más luminoso.

 

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 El arte de lo oculto XXIX


02 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXIX - Laurie Lipton

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXIX

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Laurie Lipton

(1953)


The Dance of Death (2010)

La obra de Laurie Lipton, leída desde una clave esotérica, se presenta como un tejido de sombras que busca revelar lo oculto en la conciencia contemporánea. Sus dibujos en blanco y negro no son meras representaciones hiperrealistas, sino auténticos grimorios visuales: cada línea es un signo, cada detalle una invocación.

El contraste radical entre luz y oscuridad funciona como un código iniciático, recordando la dialéctica hermética entre espíritu y materia, verdad y engaño.

Lipton convierte el trauma en materia prima de transmutación. Su biografía, marcada por la violencia, se transforma en un proceso alquímico: la putrefacción del dolor se vuelve oro espiritual en forma de imágenes que interpelan al espectador. En este sentido, sus obras son rituales de catarsis, donde la herida personal se abre como puerta hacia una visión colectiva.

Las escenas distópicas que construye –máquinas que vigilan, esqueletos que habitan espacios urbanos, niñas expuestas a la mirada- son espejos de la sombra social.

En clave esotérica, funcionan como advertencias proféticas: muestran el mundo como un templo invertido, dominado por el demiurgo tecnológico, donde la humanidad corre el riesgo de perder su alma. La obsesión por el detalle, la repetición de líneas infinitas, genera un efecto hipnótico semejante al de un mandala oscuro, que obliga al espectador a entrar en un estado de contemplación ritual.

En suma, Laurie Lipton no dibuja simplemente escenas inquietantes: construye un lenguaje iniciático que invita a enfrentar la muerte, la fragilidad y la manipulación como pruebas de conciencia. Sus obras son planchas gráficas de un rito moderno, donde el espectador es llamado a reconocer la sombra y a buscar la alquimia interior que transforme el dolor en visión.


Newsfeed (2019)

Tomemos como ejemplo la obra Newsfeed, uno de los dibujos más emblemáticos de Laurie Lipton. En ella, se observa una multitud absorta frente a pantallas, con rostros vacíos y cuerpos casi espectrales. Desde una lectura esotérica, la pieza funciona como un ritual de advertencia: las pantallas son el nuevo altar, el lugar donde se sacrifica la conciencia en favor de la ilusión.

El blanco y negro intensifica la sensación de vacío, como si la luz emanada de los dispositivos fuera una falsa iluminación, un simulacro del “fuego sagrado” que en las tradiciones iniciáticas representa la verdad. Aquí, la luz no revela, sino que enceguece. Es la inversión del símbolo: el demiurgo tecnológico que aprisiona la mirada y la voluntad.

La repetición obsesiva de rostros y cuerpos, todos alineados en la misma actitud, recuerda a los rituales de masas, pero desprovistos de trascendencia. En clave hermética, se trata de una “cadena invertida”: no une a los seres en la búsqueda de lo divino, sino en la sumisión a lo profano. El espectador, al contemplar la obra, se convierte en testigo de esta ceremonia oscura, obligado a reconocer la fragilidad de su propia libertad interior.

El detalle minucioso con que Lipton construye cada línea es comparable a la escritura de un grimorio. Cada trazo es una palabra silenciosa que compone un conjuro visual. El resultado es un mandala distópico que no busca la paz, sino el despertar: la incomodidad que provoca es la chispa iniciática que obliga a mirar más allá de la superficie.

Así, Newsfeed puede leerse como un espejo ritual del presente: un recordatorio de que la verdadera iniciación exige resistir la fascinación de las sombras y recuperar la luz interior. Lipton convierte la crítica social en un acto esotérico, donde el espectador es llamado a transmutar la alienación en conciencia.


