Claves para entender a los Maestros

25 octubre 2026

El Templo de Jerusalén

 

El Templo de Jerusalén en el Simbolismo Masónico

Arquitectura, Cosmos y Tradición Primordial

 

 

La Figura de Hiram Abiff y la Maestría de los Oficios

El Templo de Salomón está en la masonería, a través de sus ritos y símbolos; se ve en la propia Logia aplicando su modelo; también está presente en sus mitos y leyendas donde se recogen episodios importantes de su historia. El tema central es el maestro Hiram.

En las leyendas masónicas se dice que hombres de los cuatro puntos cardinales se reunieron en Jerusalén para trabajar en un gran proyecto: el Templo de Salomón. Fuera de la leyenda, al estudiar la escala del proyecto descrito en la Biblia, podemos entender que una empresa de tal magnitud habría requerido muchos trabajadores, artesanos y especialistas en varios oficios.

Los textos bíblicos hablan de números muy altos de trabajadores y describen hombres de diferentes orígenes. En este sentido, la construcción del Templo no puede verse solo como una obra arquitectónica, sino también como un lugar de encuentro entre tradiciones, técnicas y conocimientos que, según la interpretación simbólica posterior, habrían contribuido a darle su carácter sagrado.

A la cabeza de este trabajo especializado se encuentra Hiram Abi, también conocido simplemente como Hiram, maestro de la metalurgia y de todos los oficios. En la tradición masónica, está simbólicamente conectado con Tubal-caín, mencionado en el Génesis como un ancestro de aquellos que trabajaron con bronce y hierro (el vínculo entre la antigua tradición de los forjadores y el simbolismo del fuego permite así una conexión entre la fuerza física capaz de cambiar la materia y el símbolo de la transformación interior del hombre).

Salomón pide al rey Hiram de Tiro que le envíe un artesano que pueda hacer lo necesario para el Templo. La respuesta muestra que Hiram Abi tenía habilidades extraordinarias: trabajaba el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra y la madera, así como telas y grabados. Así que no era solo un trabajador de un oficio, sino un maestro de muchos oficios porque había reunido diversos conocimientos y los había puesto en práctica muy bien.

Desde un punto de vista esotérico, esta multiplicidad de habilidades podría tomarse como la expresión de una tradición de conocimiento en la que las artes no estaban necesariamente separadas, sino que formaban parte de una visión más amplia del mundo. La geometría, la construcción, la metalurgia y la ornamentación podrían entenderse como medios para expresar un orden superior al establecer una correspondencia entre las formas materiales y los principios que (según las antiguas ideas cosmológicas) gobernaban el universo.

En este sentido, Hiram Abi es el guardián de un conocimiento que va más allá de la habilidad manual: conocimiento de las proporciones, de cómo las partes se relacionan entre sí y cómo la materia puede convertirse en obra; por lo tanto, la tradición masónica ha encontrado en su figura un símbolo del maestro que transmite los secretos del oficio y sabe que la verdadera construcción exige tanta habilidad técnica como disciplina y conocimiento.

El contraste entre la tradición hebrea, vinculada durante tanto tiempo a una organización social seminómada, y aquellas culturas circundantes que habían desarrollado una amplia experiencia en arquitectura, metalurgia y construcción monumental también es notable. La construcción del Templo (tal como se presenta en el relato bíblico) muestra precisamente este encuentro de tradiciones y conocimientos: a partir de aquí, artesanos experimentados provenientes de otros reinos habrían podido introducir técnicas y procedimientos necesarios para tal obra.

 

El Templo como Cosmograma y Metáfora de la Transformación Humana

La lectura esotérica va aún más allá: el conocimiento geométrico y constructivo no solo se utilizaba para resolver problemas prácticos, sino también para la reproducción simbólica del orden del cosmos. El Templo habría sido concebido entonces como una representación del universo en la que los espacios, las proporciones arquitectónicas, el mobiliario y los elementos decorativos expresaban diferentes niveles de realidad (la construcción material se convertía así en una imagen del orden universal).

Esta idea se refleja en las Antigüedades Judías de Flavio Josefo, donde se explica el significado simbólico de los elementos del Templo y su relación con el cosmos. Desde ese punto de vista, cada parte de la construcción podría tener un significado más allá de su función inmediata: la arquitectura y la decoración no solo embellecían el recinto sagrado, sino que también expresaban una cierta concepción del universo.

Así, el Templo de Salomón asume en la tradición masónica y esotérica un doble significado. Por un lado, es una obra material (conocimiento organizado y técnico necesario para dominar varios oficios) que debe realizarse; por otro lado, simboliza la posibilidad de ordenar la materia según principios superiores. De esta manera, Hiram Abi se convierte en el maestro que conoce tanto el conocimiento práctico como las leyes de la construcción.

La enseñanza simbólica que emerge de esta tradición es que construir no solo se trata de levantar muros o dar forma a los materiales. También se trata de reconocer un orden, conocer sus proporciones y trabajar conscientemente para reproducirlo. Así, el Templo deja de ser un edificio del pasado para convertirse en una imagen del hombre mismo, llamado a transformar su materia interior (conocimiento, trabajo, armonía) a través del conocimiento, el trabajo y la armonía.

Los templos y santuarios en las civilizaciones tradicionales no eran edificios para ser utilizados en el culto religioso. Su estructura tenía un significado mucho más profundo: eran imágenes del cosmos mismo, pero también formas de expresar cómo el mundo visible se relaciona con la realidad trascendente. Desde este punto de vista, el Templo de Jerusalén es una imagen simbólica del universo en el que cada espacio y elemento tenía su función.

 

Estructura Arquitectónica: Del Ulam al Debir y la Alianza Divina

La entrada al Templo era a través del Ulam o Pórtico, que era un lugar de transición hacia el Hekal (el “Santo”). Tenía forma rectangular o de “cuadrado largo” y representaba simbólicamente el mundo terrenal; dentro de él estaba el Altar de los Perfumes (o incienso) donde se realizaba una de las ofrendas de culto más importantes; frente a él se encontraba el Debir, llamado el “Santo de los Santos”. Este era el recinto más íntimo y sagrado del Templo y dentro de esta interpretación simbólica representaba el mundo celestial.

En el centro del Debir se encontraba el Arca de la Alianza custodiada por dos querubines alados. En ella se guardaban las Tablas de la Torá (el testimonio permanente de la alianza entre Dios e Israel); pero desde un punto de vista tradicional, esta alianza también puede entenderse en otro sentido: como el vínculo entre el hombre y el principio divino que no es definible pero se expresa a través de su Nombre –el Dios inefable cuyo Ser y acción creativa se expresan a través de la Palabra o Logos (un principio que la tradición masónica reconoce simbólicamente bajo la denominación de Gran Arquitecto del Universo).

