EL
ARTE DE LO OCULTO XXX
Un
libro de consulta visual para el místico moderno
S.
Elizabeth
Ediciones
Akal, 2024, Madrid
Remedios Varo
(1908-1963)
La mujer alquimista
La pintura de Remedios Varo constituye un verdadero mapa
iniciático del alma, donde cada lienzo se convierte en un ritual de revelación.
Sus personajes, de aspecto andrógino y mirada absorta, no son simples figuras
surrealistas: son adeptos en tránsito, viajeros interiores que atraviesan
pruebas espirituales. En ellos se encarna la enseñanza del Cuarto Camino de
Gurdjieff, la búsqueda de la unión entre esencia y personalidad, entre lo
visible y lo oculto.
Las arquitecturas imposibles que habitan sus cuadros –torres,
pasajes, laboratorios- son templos de la psique, espacios simbólicos donde se
realiza la alquimia interior. Allí, la artista despliega ruedas, mecanismos y
engranajes que evocan la gran máquina cósmica, la rueda del samsara y la
alquimia como proceso de transmutación espiritual. Cada engranaje es un
recordatorio de que el universo es un organismo vivo, regido por leyes
invisibles.
Los animales híbridos y las criaturas fantásticas que
acompañan a sus protagonistas funcionan como guardianes arquetípicos, fuerzas
del inconsciente que custodian el umbral del conocimiento. La presencia de
aves, gatos y seres metamórficos señala la conexión con lo chamánico y lo
visionario, donde lo animal es mediador entre lo humano y lo divino.
En obras como La creación de las aves, la
artista se representa como maga y alquimista, transformando la luz cósmica en
canto y vuelo. Allí, la pintura misma es un acto ritual: el pincel se convierte
en varita, el color en energía, y el lienzo en altar. En Mujer saliendo del
psicoanalista, la liberación del inconsciente femenino se muestra como un rito
de individuación, donde la psique se emancipa de sus cadenas y se abre al
misterio.
Así, la obra de Remedios Varo no es mero surrealismo: es esoterismo
pictórico, un lenguaje simbólico que une alquimia, psicoanálisis y magia. Cada
cuadro es una plancha iniciática, un mandala que invita al espectador a
recorrer el camino interior, a transmutar la materia en espíritu, la sombra en
luz. Su arte es un espejo del alma, un llamado a la transformación y a la unión
de los opuestos.
La creación de las aves
Es una de las obras más densas en significación esotérica
dentro de su producción. En ella, la artista nos muestra a una figura híbrida,
mujer‑ave, sentada en un espacio que recuerda tanto a un laboratorio alquímico
como a una cámara iniciática. La escena no es una fantasía surrealista sin más:
es un verdadero ritual pictórico.
La protagonista recibe rayos cósmicos a través de un prisma,
que transforma la luz en energía creadora. Este detalle remite a la alquimia de
la luz, a la transmutación de lo invisible en forma visible, evocando el
principio hermético de que lo que ocurre en lo alto se refleja en lo bajo.
El pincel que sostiene la figura funciona como varita
mágica, y la paleta como crisol alquímico. De ese acto surgen aves que, una vez
creadas, vuelan hacia la ventana, símbolo de la liberación del espíritu y del
pensamiento.
Cada pájaro es una emanación del alma, una idea que se
emancipa del inconsciente y se eleva hacia lo trascendente. El entorno
arquitectónico, cerrado y geométrico, recuerda a los espacios de la alquimia y
a los templos interiores de la psique, donde se realiza la obra secreta de
transformación.
La obra puede leerse como iniciática; la maga recibe la luz
cósmica, la transfigura en canto y vuelo, y libera al espíritu en forma de
aves. El proceso creativo se equipará al proceso espiritual: recibir,
transmutar y liberar.
El espectador, al contemplar la escena, es invitado a
reconocerse en ese mismo camino interior, en la posibilidad de transformar la
materia en espíritu, la sombra en luz.
Por ello, La creación de las aves condensa los grandes temas
de Remedios Varo: la alquimia, la magia, la unión de opuestos, la transmutación
de la energía y la liberación del alma. Es un verdadero ritual pictórico, un
mapa esotérico de la conciencia, que nos recuerda que el arte no es solo
representación, sino acto sagrado de transformación.
Nos presenta a una figura femenina absorta en un laboratorio
fantástico, rodeada de instrumentos, tubos y mecanismos que parecen destinados
a una tarea de investigación secreta. Sin embargo, el título mismo –“ciencia
inútil”- sugiere una paradoja: el conocimiento que se persigue no tiene
aplicación práctica en el mundo exterior, sino que se orienta hacia la transformación
interior. La obra se convierte así en una metáfora de la alquimia espiritual,
donde lo esencial no es producir oro material, sino transmutar la conciencia.
La protagonista aparece como una alquimista moderna, una
maga que manipula energías invisibles. Los objetos que la rodean evocan tanto
la precisión científica como la imaginación visionaria; son instrumentos que no
pertenecen a la física ordinaria, sino a la física del alma. La escena
transmite la idea de que el verdadero laboratorio alquímico es el propio ser
humano, y que la “ciencia inútil” es en realidad la más necesaria;
aquella que busca la unión de los opuestos, la integración de la sombra y la
luz, la elevación del espíritu.
El espacio cerrado, con su atmósfera de recogimiento,
funciona como cámara iniciática. Allí, la alquimista se aísla del mundo profano
para dedicarse a la obra secreta. La inutilidad aparente de su tarea es, en
clave esotérica, la señal de que se trata de un conocimiento reservado,
inaccesible a la mirada común. Lo que parece inútil para la sociedad práctica
es, en verdad, el camino hacia la liberación interior.
La obra puede leerse como una crítica velada a la ciencia
positivista, que busca resultados tangibles y utilitarios. Varo contrapone a
esa visión la ciencia del espíritu, que no produce objetos ni beneficios
inmediatos, pero que transforma al ser humano en su esencia. La alquimia, en
este sentido, es inútil para el mercado, pero indispensable para el alma.
Así, La ciencia inútil o alquimia se revela como un
manifiesto pictórico; la afirmación de que el arte y la alquimia comparten la
misma misión, la de transmutar lo invisible en visible, lo caótico en orden, lo
humano en divino. Remedios Varo nos recuerda que la verdadera obra no se mide
en utilidad externa, sino en profundidad interior.
Su pintura es un espejo iniciático que invita a contemplar
la paradoja: lo inútil es lo más necesario, lo oculto es lo más luminoso.
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