The Kiss

En The Kiss, Laurie Lipton convoca el arquetipo de Saturno–Cronos, el dios que devora a sus hijos, símbolo de la temporalidad que consume la vida. La figura anciana que muerde la cabeza del niño encarna esa fuerza primordial que, en la tradición hermética, representa el tiempo como destructor y creador simultáneo. Saturno no actúa por crueldad, sino por necesidad cósmica: devora para preservar el orden, para impedir que lo nuevo desborde lo viejo.

Lipton traduce ese mito en clave contemporánea. El adulto que muerde al infante no es sólo el padre arquetípico, sino la civilización que devora su propia inocencia. El gesto, tan brutal como íntimo, revela la paradoja del amor posesivo: el deseo de proteger se transforma en impulso de consumir. En términos esotéricos, el beso se convierte en rito de transmisión de energía, donde la vitalidad del niño pasa al anciano, y la sombra del anciano se imprime en el niño.

El blanco y negro acentúa la dimensión saturnina: la ausencia de color es la negación de la vida solar, el dominio de la melancolía y la reflexión. Cada arruga del rostro adulto es una inscripción del tiempo; cada línea del dibujo, una runa que marca la inevitabilidad de la muerte.

Lipton, como alquimista visual, convierte la devoración en acto de conciencia: nos obliga a mirar el ciclo eterno de creación y destrucción que sostiene la existencia.

Así, The Kiss no es una escena de horror, sino una epifanía del tiempo. El beso que devora es el mismo que da vida; el dolor que inflige es el que despierta. En la tradición esotérica, Saturno es el guardián del umbral: quien enfrenta su mordida alcanza la sabiduría. Lipton nos muestra ese instante liminar, donde el amor y la muerte se confunden, y donde el alma, si resiste la visión, puede renacer más consciente.

https://www.laurielipton.com/

https://www.pinturayartistas.com/laurie-lipton/

https://elemmental.com/2019/10/19/laurie-lipton-tecnologia-realidad-y-posverdad/

 

El arte de lo oculto XXVIII                         El arte de lo oculto XXX

24 julio 2026

La Odisea

 

La Gran Obra espiritual en

La Odisea

Vista desde una perspectiva hermética, alquímica y masónica revela que la obra es mucho más que un simple relato de aventuras mitológicas. Para las escuelas mistéricas y la masonería especulativa, el periplo de Odiseo constituye un mapa detallado del perfeccionamiento humano y un tratado de transmutación espiritual.

El concepto mismo del viaje de regreso (nostos) representa el arduo esfuerzo del alma por recobrar la unidad perdida y regresar a su estado celeste original.

Ulises no es simplemente un héroe; es el arquetipo del iniciado masón, y cada isla o encuentro representa un grado que lo purifica. Durante su viaje, el mar simboliza el caos primordial y la materia informe que debe ser dominada, mientras que su nave actúa como el Templo móvil, la logia que acompaña al iniciado en su proceso.

Este perfeccionamiento humano se puede estructurar en varios ejes fundamentales:

 

 

1. El Tríptico de la Iniciación y la Cámara de Reflexión

El desarrollo espiritual en la masonería se estructura en tres fases que Odiseo y su hijo Telémaco experimentan vívidamente: separación, liminalidad e integración.

Separación: Representa el despojo de los “metales” (las ataduras profanas). En la película, esto se manifiesta cuando Odiseo pierde sus naves y a sus compañeros, enfrentándose al aislamiento total. Su viaje exige el desmantelamiento de su antigua identidad, la destrucción de la soberbia (hubris) y la sumisión de su ego ante fuerzas superiores.

 

La Cámara de Reflexión y la Nekuia: La fase de liminalidad encuentra su clímax en el descenso de Odiseo al inframundo (Nekuia), que equivale a la Cámara de Reflexión masónica, una celda oscura donde el candidato confronta su mortalidad antes de recibir la luz. En el cine, los elementos de esta cámara se escenifican claramente:

·       V.I.T.R.I.O.L. (Visita el interior de la tierra...): Odiseo debe navegar más allá del océano físico hacia los bordes de la existencia.