 

Las Columnas Jakin y Boaz: Simbolismo Solar y Geometría Sagrada

A ambos lados del pórtico de entrada se encontraban las columnas Jakin y Boaz. Su importancia no era puramente arquitectónica; la tradición masónica las vinculaba a antiguas leyendas de que algunas columnas habrían sobrevivido al Diluvio y grabado conocimientos y ciencias heredadas de la humanidad primordial (más allá de la calidad legendaria de esta historia). Pero más allá del carácter legendario de este relato, ambas columnas se volvieron importantes dentro del simbolismo masónico mismo.

Así como en la Logia (cuyo arreglo ritual toma como referencia el Templo de Jerusalén), Jakin y Boaz pueden ser símbolos que se refieren al orden cósmico y al viaje anual del Sol. Para entender esta asociación debemos remontarnos a las antiguas observaciones del cielo cuando los movimientos aparentes del astro solar ayudaban a reconocer los cambios de estaciones y establecer ciclos del calendario.

El observador estaba en el centro del espacio sagrado (mirando al Este) y seguía los movimientos del punto donde el Sol salía a lo largo del horizonte. Durante el año, ese punto se movía entre dos posiciones extremas (solsticio de verano y solsticio de invierno) porque tenía que ver con la posición de la Tierra alrededor del Sol (los solsticios de verano e invierno). Para marcar esos límites se usaban diferentes elementos (postes, piedras o menhires en algunos antiguos santuarios de Bretaña e Inglaterra, por ejemplo). En construcciones posteriores, esa misma función simbólica podía expresarse a través de columnas.

Desde este punto de vista, Jachin y Boaz no serían ornamentos del Templo, sino límites de un viaje solar que permitía ordenar simbólicamente el espacio y el tiempo: los solsticios eran extremos del ciclo anual; los equinoccios completaban el esquema estableciendo el eje correspondiente al Este y Oeste. Así, ambos ejes formaban la cruz cuaternaria que en muchas tradiciones expresa la organización del espacio alrededor de los cuatro puntos cardinales y su relación con los ciclos de la naturaleza.

A este mismo universo de significados pertenecía otra de las obras atribuidas al maestro Hiram: el Mar de Bronce, en la esquina sureste del atrio cerca de la entrada del Templo.

 

El Mar de Bronce: Astronomía, Cosmología y Rituales Sacerdotales

Este gran recipiente de bronce se usaba para las abluciones de los sacerdotes (II Crónicas 4:6). Pero desde algunas lecturas simbólicas se ha sugerido que también representaba una realidad cosmológica más amplia: el Océano Celestial o lo que se llama “Aguas Superiores” (esta lectura se basa principalmente en su forma circular y en que permanecía lleno de agua hasta el borde).

Desde esta lectura, el Mar de Bronce es una imagen del cielo reflejado en el agua; incluso su superficie podría haber sido utilizada para observar el firmamento y seguir el movimiento de estrellas y constelaciones. Si es así, habría permitido observaciones de ciclos celestiales y correspondencias con el calendario religioso y ritual, pero debemos distinguir esta lectura simbólica de la función que las fuentes bíblicas expresamente indican que era para las abluciones sacerdotales.

Otra cosa que llama la atención es que el Mar de Bronce descansaba sobre cuatro grupos de tres toros (doce figuras en total), que pueden asociarse simbólicamente con los doce meses del año y los doce signos del zodiaco. Cada grupo estaba orientado hacia uno de los cuatro puntos cardinales: Este, Oeste, Sur y Norte. Esto nos recuerda cómo las doce tribus de Israel estaban organizadas alrededor del campamento durante su marcha por el desierto; una distribución que algunas interpretaciones tradicionales también han vinculado a los signos del zodiaco y al ciclo anual.

En resumen, desde este punto de vista, el Templo de Jerusalén era un universo simbólico: sus espacios interiores expresaban diferentes niveles de realidad (mundo terrenal hasta el ámbito más sagrado y trascendente), las columnas y el Mar de Bronce permitían asociaciones con el movimiento del Sol, los puntos cardinales y los ciclos de las estrellas.

Esta forma de concebir el espacio sagrado explica por qué el Templo de Jerusalén tiene un lugar tan importante en la tradición masónica. Más allá de su aspecto histórico y religioso, se convirtió en un modelo simbólico donde la arquitectura, el cosmos y la búsqueda espiritual parecen estar estrechamente relacionados: el edificio no es solo un lugar de culto, sino también una imagen ordenada del universo y una expresión de la aspiración humana de entender lo que lo gobierna.

La explanada donde se encontraba el Templo de Jerusalén estaba en la cima del Monte Moriah, tan central en relación con las colinas que lo rodean (Monte de los Olivos, Bezetha, Gareb y Sion). Esta ubicación tiene un significado especial si se lee desde el simbolismo de las tradiciones antiguas: para ellas, el centro de un espacio sagrado no era un punto elegido al azar, sino más bien la unión entre la tierra y el cielo.

Desde este punto de vista, el Monte Moriah y el Templo construido sobre él son una imagen del Centro Supremo (simbólicamente identificado con la Jerusalén Celestial). En la tradición bíblica, Salem se asocia con la paz y está vinculada a los orígenes de Jerusalén. El nombre de Salomón también se asocia tradicionalmente con la idea de paz (como significa su propio nombre). Así, ciudad, monte y templo están unidos por una idea: un lugar sagrado donde el orden terrenal refleja una realidad superior.

El carácter sagrado del Monte Moriah permite leer (en esta concepción tradicional) dentro de él el Axis Mundi (el principio simbólico que conecta el cielo con la tierra y vincula la realidad visible con la realidad invisible). Algunos masones del siglo XVIII incluso identificaron a Moriah con la montaña primordial en cuya cima estaba el Paraíso terrenal. Esa misma identificación se extendió al Templo de Jerusalén, que fue visto como una representación de ese lugar original. Desde este punto de vista, el Templo habría sido construido como una imagen o recreación simbólica del Centro Supremo, manteniendo en su estructura la memoria de un estado de la humanidad antes de la creación.

Esta idea nos lleva a una antigua leyenda masónica con un profundo simbolismo. Debajo del Templo de Jerusalén, en las profundidades del Monte Moriah, había varias cámaras subterráneas, una debajo de otra, por las que al descender se encontraban espacios cada vez más profundos hasta que finalmente se llegaba a una enorme bóveda tallada directamente en la roca.

