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11 octubre 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXIII - Roy Lichtenstein

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXIII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Roy Lichtenstein

(1923-1997)


Drowning Girl

La obra de Roy Lichtenstein leída desde un punto de vista esotérico se convierte en un espejo ritual de la modernidad.

Sus cómics ampliados, los puntos Ben-Day y las escenas banales son símbolos iniciáticos de la constante tensión entre lo visible y lo oculto.

Ø  Geometría sagrada: En el plano hermético, el punto repetido es una matriz simbólica industrial.

Ø  Código ritual: la multiplicación infinita del patrón gráfico se refiere a los mosaicos rituales masónicos donde la repetición deja de ser decoración y se convierte en un código.

Cada punto es una célula, átomo o signo que participa en el todo; lo cotidiano se convierte en cosmos simbólico.

El uso de cómics es inversión simbólica, lo que en la cultura de masas es entretenimiento es jeroglífico en su obra; sus figuras se convierten en arquetipos:

Ø  La mujer llorando en Drowning Girl: ella es la sacerdotisa atrapada en el mar de emociones donde el agua iniciática amenaza con ahogarla si no transmuta.

Ø  El avión en combate: fuego, voluntad y rayo que destruye para purificar.

El uso de colores planos y saturados adquiere un aspecto ritual explícito:

Ø  Rojo: simboliza la sangre y el sacrificio.

Ø  Amarillo: representa el oro alquímico.

Ø  Azul: encarna el espíritu.

Al despojar de gradación y sombra, Lichtenstein nos hace ver la esencia desnuda de los símbolos como placas iniciáticas sin ambigüedad.

Esta lectura denuncia la ilusión del mundo moderno (la cultura de masas es el velo de Maya; la repetición mecánica es prisión); pero cuando nos detenemos en el patrón y la ironía encontramos que detrás de la banalidad hay un rito de revelación.

Lichtenstein no es solo un artista pop sino un hierofante que convierte la iconografía banal en símbolos de conciencia. Sus pinturas son espejos rituales que nos dicen que la iniciación está en las cosas más banales y que el trabajo hermético es descifrar lo oculto en lo evidente. 


Whaam!

Esta transmutación simbólica alcanza su apoteosis en obras como Whaam! (1963), entendida como un ritual de fuego y destrucción alquímica que comprime la violencia sagrada y la iniciación en un solo principio. La estructura del díptico organiza dos paneles que se oponen entre sí (como las dos columnas del templo masónico Jakin y Boaz), donde un lado es el poder del avión disparando y el otro expone la consecuencia de la explosión: entre ambas superficies se desarrolla un diálogo de causa y efecto, acción y reacción, donde el viaje del iniciado exige que cada impulso desencadene su propio opuesto.

En esta dinámica de purificación, el avión se toma como el rayo hermético y la voluntad dirigida, una fuerza purificadora que rompe la forma material (como en la alquimia) para liberar el espíritu encarnado; la explosión del segundo panel es el fuego alquímico que destruye la materia física para que la esencia pueda emerger; los destellos amarillos y rojos se refieren al Sol, al oro filosófico y al sacrificio, la muerte ritual necesaria antes de la regeneración. En este sentido, la onomatopeya que da título a la pieza actúa como verdadera palabra de poder o mantra que activa la transmutación.

Los contornos duros de Lichtenstein, los colores saturados y los patrones tipográficos eliminan la ambigüedad psicológica para que la escena se convierta en un emblema arquetípico: la violencia no es un hecho real sino una ceremonia de destrucción cósmica necesaria para la renovación espiritual. Whaam! es así un verdadero altar pop donde la banalidad del cómic se convierte en un jeroglífico hermético que denuncia la ilusión mecánica del mundo moderno, recordándonos que la verdadera iniciación requiere pasar por el fuego purificador para que pueda nacer una nueva conciencia. 


Cosmología (1978)

Desde el enfoque que venimos haciendo, esta obra es un mapa ritual del universo, un intento de traducir la arquitectura secreta del cosmos en lenguaje pop. En primer lugar, el título es una invocación, la cosmología no es un objeto sino un orden.

Lichtenstein toma palabras científicas y las convierte en un jeroglífico visual. En términos hermenéuticos, nombrar el cosmos es participar en su estructura (por así decirlo), por lo que la obra se convierte en un altar contemporáneo.

El lenguaje gráfico –puntos Ben-Day, líneas geométricas, colores planos- es una transposición de la bóveda celeste en un código industrial. Los puntos infinitos recuerdan estrellas, átomos, células; la repetición es un círculo sagrado, mecánico que recuerda la multiplicidad del universo.

La geometría rígida es el orden oculto (la cuadratura del círculo) ley que sostiene el caos aparente.

El color despliega un simbolismo alquímico: azul como espíritu y vastedad; amarillo como oro solar; rojo como energía vital y sacrificio. No es accidental, es la tríada alquímica de la materia a la transmutación.

La obra también puede leerse como una logia cósmica; espacio ritual donde el iniciado contempla la totalidad. El espectador, confrontado con la repetición de patrones y el orden geométrico, siente la tensión entre lo infinito y lo mecánico, lo sagrado y lo banal –esa es la prueba iniciática; reconocer que incluso en la estética industrial y pop hay un rastro de misterio oculto.

