EL
ARTE DE LO OCULTO XVIII
Un
libro de consulta visual para el místico moderno
S.
Elizabeth
Ediciones
Akal, 2024, Madrid
William Johnstone
(1897-1981)
Celebración de la tierra, el aire, el fuego, y el agua (1974)
La obra de John William Waterhouse, especialmente El
círculo mágico (1886), es una de las más claras manifestaciones del interés
victoriano por lo esotérico: un ritual pictórico donde la bruja, rodeada de
símbolos ocultistas, encarna el poder femenino y la conexión con fuerzas
invisibles.
Contexto histórico-esotérico
Época victoriana: auge del espiritismo, la teosofía y
sociedades como la Golden Dawn.
Waterhouse y el prerrafaelismo tardío: recupera la
espiritualidad medieval y la combina con un lenguaje moderno.
La figura de la bruja deja de ser amenaza y se convierte en
símbolo de sabiduría y misterio.
La obra de William Johnstone puede leerse esotéricamente
como un puente entre la materia y el espíritu: sus paisajes abstractos,
impregnados de la tensión entre naturaleza y humanidad, funcionan como umbrales
simbólicos donde lo visible se disuelve en lo invisible. Su pintura, influida
por el surrealismo y el expresionismo abstracto, se convierte en un ritual de
transmutación: la tierra escocesa y los horizontes americanos se transforman en
símbolos de lo eterno
Claves Esotéricas en la obra de Johnstone
1. El paisaje como portal iniciático: Sus cuadros, como A
Point in Time (1929–1937), abstraen la naturaleza hasta convertirla en
campo energético. El paisaje deja de ser representación y se convierte en
espacio liminal, un umbral entre lo humano y lo cósmico.
2. La abstracción como alquimia: Johnstone se aparta de la
mímesis para explorar la materialidad de la pintura: el gesto, la textura, el
color. Esotéricamente, esto es una obra alquímica, donde la materia pictórica
se transmuta en espíritu.
La influencia del surrealismo introduce la noción del inconsciente colectivo como fuente de revelación.
3. Dualidad de tierras: Escocia y América: Su contacto con
los paisajes americanos y las pinturas rupestres nativas le reveló una
simplicidad arquetípica. La tensión entre la tierra natal escocesa y la
vastedad americana simboliza la dualidad iniciática: lo íntimo y lo universal,
lo local y lo cósmico.
4. El tiempo como símbolo: El título A Point in Time
sugiere que cada obra es un instante detenido, un espejo del eterno presente. En
clave esotérica, el tiempo se convierte en cifra de lo absoluto, donde lo
efímero revela lo eterno.
Lectura Ritual y Simbólica
Sus paisajes abstractos pueden leerse como mandalas
contemporáneos, donde la geometría del color y la forma abre caminos hacia la
contemplación. La pintura se convierte en un acto ritual, un intento de
inscribir lo humano en el orden cósmico.
La tensión entre lo figurativo y lo abstracto refleja la
dialéctica iniciática: abandonar lo visible para alcanzar lo invisible.
William Johnstone no pinta simplemente paisajes: construye
templos visuales donde la materia se disuelve en espíritu. Su obra es un rito de
paso, un viaje desde la tierra concreta de Escocia hacia la vastedad
arquetípica de América, y finalmente hacia la abstracción como revelación. En
clave esotérica, cada cuadro es un umbral iniciático, un espejo del alma que
busca lo eterno en lo efímero.
La bruja: arquetipo de la iniciada, mediadora entre mundos.
El círculo de fuego: frontera sagrada, espacio de protección
y poder.
Animales mágicos: cuervos y sapo como psicopompos y
guardianes.
La hoz dorada: referencia druídica, instrumento de cosecha
espiritual.
El uróboros en su cuello: serpiente que se muerde la cola,
símbolo de eternidad y alquimia.
La escena es un acto de brujería que representa la
transformación interior. El círculo delimita el espacio de revelación, donde lo
profano se convierte en sagrado.
La bruja encarna la Sophia o sabiduría femenina.
Los símbolos aluden a tradiciones diversas: druidas,
alquimistas, masones, cabalistas.
La obra funciona como un catálogo de símbolos iniciáticos.
Dimensión alquímica:El fuego purifica, el círculo protege,
los animales guían.
Todo apunta a la unidad de los opuestos: vida/muerte,
luz/oscuridad, femenino/masculino.
El círculo mágico es un altar pictórico donde Waterhouse
reúne símbolos de poder y transformación. La bruja, rodeada de fuego y animales
sagrados, encarna la iniciada que atraviesa el umbral hacia lo oculto. La obra
es un espejo del camino iniciático, donde el tiempo se suspende y el círculo
revela la eternidad.
La obra Celebración de la tierra, el aire, el fuego y el
agua puede leerse como un mandala iniciático: cada elemento se convierte en
fuerza viva, y juntos forman un círculo de totalidad. Es una representación
simbólica de la unidad cósmica, donde lo material y lo espiritual se entrelazan.
Claves Esotéricas de la obra
1. La tierra: Símbolo de fertilidad y permanencia. Representa
lo sólido, lo que sostiene y nutre. Esotéricamente, es el cuerpo del iniciado,
la base sobre la cual se construye la transformación.
2. El aire: Ligereza, intelecto, lo invisible. Asociado
a aves, brisas y movimiento. En clave ritual, es el aliento vital, el soplo que
conecta lo humano con lo divino.
3. El fuego: Transformación, energía, pasión. Sus
llamas purifican y destruyen, pero también iluminan. Es el principio alquímico,
el poder que transmuta la materia en espíritu.
4. El agua: Fluidez, emociones, lo lunar. Simboliza
la purificación y el tránsito. Es el espejo del alma, donde lo mutable refleja
lo eterno.
La obra no es solo una representación estética: es un altar
visual. Cada elemento se convierte en guardian de un cuadrante cósmico,
formando un círculo de totalidad. El espectador se sitúa en el centro, como
iniciado que contempla la danza de las fuerzas primordiales.
Celebración de la tierra, el aire, el fuego y el agua
es una invocación ceremonial: la tierra sostiene, el aire eleva, el fuego
transforma y el agua purifica. Juntos forman el cuaternario sagrado, símbolo de
equilibrio y plenitud. La obra funciona como un mandala iniciático, recordando
que el ser humano es hijo de los elementos y que su destino es reconciliarse
con ellos en unidad.
Colores de los elementos
Tierra → Verde / Marrón: Representa la fertilidad, la
estabilidad y lo telúrico. El verde simboliza la vida que brota, y el marrón la
solidez de lo material.
Aire → Amarillo / Blanco: El amarillo evoca la
ligereza, la claridad mental y el intelecto. El blanco representa lo invisible
y puro, el soplo vital que conecta con lo divino.
Fuego → Rojo / Naranja: El rojo expresa la pasión, la
energía vital y la fuerza transformadora. El naranja añade la dimensión de la
creatividad y la purificación.
Agua → Azul / Turquesa: El azul simboliza la
profundidad, lo lunar y lo emocional. El turquesa refleja la fluidez, la purificación
y el tránsito espiritual.
Tierra sostiene.
Aire eleva.
Fuego transforma.
Agua purifica.
Juntos forman el cuaternario sagrado, equilibrando cuerpo,
mente, espíritu y alma.
https://historia-arte.com/obras/el-circulo-magico
https://www.tate.org.uk/research/tate-papers/27/william-johnstone


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