Esa bóveda se consideraba en sí misma un verdadero templo subterráneo. Allí estaban los principales instrumentos y símbolos del arte masónico (escuadra y compás, nivel y plomada, regla, paleta, mazo y cincel...). También aparecía el Delta, con el Nombre del Gran Arquitecto del Universo grabado en una de sus caras. Esta construcción habría sido hecha por Enoc antes del Diluvio (la tradición sitúa esto cerca de los comienzos de la humanidad).

Más allá de su valor histórico (que pertenece a la leyenda y no a hechos verificados), esta historia nos permite entender una de las ideas que subyacen al simbolismo masónico: existe un conocimiento primordial que atraviesa eras y se transmite de generación en generación. La bóveda subterránea representa en este sentido aquello que permanece oculto, pero no desaparece; conocimiento que en ciertos períodos puede estar fuera de la vista, pero sigue vivo, esperando ser recuperado por aquellos que desean entenderlo.

Desde esta perspectiva, el simbolismo masónico no solo se ve como un conjunto de emblemas y enseñanzas creadas en una cierta era, sino también como la expresión de una tradición que se esfuerza por preservar principios que son universales y permanentes. Esta concepción corresponde con la idea de la Filosofía Perenne entendida como un conjunto de verdades fundamentales que diferentes tradiciones habrían expresado a través de diferentes lenguajes, ritos y símbolos (a los ojos de René Guénon, el ocultamiento de este conocimiento estaba estrechamente relacionado con el desarrollo de la iniciación y las condiciones particulares bajo las cuales debe tener lugar la transmisión tradicional).

Enoc es señalado en la leyenda como el primer iniciado y aquel que transmite conocimiento que vivirá después de su muerte. Él es el iniciador primordial cuya influencia vive a través de sus sucesores espirituales (simbólicamente Hiram renace ritualmente en cada nuevo maestro masón y su memoria mantiene viva la continuidad de la Orden). Así, Enoc y Hiram son ambos símbolos para la tradición masónica de la permanencia de la enseñanza más allá de los individuos y las eras: no solo la preservación de algunos símbolos o instrumentos, sino la transmisión del espíritu que les da significado. Así, la cadena iniciática se convierte en una imagen de continuidad: cada generación recibe una herencia, la interpreta y la transmite a la siguiente tratando de mantener vivo lo que considera el núcleo de la tradición.


Guénon, R. (1995). Apercepciones sobre la iniciación. Editorial Indagaciones.

Guénon, R. (2001). Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Paidós.

Guénon, R. (2003). Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo. Editorial Obelisco.

Josefo, F. (2002). Antigüedades de los judíos. Editorial Akal.

Sagrada Biblia (2008). Biblioteca de Autores Cristianos.

22 octubre 2026

Ananké y la Serpiente

 

Ananké y la Serpiente

El Monumento Funerario al Dr. Alfonso Von Der Becke

Cementerio Alemán de Buenos Aires


 

El monumento funerario al Dr. Alfonso Von Der Becke es una composición llena de drama, la fuerza del cuerpo humano se enfrenta a un poder que parece más fuerte que él; la escultura combina la expresividad del arte clásico con un simbolismo que hace mirar más allá de lo que se ve a primera vista.

En el centro de la obra hay un hombre desnudo (cuerpo atlético) cuyo cuerpo parece haber sido aplastado por una fuerza irresistible. No está arrodillado ni en sumisión humilde; está parcialmente colapsado sobre la roca con la pierna izquierda extendida, la rodilla derecha doblada bajo el torso y la cabeza echada hacia atrás hacia el cielo.

Esta postura sugiere lucha y resistencia. Parece haber sido físicamente derrotado, pero no totalmente; su cuerpo muestra el sufrimiento de quien enfrenta una fuerza superior mientras que el rostro y la cabeza hacia arriba muestran que algo en él todavía resiste caer. En una lectura esotérica podría representar al ser humano que, incluso cuando no puede dominar las circunstancias, tiene integridad de espíritu.

 

La Espada y la Primera Serpiente

En la mano izquierda sostiene una espada que se eleva verticalmente junto a la roca. Alrededor de su hoja se enrolla una serpiente cuya presencia introduce uno de los elementos simbólicos más interesantes del monumento.

La espada ha sido un símbolo de inteligencia, discernimiento y la capacidad de discernir la verdad de la falsedad. También puede asociarse con la voluntad y la lucha humana por defender los propios principios; aquí parece expresar una fuerza interior que perdura incluso cuando el cuerpo comienza a ceder.

La serpiente, por otro lado, tiene un simbolismo mucho más complejo: sabiduría oculta, renovación, energía vital y transformación. En la tradición médica también se asocia con la curación (vara de Asclepio – símbolo de la medicina).

Esto es aún más llamativo porque Von Der Becke era médico. La serpiente podría, por lo tanto, sugerir el arte de curar y la preservación de la vida mientras que la espada introduce la idea de la voluntad luchando contra lo que amenaza con destruirla.

La serpiente enrollada alrededor de una espada no representa por sí sola el caduceo o la vara de Asclepio. Pero juntas pueden usarse para explorar lo que la medicina, el conocimiento y la lucha contra los límites de la existencia humana podrían tener en común.

 

La Segunda Serpiente: La Fuerza que Inmoviliza

La otra serpiente en el lado derecho de la figura es mucho más inquietante. Su cuerpo se envuelve alrededor del antebrazo y el bíceps, sube hasta el hombro y luego el cuello donde se enrolla alrededor de la garganta.

La disposición de este reptil parece indicar una acción de sometimiento. El brazo (simbólicamente fuerza y capacidad de actuar) está atrapado por las espirales de la serpiente; también la garganta, que es un lugar muy vulnerable: por ella pasan la respiración y la voz (dos expresiones de la vida humana).

Desde un punto de vista simbólico, la serpiente parece ir de la acción hacia la respiración misma, como si quisiera privar al hombre tanto de su poder para intervenir en el mundo como de su propia fuerza vital.

Mientras que la primera serpiente podría asociarse con el conocimiento y la curación, esta segunda figura toma un tono opresivo. Parece representar una fuerza que no habla con el hombre ni considera sus méritos, sino que lo subyuga sin consideración alguna.

Es aquí donde la escultura alcanza uno de sus momentos más dramáticos; todavía hay poder físico, pero ese mismo poder, parece inútil contra lo que lo domina.

 

Ananké: El Destino que Nadie Puede Evitar

El sentido general de la composición tiene una clave importante en la palabra ANANKE (en la base de bronce, directamente debajo de la figura).