La cosmología es un espejo iniciático porque muestra cómo lo trivial –puntos, cómics, colores planos- puede convertirse en un símbolo del orden universal.

Lichtenstein transforma lo banal en sagrado (como un alquimista) mostrando que el cosmos puede leerse en términos pop pero también herméticos.

13 septiembre 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXII - William Blake

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

William Blake

(1757-1827)

La escalera de Jacob (1805)

William Blake nació en Londres el 28 de noviembre de 1757 y desde niño mostró una sensibilidad visionaria que marcaría toda su obra. Aprendió a ser grabador con James Basire y más tarde estudió en la Royal Academy pero siempre se mantuvo crítico frente a las normas académicas.

Su primera publicación fue Poetical Sketches (1783), pero con Songs of Innocence (1789) y Songs of Experience (1794) ganó popularidad porque trataba de la tensión entre pureza y corrupción. Inventó el “grabado iluminado” que le permitió unir texto e imagen en libros únicos (The Marriage of Heaven and Hell; Jerusalem).

Blake decía tener visiones desde la infancia y su obra está cargada de simbolismo bíblico, gnóstico y esotérico. Creó una mitología propia con Urizen, Los y Orc como fuerzas universales en conflicto; su arte y poesía fueron concebidas como revelaciones espirituales más que como expresiones estéticas.

Vivió modesto y sin reconocimiento en su tiempo pero siguió produciendo arte hasta morir el 12 de agosto de 1827 en Londres. Enterrado en Bunhill Fields fue redescubierto y valorado en el siglo XIX y XX como uno de los grandes visionarios del Romanticismo. Hoy se le considera un creador total capaz de unir poesía, pintura y mística en un sistema profético único.

 

La obra de William Blake esotérica se presenta como un tejido simbólico en donde poesía, pintura y visión mística confluyen en lenguaje ritual. Blake no fue solo poeta romántico sino vidente que veía su arte como un sistema profético para descifrar fuerzas ocultas que gobiernan la existencia.

Sus “Libros proféticos” y grabados iluminados son auténticos grimorios en los cuales palabra y imagen son vehículos reveladores.

En plano esotérico Blake plantea una cosmogonía propia en la que Urizen, Los o Orc son principios arquetípicos (Razón encadenadora; Imaginación creadora; Energía revolucionaria) no simples símbolos literarios sino entidades que encarnan tensiones universales como los eones gnósticos o los arquetipos herméticos: la lucha entre ellos es el drama del alma humana atrapada entre materia y espíritu, ley opresiva y libertad visionaria.

Blake se inspira en tradiciones bíblicas, gnósticas y cabalísticas, pero las reinterpreta para sí mismo. Las visiones de ángeles demonios mundos interiores no deben ser vistas como fantasías sino experiencias de un iniciado que penetra los planos sutiles; el célebre dicho de Blake –“Si las puertas de la percepción fueran depuradas todo aparecería al hombre como es: infinito”- sintetiza su programa esotérico abierto a lo ilimitado (transcendimiento ilusión materia) y acceso realidad espiritual.

En sus grabados la anatomía exaltada y las figuras tensas expresan la vida como fuerza sagrada. La luz que emanan los cuerpos, los saltos o caídas gestuales, las arquitecturas visionarias todo eso es un ritual visual para despertar al espectador. Blake hace del acto artístico una ceremonia iniciática: cada poema y cada imagen son llaves que conducen a gnosis.

En definitiva, Blake, leída como esotérica es un sistema de revelación en el que mito símbolo y visión componen un evangelio alternativo. No es estético (sino iniciático): lleva al alma hacia la liberación; muestra que imaginación es el verdadero órgano divino; que arte cuando se concibe como rito abre las puertas del infinito.

The ancient of days (1724) 

Una de las obras más importantes de William Blake para un estudio esotérico es The Ancient of Days (1794), la famosa ilustración en la que aparece Urizen (arquetipo de la razón) desplegando su compás sobre el vacío.

En esta imagen Blake sintetiza su visión gnóstica y hermética, Urizen (algo así como el Demiurgo de la tradición platónica y gnóstica) traza los límites del cosmos, impone medida y ley a lo infinito. El gesto del compás no es técnico sino ritual, simboliza la voluntad de encerrar lo ilimitado en formas finitas, aprisionar energía creadora en estructuras rígidas. Desde el punto de vista esotérico el compás es poder, pero también restricción porque delimita aquello que debe ser abierto.

La luz que emana de la figura (proyectada hacia abajo) recuerda las sefirot cabalísticas o las corrientes de creación alquimista: lo divino sale hacia abajo; pero Blake introduce tensión; Urizen no es Dios supremo sino fuerza parcial encadenadora (el tirano de la razón sin imaginación). La obra es así un aviso iniciático: el iniciado debe saber que la verdadera gnosis no está en la medida sino en la visión y que geometría del Demiurgo es sólo sombra del infinito.

Si lo vemos en clave ritual The Ancient of Days puede ser leído como espejo del proceso iniciático; el neófito ve la figura que pretende dominar el cosmos y tiene que aprender a trascenderla. No se le pide obedecer a la ley sino descubrir que imaginación –órgano de lo divino según Blake- puede romper los límites impuestos. El compás es entonces símbolo ambiguo: instrumento creador, pero también prisión, llave abierta y cerrada, signo de tensión eterna entre libertad y norma.