·       Restos óseos y Reloj de arena: Representan la transitoriedad de la materia (reflejada en las sombras de los antiguos reyes de Troya que ahora no son nada) y el flujo imparable del tiempo y la brevedad de la existencia corporal.

 

2. Las Pruebas, los Velos y la Purificación por los Elementos

Antes de recibir la luz y culminar su iniciación, el candidato masón debe ser purificado por los elementos de la naturaleza, lo cual se plasma en las pruebas que Odiseo enfrenta en su viaje:

·       La brutalidad y la ignorancia: El encuentro con Polifemo encarna la lucha contra el “hombre sin medida”, la ignorancia en su estado más bruto.

·       Agua: Simboliza la limpieza de las pasiones irracionales. Al sobrevivir a la vorágine de Caribdis y llegar desnudo y despojado a Esqueria, Odiseo renace de las aguas del océano.

·       Aire: Vinculado al discernimiento intelectual. Cuando Odiseo se ata al mástil de su barco para resistir el canto de las sirenas, dicho mástil actúa como la “plomada” masónica (el eje vertical de la logia), permitiéndole mantener la fijeza del espíritu sin sucumbir a las ilusiones.

·       Fuego: El fuego creador transmuta la materia. Odiseo supera esta prueba al resistir la inercia sensual de hechiceras como Circe y deidades como Calipso, transmutando la pasión devoradora y cruzando el umbral hacia la purificación.

 

3. Personajes como Arquetipos Alquímicos



Personajes como arquetipos alquímicos En este marco esotérico, los personajes funcionan como agentes de la Gran Obra alquímica:

·       Odiseo: Encarna el “oro vil”, la materia prima que debe padecer violentas fricciones, disoluciones y sufrimientos para poder resucitar purificada.

·       Penélope: Personifica la “química nocturna” y el alma humana. Al destejer su sudario en la oscuridad, protege la pureza de la materia del paso del tiempo profano, esperando la llegada de su esposo legítimo.

·       Atenea: La diosa es la deidad protectora (equivalente a la Sabiduría) que guía la totalidad del proceso transmutatorio del discípulo.

·       Tiresias: El profeta ciego del inframundo representa el “fuego de los sabios en el crisol”. Su cualidad hermafrodita alude a las fases de disolución y coagulación (Solve et Coagula) indispensables para fijar el espíritu en la materia.

·       Nausícaa: Simboliza el crisol o vaso donde se realiza la combustión transformadora del náufrago.

 

El Retorno y la Restauración del Orden (Ordo ab Chao)


El regreso a Ítaca simboliza la consagración del templo interior y la victoria del orden frente al caos material representado por los pretendientes. En este clímax narrativo surgen herramientas netamente masónicas:

·       El Arco de Odiseo: Físicamente representa la Escuadra de la Razón. El hecho de que solo Odiseo pueda tensarlo es un triunfo del rigor moral, la justicia, la concentración espiritual y la rectitud sobre las pasiones desordenadas.

·       Las doce hachas: El disparo preciso a través de las hachas alude a la cuerda de nudos masónica y a los doce signos del zodiaco que limitan el templo.

·       El lecho nupcial de olivo: La cama tallada sobre las raíces vivas de un olivo actúa como el eje sagrado y equivale a las míticas Columnas J y B del templo masónico. Estas representan la Fuerza y la Estabilidad cósmica, que sostienen el orden moral y recuerdan que el progreso debe enraizarse en la ley natural.

Al final de su odisea cinematográfica y espiritual, Odiseo deja de ser el soldado soberbio que saqueó Troya. Habiendo sido despojado de sus riquezas y de su ego profano, se enriquece con la luz del entendimiento y logra transmutarse en una verdadera piedra cúbica masónica, pulida, perfecta y lista para encajar en la arquitectura armónica del Universo.

19 julio 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXVIII - Robert Ellaby

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXVIII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Robert Ellaby

(1964)


La boda química

 

Robert Ellaby es un artista surrealista británico cuya obra se nutre profundamente de la alquimia, la cábala y sistemas esotéricos. Sus imágenes funcionan como emblemas visionarios que exploran la transmutación espiritual, la cosmología planetaria y el viaje iniciático del alma.