En la tradición griega, Ananké personifica la Necesidad (aquello que se impone inevitablemente y ante lo cual incluso los dioses encuentran límites). En las tradiciones cosmogónicas y órficas antiguas, está relacionada con el orden primordial que gobierna la existencia; en algunas representaciones antiguas aparece asociada con imágenes serpentinas (movimiento y organización del cosmos).

El hecho de que este nombre esté en el monumento nos permite leerlo como algo más que una representación del sufrimiento del hombre. Ananké introduce una dimensión universal: la lucha entre la voluntad individual y aquellas fuerzas que parecen completamente fuera de nuestro control.

La figura no parece querer su caída. Su cuerpo tiene la tensión de quien resiste mientras que las serpientes parecen ser el poder que lo subyuga. En esta lectura, no es derrotado por falta de coraje o voluntad, sino por una fuerza que lo supera.

La palabra Ananké parece nombrar esa fuerza. Donde el cuerpo muestra la lucha, la inscripción nos dice su posible significado: la presencia de una necesidad implacable que termina imponiéndose sobre la voluntad humana.

 

El Epitafio: Memoria Contra el Destino Ciego

Las inscripciones en el pedestal de granito completan el mensaje del monumento. Recuerdan al Dr. Alfonso Von Der Becke (nacido el 2 de mayo de 1892 - fallecido el 6 de julio de 1945) como “eminente médico, noble y generoso espíritu, ferviente patriota”.

Estas palabras dan una dimensión humana a la lectura simbólica de la escultura; ya no estamos solo ante un cuerpo dominado por fuerzas misteriosas, sino ante la memoria de alguien a quien sus contemporáneos quisieron honrar por sus cualidades profesionales y personales.

La condición de ser médico nos permite hacer una posible relación con la serpiente asociada con la curación. La nobleza de espíritu se refleja en la postura de la figura cuyo rostro está levantado hacia el cielo incluso cuando su cuerpo parece colapsar; el patriotismo completa el retrato de un hombre comprometido con sus ideales y con la comunidad a la que pertenecía.

Pero el núcleo más conmovedor del epitafio aparece en la referencia al homenajeado siendo “injustamente abatido por el destino ciego”.

La expresión se refuerza cuando se junta con la palabra Ananké. Ambas parecen referirse a una fuerza que actúa sin tener en cuenta los deseos, virtudes o méritos de los seres humanos. Se dice que el destino es ciego precisamente porque no distingue entre lo justo y lo injusto (quién merece vivir y quién termina siendo víctima de circunstancias que no pueden controlar).

La escultura parece poner esa idea en imágenes. La serpiente que rodea el brazo y el cuello se toma como la imagen de esa fuerza que inmoviliza y subyuga; el cuerpo aún tenso expresa la resistencia del hombre contra lo inevitable.

Esto no significa que cada detalle haya sido necesariamente concebido por el escultor con ese propósito en mente. Si no existe documentación sobre la intención original de la obra, entonces estas asociaciones deben leerse como una lectura simbólica (los elementos visibles y las inscripciones en el monumento la apoyan).

 

La Victoria de la Memoria

El pedestal concluye con una dedicatoria: “Homenaje de sus amigos, colegas y admiradores”.

Estas palabras devuelven la escena a un nivel profundamente humano. Contra el destino mismo –fuerza impersonal- está la respuesta de quienes lo conocieron, lo amaron y quisieron recordarlo.

Si Ananké es lo que no se puede evitar, entonces el homenaje es lo que se puede hacer frente a la pérdida: recordar una vida; reconocerla; transmitir sus valores a las generaciones futuras.

El destino puede haber terminado con la vida terrenal de Von Der Becke, pero no borró su memoria. Sus amigos, colegas y admiradores erigieron un monumento para mantenerlo vivo (y registrar el reconocimiento que le profesaban).

Así que la obra puede leerse como una reflexión sobre la fragilidad humana, la resistencia del espíritu y el poder de la memoria. La espada, las serpientes y la palabra Ananké crean una imagen de lucha contra la inevitabilidad; el epitafio y la dedicatoria nos recuerdan que la vida no se define solo por su fin.

En su corazón, el monumento plantea una pregunta que va más allá de la historia individual del médico: ¿qué puede hacer un ser humano cuando se enfrenta a un destino que no siempre entendemos y que a veces parece tan injusto?

Tal vez esté en la composición. El cuerpo puede caer; la fuerza física puede irse; la vida puede ser truncada, pero la dignidad, los ideales y la memoria de la existencia no tienen que irse con ella tampoco.

 

Entre la serpiente constrictora y la espada aún sostenida, el monumento parece dejar una última reflexión: el destino puede terminar una vida, pero no necesariamente tiene la última palabra sobre su significado.

12 octubre 2026

Charles Samuel Myers

 

Charles Samuel Myers

13 de marzo de 1873 – 12 de octubre de 1946

Londres – Winsford, Reino Unido

 

Fue un médico y psicólogo inglés.

Asistió a la City of London School. Posteriormente asistió al Gonville and Caius College de la Universidad de Cambridge. Mientras estuvo en Gonville and Caius College, viajó en una expedición antropológica. Durante la expedición estudió música étnica, realizando investigaciones sobre el ritmo en Borneo. Se graduó con el título de Doctor en Medicina en 1901.

También en 1901, Myers fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad Británica de Psicología. Fue secretario de la organización durante varios años y también presidente.

En 1909, cuando WHR Rivers, un colaborador de investigación de Myers, renunció a parte de sus funciones como profesor, Myers se convirtió en el primer profesor de la Universidad de Cambridge cuya única tarea era dar clases de psicología experimental.

Dos años más tarde, Rivers y Myers se convirtieron en coeditores del British Journal of Psychology. En 1914, Rivers dimitió y Myers siguió siendo el único editor hasta 1924.

En 1912, Myers utilizó sus habilidades para recaudar fondos para conseguir suficiente dinero para establecer el primer laboratorio inglés especialmente diseñado para psicología experimental. Fue el primer director del laboratorio, cargo que ocupó hasta 1930.

En 1915, Myers recibió una comisión en el Cuerpo Médico del Ejército Real. El mismo año fue el primero en utilizar el término “shock” en un artículo, aunque en 1940 admitió que no fue él quien se le ocurrió la frase. Independientemente del origen del término, Myers trabajó incansablemente para conseguir la ayuda necesaria para los soldados que sufrían “shock de guerra”. Se sintió cada vez más frustrado con los líderes militares que no estaban interesados ​​en las teorías de Myers.

Myers falleció el 12 de octubre de 1946.

***

Myers era un masón activo y participó en la fundación de varias logias. Entre las diversas logias de las que fue miembro se encontraba la Logia Isaac Newton # 859, en la que fue iniciado en 1895.