Esta obra no es sólo una ilustración sino una representación esotérica que concibe el drama de la conciencia humana, lucha del orden impuesto contra visión liberadora; Demiurgo contra espíritu; geometría contra infinitud.

The ghost of a flea by (1819-1820)

The Ghost of a Flea nos muestra una de las visiones más extrañas que Blake tuvo y que él mismo decía haber tenido visionaria. La obra muestra a una criatura híbrida humana pero grotesca con lengua reptil y gesto convulsivo, sosteniendo un cáliz ensangrentado.

En clave esotérica esta figura es la materialización de un espíritu parasitario (un demonio menor que se alimenta de la vida humana). El cáliz que lleva recuerda a la sacrílega inversión del símbolo eucarístico, en lugar de contener sangre redentora contiene sangre consumida por la avaricia del ser vampírico.

Blake, en lenguaje visionario denuncia aquí corrupción espiritual oculta en lo ínfimo, en lo aparentemente insignificante –la pulga- pero que simboliza la voracidad universal.

La criatura musculosa y encorvada es la energía desviada hacia destrucción. Su lengua serpentina y mirada oblicua recuerdan a la tradición demonológica y alquímica en donde los seres intermediarios encarnan pasiones desordenadas. En plano iniciático el trabajo es un aviso; todo lo pequeño puede contener una fuerza oscura capaz de dominar al alma si no se vigila espiritualmente.

El fondo oscuro casi teatral hace que el ritual aumente. La escena parece estar sucediendo en un espacio ceremonial como si el espectador estuviera viendo una epifanía invertida (anti‑sacramento). Blake hace de la visión un icono de lo que hay que reconocer y trascender: pulsión parasitaria, sed de sangre, energía desviada esclavizante.

Así The Ghost of a Flea es un espejo esotérico de la condición humana, los demonios no son sólo entidades externas sino proyectados por las pasiones internas; la obra es un grimorio visual (una advertencia ritual para que el iniciado sepa distinguir entre energía creadora y fuerza parasitaria, imaginación liberadora y voracidad destructiva).

 

Ackroyd, P. (2001). Blake. Barcelona: Ediciones Destino.

Blake, W. (2006). El matrimonio del cielo y el infierno. Traducción de Enrique Caracciolo Trejo. Madrid: Ediciones Siruela.

Blake, W. (2010). Cantos de inocencia y de experiencia. Traducción de Manuel Álvarez Ortega. Madrid: Editorial Hiperión.

Blake, W. (2015). El matrimonio del cielo y el infierno y otros escritos. Traducción de Carmen M. Cáceres. Barcelona: Editorial Atalanta.

Damon, S. Foster (2003). William Blake: su filosofía y símbolos. Traducción al español. México: Fondo de Cultura Económica.

Jiménez, J. (2001). William Blake y la imaginación simbólica. Barcelona: Anthropos.

Pujol, J. (2008). Visiones de William Blake: Mística, arte y profecía. Valencia: Pre-Textos.

Raine, K. (1996). William Blake y la tradición platónica. Madrid: Siruela.

 

30 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXI - Orryelle Defenestrate

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXI

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Orryelle Defenestrate


Cauda Pavonis

 

Orryelle Defenestrate-Bascule es un artista esotérico cuya obra de arte es una experiencia ritual de diversas formas de trabajo: pintura, escultura, teatro, escritura, música, donde la estética es el vehículo de la animación espiritual de la materia. Sus obras están a la vanguardia del arte visionario de hoy y tienen como objetivo reencantar el mundo con símbolos arquetípicos y mitológicos. El trabajo de Orryelle se construye en torno a la idea de que el arte es un puente entre los dos planos de la vida: lo figurativo y lo abstracto, lo orgánico y lo sintético, lo ancestral y lo contemporáneo. En Tela Quadrivium o El Libro del Tarot del Caos, por ejemplo, hay una voluntad alquímica: cada volumen o imagen es un proceso de solve et coagula, disolución y recomposición con la misión de cambiar la forma en que vemos el mundo. El tarot, para él, no es solo una herramienta adivinatoria sino una forma de entrar en un nuevo mundo, donde las cartas abren puertas a nuevos estados de percepción. Su práctica teatral, a través de la Compañía de Teatro Ritual Metamórfico, reescribe mitos antiguos en clave escénica, generando experiencias liminales que recuerdan los misterios órficos o dionisíacos. El teatro se convierte en un rito de metamorfosis, en el que actores y testigos participan en una transmutación simbólica. De esta manera, Orryelle es parte del arte como magia que es operativa, ya que no es entretenimiento sino invocación. Una de sus estéticas es la convergencia de diferentes culturas: diosas como Sarasvati y Brigid aparecen en sus pinturas en proximidad, como si estuvieran en una especie de convergencia de agua y fuego, conocimiento e inspiración, Oriente y Occidente. Este sincretismo no es arbitrario; es parte de una comprensión esotérica de la unidad de los símbolos. La serpiente blanca, el cisne, el fuego en la cabeza del poeta, el río sagrado: todos son símbolos de la energía kundalini, de la ascensión del espíritu a través del arte. Al igual que con Esezezus y las instalaciones para Hermes, el lenguaje ahora se ve como magia en su obra. Hermes, dios de la comunicación y psicopompo, es invocado en actuaciones donde la voz, la danza y la música se fusionan para representar la maleabilidad del tiempo y el espacio. Así, el arte se convierte en un acto hermético: el artista un mediador entre mundos, el símbolo una herramienta para el tránsito.


