Claves para entender a los Maestros

27 noviembre 2014

28º Caballero del Sol o Príncipe Adepto

28º Caballero del Sol o Príncipe Adepto


Grado Vigésimo Octavo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado
Décimo Grado del Consejo de Caballeros Kadosh
Décimo de los Grados Históricos y Filosóficos
Décimo de los Grados definidamente Templarios
Décimo Grado de la Sexta Clase o Serie



Este grado representa el Jardín del Edén, cuya entrada guardan los siete arcángeles. Adán, el Gran Maestro Presidente, simbolizando al padre de la humanidad, y el Hermano Verdad, simbolizando a la Naturaleza,  la misión de los seres humanos esta en buscar la Verdad. Este grado corresponde a los llamados cabalísticos, y fue creado por el hermano Dom Pernety, fundador del Rito de los Iluminados de Avigñón.

Se llama Caballero del Sol, porque este magnífico astro es la imagen sensible de la Divinidad, aquella que los masones egipcios honraban hace milenios en la ciudad de Heliópolis.

Este es un grado cabalístico y hermético de la antigüedad más remota, ocupándose de la materia primaria de todas las cosas. La alegoría es el hombre en busca de la verdad. Enseña un diseño filosófico para una doctrina de religión natural como parte del misterio.

De acuerdo con el enfoque filosófico, hay siete estaciones que representan los planetas que antiguamente explicaban el paso de las almas entre el cielo y la tierra. Aprendemos que la creación trae fuerzas opuestas de equilibrio y armonía. Así, los golpes martillantes de la adversidad son útiles para el desarrollo del carácter. Otra presentación es la creencia de los viejos sabios que lo que vemos en esta vida son reflejos de las cosas que existen en el mundo espiritual invisible. Por tanto, una vida similar después de la muerte estaba asegurada. La naturaleza también era elogiada por el estudio y por encontrar allí las características de la Deidad. Entonces, la fe es enseñada como la palanca milagrosa que puede mover a la humanidad. Una vez que se haya comprendido y se crea este concepto de la fe en un Creador Supremo Omnipotente, se tiene un escudo que desvíe para siempre el miedo.
Nuestro amor a Dios se puede hacer manifiesto en nuestro amor a la Verdad, a la Justicia y a la Nobleza del Alma. Estas formas pueden abarcar una confluencia poderosa del acto universal de piedad total. Estamos continuamente y por siempre dentro y fuera de grandes fuerzas del universo extenso de Dios.
También nos ponemos cara a cara con la Deidad infinita cuando enfrentamos el pensamiento de Dios al obtener una verdad; cuando descubrimos la regla conducta de Dios mientras que aprendemos lo correcto; o cuando participamos del sentimiento de Dios mientras experimentamos amor desinteresado. No podríamos esperar terminar un estudio de esto aún si dedicaríamos toda la vida a la tarea. Mucho antes de las pirámides de Egipto, el hombre antiguo adoraba al sol y sus planetas, así como el fuego, la luz y el calor como símbolos y muestras externas del Ser o Intelecto Supremo.
Se combina en una creencia del Gran Arquitecto del Universo, el Infinito, Incognoscible, un Dios Eterno. 
La enseñanza, sin embargo, no es sacramental. La creación es la manifestación de Dios. Cada uno es enteramente libre de investigar para si dentro de los métodos. Espacio simboliza esta idea de divinidad. Es ilimitado, infinito, insondable, Incognoscible. Pero es. Así pues, también, el hombre es. Dios no es deducido de la naturaleza pero la naturaleza se deriva de Dios.
Es simplemente imposible que lo finito entienda completamente lo espiritual infinito. El hombre busca y lucha por su realización espiritual. Si una verdad positiva de lo espiritual es lograda por la razón o la revelación, afecta sobre la mente humana solo hasta el punto en que la inteligencia humana finita es capaz de recibir. Creemos y conocemos las grandes verdades, lo infinito del espacio, y la naturaleza espiritual del alma de Un Dios. Pero la idea y los detalles completos de ese infinito y esa espiritualidad deben eludirnos en esta vida a menos que nuestras condiciones o energías finitas de revelación sean mejoradas. Las leyes de la naturaleza son el desarrollo del amor, que es la ley universal. La naturaleza es una gran armonía, y de esa armonía cada alma humana debe ser un tono. De Dios fluye en círculos incesantes, como luz y esplendor de Su sol”.[1]

Los Rituales declaran que el objetivo del grado es «obtener los medios para satisfacer la sed que el hombre tiene por conocer el gran secreto de la Naturaleza». Según el Diccionario Masónico del Gran Oriente de Francia, se trata de un grado “sumamente interesante, que reclama una extensa meditación. Bajo el velo hermético, oculta el verdadero secreto de la Orden”.

Los objetivos exotéricos del grado son:
Ø  Respetar la fraternidad entre todos los hombres, nuestros Hermanos.
Ø  Trabajar para que toda la Humanidad posea las herramientas que le permitan transitar el Sendero de la Verdad.
Ø  Tratar a los «otros» como deseamos ser tratados.
Ø  Estudiar todo lo que es útil para el bienestar de la humanidad.

Los objetivos esotéricos del grado son:
Ø  Comprender las relaciones entre la Cábala y la Alquimia.
Ø  Efectuar una revisión general de todo el simbolismo masónico.
Ø  Generar el nacimiento del Rey”, en el sentido alquímico de la expresión.
Ø  Cultivar la Sabiduría y la Verdad.
Ø  Producir el oro potable”.
Ø  Alcanzar una vislumbre de la Piedra Filosofal, el verdadero Sol del reino metálico.


08 noviembre 2014

Simbolismo en el 3º Maestro

3º Maestro

El grado de Maestro ha recibido el calificativo de “Sublime”, de donde es frecuente la denominación “El Sublime Grado de Maestro Masón”.
Este término anticipa los grados de la Logia Capitular de Perfección, y justifica la consideración del Maestro como el primero de los Altos Grados.
El vocablo “Sublime” alude a la Palabra Sublime, la Palabra que se pierde y se recupera una y otra vez.
Finalmente, algunos asocian este término con la “sublimación” alquímica, que el Maestro Masón aspira conseguir.
Se encuentra en posesión de la plenitud de sus derechos masónicos, por lo que puede acceder a la Presidencia de la Logia, a formar parte de la Gran Logia, etc.
Ello se representa simbólicamente a través del hecho que puede tomar asiento en cualquier región del Templo, tanto al Mediodía como al Septentrión.
Y que aquellos Hermanos que poseen Altos Grados, cuando están trabajando en una Logia Simbólica, deben portar el mandil y los atributos de Maestro Masón, independientemente de los otros grados que puedan poseer.