 

http://www.masonrytoday.com/index.php?new_month=10&new_day=12&new_year=2023

 

11 octubre 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXIII - Roy Lichtenstein

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXIII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Roy Lichtenstein

(1923-1997)


Drowning Girl

La obra de Roy Lichtenstein leída desde un punto de vista esotérico se convierte en un espejo ritual de la modernidad.

Sus cómics ampliados, los puntos Ben-Day y las escenas banales son símbolos iniciáticos de la constante tensión entre lo visible y lo oculto.

Ø  Geometría sagrada: En el plano hermético, el punto repetido es una matriz simbólica industrial.

Ø  Código ritual: la multiplicación infinita del patrón gráfico se refiere a los mosaicos rituales masónicos donde la repetición deja de ser decoración y se convierte en un código.

Cada punto es una célula, átomo o signo que participa en el todo; lo cotidiano se convierte en cosmos simbólico.

El uso de cómics es inversión simbólica, lo que en la cultura de masas es entretenimiento es jeroglífico en su obra; sus figuras se convierten en arquetipos:

Ø  La mujer llorando en Drowning Girl: ella es la sacerdotisa atrapada en el mar de emociones donde el agua iniciática amenaza con ahogarla si no transmuta.

Ø  El avión en combate: fuego, voluntad y rayo que destruye para purificar.

El uso de colores planos y saturados adquiere un aspecto ritual explícito:

Ø  Rojo: simboliza la sangre y el sacrificio.

Ø  Amarillo: representa el oro alquímico.

Ø  Azul: encarna el espíritu.

Al despojar de gradación y sombra, Lichtenstein nos hace ver la esencia desnuda de los símbolos como placas iniciáticas sin ambigüedad.

Esta lectura denuncia la ilusión del mundo moderno (la cultura de masas es el velo de Maya; la repetición mecánica es prisión); pero cuando nos detenemos en el patrón y la ironía encontramos que detrás de la banalidad hay un rito de revelación.

Lichtenstein no es solo un artista pop sino un hierofante que convierte la iconografía banal en símbolos de conciencia. Sus pinturas son espejos rituales que nos dicen que la iniciación está en las cosas más banales y que el trabajo hermético es descifrar lo oculto en lo evidente. 


Whaam!

Esta transmutación simbólica alcanza su apoteosis en obras como Whaam! (1963), entendida como un ritual de fuego y destrucción alquímica que comprime la violencia sagrada y la iniciación en un solo principio. La estructura del díptico organiza dos paneles que se oponen entre sí (como las dos columnas del templo masónico Jakin y Boaz), donde un lado es el poder del avión disparando y el otro expone la consecuencia de la explosión: entre ambas superficies se desarrolla un diálogo de causa y efecto, acción y reacción, donde el viaje del iniciado exige que cada impulso desencadene su propio opuesto.

En esta dinámica de purificación, el avión se toma como el rayo hermético y la voluntad dirigida, una fuerza purificadora que rompe la forma material (como en la alquimia) para liberar el espíritu encarnado; la explosión del segundo panel es el fuego alquímico que destruye la materia física para que la esencia pueda emerger; los destellos amarillos y rojos se refieren al Sol, al oro filosófico y al sacrificio, la muerte ritual necesaria antes de la regeneración. En este sentido, la onomatopeya que da título a la pieza actúa como verdadera palabra de poder o mantra que activa la transmutación.

Los contornos duros de Lichtenstein, los colores saturados y los patrones tipográficos eliminan la ambigüedad psicológica para que la escena se convierta en un emblema arquetípico: la violencia no es un hecho real sino una ceremonia de destrucción cósmica necesaria para la renovación espiritual. Whaam! es así un verdadero altar pop donde la banalidad del cómic se convierte en un jeroglífico hermético que denuncia la ilusión mecánica del mundo moderno, recordándonos que la verdadera iniciación requiere pasar por el fuego purificador para que pueda nacer una nueva conciencia. 


Cosmología (1978)

Desde el enfoque que venimos haciendo, esta obra es un mapa ritual del universo, un intento de traducir la arquitectura secreta del cosmos en lenguaje pop. En primer lugar, el título es una invocación, la cosmología no es un objeto sino un orden.

Lichtenstein toma palabras científicas y las convierte en un jeroglífico visual. En términos hermenéuticos, nombrar el cosmos es participar en su estructura (por así decirlo), por lo que la obra se convierte en un altar contemporáneo.

El lenguaje gráfico –puntos Ben-Day, líneas geométricas, colores planos- es una transposición de la bóveda celeste en un código industrial. Los puntos infinitos recuerdan estrellas, átomos, células; la repetición es un círculo sagrado, mecánico que recuerda la multiplicidad del universo.

La geometría rígida es el orden oculto (la cuadratura del círculo) ley que sostiene el caos aparente.

El color despliega un simbolismo alquímico: azul como espíritu y vastedad; amarillo como oro solar; rojo como energía vital y sacrificio. No es accidental, es la tríada alquímica de la materia a la transmutación.

La obra también puede leerse como una logia cósmica; espacio ritual donde el iniciado contempla la totalidad. El espectador, confrontado con la repetición de patrones y el orden geométrico, siente la tensión entre lo infinito y lo mecánico, lo sagrado y lo banal –esa es la prueba iniciática; reconocer que incluso en la estética industrial y pop hay un rastro de misterio oculto.

La cosmología es un espejo iniciático porque muestra cómo lo trivial –puntos, cómics, colores planos- puede convertirse en un símbolo del orden universal.

Lichtenstein transforma lo banal en sagrado (como un alquimista) mostrando que el cosmos puede leerse en términos pop pero también herméticos.

13 septiembre 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXII - William Blake

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

William Blake

(1757-1827)

La escalera de Jacob (1805)

William Blake nació en Londres el 28 de noviembre de 1757 y desde niño mostró una sensibilidad visionaria que marcaría toda su obra. Aprendió a ser grabador con James Basire y más tarde estudió en la Royal Academy pero siempre se mantuvo crítico frente a las normas académicas.

Su primera publicación fue Poetical Sketches (1783), pero con Songs of Innocence (1789) y Songs of Experience (1794) ganó popularidad porque trataba de la tensión entre pureza y corrupción. Inventó el “grabado iluminado” que le permitió unir texto e imagen en libros únicos (The Marriage of Heaven and Hell; Jerusalem).

Blake decía tener visiones desde la infancia y su obra está cargada de simbolismo bíblico, gnóstico y esotérico. Creó una mitología propia con Urizen, Los y Orc como fuerzas universales en conflicto; su arte y poesía fueron concebidas como revelaciones espirituales más que como expresiones estéticas.