Lions of Alchemy

 

Lions of Alchemy es una obra simbólica en la que dos figuras contrastantes –un león como león y una figura alada y humana- entablan un diálogo animado sobre un eje central de energía. Eso es desde un punto de vista esotérico: esta composición está en consonancia con una tradición alquímica de leones, símbolos de nuestras primeras y más fundamentales fuerzas, que debemos entender, enfrentar y transformar.

En la alquimia, el león representa el poder bruto de la naturaleza, la energía vital que puede destruir o iluminar si trabajamos con ella. El león verde, por ejemplo, es la materia prima que aún no ha sido purificada y el león rojo es la energía que ya se ha convertido en oro espiritual. En la obra, el león con un cuerpo musculoso y una serpiente enrollada encarna esa fuerza telúrica instintiva que permanece fuerte en lo material.

En contraste, la figura alada con rostro humano y serpiente ascendente representa la sublimación de esta energía: lo animal y lo espiritual, la elevación del poder a la conciencia. La columna alquímica, donde fluye energía líquida o luminosa de uno a otro, es el eje de la transmutación. Es allí donde se logra el solve et coagula: la descomposición de la forma rígida y la recomposición desde abajo.

El símbolo de infinito en el horizonte indica que esto no es lineal ni finito, sino un ciclo eterno de muerte y renacimiento, de descenso y elevación, de materia y espíritu. La presencia de serpientes en ambos cuerpos es otro signo de la energía kundalini, la energía serpentina que crece hacia arriba en la columna vertebral y se asocia con el mercurio: lo volátil, el mediador entre lo fijo y lo ígneo.

La serpiente enrollada en el león es la energía aún atrapada en la energía instintiva; la serpiente en el cuerpo alado es la misma energía que ya está en proceso de ascensión.

En otras palabras, “Lions of Alchemy” es una visión del duelo iniciático, donde el adepto tendrá que enfrentarse a su naturaleza leonina, la pasión y las fuerzas brutas para transformarlas en alas de conciencia.

La batalla no es destrucción, sino integración; ambos polos se miran, se reconocen, y ambos están en equilibrio en el eje de energía central. Su infinito sobre ellos es un recordatorio de que el trabajo alquímico nunca está terminado y siempre se necesita uno nuevo en cada generación. Y todo es un símbolo de iniciación y de cómo combina las enseñanzas alquímicas: el león como energía vital, la serpiente como energía transformadora, las alas como símbolo de elevación y el infinito como símbolo de eternidad. Es un espejo del proceso interno del alquimista, que debe reconciliar lo animal y lo espiritual para alcanzar la piedra filosofal, no como un objeto material, sino como un estado de conciencia iluminada.


Águila blanca

 

La obra “Águila Blanca” despliega una serie de símbolos que se conectan con la tradición alquímica y esotérica de la dualidad, la transmutación y la ascensión espiritual. En el centro hay un huevo cubierto por una serpiente, un antiguo tropo de la alquimia: el huevo es la materia prima, el receptáculo de la vida y el misterio, y la serpiente es la energía vital, el mercurio alquímico, que es el mercurio que está alrededor y es la energía del proceso de transformación. Este núcleo es el vas hermeticum, el recipiente a través del cual se realiza el trabajo interior.

El círculo que envuelve la escena, dividido en luz y sombra, encapsula el principio del yin-yang y la dialéctica de los opuestos: lo consciente y lo inconsciente, lo solar y lo lunar, lo masculino y lo femenino.

La alquimia siempre insiste en que la unión de los opuestos es el camino hacia la totalidad, y aquí esa unión se produce a través de la tensión entre las dos mitades del círculo. La parte oscura con alas de murciélago y contorno de figuras representa lo oculto, lo nocturno, lo instintivo; la parte luminosa con figuras apenas delineadas representa lo revelado, lo espiritual y lo etéreo.

Sobre el círculo se eleva un ave que parece algo así como un búho o un águila nocturna, como el guardián del proceso. El búho, en la sociedad esotérica, es un símbolo de sabiduría oculta, de visión en la oscuridad, de ver a través de la oscuridad, de penetración en lo no visto. Al mismo tiempo, el búho, al estar elevado, es también un mediador del mundo inferior del huevo-serpiente al nivel superior de la conciencia. Es el espíritu que vela por la transmutación, el ojo que todo lo ve.

La composición en su conjunto sugiere un ciclo iniciático: el adepto enfrenta la materia prima (el huevo), reconoce la energía serpentina que lo rodea (la fuerza vital), atraviesa la tensión de los opuestos (luz/sombra) y finalmente asciende a la visión superior (el ave). Es un mapa visual del proceso alquímico: nigredo en la oscuridad, albedo en la purificación de la luz, y la promesa de rubedo en la integración final. El círculo, como un mandala, asegura que todo sucede en un orden cósmico.

