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10 mayo 2026

EL ARTE DE LO OCULTO XVIII - William Johnstone

 

EL ARTE DE LO OCULTO XVIII

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

William Johnstone

(1897-1981)


Celebración de la tierra, el aire, el fuego, y el agua (1974)

 

La obra de John William Waterhouse, especialmente El círculo mágico (1886), es una de las más claras manifestaciones del interés victoriano por lo esotérico: un ritual pictórico donde la bruja, rodeada de símbolos ocultistas, encarna el poder femenino y la conexión con fuerzas invisibles.

 

Contexto histórico-esotérico

Época victoriana: auge del espiritismo, la teosofía y sociedades como la Golden Dawn.

Waterhouse y el prerrafaelismo tardío: recupera la espiritualidad medieval y la combina con un lenguaje moderno.

La figura de la bruja deja de ser amenaza y se convierte en símbolo de sabiduría y misterio.

La obra de William Johnstone puede leerse esotéricamente como un puente entre la materia y el espíritu: sus paisajes abstractos, impregnados de la tensión entre naturaleza y humanidad, funcionan como umbrales simbólicos donde lo visible se disuelve en lo invisible. Su pintura, influida por el surrealismo y el expresionismo abstracto, se convierte en un ritual de transmutación: la tierra escocesa y los horizontes americanos se transforman en símbolos de lo eterno

 

Claves Esotéricas en la obra de Johnstone

1. El paisaje como portal iniciático: Sus cuadros, como A Point in Time (1929–1937), abstraen la naturaleza hasta convertirla en campo energético. El paisaje deja de ser representación y se convierte en espacio liminal, un umbral entre lo humano y lo cósmico.

2. La abstracción como alquimia: Johnstone se aparta de la mímesis para explorar la materialidad de la pintura: el gesto, la textura, el color. Esotéricamente, esto es una obra alquímica, donde la materia pictórica se transmuta en espíritu.


La influencia del surrealismo introduce la noción del inconsciente colectivo como fuente de revelación.

3. Dualidad de tierras: Escocia y América: Su contacto con los paisajes americanos y las pinturas rupestres nativas le reveló una simplicidad arquetípica. La tensión entre la tierra natal escocesa y la vastedad americana simboliza la dualidad iniciática: lo íntimo y lo universal, lo local y lo cósmico.

4. El tiempo como símbolo: El título A Point in Time sugiere que cada obra es un instante detenido, un espejo del eterno presente. En clave esotérica, el tiempo se convierte en cifra de lo absoluto, donde lo efímero revela lo eterno.

 

Lectura Ritual y Simbólica

Sus paisajes abstractos pueden leerse como mandalas contemporáneos, donde la geometría del color y la forma abre caminos hacia la contemplación. La pintura se convierte en un acto ritual, un intento de inscribir lo humano en el orden cósmico.

La tensión entre lo figurativo y lo abstracto refleja la dialéctica iniciática: abandonar lo visible para alcanzar lo invisible.

 

William Johnstone no pinta simplemente paisajes: construye templos visuales donde la materia se disuelve en espíritu. Su obra es un rito de paso, un viaje desde la tierra concreta de Escocia hacia la vastedad arquetípica de América, y finalmente hacia la abstracción como revelación. En clave esotérica, cada cuadro es un umbral iniciático, un espejo del alma que busca lo eterno en lo efímero.

 

Elementos simbólicos en El círculo mágico

La bruja: arquetipo de la iniciada, mediadora entre mundos.

El círculo de fuego: frontera sagrada, espacio de protección y poder.

Animales mágicos: cuervos y sapo como psicopompos y guardianes.

La hoz dorada: referencia druídica, instrumento de cosecha espiritual.

El uróboros en su cuello: serpiente que se muerde la cola, símbolo de eternidad y alquimia.

 

La escena es un acto de brujería que representa la transformación interior. El círculo delimita el espacio de revelación, donde lo profano se convierte en sagrado.

 

La bruja encarna la Sophia o sabiduría femenina.

Los símbolos aluden a tradiciones diversas: druidas, alquimistas, masones, cabalistas.

La obra funciona como un catálogo de símbolos iniciáticos.

Dimensión alquímica:El fuego purifica, el círculo protege, los animales guían.

Todo apunta a la unidad de los opuestos: vida/muerte, luz/oscuridad, femenino/masculino.

El círculo mágico es un altar pictórico donde Waterhouse reúne símbolos de poder y transformación. La bruja, rodeada de fuego y animales sagrados, encarna la iniciada que atraviesa el umbral hacia lo oculto. La obra es un espejo del camino iniciático, donde el tiempo se suspende y el círculo revela la eternidad.

 

La obra Celebración de la tierra, el aire, el fuego y el agua puede leerse como un mandala iniciático: cada elemento se convierte en fuerza viva, y juntos forman un círculo de totalidad. Es una representación simbólica de la unidad cósmica, donde lo material y lo espiritual se entrelazan.

Claves Esotéricas de la obra

1. La tierra: Símbolo de fertilidad y permanencia. Representa lo sólido, lo que sostiene y nutre. Esotéricamente, es el cuerpo del iniciado, la base sobre la cual se construye la transformación.

2. El aire: Ligereza, intelecto, lo invisible. Asociado a aves, brisas y movimiento. En clave ritual, es el aliento vital, el soplo que conecta lo humano con lo divino.

3. El fuego: Transformación, energía, pasión. Sus llamas purifican y destruyen, pero también iluminan. Es el principio alquímico, el poder que transmuta la materia en espíritu.

4. El agua: Fluidez, emociones, lo lunar. Simboliza la purificación y el tránsito. Es el espejo del alma, donde lo mutable refleja lo eterno.

 

La obra no es solo una representación estética: es un altar visual. Cada elemento se convierte en guardian de un cuadrante cósmico, formando un círculo de totalidad. El espectador se sitúa en el centro, como iniciado que contempla la danza de las fuerzas primordiales.

Celebración de la tierra, el aire, el fuego y el agua es una invocación ceremonial: la tierra sostiene, el aire eleva, el fuego transforma y el agua purifica. Juntos forman el cuaternario sagrado, símbolo de equilibrio y plenitud. La obra funciona como un mandala iniciático, recordando que el ser humano es hijo de los elementos y que su destino es reconciliarse con ellos en unidad.

 

Colores de los elementos

Tierra → Verde / Marrón: Representa la fertilidad, la estabilidad y lo telúrico. El verde simboliza la vida que brota, y el marrón la solidez de lo material.

Aire → Amarillo / Blanco: El amarillo evoca la ligereza, la claridad mental y el intelecto. El blanco representa lo invisible y puro, el soplo vital que conecta con lo divino.

Fuego → Rojo / Naranja: El rojo expresa la pasión, la energía vital y la fuerza transformadora. El naranja añade la dimensión de la creatividad y la purificación.

Agua → Azul / Turquesa: El azul simboliza la profundidad, lo lunar y lo emocional. El turquesa refleja la fluidez, la purificación y el tránsito espiritual.

 

Tierra sostiene.

Aire eleva.

Fuego transforma.

Agua purifica.

Juntos forman el cuaternario sagrado, equilibrando cuerpo, mente, espíritu y alma.

 

https://historia-arte.com/obras/el-circulo-magico

https://www.tate.org.uk/research/tate-papers/27/william-johnstone

 

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