Rasgos Esotéricos de su Obra

Alquimia visual: Ellaby recurre a emblemas clásicos (Splendor Solis, The Chemical Wedding) para reinterpretarlos en clave contemporánea. Cada pieza es un laboratorio simbólico donde los elementos (tierra, agua, aire, fuego) se convierten en metáforas de transformación interior.

Cábala y astrología: Sus obras incluyen referencias a los signos zodiacales (Aries, Leo, Tauro, Géminis) y a los planetas (Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Sol, Luna, Mercurio), integrando la tradición cabalística de correspondencias entre sefirot, astros y fuerzas espirituales.

Muerte y resurrección: Temas como la “Shattering of the Vessels” (ruptura de las vasijas) evocan la doctrina cabalística del Shevirat ha-Kelim, donde la creación implica fractura y posterior restauración. Ellaby lo traduce en imágenes de destrucción y recomposición, reflejando el ciclo iniciático de muerte simbólica y renacimiento.

 

Resonancia Esotérica

Surrealismo como ritual: Ellaby se inscribe en la tradición surrealista, pero su enfoque no es meramente estético: cada obra es un acto de evocación mágica, un espejo del inconsciente colectivo.

Universalidad simbólica: Al igual que los alquimistas medievales, Ellaby concibe el arte como un lenguaje universal que conecta mitología, astrología y misticismo.

Puente iniciático: Sus imágenes funcionan como mandalas modernos, invitando al espectador a recorrer un camino de contemplación y transformación.

 

Robert Ellaby convierte la alquimia y la cábala en arte visionario, donde cada signo zodiacal, planeta y elemento es una clave iniciática. Sus obras son espejos del proceso espiritual de transmutación, y pueden ser leídas en paralelo con los símbolos masónicos y nacionales uruguayos como parte de un mismo lenguaje universal.

 

Obras destacadas de Robert Ellaby

Splendor Solis” reinterpretado Inspirado en el famoso manuscrito alquímico del siglo XVI, Ellaby crea composiciones donde el Sol y la Luna dialogan con figuras humanas y animales, evocando la unión de opuestos.

Serie zodiacal Obras dedicadas a Aries, Tauro, Géminis, Leo, etc., donde cada signo aparece acompañado de símbolos planetarios y alquímicos, funcionando como mandalas astrológicos.

 

Signo

Correspondencia alquímica

Símbolo central

Sentido iniciático

Aries

Fuego — azufre

Carnero solar

Inicio del ciclo, impulso creador

Tauro

Tierra — sal

Toro dorado

Materia fecunda, estabilidad del cosmos

Géminis

Aire — mercurio

Dos figuras espejadas

Dualidad, unión de opuestos

Cáncer

Agua — luna

Cangrejo y copa lunar

Retorno al origen, gestación interior

Leo

Fuego — oro

León coronado

Poder solar, conciencia regia

Virgo

Tierra — trigo

Virgen con espiga

Pureza, discernimiento espiritual

Libra

Aire — equilibrio

Balanza y espada

Justicia cósmica, armonía universal

Escorpio

Agua — putrefacción

Escorpión y cráneo

Muerte iniciática, transformación

Sagitario

Fuego — expansión

Centauro con arco

Dirección espiritual, ascenso del alma

Capricornio

Tierra — cristal

Cabra y montaña

Perseverancia, ascenso iniciático

Acuario

Aire — agua espiritual

Portador de ánfora

Renovación, revelación del espíritu

Piscis

Agua — disolución

Dos peces entrelazados

Unión final, retorno al Uno

Shattering of the Vessels” Referencia cabalística al Shevirat ha-Kelim: imágenes de ruptura y recomposición, con vasijas, cuerpos fragmentados y luces emergentes, que simbolizan la creación a través de la fractura.