Si bien el Maestro de una Logia ocupa el “Trono de Salomón”, y representa a este último personaje, la Maestría en general puede considerarse como un atributo netamente hirámico.
Hiram Abiff o Abif es el centro en torno al cual gira todo el simbolismo del Maestro Masón.
Hiram es el Maestro por excelencia, y la Maestría Masónica un esfuerzo por alcanzar el nivel de consciencia que Hiram simboliza.

“Maestro es aquel que puede enseñar”. En tal sentido, puede decirse que el Aprendiz aprende, el Compañero trabaja y el Maestro enseña; pero que, al mismo tiempo, todos aprenden, trabajan y enseñan.
Entre los grados simbólicos existe, por lo tanto, una doble relación: vertical y horizontal.
Vertical (la plomada) en sentido jerárquico, pues cada grado supera al precedente e implica nuevos y más profundos conocimientos.
Horizontal (el nivel), porque los tres grados interactúan entre sí, se alimentan y enriquecen mutuamente.
En síntesis, el esquema del simbolismo es, a la vez, jerárquico y a nivel, e implica un flujo permanente de la gnosis que circula entre los tres grados, y contribuye a unificarlos en una estructura común (la escuadra).


La escuadra y el compás
Este símbolo, tan común en la Masonería, presenta en el grado de Maestro una cierta paradoja.

Por un lado, la joya del Venerable Maestro de la Logia es la escuadra.
Por el otro, sobre el Altar, el compás se coloca con ambas puntas sobre la escuadra, indicando una cierta jerarquía del primero sobre la segunda.
Se trata, aparentemente, de simbolizar que el Maestro se encuentra entre la escuadra y el compás, entre la Tierra y el Cielo, entre los Principios y sus efectos.
No es, por lo tanto, sólo del Cielo o sólo de la Tierra, sino que se ha transformado en el mediador, en aquel que maneja tanto la escuadra como el compás.
La relación que adoptan estos dos instrumentos puede ser expresada recurriendo al lenguaje alquímico: «la materialización del espíritu y la espiritualización de la materia».

La «enseñanza gestual»
Toda la enseñanza masónica es simbólica y, dentro del simbolismo, lo «gestual», es decir, los signos y posturas ejecutados con el propio cuerpo, revisten gran importancia.
Se dice que los gestos y signos corporales masónicos intentan reproducir «el gesto creador del Gran Arquitecto del Universo».
Si bien, en lugar de «creación», el término más correcto sería «emanación», lo cierto es que los gestos masónicos pretenden tener un sentido cosmológico, expresando a través del cuerpo el proceso evolutivo del Universo.
En tal sentido, los signos y gestos parten del «propio cuerpo, considerado en sí mismo como un símbolo».
Si bien, como dijimos, lo gestual se halla presente en toda enseñanza masónica, es en el grado de Maestro donde alcanza la plenitud de su expresión.
Es por ello que los signos, símbolos y toques en este grado son muy numerosos, además de incluir todos los signos del Aprendiz y del Compañero.
Algunos de tales signos han caído en desuso, o están dispersos entre los distintos Ritos.
¿Tales pérdidas no nos recuerdan «la pérdida de la Palabra»? Se trata, en este caso, de una Palabra muda, que se compone de gestos, de posturas corporales, previas a la emisión de los sonidos.
Y todo ello nos indica que el aforismo «reunir lo disperso» en este grado adquiere una vitalidad y necesidad absolutas.
Por otra parte, la importancia de la enseñanza gestual indica que la instrucción del Maestro no puede consistir en largos discursos, sino que prioriza el lenguaje del cuerpo, el simbolismo y las expresiones verbales cortas pero a la vez significativas.


Los números
El simbolismo numérico de este grado es complejo, pues incluye los números 3, 5, 7 y 9.
El 3 aparece en la importancia simbólica otorgada al Delta.
El 5 en los Cinco Puntos del Compañerismo.
El 7 en el hecho que «el Maestro Masón en sí mismo es una Logia Justa y Perfecta», recordando que tal condición es alcanzada cuando siete masones la componen.
El 9 en su carácter de «número de fin de ciclo», en este caso, el fin del ciclo de la Masonería Simbólica.


La ceremonia de Iniciación en este grado se conoce como “Exaltación”.
Exaltar” significa elevar a una dignidad, ensalzar los méritos de algo o las cualidades de alguien. Exotéricamente, esto simplemente puede entenderse como que la condición de Maestro es una dignidad, y quienes la reciben son exaltados a la misma.
Sin embargo, desde un punto de vista esotérico, “exaltar” tiene un contenido alquímico:
exaltar” la materia por medio del fuego transmutador. En este sentido, “exaltar” es similar a “sublimar”.
En todo el simbolismo y la filosofía del grado de Maestro hay un eje central: el Verbo, la Palabra, el Logos.
La pérdida de este Logos, la muerte de Hiram, la incapacidad para pronunciar la Palabra Verdadera, es la gran “caída” que los Rituales del grado intentan simbolizar.
Una “caída” que, sin embargo, no es del todo deplorable, porque la misma motoriza la posterior queste (búsqueda): primero, del cuerpo de Hiram; luego, de los Asesinos y, finalmente, de la Palabra en sí misma, que habrá de encontrarse en el grado 14°.
Por lo tanto, la muerte de Hiram es casi un sacrificio, la necesaria Muerte del Padre, sin la que sus hijos quedarían aprisionados en una fórmula, en una estructura: es una muerte fructífera, que vivificó el simbolismo masónico al generar el conjunto de los Altos Grados.

El color del grado
Si bien el grado de Maestro pertenece a la Logia Azul y, por lo tanto, se halla influido por el simbolismo de ese color, el tono característico del Maestro es el negro.
A veces puede resultar paradójico que los autodenominados «Hijos de la Luz» hagan tanto hincapié en la negrura, en la obscuridad.
Pero recordemos que la obscuridad es la condición necesaria (no suficiente) para la expresión y la manifestación de la Luz, de donde lo negro, lo obscuro, es la matriz de la que emerge lo luminoso.


La Mesa del Maestro
Frente al Trono del Maestro se encuentra su Mesa, también llamada Altar.
Es de forma rectangular, y está cubierta con un tapete negro, sembrado de lágrimas blancas y orladas de una ancha franja de plata.