Y finalmente, “Águila Blanca” es un libro que condensa la enseñanza hermética: la vida como un huevo alquímico, la energía como una serpiente, la dualidad como un círculo, la sabiduría como un ave en lo alto. Es un ícono de transformación, uno que nos dice que la verdadera alquimia no es solo la del laboratorio, sino también la del espíritu que se eleva después de encontrarse con sus sombras y su luz.

 

https://www.hmag.org.uk/oneiropraxis

https://trans-states.org/speaker/orryelle-defenestrate-bascule

https://www.alchemywebsite.com/Artist_orryelle_defenestrate_bascule.html

 

 El arte de lo oculto XXX

 

09 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXX - Remedios Varo

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXX

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Remedios Varo

(1908-1963)


La mujer alquimista

La pintura de Remedios Varo constituye un verdadero mapa iniciático del alma, donde cada lienzo se convierte en un ritual de revelación. Sus personajes, de aspecto andrógino y mirada absorta, no son simples figuras surrealistas: son adeptos en tránsito, viajeros interiores que atraviesan pruebas espirituales. En ellos se encarna la enseñanza del Cuarto Camino de Gurdjieff, la búsqueda de la unión entre esencia y personalidad, entre lo visible y lo oculto.

Las arquitecturas imposibles que habitan sus cuadros –torres, pasajes, laboratorios- son templos de la psique, espacios simbólicos donde se realiza la alquimia interior. Allí, la artista despliega ruedas, mecanismos y engranajes que evocan la gran máquina cósmica, la rueda del samsara y la alquimia como proceso de transmutación espiritual. Cada engranaje es un recordatorio de que el universo es un organismo vivo, regido por leyes invisibles.

Los animales híbridos y las criaturas fantásticas que acompañan a sus protagonistas funcionan como guardianes arquetípicos, fuerzas del inconsciente que custodian el umbral del conocimiento. La presencia de aves, gatos y seres metamórficos señala la conexión con lo chamánico y lo visionario, donde lo animal es mediador entre lo humano y lo divino.

En obras como La creación de las aves, la artista se representa como maga y alquimista, transformando la luz cósmica en canto y vuelo. Allí, la pintura misma es un acto ritual: el pincel se convierte en varita, el color en energía, y el lienzo en altar. En Mujer saliendo del psicoanalista, la liberación del inconsciente femenino se muestra como un rito de individuación, donde la psique se emancipa de sus cadenas y se abre al misterio.

Así, la obra de Remedios Varo no es mero surrealismo: es esoterismo pictórico, un lenguaje simbólico que une alquimia, psicoanálisis y magia. Cada cuadro es una plancha iniciática, un mandala que invita al espectador a recorrer el camino interior, a transmutar la materia en espíritu, la sombra en luz. Su arte es un espejo del alma, un llamado a la transformación y a la unión de los opuestos.

 


La creación de las aves

Es una de las obras más densas en significación esotérica dentro de su producción. En ella, la artista nos muestra a una figura híbrida, mujer‑ave, sentada en un espacio que recuerda tanto a un laboratorio alquímico como a una cámara iniciática. La escena no es una fantasía surrealista sin más: es un verdadero ritual pictórico.

La protagonista recibe rayos cósmicos a través de un prisma, que transforma la luz en energía creadora. Este detalle remite a la alquimia de la luz, a la transmutación de lo invisible en forma visible, evocando el principio hermético de que lo que ocurre en lo alto se refleja en lo bajo.

El pincel que sostiene la figura funciona como varita mágica, y la paleta como crisol alquímico. De ese acto surgen aves que, una vez creadas, vuelan hacia la ventana, símbolo de la liberación del espíritu y del pensamiento.

Cada pájaro es una emanación del alma, una idea que se emancipa del inconsciente y se eleva hacia lo trascendente. El entorno arquitectónico, cerrado y geométrico, recuerda a los espacios de la alquimia y a los templos interiores de la psique, donde se realiza la obra secreta de transformación.

La obra puede leerse como iniciática; la maga recibe la luz cósmica, la transfigura en canto y vuelo, y libera al espíritu en forma de aves. El proceso creativo se equipará al proceso espiritual: recibir, transmutar y liberar.

El espectador, al contemplar la escena, es invitado a reconocerse en ese mismo camino interior, en la posibilidad de transformar la materia en espíritu, la sombra en luz.

Por ello, La creación de las aves condensa los grandes temas de Remedios Varo: la alquimia, la magia, la unión de opuestos, la transmutación de la energía y la liberación del alma. Es un verdadero ritual pictórico, un mapa esotérico de la conciencia, que nos recuerda que el arte no es solo representación, sino acto sagrado de transformación.

 


La ciencia inútil o alquimia 

Nos presenta a una figura femenina absorta en un laboratorio fantástico, rodeada de instrumentos, tubos y mecanismos que parecen destinados a una tarea de investigación secreta. Sin embargo, el título mismo –“ciencia inútil”- sugiere una paradoja: el conocimiento que se persigue no tiene aplicación práctica en el mundo exterior, sino que se orienta hacia la transformación interior. La obra se convierte así en una metáfora de la alquimia espiritual, donde lo esencial no es producir oro material, sino transmutar la conciencia.