La obra “Shattering of the Vessels” es una de las más intensas y teológicamente cargadas de su corpus, pues traduce en imagen la doctrina cabalística del Shevirat ha‑Kelim –la ruptura de las vasijas que contenían la luz divina-, un momento primordial en el que el cosmos se fragmenta para dar lugar a la multiplicidad.

Estructura simbólica

La esfera quebrada representa el universo antes de la reparación (Tikkun). Su estallido libera las chispas de luz divina, que caen a la materia: el drama de la creación a través de la fractura.

El hombre arrodillado encarna al iniciado que contempla el caos interior y la pérdida de unidad. Su gesto de desesperación es el reconocimiento de la imperfección del mundo.

Los ángeles con vasijas rotas son los portadores de las sefirot quebradas; uno oscuro y otro luminoso, expresan la polaridad entre juicio (Gevurah) y misericordia (Chesed).

El fénix y el árbol en llamas simbolizan la regeneración: del fuego del colapso surge la posibilidad de renacimiento.

La escalera dentro del matraz alude al ascenso espiritual, la reconstrucción del eje entre lo divino y lo humano.

Lectura esotérica

Ellaby convierte la teología en alquimia visual: la ruptura es necesaria para la transmutación; sin disolución no hay creación.

La luz que emana del centro es el Or Ein Sof, la energía infinita que busca recomponerse en la materia.

El matraz alquímico es el microcosmos donde el alma humana repite el proceso cósmico: romperse para purificarse.

Esta obra puede leerse como la destrucción del Templo interior: el iniciado debe contemplar su propia fragmentación antes de reconstruir la armonía.

El caos inicial equivale al “estado profano”. La reparación (Tikkun) es la edificación del Templo simbólico, piedra sobre piedra, luz sobre oscuridad.

El fénix y la escalera son emblemas del ascenso del Aprendiz hacia la Maestría.

Ellaby plasma el instante en que la divinidad se quiebra para que el hombre pueda existir. Su pintura es una meditación sobre el dolor cósmico y la esperanza de restauración: una alquimia de la luz y la sombra que invita al espectador a participar del acto de recomposición universal.

 

 

Planetas alquímicos Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Sol, Luna y Mercurio aparecen como arquetipos visuales, cada uno con atributos esotéricos: Saturno como límite y muerte, Mercurio como transmutación, Venus como unión. Es una de las más densas en correspondencias herméticas. Cada planeta se convierte en un arquetipo de la Gran Obra, donde el artista traduce los metales, los dioses y las fuerzas espirituales en imágenes de transmutación.

Planeta

Metal alquímico

Principio espiritual

Símbolo central

Sentido iniciático

Sol (Oro)

Oro

Espíritu puro, iluminación

Disco solar, león dorado

Culminación de la Obra, unión con el Uno

Luna (Plata)

Plata

Receptividad, reflejo

Reina blanca, espejo lunar

Purificación, intuición y disolución del ego

Mercurio

Mercurio

Movimiento, mediación

Caduceo, serpiente alada

Transmutación, unión de opuestos

Venus

Cobre

Amor, armonía

Venus con espejo y rosa

Fusión de materia y espíritu, belleza regeneradora

Marte

Hierro

Voluntad, energía

Guerrero con lanza y fuego

Combate interior, dominio de la pasión

Júpiter

Estaño

Expansión, sabiduría

Trono y cetro azul

Orden cósmico, justicia divina

Saturno

Plomo

Límite, muerte

Anciano con reloj y hoz

Putrefacción, inicio del renacimiento

 

Ellaby representa cada planeta como un estado del alma dentro del proceso alquímico:

·       Saturno abre el ciclo con la disolución de la materia.

·       Sol lo cierra con la iluminación espiritual.

Entre ambos, los demás planetas son etapas de refinamiento y equilibrio.

La serie funciona como un mapa iniciático, el espectador recorre los siete metales y sus correspondencias planetarias, ascendiendo desde la oscuridad del plomo hasta la pureza del oro.

 

https://www.alchemywebsite.com/Artist_Robert_Ellaby.html

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