Sobre la Mesa se encuentran:
           La espada.
           Un reloj de arena, Al reloj de arena a veces se le agregan alas, para simbolizar el rápido paso del tiempo y lo transitorio de la vida. «El reloj de arena, o de agua, en su doble movimiento, es decir, en sus inversiones sucesivas, sugiere los latidos del corazón. El pasaje de la arena entre los dos compartimentos se efectúa a través de un estrecho orificio, lo cual puede asimilarse a la dificultad que se experimenta al pasar de un estado a otro. El flujo de la arena de un compartimento al otro es imperceptible al principio, y se acelera gradualmente. Girar la clepsidra significa comenzar un nuevo ciclo de posibilidades».
           La escuadra.
           El compás.
            El mazo.
            Una calavera humana. En el fondo del dosel del Oriente, a la derecha del Trono del Maestro, habrá un esqueleto humano con un mazo en la mano derecha, en actitud de golpear. Nótese como numerosos símbolos de la Cámara del Medio son similares a los del Cuarto de Reflexión del Aprendiz.

Algunos Rituales añaden a lo anterior una llana o trulla, lo que nos parece muy adecuado, por ser este el instrumento con el que el Maestro Masón extiende el cemento de la fraternidad sobre las asperezas que aún puedan permanecer en los materiales.

Las dos columnas
Se colocan en Occidente en la posición usual, pero son diferentes a las dos columnas del Aprendiz y del Compañero.
Ambas son de orden dórico; la de la derecha, entrando, lleva grabada la letra M\, y la de la izquierda la B\; es decir, las dos letras con las que se abrevia la Palabra Substituta.
Sobre los capiteles de las columnas descansan sendas urnas funerarias, de las que sobresalen las hojas de una rama de acacia.

Los símbolos principales del grado se encuentran:

·         La piedra cúbica de punta
«La cubo y la esfera corresponden, respectivamente, al doble punto de vista estático y dinámico» (Mainguy).

En algunas ocasiones, la piedra cúbica de punta, o piedra cúbica piramidal, se considera un símbolo propio del Maestro, y en otras algo intermedio entre el Compañerismo y la Maestría.
En este último caso se la interpreta como la Obra Maestra de un Compañero apto para acceder a la Maestría.
Desde esta interpretación, las distintas “piedras” se consideran símbolos de transición, la piedra cúbica de Aprendiz a Compañero y la Piedra Cúbica de Punta de Compañero a Maestro.
En cualquier caso, la Piedra Cúbica de Punta, a través de la pirámide que la corona, marca un centro, un punto de convergencia de las distintas direcciones del espacio, y por ello corresponde a algo cumplido, terminado, donde todos los esfuerzos se han focalizado en un punto, produciendo un resultado que puede calificarse de “magistral”.
«La piedra cúbica representa la estabilidad absoluta y es en tal sentido un reflejo del Principio».
Se ha comparado el cubo con la forma simbólica de la Jerusalén Celeste, cuyo estudio detallado corresponde al grado 19°.
Asimismo, la pirámide remite al simbolismo del fuego y a ideas de transformación y trascendencia.
Las cuatro caras laterales del cubo representan los cuatro puntos cardinales, mientras que la pirámide manifiesta la preeminencia del zenith.
El cubo tiene seis caras y doce aristas.
La pirámide está sólidamente apoyada en la Tierra a través de su base cuadrada, mientras que se eleva hacia el Cielo como una montaña; por ello fue considerada por los egipcios como el Templo sagrado por excelencia.

         El hacha
Las armas son auxiliares de las herramientas, y las herramientas pueden utilizarse como armas”.
Por supuesto que no armas para librar una guerra contra otros seres humanos, sino la batalla interior por elevar y desarrollar el ser.
Si bien el hacha es un símbolo que se profundiza más en los Altos Grados, en el Maestro a veces se la coloca sobre la piedra cúbica de punta, señalando su vértice, símbolo del origen de toda manifestación.

         El compás
La punta central del compás representa los principios, mientras que la otra traza el círculo de la manifestación.
Desde un punto de vista teúrgico, una punta del compás representa entonces el centro y la otra la cadena de los Maestros, considerados como operadores en un acto mágico.
«Trazando las imágenes en movimiento, y móvil él mismo, el compás se ha convertido en el símbolo del dinamismo constructor, atributo de las actividades creadoras».

         La escuadra y el compás, en la posición del Maestro
Se dice que, en este grado, la escuadra simboliza el «acto rectificador».

Por otra parte, el compás es un símbolo propio y específico del grado, pues es aquí donde se alcanza la perfecta igualdad (todos los presentes en la Logia son Maestros, y todos se encuentran a igual distancia del centro, es decir, se hallan sobre el círculo trazado por el compás).
También se afirma que la nueva posición del compás simboliza que “ahora tienes libertad para trabajar con ambas puntas, con el fin de que el círculo de tus deberes masónicos esté completo”.
«Es en la escuadra y el compás donde está la perfección del cuadrado y del círculo».

         La plancha de trazar
Como la plancha de trazar era originalmente de madera se la consideraba un material “vivo”, es decir, los planos y proyectos del Maestro se trazaban sobre la vida misma.
Algunos consideran que proviene del ábaco (del fenicio abak), una tablilla cuadrada cubierta de polvo sobre la que se trazaban caracteres, planos y figuras.
El Manuscrito Dumfries la denomina «Trasel Board», y afirma que sobre ella «El Maestro traza sus diseños».
P.: ¿A qué usos se destina la plancha de trazar?
R.: A múltiples usos. Ella será utilizada por el Secretario para elaborar el Acta de los trabajos de la Logia. Los Maestros la emplearán para componer planos capaces de instruir a los Aprendices, a los Compañeros y a los demás Maestros. Siempre se tratará de reflexionar con madurez antes de proceder a la aplicación concreta de cualquier proyecto. Finalmente, se dice que el Maestro Masón es él mismo una plancha de trazar cuyos actos y acciones, fluyendo libremente, sin coerciones exteriores, sino respondiendo a la expresión natural de su ser, pueden servir como modelos para que otros, tanto profanos como Iniciados, encuentren en ellos inspiración y ejemplo.

         Los símbolos sobre la plancha, matriz de los alfabetos masónicos
Generalmente, sobre la plancha de trazar se inscriben los símbolos que se muestran.

Tales símbolos son la clave para la construcción de los alfabetos masónicos.
Es decir, las letras, los bloques constitutivos del Universo, nacen de la plancha, que es entonces la matriz del Cosmos.

         El tablero de dibujo
Si bien no es exactamente lo mismo que la plancha de trazar, su simbolismo es similar.
Existe una tradición de la Orden que habla de las mesas utilizadas por Hiram Abif en sus “planos y diseños arquitectónicos”.