Vivió modesto y sin reconocimiento en su tiempo pero siguió produciendo arte hasta morir el 12 de agosto de 1827 en Londres. Enterrado en Bunhill Fields fue redescubierto y valorado en el siglo XIX y XX como uno de los grandes visionarios del Romanticismo. Hoy se le considera un creador total capaz de unir poesía, pintura y mística en un sistema profético único.

 

La obra de William Blake esotérica se presenta como un tejido simbólico en donde poesía, pintura y visión mística confluyen en lenguaje ritual. Blake no fue solo poeta romántico sino vidente que veía su arte como un sistema profético para descifrar fuerzas ocultas que gobiernan la existencia.

Sus “Libros proféticos” y grabados iluminados son auténticos grimorios en los cuales palabra y imagen son vehículos reveladores.

En plano esotérico Blake plantea una cosmogonía propia en la que Urizen, Los o Orc son principios arquetípicos (Razón encadenadora; Imaginación creadora; Energía revolucionaria) no simples símbolos literarios sino entidades que encarnan tensiones universales como los eones gnósticos o los arquetipos herméticos: la lucha entre ellos es el drama del alma humana atrapada entre materia y espíritu, ley opresiva y libertad visionaria.

Blake se inspira en tradiciones bíblicas, gnósticas y cabalísticas, pero las reinterpreta para sí mismo. Las visiones de ángeles demonios mundos interiores no deben ser vistas como fantasías sino experiencias de un iniciado que penetra los planos sutiles; el célebre dicho de Blake –“Si las puertas de la percepción fueran depuradas todo aparecería al hombre como es: infinito”- sintetiza su programa esotérico abierto a lo ilimitado (transcendimiento ilusión materia) y acceso realidad espiritual.

En sus grabados la anatomía exaltada y las figuras tensas expresan la vida como fuerza sagrada. La luz que emanan los cuerpos, los saltos o caídas gestuales, las arquitecturas visionarias todo eso es un ritual visual para despertar al espectador. Blake hace del acto artístico una ceremonia iniciática: cada poema y cada imagen son llaves que conducen a gnosis.

En definitiva, Blake, leída como esotérica es un sistema de revelación en el que mito símbolo y visión componen un evangelio alternativo. No es estético (sino iniciático): lleva al alma hacia la liberación; muestra que imaginación es el verdadero órgano divino; que arte cuando se concibe como rito abre las puertas del infinito.

The ancient of days (1724) 

Una de las obras más importantes de William Blake para un estudio esotérico es The Ancient of Days (1794), la famosa ilustración en la que aparece Urizen (arquetipo de la razón) desplegando su compás sobre el vacío.

En esta imagen Blake sintetiza su visión gnóstica y hermética, Urizen (algo así como el Demiurgo de la tradición platónica y gnóstica) traza los límites del cosmos, impone medida y ley a lo infinito. El gesto del compás no es técnico sino ritual, simboliza la voluntad de encerrar lo ilimitado en formas finitas, aprisionar energía creadora en estructuras rígidas. Desde el punto de vista esotérico el compás es poder, pero también restricción porque delimita aquello que debe ser abierto.

La luz que emana de la figura (proyectada hacia abajo) recuerda las sefirot cabalísticas o las corrientes de creación alquimista: lo divino sale hacia abajo; pero Blake introduce tensión; Urizen no es Dios supremo sino fuerza parcial encadenadora (el tirano de la razón sin imaginación). La obra es así un aviso iniciático: el iniciado debe saber que la verdadera gnosis no está en la medida sino en la visión y que geometría del Demiurgo es sólo sombra del infinito.

Si lo vemos en clave ritual The Ancient of Days puede ser leído como espejo del proceso iniciático; el neófito ve la figura que pretende dominar el cosmos y tiene que aprender a trascenderla. No se le pide obedecer a la ley sino descubrir que imaginación –órgano de lo divino según Blake- puede romper los límites impuestos. El compás es entonces símbolo ambiguo: instrumento creador, pero también prisión, llave abierta y cerrada, signo de tensión eterna entre libertad y norma.

Esta obra no es sólo una ilustración sino una representación esotérica que concibe el drama de la conciencia humana, lucha del orden impuesto contra visión liberadora; Demiurgo contra espíritu; geometría contra infinitud.

The ghost of a flea by (1819-1820)

The Ghost of a Flea nos muestra una de las visiones más extrañas que Blake tuvo y que él mismo decía haber tenido visionaria. La obra muestra a una criatura híbrida humana pero grotesca con lengua reptil y gesto convulsivo, sosteniendo un cáliz ensangrentado.

En clave esotérica esta figura es la materialización de un espíritu parasitario (un demonio menor que se alimenta de la vida humana). El cáliz que lleva recuerda a la sacrílega inversión del símbolo eucarístico, en lugar de contener sangre redentora contiene sangre consumida por la avaricia del ser vampírico.

Blake, en lenguaje visionario denuncia aquí corrupción espiritual oculta en lo ínfimo, en lo aparentemente insignificante –la pulga- pero que simboliza la voracidad universal.

La criatura musculosa y encorvada es la energía desviada hacia destrucción. Su lengua serpentina y mirada oblicua recuerdan a la tradición demonológica y alquímica en donde los seres intermediarios encarnan pasiones desordenadas. En plano iniciático el trabajo es un aviso; todo lo pequeño puede contener una fuerza oscura capaz de dominar al alma si no se vigila espiritualmente.

El fondo oscuro casi teatral hace que el ritual aumente. La escena parece estar sucediendo en un espacio ceremonial como si el espectador estuviera viendo una epifanía invertida (anti‑sacramento). Blake hace de la visión un icono de lo que hay que reconocer y trascender: pulsión parasitaria, sed de sangre, energía desviada esclavizante.

Así The Ghost of a Flea es un espejo esotérico de la condición humana, los demonios no son sólo entidades externas sino proyectados por las pasiones internas; la obra es un grimorio visual (una advertencia ritual para que el iniciado sepa distinguir entre energía creadora y fuerza parasitaria, imaginación liberadora y voracidad destructiva).

 

Ackroyd, P. (2001). Blake. Barcelona: Ediciones Destino.

Blake, W. (2006). El matrimonio del cielo y el infierno. Traducción de Enrique Caracciolo Trejo. Madrid: Ediciones Siruela.

Blake, W. (2010). Cantos de inocencia y de experiencia. Traducción de Manuel Álvarez Ortega. Madrid: Editorial Hiperión.