La protagonista aparece como una alquimista moderna, una maga que manipula energías invisibles. Los objetos que la rodean evocan tanto la precisión científica como la imaginación visionaria; son instrumentos que no pertenecen a la física ordinaria, sino a la física del alma. La escena transmite la idea de que el verdadero laboratorio alquímico es el propio ser humano, y que la “ciencia inútil” es en realidad la más necesaria; aquella que busca la unión de los opuestos, la integración de la sombra y la luz, la elevación del espíritu.

El espacio cerrado, con su atmósfera de recogimiento, funciona como cámara iniciática. Allí, la alquimista se aísla del mundo profano para dedicarse a la obra secreta. La inutilidad aparente de su tarea es, en clave esotérica, la señal de que se trata de un conocimiento reservado, inaccesible a la mirada común. Lo que parece inútil para la sociedad práctica es, en verdad, el camino hacia la liberación interior.

La obra puede leerse como una crítica velada a la ciencia positivista, que busca resultados tangibles y utilitarios. Varo contrapone a esa visión la ciencia del espíritu, que no produce objetos ni beneficios inmediatos, pero que transforma al ser humano en su esencia. La alquimia, en este sentido, es inútil para el mercado, pero indispensable para el alma.

Así, La ciencia inútil o alquimia se revela como un manifiesto pictórico; la afirmación de que el arte y la alquimia comparten la misma misión, la de transmutar lo invisible en visible, lo caótico en orden, lo humano en divino. Remedios Varo nos recuerda que la verdadera obra no se mide en utilidad externa, sino en profundidad interior.

 

Su pintura es un espejo iniciático que invita a contemplar la paradoja: lo inútil es lo más necesario, lo oculto es lo más luminoso.

 

https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=291071&utm_source

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 El arte de lo oculto XXIX                     El arte de lo oculto XXXI


02 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXIX - Laurie Lipton

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXIX

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Laurie Lipton

(1953)


The Dance of Death (2010)

La obra de Laurie Lipton, leída desde una clave esotérica, se presenta como un tejido de sombras que busca revelar lo oculto en la conciencia contemporánea. Sus dibujos en blanco y negro no son meras representaciones hiperrealistas, sino auténticos grimorios visuales: cada línea es un signo, cada detalle una invocación.

El contraste radical entre luz y oscuridad funciona como un código iniciático, recordando la dialéctica hermética entre espíritu y materia, verdad y engaño.

Lipton convierte el trauma en materia prima de transmutación. Su biografía, marcada por la violencia, se transforma en un proceso alquímico: la putrefacción del dolor se vuelve oro espiritual en forma de imágenes que interpelan al espectador. En este sentido, sus obras son rituales de catarsis, donde la herida personal se abre como puerta hacia una visión colectiva.

Las escenas distópicas que construye –máquinas que vigilan, esqueletos que habitan espacios urbanos, niñas expuestas a la mirada- son espejos de la sombra social.

En clave esotérica, funcionan como advertencias proféticas: muestran el mundo como un templo invertido, dominado por el demiurgo tecnológico, donde la humanidad corre el riesgo de perder su alma. La obsesión por el detalle, la repetición de líneas infinitas, genera un efecto hipnótico semejante al de un mandala oscuro, que obliga al espectador a entrar en un estado de contemplación ritual.

En suma, Laurie Lipton no dibuja simplemente escenas inquietantes: construye un lenguaje iniciático que invita a enfrentar la muerte, la fragilidad y la manipulación como pruebas de conciencia. Sus obras son planchas gráficas de un rito moderno, donde el espectador es llamado a reconocer la sombra y a buscar la alquimia interior que transforme el dolor en visión.


Newsfeed (2019)

Tomemos como ejemplo la obra Newsfeed, uno de los dibujos más emblemáticos de Laurie Lipton. En ella, se observa una multitud absorta frente a pantallas, con rostros vacíos y cuerpos casi espectrales. Desde una lectura esotérica, la pieza funciona como un ritual de advertencia: las pantallas son el nuevo altar, el lugar donde se sacrifica la conciencia en favor de la ilusión.

El blanco y negro intensifica la sensación de vacío, como si la luz emanada de los dispositivos fuera una falsa iluminación, un simulacro del “fuego sagrado” que en las tradiciones iniciáticas representa la verdad. Aquí, la luz no revela, sino que enceguece. Es la inversión del símbolo: el demiurgo tecnológico que aprisiona la mirada y la voluntad.

La repetición obsesiva de rostros y cuerpos, todos alineados en la misma actitud, recuerda a los rituales de masas, pero desprovistos de trascendencia. En clave hermética, se trata de una “cadena invertida”: no une a los seres en la búsqueda de lo divino, sino en la sumisión a lo profano. El espectador, al contemplar la obra, se convierte en testigo de esta ceremonia oscura, obligado a reconocer la fragilidad de su propia libertad interior.

El detalle minucioso con que Lipton construye cada línea es comparable a la escritura de un grimorio. Cada trazo es una palabra silenciosa que compone un conjuro visual. El resultado es un mandala distópico que no busca la paz, sino el despertar: la incomodidad que provoca es la chispa iniciática que obliga a mirar más allá de la superficie.