En todos los casos la idea es de diseño, de plan, de obra concebida primero en el pensamiento, y luego materializada en el mundo concreto.
         La trulla
La trulla favorece la unión y la fusión entre las piedras; es por lo tanto el símbolo de la unidad.
La trulla es el instrumento mediante el cual la Obra del constructor adquiere su perfección y acabado final.
La trulla simboliza el arte de armonizar las oposiciones, y transformar tal oposición en fecunda creatividad.

         La cuerda, el lápiz y el compás
En algunos Rituales, son las herramientas del Maestro Masón.
«La cuerda determina el margen que tiene el Maestro para orientar la línea límite de la edificación. El lápiz (con su centro de grafito) con el que traza los planos, determina la armonía de las leyes de la mecánica con las del Gran Arquitecto del Universo. El compás determina el centro invisible (eje) sobre el que gira el cosmos; sus puntas miden la relación-proporción de las manifestaciones» (Daza).

         El skirret
Es un instrumento utilizado en la construcción en Gran Bretaña, consistente en un carretel y una cuerda, que suele mencionarse en conjunción con esta última como uno de los instrumentos del Maestro.

Se utilizaba el skirret para varios trabajos de medición.
En el sistema inglés también aparece la “gramilla”, un aparato que gira en un eje o perno que tiene en su centro, de donde parte la línea o cordel enyesado, con el que marca los cimientos para la construcción de los edificios.


         El Libro y la espada
Sobre el Libro, además de la escuadra y el compás, pueden colocarse otros símbolos.
Uno de ellos es la espada: habitualmente se dice que el Libro simboliza la Ley y la espada su cumplimiento. Esotéricamente, la espada es un símbolo de penetración, en este caso, del contenido del Libro.
Con la espada penetramos en el sentido interno del Libro (es decir, del Universo), y así lo comprendemos en profundidad.

         El ataúd
Es llamado el “pastos”, el que en los Misterios Antiguos era una caja o celda cerrada en la que se colocaba durante algún tiempo al Candidato, para simbolizar su muerte mística.
El ataúd es (y la similitud en las palabras debe ser una coincidencia) el athanor alquímico, el recinto cerrado en el que tiene lugar la transmutación.

         La acacia
Este es un símbolo complejo, que muchas veces se ha interpretado como el emblema de «la inmortalidad del alma».
Desde nuestro punto de vista, eso no tiene sentido, como tampoco lo posee el tratar de imponer algún «dogma masónico» referido a la existencia del alma o a su supuesta inmortalidad.
Por el contrario, sí nos parece muy valiosa la acacia siempre verde como un emblema del renacimiento, operado durante esta misma vida, una renovación integral del ser.
La acacia se ha tomado como símbolo de la Iniciación, es decir, del concepto mismo de lo iniciático.
En hebreo acacia se dice shittah, y de su madera estaban hechos numerosos objetos sagrados del Templo.
Los Elus Cohen decían que existen «tres clases diferentes de acacia», la «acacia verdadera» representaría al Elegido, a los «humanos de equidad» (término que recuerda al Zaddik, el Justo, en la Cábala), la segunda clase de acacia a sus discípulos, y la tercera a «los profanos incultos, errantes y vagabundos».
         El cuadrado mágico
El cuadrado «mágico», Tabla de Theon o Sello de Saturno, es uno de los símbolos del Maestro Masón.
Es también llamado la «Tabla de la Memoria», y se dice que sus nueve cifras corresponden a las nueve Musas.
En el centro del cuadrado se encuentra el número 5, símbolo del Hombre Verdadero, y sus filas y columnas suman 15, como los peldaños de la escalera que conduce a la Cámara del Medio.

         La mujer que llora
Se dice que este símbolo fue ideado en los Estados Unidos por J. Cross.
Sin embargo, un símbolo similar aparece en la Hieroglyphica, de Nicolás Flamel
En el Rito Escocés este símbolo corresponde al sexto grado (Secretario Íntimo), por lo que pospondremos un estudio extenso del mismo hasta ese momento.
De todas formas, como emblema de la finitud de la vida, del paso inexorable del tiempo y de la situación del hombre en este mundo, el símbolo es realmente muy apropiado para el Maestro.




Entre otros símbolos se encuentran: el incensario, el león, la guadaña, etc.
En realidad, los símbolos que pueden asociarse al grado de Maestro son prácticamente innumerables.
Uno de ellos es el incensario, que en los antiguos Rituales se conocía como la marmita de incienso. Se trata claramente de un símbolo alquímico de transmutación, de transformación de la materia.
También puede aparecer el león, otro símbolo alquímico, que lamentablemente suele ser interpretado desde una óptica religiosa.

El símbolo de este grado, por excelencia, es el cuerpo de Hiram.

FUENTE:
Dr. Jorge Norberto Cornejo.
Buenos Aires – Argentina.



14 octubre 2014

Simbolismo en el 2º Compañero

2º Compañero
El pasaje de grado se da una vez cumplido el proceso del mismo por lo que se denomina el aumento de salario, esto implica: recibirlo en la Columna J\, mientras que los Aprendices lo hacían en la Columna B\ (en el Rito Francés es al revés), es decir, pasar de la Fuerza (BOAZ), que el Aprendiz necesita para el esfuerzo vertical por ascender, siempre más dificultoso al comienzo; al establecimiento (JAKIM), a la fuerza equilibrada y constante, que opera naturalmente como consecuencia de la expresión de su ser.


En términos del Oficio, pasar de la perpendicular al nivel. Notar que la perpendicular y el nivel, lo vertical y lo horizontal, unidos, determinan una cruz.
El Aprendiz y el Compañero, conforman entonces una cruz en cuyo centro se despliega la rosa, el grado de Maestro.

Además, existen algunas analogías entre el simbolismo del propio grado de Compañero y el de los Rosacruces, comenzando por los cinco pétalos de la rosa.
El Compañero, en su camino hacia la Luz de la letra G, la Quintaesencia, el Fuego Central de la Naturaleza de los antiguos Rosacruces, que produce la «generación de los cuerpos»
La transición de Aprendiz a Compañero, del Aprendizaje al Compañerismo, se expresa numéricamente como la transición del 3 (tres) al 5 (cinco).
Desde un punto de vista geométrico, ello implica la transición del Delta a la Estrella Flamígera.

Los atributos se multiplican, lo cual conlleva una cierta dispersión del simbolismo, pero al mismo tiempo su extensión, multiplicación y desarrollo.

En lenguaje martinista: cuanto mayor es el número de atributos, más nos alejamos de la Unidad, pero al mismo tiempo multiplicamos la extensión de nuestras potencialidades.