Blake, W. (2015). El matrimonio del cielo y el infierno y otros escritos. Traducción de Carmen M. Cáceres. Barcelona: Editorial Atalanta.

Damon, S. Foster (2003). William Blake: su filosofía y símbolos. Traducción al español. México: Fondo de Cultura Económica.

Jiménez, J. (2001). William Blake y la imaginación simbólica. Barcelona: Anthropos.

Pujol, J. (2008). Visiones de William Blake: Mística, arte y profecía. Valencia: Pre-Textos.

Raine, K. (1996). William Blake y la tradición platónica. Madrid: Siruela.

 

04 septiembre 2026

Frank Marion Angellotti

 

Frank Marion Angellotti

4 de septiembre de 1861 – 23 de mayo de 1932

San Rafael, California – San Francisco, California

 

Fue un jurista estadounidense.

Asistió a una escuela privada y a la preparatoria Lowell en San Francisco, California, de donde se graduó en 1879. Inicialmente estudió derecho con los jueces Darwin y Murphy en San Francisco. Posteriormente, ingresó a la Facultad de Derecho de Hastings, donde obtuvo su licenciatura en Derecho en 1882.

Tras graduarse, Angellotti fue admitido en el colegio de abogados en 1882. Abrió su propio bufete en su ciudad natal de San Rafael. En 1884 fue elegido fiscal de distrito del condado de Marin, convirtiéndose así en la persona más joven en ocupar dicho cargo y en el primer ciudadano oriundo del condado de Marin en desempeñarlo. Ocupó el cargo hasta 1891.

En 1890, Angellotti fue elegido juez del Tribunal Superior de California. Inició su mandato en 1891 y ocupó el cargo durante doce años. Al haber sido elegido a los 29 años, fue una de las personas más jóvenes en ocupar dicho puesto.

En 1903, cuando Angellotti dejó su puesto en el Tribunal Superior, fue nombrado magistrado asociado del Tribunal Supremo de California. En 1915, fue nombrado Presidente del Tribunal Supremo de California. Fue el primer californiano de nacimiento en ocupar dicho cargo.

En 1921, Angellotti renunció a su cargo de Presidente del Tribunal Supremo y regresó al ejercicio privado de la abogacía. Se convirtió en asesor jurídico general de la Western Pacific Railroad Company.

Angellotti falleció el 23 de mayo de 1932.

***

Angellotti fue miembro de la Logia Marin n.° 191 en San Rafael, California. Fue Venerable Maestro de la logia desde 1888 hasta 1890. Fue Gran Maestro de California en 1898 y 1899.

Este artículo fue proporcionado por el Hermano Eric C. Steele.

 

https://www.masonrytoday.com/index.php?new_month=5&new_day=23&new_year=2026

 

30 agosto 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XXXI - Orryelle Defenestrate

 

EL ARTE DE LO OCULTO XXXI

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

Orryelle Defenestrate


Cauda Pavonis

 

Orryelle Defenestrate-Bascule es un artista esotérico cuya obra de arte es una experiencia ritual de diversas formas de trabajo: pintura, escultura, teatro, escritura, música, donde la estética es el vehículo de la animación espiritual de la materia. Sus obras están a la vanguardia del arte visionario de hoy y tienen como objetivo reencantar el mundo con símbolos arquetípicos y mitológicos. El trabajo de Orryelle se construye en torno a la idea de que el arte es un puente entre los dos planos de la vida: lo figurativo y lo abstracto, lo orgánico y lo sintético, lo ancestral y lo contemporáneo. En Tela Quadrivium o El Libro del Tarot del Caos, por ejemplo, hay una voluntad alquímica: cada volumen o imagen es un proceso de solve et coagula, disolución y recomposición con la misión de cambiar la forma en que vemos el mundo. El tarot, para él, no es solo una herramienta adivinatoria sino una forma de entrar en un nuevo mundo, donde las cartas abren puertas a nuevos estados de percepción. Su práctica teatral, a través de la Compañía de Teatro Ritual Metamórfico, reescribe mitos antiguos en clave escénica, generando experiencias liminales que recuerdan los misterios órficos o dionisíacos. El teatro se convierte en un rito de metamorfosis, en el que actores y testigos participan en una transmutación simbólica. De esta manera, Orryelle es parte del arte como magia que es operativa, ya que no es entretenimiento sino invocación. Una de sus estéticas es la convergencia de diferentes culturas: diosas como Sarasvati y Brigid aparecen en sus pinturas en proximidad, como si estuvieran en una especie de convergencia de agua y fuego, conocimiento e inspiración, Oriente y Occidente. Este sincretismo no es arbitrario; es parte de una comprensión esotérica de la unidad de los símbolos. La serpiente blanca, el cisne, el fuego en la cabeza del poeta, el río sagrado: todos son símbolos de la energía kundalini, de la ascensión del espíritu a través del arte. Al igual que con Esezezus y las instalaciones para Hermes, el lenguaje ahora se ve como magia en su obra. Hermes, dios de la comunicación y psicopompo, es invocado en actuaciones donde la voz, la danza y la música se fusionan para representar la maleabilidad del tiempo y el espacio. Así, el arte se convierte en un acto hermético: el artista un mediador entre mundos, el símbolo una herramienta para el tránsito.


Lions of Alchemy

 

Lions of Alchemy es una obra simbólica en la que dos figuras contrastantes –un león como león y una figura alada y humana- entablan un diálogo animado sobre un eje central de energía. Eso es desde un punto de vista esotérico: esta composición está en consonancia con una tradición alquímica de leones, símbolos de nuestras primeras y más fundamentales fuerzas, que debemos entender, enfrentar y transformar.

En la alquimia, el león representa el poder bruto de la naturaleza, la energía vital que puede destruir o iluminar si trabajamos con ella. El león verde, por ejemplo, es la materia prima que aún no ha sido purificada y el león rojo es la energía que ya se ha convertido en oro espiritual. En la obra, el león con un cuerpo musculoso y una serpiente enrollada encarna esa fuerza telúrica instintiva que permanece fuerte en lo material.

En contraste, la figura alada con rostro humano y serpiente ascendente representa la sublimación de esta energía: lo animal y lo espiritual, la elevación del poder a la conciencia. La columna alquímica, donde fluye energía líquida o luminosa de uno a otro, es el eje de la transmutación. Es allí donde se logra el solve et coagula: la descomposición de la forma rígida y la recomposición desde abajo.

El símbolo de infinito en el horizonte indica que esto no es lineal ni finito, sino un ciclo eterno de muerte y renacimiento, de descenso y elevación, de materia y espíritu. La presencia de serpientes en ambos cuerpos es otro signo de la energía kundalini, la energía serpentina que crece hacia arriba en la columna vertebral y se asocia con el mercurio: lo volátil, el mediador entre lo fijo y lo ígneo.