Así, Newsfeed puede leerse como un espejo ritual del presente: un recordatorio de que la verdadera iniciación exige resistir la fascinación de las sombras y recuperar la luz interior. Lipton convierte la crítica social en un acto esotérico, donde el espectador es llamado a transmutar la alienación en conciencia.


The Kiss

En The Kiss, Laurie Lipton convoca el arquetipo de Saturno–Cronos, el dios que devora a sus hijos, símbolo de la temporalidad que consume la vida. La figura anciana que muerde la cabeza del niño encarna esa fuerza primordial que, en la tradición hermética, representa el tiempo como destructor y creador simultáneo. Saturno no actúa por crueldad, sino por necesidad cósmica: devora para preservar el orden, para impedir que lo nuevo desborde lo viejo.

Lipton traduce ese mito en clave contemporánea. El adulto que muerde al infante no es sólo el padre arquetípico, sino la civilización que devora su propia inocencia. El gesto, tan brutal como íntimo, revela la paradoja del amor posesivo: el deseo de proteger se transforma en impulso de consumir. En términos esotéricos, el beso se convierte en rito de transmisión de energía, donde la vitalidad del niño pasa al anciano, y la sombra del anciano se imprime en el niño.

El blanco y negro acentúa la dimensión saturnina: la ausencia de color es la negación de la vida solar, el dominio de la melancolía y la reflexión. Cada arruga del rostro adulto es una inscripción del tiempo; cada línea del dibujo, una runa que marca la inevitabilidad de la muerte.

Lipton, como alquimista visual, convierte la devoración en acto de conciencia: nos obliga a mirar el ciclo eterno de creación y destrucción que sostiene la existencia.

Así, The Kiss no es una escena de horror, sino una epifanía del tiempo. El beso que devora es el mismo que da vida; el dolor que inflige es el que despierta. En la tradición esotérica, Saturno es el guardián del umbral: quien enfrenta su mordida alcanza la sabiduría. Lipton nos muestra ese instante liminar, donde el amor y la muerte se confunden, y donde el alma, si resiste la visión, puede renacer más consciente.

https://www.laurielipton.com/

https://www.pinturayartistas.com/laurie-lipton/

https://elemmental.com/2019/10/19/laurie-lipton-tecnologia-realidad-y-posverdad/

 

El arte de lo oculto XXVIII                         El arte de lo oculto XXX

19 julio 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXVIII - Robert Ellaby

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXVIII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Robert Ellaby

(1964)


La boda química

 

Robert Ellaby es un artista surrealista británico cuya obra se nutre profundamente de la alquimia, la cábala y sistemas esotéricos. Sus imágenes funcionan como emblemas visionarios que exploran la transmutación espiritual, la cosmología planetaria y el viaje iniciático del alma.

Rasgos Esotéricos de su Obra

Alquimia visual: Ellaby recurre a emblemas clásicos (Splendor Solis, The Chemical Wedding) para reinterpretarlos en clave contemporánea. Cada pieza es un laboratorio simbólico donde los elementos (tierra, agua, aire, fuego) se convierten en metáforas de transformación interior.

Cábala y astrología: Sus obras incluyen referencias a los signos zodiacales (Aries, Leo, Tauro, Géminis) y a los planetas (Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Sol, Luna, Mercurio), integrando la tradición cabalística de correspondencias entre sefirot, astros y fuerzas espirituales.

Muerte y resurrección: Temas como la “Shattering of the Vessels” (ruptura de las vasijas) evocan la doctrina cabalística del Shevirat ha-Kelim, donde la creación implica fractura y posterior restauración. Ellaby lo traduce en imágenes de destrucción y recomposición, reflejando el ciclo iniciático de muerte simbólica y renacimiento.

 

Resonancia Esotérica

Surrealismo como ritual: Ellaby se inscribe en la tradición surrealista, pero su enfoque no es meramente estético: cada obra es un acto de evocación mágica, un espejo del inconsciente colectivo.

Universalidad simbólica: Al igual que los alquimistas medievales, Ellaby concibe el arte como un lenguaje universal que conecta mitología, astrología y misticismo.

Puente iniciático: Sus imágenes funcionan como mandalas modernos, invitando al espectador a recorrer un camino de contemplación y transformación.

 

Robert Ellaby convierte la alquimia y la cábala en arte visionario, donde cada signo zodiacal, planeta y elemento es una clave iniciática. Sus obras son espejos del proceso espiritual de transmutación, y pueden ser leídas en paralelo con los símbolos masónicos y nacionales uruguayos como parte de un mismo lenguaje universal.

 

Obras destacadas de Robert Ellaby

“Splendor Solis” reinterpretado Inspirado en el famoso manuscrito alquímico del siglo XVI, Ellaby crea composiciones donde el Sol y la Luna dialogan con figuras humanas y animales, evocando la unión de opuestos.

Serie zodiacal Obras dedicadas a Aries, Tauro, Géminis, Leo, etc., donde cada signo aparece acompañado de símbolos planetarios y alquímicos, funcionando como mandalas astrológicos.