Tenemos que tener presente que no es solamente un aumento de salario, sino un cambio, una transmutación en el salario. Según las Leyendas, los Aprendices recibían su salario en medidas de trigo, vino y aceite; por su parte, los Compañeros lo hacían en las monedas metálicas de la época.
Es un claro avance en la libertad e independencia: el Aprendiz recibe un salario cuyo uso está determinado de antemano; el Compañero es libre para utilizar sus talentos como mejor lo considere.

Este grado tiene como símbolos:
Las dos columnas:

Las dos columnas desempeñan un rol fundamental en el simbolismo de la Masonería, recordemos; «Son las piernas sobre las que se mueve la Masonería, y debe moverse el masón» (W. Cox Learche).
GOFMU MONTEVIDEO/URUGUAY



Siendo este el segundo grado, es lógico que en él se insista sobre la dualidad, simbolizada por las dos columnas. En primer lugar, debemos considerar el simbolismo de la columna en general. Sabido es que la Masonería deriva parte de su «espíritu» de la Tradición Hermética, y que esta tradicionalmente proviene de un personaje legendario que se suele relacionar con el dios egipcio Thot.
El tema es que Thot, en egipcio, significa, entre otras cosas, «columna».

Veamos algunas citas:

«Los dos ríos secundarios que tienen su origen en el río principal (río de vida), se bifurcan en las dos direcciones, que son los nombres de las dos columnas del Templo  erigido por Salomón: Jakim y Boaz.
Todos estos ríos circulan en un mismo grado, llamado el «justo», como está escrito: ´Y el justo es la  base del mundo´» (Zohar).

«Salomón erigió los pilares a la entrada del Templo: y erigió el pilar derecho y le dio el nombre de Jachin; y erigió el pilar izquierdo, y le dio el nombre de Boaz» (Reyes I, 7).

«Creó una realidad de la nada, trajo la nada a existencia y labró, por así decirlo, colosales pilares del aire intangible» (Sepher Yezirah).

La Estrella Flamígera:

Cuando en el interior de la Estrella o del pentagrama se inscribe un ser humano, la curva inferior de la letra G se hace coincidir con los genitales, para representar la generación.
La Estrella Flamígera, símbolo del Arquetipo del Hombre Universal”.
Se dice que el pentagrama contiene todos los elementos del Arte Real, todo lo necesario para consumar la Gran Obra.
Es llamada también “pentalfa”, porque en su forma parece estar conformada por cinco letras alfa mayúsculas (similares a la A latina).
Según Mackey, los masones medievales la consideraban como el símbolo de la Sabiduría profunda, es decir, de la Divina Sophía.
Cuando se dice que la Estrella Flamígera es la “gloria en el Centro”, o que simboliza la Belleza, claramente se la está asociando con la séfira Tiphereth.
La contemplación de la Estrella Flamígera” representa, por lo tanto, la contemplación del arquetipo de la Belleza.
En estas ideas, por lo tanto, Sabiduría y Belleza, Sophía y Afrodita, están relacionadas, y forman dos aspectos del mismo arquetipo primordial.

También puede leerse plancha sobre este tema:

El número de oro:
El número de oro o sección áurea se obtiene como el cociente entre cada trazo de la estrella (trazos conformados uniendo los vértices alternados del pentágono) y el lado del polígono de cinco lados que la circunscribe. Sobre este número se apoyaba el canon estético de varias civilizaciones antiguas, desempeñando asimismo un rol fundamental en el arte del Renacimiento. Con el número de oro se puede dividir un segmento en dos partes desiguales, de modo tal que la razón entre ellas sea igual al cociente entre la parte mayor y la línea entera.


La letra G:
Sobre el simbolismo de la letra G hay múltiples y divergentes opiniones.
En algunos Rituales se afirma que representa «la Inteligencia Universal». Deriva de la gamma griega, la letra con forma de escuadra.
Es la inicial de Gnosis, entendida como la Sapientia. «La Gnosis es la esencia y el centro de la Francmasonería» (Pike).
Algunos autores consideran que la G sustituyó a la yod o yud hebrea; sin embargo, otros, como J.B. Bayard, sostiene que el simbolismo de la G se ha construido a lo largo de muchas épocas, y que los constructores medievales no tenían por qué saber hebreo (e incluso inglés), de donde la interpretación que podían ofrecer de este símbolo era absolutamente sencilla.
Si bien en la actualidad la letra G suele colocarse en el Oriente, una tradición Operativa la ubicaba en el centro del techo del Templo, y hacía descender una plomada hasta el suelo mismo de la Logia.
Tal plomada se transformaba en un eje ordenador, convirtiendo al Templo en una Rota Mundi, en un Cosmos en rotación en torno a la letra G, mientras que la Estrella Flamígera era la Estrella Polar, punto central y fuente de aquella rotación.

Oswald Wirth  pone en cuestión el uso de una letra perteneciente a un alfabeto histórico y específico como símbolo o grafismo para destacarse en el centro de la Estrella Flamígera: G. 
Su significado en los textos masónicos es diversos: geometría, generación, gravitación, geniognosis. Algunas son más identificable que otras para los profanos. También se pueden entender como: Génesis y Gran Obra. Claro que esta la posibilidad de asociarlo a “God”, “Dios” en inglés.


Por su parte Wirth recuerda que la Geometría se destaca por ser una herramienta intelectual de los constructores o arquitectos, pero no sólo con un valor de ciencia y técnica, sino, además, como un cuerpo conceptual de inspiración filosófica, reflexiva, meditativa, tanto sobre el ser humano como respecto de su lugar en el universo, tradición que la masonería es depositaria como heredera de los pitagóricos. 


Respecto de la Generación, es menos claro, pero no menos elocuente, al señalar que la vida y su transmisión están depositadas en elementos en oposición activa, fuerzas representadas a su vez en las columnas BOHAZ y JAKIN del templo masónico. Este principio pertenece a la tradición unánime y aparece nítidamente representado en el Yin-Yang oriental. 


Bastante más hermético es respecto de la Gravitación, la cual se entendería como las energías que ligan a los miembros de la masonería entre sí, lazo que no es sólo intelectivo, sino, además, de tipo emocional, lo cual refuerza las ataduras espirituales en la obra común. 


Más hermético es aún al describir el concepto de Genio, el cual estaría relacionado con una inspiración intuitiva que conduciría al perfeccionamiento, a desarrollar obras perfectas, acción que no sólo sería individual, sino articulada al conjunto de los adeptos. 