La serpiente enrollada en el león es la energía aún atrapada en la energía instintiva; la serpiente en el cuerpo alado es la misma energía que ya está en proceso de ascensión.

En otras palabras, “Lions of Alchemy” es una visión del duelo iniciático, donde el adepto tendrá que enfrentarse a su naturaleza leonina, la pasión y las fuerzas brutas para transformarlas en alas de conciencia.

La batalla no es destrucción, sino integración; ambos polos se miran, se reconocen, y ambos están en equilibrio en el eje de energía central. Su infinito sobre ellos es un recordatorio de que el trabajo alquímico nunca está terminado y siempre se necesita uno nuevo en cada generación. Y todo es un símbolo de iniciación y de cómo combina las enseñanzas alquímicas: el león como energía vital, la serpiente como energía transformadora, las alas como símbolo de elevación y el infinito como símbolo de eternidad. Es un espejo del proceso interno del alquimista, que debe reconciliar lo animal y lo espiritual para alcanzar la piedra filosofal, no como un objeto material, sino como un estado de conciencia iluminada.


Águila blanca

 

La obra “Águila Blanca” despliega una serie de símbolos que se conectan con la tradición alquímica y esotérica de la dualidad, la transmutación y la ascensión espiritual. En el centro hay un huevo cubierto por una serpiente, un antiguo tropo de la alquimia: el huevo es la materia prima, el receptáculo de la vida y el misterio, y la serpiente es la energía vital, el mercurio alquímico, que es el mercurio que está alrededor y es la energía del proceso de transformación. Este núcleo es el vas hermeticum, el recipiente a través del cual se realiza el trabajo interior.

El círculo que envuelve la escena, dividido en luz y sombra, encapsula el principio del yin-yang y la dialéctica de los opuestos: lo consciente y lo inconsciente, lo solar y lo lunar, lo masculino y lo femenino.

La alquimia siempre insiste en que la unión de los opuestos es el camino hacia la totalidad, y aquí esa unión se produce a través de la tensión entre las dos mitades del círculo. La parte oscura con alas de murciélago y contorno de figuras representa lo oculto, lo nocturno, lo instintivo; la parte luminosa con figuras apenas delineadas representa lo revelado, lo espiritual y lo etéreo.

Sobre el círculo se eleva un ave que parece algo así como un búho o un águila nocturna, como el guardián del proceso. El búho, en la sociedad esotérica, es un símbolo de sabiduría oculta, de visión en la oscuridad, de ver a través de la oscuridad, de penetración en lo no visto. Al mismo tiempo, el búho, al estar elevado, es también un mediador del mundo inferior del huevo-serpiente al nivel superior de la conciencia. Es el espíritu que vela por la transmutación, el ojo que todo lo ve.

La composición en su conjunto sugiere un ciclo iniciático: el adepto enfrenta la materia prima (el huevo), reconoce la energía serpentina que lo rodea (la fuerza vital), atraviesa la tensión de los opuestos (luz/sombra) y finalmente asciende a la visión superior (el ave). Es un mapa visual del proceso alquímico: nigredo en la oscuridad, albedo en la purificación de la luz, y la promesa de rubedo en la integración final. El círculo, como un mandala, asegura que todo sucede en un orden cósmico.

Y finalmente, “Águila Blanca” es un libro que condensa la enseñanza hermética: la vida como un huevo alquímico, la energía como una serpiente, la dualidad como un círculo, la sabiduría como un ave en lo alto. Es un ícono de transformación, uno que nos dice que la verdadera alquimia no es solo la del laboratorio, sino también la del espíritu que se eleva después de encontrarse con sus sombras y su luz.

 

https://www.hmag.org.uk/oneiropraxis

https://trans-states.org/speaker/orryelle-defenestrate-bascule

https://www.alchemywebsite.com/Artist_orryelle_defenestrate_bascule.html

 

 El arte de lo oculto XXX

 

25 agosto 2026

Cassius McDonald Barnes

 

Cassius McDonald Barnes

25 de agosto de 1845 – 18 de febrero de 1925

Condado de Livingston, Nueva York – Albuquerque, Nuevo México

 

Fue un político estadounidense.

De joven, se mudó con su familia a Michigan. Asistió a la escuela pública en Michigan y posteriormente al Seminario de la Iglesia Wesleyana, una universidad privada en Michigan.

En 1861, cuando estalló la Guerra de Secesión estadounidense, Barnes se alistó a los 16 años. Antes de unirse al ejército, ya tenía cierta experiencia en telegrafía. Gracias a esta experiencia, obtuvo un puesto en el Cuerpo de Telégrafos e Ingeniería Militar del Ejército de los Estados Unidos. Sirvió durante toda la guerra.

En 1876, Barnes se mudó a Ft. Smith, Arkansas. Allí aceptó el cargo de Jefe Adjunto del Alguacil de los Estados Unidos en el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Oeste de Arkansas.

En 1890, Barnes fue nombrado Receptor de la Oficina de Tierras de los Estados Unidos en Guthrie, Territorio de Oklahoma, por el presidente Benjamin Harrison. Durante su mandato como Receptor, aprobó el examen de abogado en 1893. En 1895, formó parte de la Legislatura Territorial de Oklahoma. Durante ese período, fue presidente de la Legislatura.

En 1897, el presidente William McKinley nombró a Barnes cuarto gobernador del Territorio de Oklahoma. Durante su mandato de cuatro años, vetó varios intentos de la legislatura para crear instituciones territoriales. Vetó los proyectos de ley basándose en el creciente deseo de que el Territorio de Oklahoma buscara la estadidad.

Tras su mandato como gobernador, Barnes fue presidente del Banco del Condado de Logan. En 1903, fue alcalde de Guthrie. Fue elegido para un segundo mandato no consecutivo como alcalde de Guthrie en 1907. También trabajó como operador de telégrafo postal.

Debido a problemas de salud, Barnes se mudó a Albuquerque, Nuevo México, donde falleció el 18 de febrero de 1925.

***

Barnes figura como Venerable Maestro de la Logia Guthrie n.º 35 en la sesión anual de la Gran Logia de Oklahoma. Ayudó a organizar el Gran Capítulo de Oklahoma y es uno de los tres peticionarios ante el Gran Campamento de los Estados Unidos para la formación de la Comandancia Guthrie n.º 1, además de ser el primer Muy Eminente Gran Comendador del Territorio de Oklahoma.

 

Este artículo fue proporcionado por el hermano Eric C. Steele.

 

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