 

Signo

Correspondencia alquímica

Símbolo central

Sentido iniciático

Aries

Fuego — azufre

Carnero solar

Inicio del ciclo, impulso creador

Tauro

Tierra — sal

Toro dorado

Materia fecunda, estabilidad del cosmos

Géminis

Aire — mercurio

Dos figuras espejadas

Dualidad, unión de opuestos

Cáncer

Agua — luna

Cangrejo y copa lunar

Retorno al origen, gestación interior

Leo

Fuego — oro

León coronado

Poder solar, conciencia regia

Virgo

Tierra — trigo

Virgen con espiga

Pureza, discernimiento espiritual

Libra

Aire — equilibrio

Balanza y espada

Justicia cósmica, armonía universal

Escorpio

Agua — putrefacción

Escorpión y cráneo

Muerte iniciática, transformación

Sagitario

Fuego — expansión

Centauro con arco

Dirección espiritual, ascenso del alma

Capricornio

Tierra — cristal

Cabra y montaña

Perseverancia, ascenso iniciático

Acuario

Aire — agua espiritual

Portador de ánfora

Renovación, revelación del espíritu

Piscis

Agua — disolución

Dos peces entrelazados

Unión final, retorno al Uno

“Shattering of the Vessels” Referencia cabalística al Shevirat ha-Kelim: imágenes de ruptura y recomposición, con vasijas, cuerpos fragmentados y luces emergentes, que simbolizan la creación a través de la fractura.

La obra “Shattering of the Vessels” es una de las más intensas y teológicamente cargadas de su corpus, pues traduce en imagen la doctrina cabalística del Shevirat ha‑Kelim –la ruptura de las vasijas que contenían la luz divina-, un momento primordial en el que el cosmos se fragmenta para dar lugar a la multiplicidad.

Estructura simbólica

La esfera quebrada representa el universo antes de la reparación (Tikkun). Su estallido libera las chispas de luz divina, que caen a la materia: el drama de la creación a través de la fractura.

El hombre arrodillado encarna al iniciado que contempla el caos interior y la pérdida de unidad. Su gesto de desesperación es el reconocimiento de la imperfección del mundo.

Los ángeles con vasijas rotas son los portadores de las sefirot quebradas; uno oscuro y otro luminoso, expresan la polaridad entre juicio (Gevurah) y misericordia (Chesed).

El fénix y el árbol en llamas simbolizan la regeneración: del fuego del colapso surge la posibilidad de renacimiento.

La escalera dentro del matraz alude al ascenso espiritual, la reconstrucción del eje entre lo divino y lo humano.

Lectura esotérica

Ellaby convierte la teología en alquimia visual: la ruptura es necesaria para la transmutación; sin disolución no hay creación.

La luz que emana del centro es el Or Ein Sof, la energía infinita que busca recomponerse en la materia.

El matraz alquímico es el microcosmos donde el alma humana repite el proceso cósmico: romperse para purificarse.

Esta obra puede leerse como la destrucción del Templo interior: el iniciado debe contemplar su propia fragmentación antes de reconstruir la armonía.

El caos inicial equivale al “estado profano”. La reparación (Tikkun) es la edificación del Templo simbólico, piedra sobre piedra, luz sobre oscuridad.

El fénix y la escalera son emblemas del ascenso del Aprendiz hacia la Maestría.

Ellaby plasma el instante en que la divinidad se quiebra para que el hombre pueda existir. Su pintura es una meditación sobre el dolor cósmico y la esperanza de restauración: una alquimia de la luz y la sombra que invita al espectador a participar del acto de recomposición universal.

 

 

Planetas alquímicos Saturno, Júpiter, Marte, Venus, Sol, Luna y Mercurio aparecen como arquetipos visuales, cada uno con atributos esotéricos: Saturno como límite y muerte, Mercurio como transmutación, Venus como unión. Es una de las más densas en correspondencias herméticas. Cada planeta se convierte en un arquetipo de la Gran Obra, donde el artista traduce los metales, los dioses y las fuerzas espirituales en imágenes de transmutación.

Planeta

Metal alquímico

Principio espiritual

Símbolo central

Sentido iniciático

Sol (Oro)

Oro

Espíritu puro, iluminación

Disco solar, león dorado

Culminación de la Obra, unión con el Uno

Luna (Plata)

Plata

Receptividad, reflejo

Reina blanca, espejo lunar

Purificación, intuición y disolución del ego

Mercurio

Mercurio

Movimiento, mediación

Caduceo, serpiente alada

Transmutación, unión de opuestos

Venus

Cobre

Amor, armonía

Venus con espejo y rosa

Fusión de materia y espíritu, belleza regeneradora

Marte

Hierro

Voluntad, energía

Guerrero con lanza y fuego

Combate interior, dominio de la pasión

Júpiter

Estaño

Expansión, sabiduría

Trono y cetro azul

Orden cósmico, justicia divina

Saturno

Plomo

Límite, muerte

Anciano con reloj y hoz

Putrefacción, inicio del renacimiento

 

Ellaby representa cada planeta como un estado del alma dentro del proceso alquímico:

·       Saturno abre el ciclo con la disolución de la materia.

·       Sol lo cierra con la iluminación espiritual.

Entre ambos, los demás planetas son etapas de refinamiento y equilibrio.

La serie funciona como un mapa iniciático, el espectador recorre los siete metales y sus correspondencias planetarias, ascendiendo desde la oscuridad del plomo hasta la pureza del oro.

 

https://www.alchemywebsite.com/Artist_Robert_Ellaby.html

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