Tanto para Guenon como para Wirth la Gnosis es un Conocimiento Tradicional o iniciático que constituye el fondo común de todas las iniciaciones, cuyas doctrinas y símbolos se han trasmitido, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, a través de todas las Fraternidades secretas cuya extensa cadena jamás ha sido interrumpida. Su concepción está ligada al conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos. 
Como expresión particular de la gnosis, la numerología, parte de la base que los números no son sino símbolos, que constituyen una forma particular de acceder a ese Conocimiento Tradicional o Integral al cual hace referencia Guénon. Se cuenta que Pitágoras enseñaba que los números tienen una significación independiente de la que indican sus signos. Los números representan cualidades; los signos representan cantidades. Es decir, los números son símbolos o acordes que operan en el plano espiritual; en cambio, los signos numéricos son grafismos utilitarios para ser usados por la mente y medir las cosas en el plano material. 


La escuadra y el compás:
La colocación de la escuadra y el compás en la posición característica del Compañero es en realidad una innovación, posiblemente de mediados del siglo XVIII.
En algunos Cuadros antiguos podemos ver que tal posición era emblemática de todos los miembros del Gremio. Lo que es una innovación, por lo tanto, es asociar esa posición sólo con el Compañero, y no con todo el Gremio.
La escuadra y el compás son considerados “manifestaciones del Libro”.
En particular, para los Operativos, la escuadra siempre fue uno de los símbolos más importantes.
«Todas la escuadras son signos masónicos».
«Aprende a dirigir  tus pasos por la regularidad del compás».
Llama la atención del H.·. que se encuentra arrodillado frente al A.·. al ver. la nueva posición de la E.·. y del C.·. colocados sobre el volumen de la L.·. S.·. es esta una gráfica y clara exposición de los adelantos efectuados en el curso de su permanencia ininterrumpida en la Orden.
Las puntas del C.·. simbolizan los conocimientos MAS.·. ocultos aún en el 1er grado y que van siendo develados paulatinamente. LA NUEVA posición indica también que el M.·. ya no está ampliamente dominado por su materia y que el estudio y la Liberación espiritual marchan a la par' que su componente material”.[1]

La regla y la palanca:

La regla es un atributo del Experto y la misma tiene 24 pulgadas, simbólicamente correspondientes a las 24 horas del día. Algunos agregan que la regla debería tener una sección (área transversal) de forma triangular.
Se dice que esta regla permite comprender la estructura y el orden interno inherente a los fenómenos y a las cosas.
Algunos afirman que, al ser elevado a Compañero, el Aprendizpasa de la regla a la escuadra”. Este simbolismo es discutible, porque la escuadra ya tenía un rol fundamental en el Aprendiz.

Según el Martinismo, los esfuerzos que el Iniciado realiza en pos de su desarrollo, generan una correspondiente resistencia que, con la ayuda simbólica de la palanca, que multiplica sus fuerzas, está en condiciones de vencer.
Utilizando la palanca se extrae la piedra bruta de la cantera. La palanca es, entonces, la herramienta que permite superar la inercia natural de la materia.

He aquí la primera de las herramientas que corresponden al grado de Compañero de manera privativa, su rol simbólico en manos del Compañero es en primer lugar un gesto de confianza y reconocimiento de la libertad que ha ganado. La palanca es una herramienta de fuerza, capaz de levantar el mayor peso. Desde el punto de vista físico, representa una barra estática que descansa y oscila sobre un punto fijo o fulcro cuyo movimiento pone en juego dos fuerzas contrapuestas: Potencia y Resistencia. Aunque el principio de la palanca es visto más fácilmente en la acción de levantar grandes pesos o arrastrar cuerpos de grandes masas, el mismo principio activo se ocupa en el trabajo de las pinzas, los alicates y hasta los remos de un bote.
El Compañero Masón debiera considerar los aspectos simbólicos de la acción física de la palanca: pequeñas unidades de fuerza doblegan grandes esfuerzos de resistencia y pequeños desplazamientos de unidades de fuerza consiguen grandes desplazamientos de unidades de resistencia. La fuerza ha dejado de ser valiosa en este punto del símbolo y es reemplazada por la idea, el logos que es capaz de vencer la inercia.
Una segunda cuestión simbólica de primer orden, es la comprensión necesaria de la importancia del punto fijo o punto de apoyo al que llamamos fulcro, muy probablemente representado por los valores masónicos en los que ahora el Compañero pondrá su confianza”.[2]

La perpendicular y el nivel:
La perpendicular es vertical, el nivel horizontal.
La perpendicular indica esfuerzo, el nivel equilibrio.
La perpendicular corresponde al Aprendiz, el nivel al Compañero.
Exotéricamente, el nivel representa igualdad, equilibrio, justicia y equidad.
Esotéricamente, el nivel es la condición que equilibra la desigualdad, generada por la acción de las dos columnas.

Los cinco órdenes de arquitectura:
Además de las interpretaciones convencionales, se ha intentado dar a este símbolo una lectura más esotérica. Por ejemplo, el Ritual de Aprendiz Cohen, de la Orden de los Elus Cohen, denomina a los cinco órdenes: «el simple, el perfecto, el simbólico, el justo y el apócrifo», y dice que simbolizan «el cuerpo del hombre, el cuerpo universal, el cuerpo general terrestre, el cuerpo inferior material y el Templo apócrifo», entendido este último como «lo convencional que los hombres se esfuerzan por establecer impunemente en el error».
Algunos consideran que la columna dórica representa al Aprendiz, que debe buscar la Fuerza para ascender; la jónica al Compañero, que anhela la Sabiduría, y la corintia al Maestro, que puede expresar la Belleza de la Obra.

Los cinco órdenes de arquitectura estudiados por los antiguos constructores, caracterizados por sus columnas, según aparecen en la ilustración, pueden servir como una representación material de los cinco estados de la inteligencia, de los que acabamos de hablar.
Estas columnas se distinguen principalmente por los capiteles, o sea por su capacidad sostenedora del edificio mental que las corona, en la que se demuestra una constante evolución, hasta un límite que no puede superarse sin destruir las Leyes o reglas de la Armonía y de la Belleza.
El Toscano y el Dórico –los dos más sólidos y sencillos- muestran la Inteligencia rudimentaria basada sobre las percepciones y la memoria de las mismas, que el hombre tiene en común con los animales. El Jónico indica los conceptos concretos elaborados sobre los primeros, el Corintio y el Compuesto las ideas generales y abstractas que provienen de las ideas más particulares y concretas, expresando respectivamente la imaginación, el juicio y la comprensión.
En cuanto al edificio simbólico, construido por los esfuerzos de la Inteligencia Individual, su forma afecta más bien la imagen de la Pirámide de la cual ya hemos hablado, que apoya su base tetragonal sobre la observación del mundo fenoménico, y desde el estudio de los hechos, por medio de los cuales llega a formarse sus conceptos, pasa a inferir y reconocer las Leyes que los gobiernan, y por éstas los Principios fundamentales y primordiales, representados por las ciencias matemáticas, es decir, en la comprensión de la Realidad Trascendente simbolizada en el punto que constituye el vértice de la Pirámide, el Oriente y el Origen primero de toda Verdad, como de toda Realidad.
Pasamos así desde el dominio de las ciencias naturales, que constituyen la parte inferior de la Pirámide de la Gnosis, al de las ciencias físicas y matemáticas que informan su parte media, y de éstas a las ciencias metafísicas por medio de las cuales se construye su parte superior, y sin las cuales quedaría truncada como la Torre de Babel, ejemplo típico de toda construcción que no se halla dirigida por la Sabiduría que proviene del conocimiento de las Causas y del discernimiento de lo Real”.[3]

Los cinco sólidos platónicos:
«La doctrina de los cuerpos platónicos es una alta enseñanza simbólica que se sitúa en el corazón de la Geometría y que, como tal, debe ser objeto de estudio por la Cámara de Compañero. Este es el espacio Ritual en que se propone el masón investigar la simbólica de las artes liberales a fin de avanzar en el conocimiento de sí mismo y del cosmos, de lo que las cosas son en verdad, a fin de efectivizar la conciencia de la unidad del Ser que la Iniciación promueve».[4]

La piedra cúbica:
P.: ¿Hay joyas en vuestra Logia?
R.: Sí, tres, una piedra bruta, una piedra cúbica y un gran óvalo (Manuscrito Wilkinson, 1696).
El cubo (uno de los cinco sólidos platónicos) representa algo que ha llegado a un cierto estado de consumación (el Compañero es ya un Obrero, ha dejado de ser un Aprendiz).
Por su forma, el cubo implica equilibrio, un estado “horizontal”, característico del Compañero.

Las «cinco Grandes Logias»:
Poéticamente, se le da esta denominación al Punto Creador Primordial, el Espacio de él emanado, con sus tres dimensiones, y el Tiempo.
Cada una de estas “Grandes Logias” es, por lo tanto, una “instancia” en la trama del Universo.

Las siete Ciencias y Artes Liberales:
Desde un punto de vista cabalístico, se considera que cada una de las siete Ciencias y Artes Liberales es la emanación de un poder “divino” diferente.
Podemos pensar que cada una de ellas corresponde a uno de los siete sephiroth de la manifestación, desde Chesed en adelante.
Desde una óptica social, debemos formular una necesaria aclaración. El término «liberales», es decir, practicadas por hombres libres, se opone a las profesiones «manuales», consideradas en el pasado como trabajo propio de esclavos.
Masónicamente esto no tiene sentido, ni tampoco corresponde a lo que era la actividad de un masón operativo.
Por lo tanto, si bien retenemos el término clásico «liberales», debemos entender que la actividad del masón, y más específicamente la del Compañero, es manual y liberal al mismo tiempo, y que ningún trabajo digno, sea manual o no, puede ser considerado como propio de esclavos.

La espiga de trigo:
En este grado representa la estabilidad productora y fecunda, fruto de la maduración llevada a cabo en el Aprendiz.
El mes de Abib (recordemos el nombre de Hiram), en el que comienza la primavera, es el “mes de las espigas”. Abib es realmente un término cananeo, que se reemplaza generalmente por el hebreo Nisán.

El pan:
Algunos consideran que el término francés para pan (pain) es el origen del vocablo compain, la matriz etimológica de «compagnon», «compagnonage»; relacionado con el latín cum panis, compañía, literalmente «con pan».
Los Compañeros son, por lo tanto, aquellos que comparten el pan, y aquí recordamos la ceremonia del ágape solsticial, en la que el pan se hace circular por toda la mesa, y cada Hermano toma una porción del mismo para sí.
Algunas ceremonias de ágape de la Masonería Operativa explican que, cuando se recibía a un Hermano visitante, se le ofrecían cinco vasos de vino y cinco platos de pan (recordar que el cinco es el número del Compañero). El visitante debía tomar una porción de pan de cada plato, para comerla, mientras que con el resto formaba una bola, aplastándola con el puño de la espada, al tiempo que pronunciaba frases rituales.
Finalmente, la bola en cuestión era esparcida por el suelo, en señal de ofrenda a los Hermanos del Oriente Eterno.

La cornucopia:
La cornucopia (del latín cornu, ‘cuerno’copĭa, ‘abundancia’), también conocida como cuerno de la abundancia, es un símbolo de prosperidad y afluencia que data del siglo V A. C.
En la mitología griega, la cabra Amaltea crio a Zeus con su leche. De niño, mientras jugaba con uno de sus rayos, Zeus rompió -sin querer- uno de los cuernos de la cabra. Para compensar a Amaltea, al cuerno roto se le confirió poder para que, a quien lo poseyera, se le concediese todo lo que deseara.
De ahí surgió la leyenda de la cornucopia. Las representaciones originales eran el cuerno de la cabra lleno de frutas y flores. A varias deidades, especialmente a Fortuna, se les representaba con el cuerno de la abundancia.

La Torre de Babel:
La Torre de Babel (en hebreo: מגדל בבל‎  Migdal Babel; en griego antiguo Πύργος τῆς Βαβέλ, Pirgos tēs Babel) fue una edificación clave en la tradición operativa.
De hecho, algunos afirman que, como símbolo, precedió al Templo de Salomón, que la reemplazó posteriormente.
La Torre de Babel es un monumento al esfuerzo del hombre, que desafía a los “dioses” en su lucha por alcanzar la Verdad.

La escalera de caracol:
El número de sus gradas es siempre impar, pues los pitagóricos los consideraban símbolos de la Perfección, a la que el Compañero aspira (es decir, la Maestría).
La escalera de caracol es, en último análisis, otra forma de la Torre de Babel.


La colmena:
Desde un punto de vista exotérico, se la toma como símbolo del trabajo y de la industria.
Sin embargo, esotéricamente la colmena representa el athanor alquímico, en el que se produce la miel (la Piedra Filosofal), considerada como un elemento orgánico incorruptible.
En los Antiguos Misterios la colmena fue siempre un símbolo de renacimiento, del pasar de la muerte a la vida.
Un dato curioso: las celdillas de la colmena tienen forma de hexágonos, polígono cuyos ángulos interiores valen 60° (por estar formado por 6 triángulos equiláteros; el mismo ángulo en el que, según algunos Rituales, se abre el compás en el grado de Compañero).

Las Tres Luces:
Algunos Old Charges dan de las Tres Luces (a las que califican de «Joyas Preciosas»), que ya estudiamos extensamente en el Aprendiz, nuevas interpretaciones.
Por ejemplo, el Edimburgh (1696), dice que representan «al Maestro, el Vigilante y el Compañero».
Lo curioso es que este último término, en lugar de Fellowcraft, está escrito, en una forma que parece humorística, como «setter croft».
Se dice que cada una de las tres luces «iluminan a los hombres hacia, en y desde su trabajo» (Manuscrito Dumfries, circa 1710).

El Maestro enciende su luz y dice: «Que la Sabiduría presida la construcción de nuestro Templo, por la Libertad».
El 1° Vigilante hace lo propio y dice: «Que la Fortaleza lo sostenga, por la Igualdad».
El 2° Vigilante enciende su luz y culmina: «Que la Belleza lo adorne, por la Fraternidad».
El Maestro sintetiza el rito agregando: «Que esta verdadera Luz que emana de tres luminarias diferentes manifieste en nosotros la Sabiduría, la Fortaleza y la Belleza del Gran Arquitecto del Universo, que preside, apoya y adorna este Templo particular que estamos elevando en su Nombre».

Las cinco luces:
Sobre la mesa del Maestro, en lugar del candelabro de tres brazos del Aprendiz, se coloca uno de cinco, el número del Compañero.
Junto con las tres luces del Altar Central y el Fuego del Oriente, completan nueve luces, lo que anticipa temas del grado de Maestro.
“Todo cuanto existe procede de la Unidad; es Dual en su naturaleza; Trino en manifestación; Cuádruple en su totalidad; Quinario cuando lo infunde la Vida”.

Los colores:
En algunos Rituales, tres de las cinco luces se pintan con colores específicos: la correspondiente a la Sabiduría de blanco, como emblema de la totalidad del conocimiento (por comprender el blanco todos los colores).
La de la Fortaleza de rojo, símbolo de actividad, movimiento, potencia y poder.
Y la de la Belleza de azul, emblema del Cielo infinito, que representa el amor hacia la Obra.
Se trata de una especie de “lectura esotérica” de la bandera francesa.

Las herramientas del grado
Si el Cuadro Modelo del Templo, como plano simbólico de la obra social a construir, plantea la finalidad del segundo grado, sus herramientas constituyen los medios a emplear para cumplir esta finalidad.
Recordemos que, en el Rito Francés Moderno, las herramientas le son entregadas al compañero durante los viajes de la ceremonia de adelanto, en los cuales, además, se le presentan a su consideración, determinados cometidos de estudio.
De acuerdo con el ritual del grado, éstos son los viajes, herramientas y cometido de estudio, relacionados entre sí:
Primer viaje: mazo y cincel, relacionados con los sentidos.
Representaba el primer año de estudios del neófito, que debía emplearse en conocer la calidad de los materiales con que se iba a edificar el templo simbólico y la manera de prepararlos. A tal propósito se le entregaban un mazo y un cincel para «quitar del alma las asperezas de la ignorancia y grabar en ella los principios inmutables de la masonería» (J. Ruiz, Ritual del Compañero…, o. c., p. 43). El primer material a preparar era el propio masón, por lo que se imponía el conocimiento de sus sentidos que le permitían «relacionarse con el mundo exterior y despertaban la actividad de las facultades del alma» (J. Ruiz, Ritual del Compañero…, o. c., p. 43).
Con el mazo y cincel se pretende "persistir en el desbastamiento de la piedra en bruto", con el fin de "preparar los elementos para el levantamiento del edificio". Para el efecto deben ejercitarse y educarse los sentidos con el fin de mejorar las facultades intelectuales y morales y así avanzar en el camino de perfeccionarmiento.

Segundo viaje: escuadra y compás, relacionados con el arte.
En el segundo viaje el mazo y el cincel se sustituían por una regla y un compás. Con la regla se indicaba que el masón debía ser justo, equitativo y recto en sus relaciones con los demás; y con el compás venía representarse la sabiduría, la prudencia y la circunspección.
La escuadra sirve para verificar que la piedra esté debidamente tallada, mientras que el compás permite descubrir progresivamente el mundo a partir de un centro. El trabajo conjunto de escuadra y compás facilita el logro de diversidad de figuras geométricas, para aguzar las facultades de imaginar, proyectar y realizar. A su vez, el uso de estos instrumentos con una perspectiva artística, permite concebir la forma del templo.

Tercer viaje: regla y palanca, relacionadas con la ciencia.
Avanzado en la ceremonia se obligaba a realizar un tercer viaje al iniciando, en el que se le entregaban una regla y una palanca. La lección principal de este tercer viaje consistía en hacerle comprender que la enseñanza de las artes liberales estaba llamada a dirigir la acción de las facultades humanas. El Venerable, en presencia de grabados que representaban las distintas ciencias y artes, explicaba elementalmente el objeto científico de las siguientes materias: Gramática, Retórica, Lógica, Aritmética, Geometría, Astronomía y Música, incluyendo en algunos rituales Trigonometría, Navegación, Arquitectura, Agrimensura y otras varias técnicas y ciencias. Este tercer viaje era un verdadero canto al poder de la ciencia y del arte, en cuanto tenían de humanizador frente a la ignorancia que esclavizaba a los pueblos, por ello los grandes científicos y artistas se presentaban como verdaderos modelos de identidad al futuro compañero.
La regla graduada sirve para trazar los planos del templo, verificando que cada elemento ocupe el lugar correcto dentro del todo. "La palanca multiplica la fuerza y permite poner en movimiento los pesos y bloques más grandes a condición de un punto de apoyo adecuado.", por lo que constituye un símbolo de la reflexión y de la voluntad para llevar a término un obra, así como de la fuerza y eficiencia con miras a conseguir un objetivo. Pero todo esto supone un conocimiento científico de las cosas, con el fin de utilizar la regla y la palanca para mover y colocar cada elemento que constituirá la estructura del templo.

Cuarto viaje: nivel y plomada, relacionados con la humanidad.
Para realizar el cuarto viaje se proveía al recipiendiario de una regla y de una escuadra. En el lenguaje de metáforas arquitectónicas propio de la masonería, estos instrumentos servían para colocar unas piedras talladas junto a otras de forma que sus aristas coincidiesen. De nada serviría poseer los conocimientos y virtudes si no se colocaban unos junto a otros, para que el vicio y la duda ignorante no encontrasen huecos donde poder ocultarse. Dicho de otro modo, después de haber estudiado las artes liberales, la cuarta etapa de los trabajos del compañero debía empezar con la aplicación de estos conocimientos en bien de la sociedad (E. Caballero de Puga, Ritual Escocés del Compañero…, o. c., p. 38). En el cuarto viaje se presentaban los nombres de Solón, Sócrates, Jenofonte, Platón, Licurgo, Pitágoras. La selección de nombres obedecía, a que eran filósofos que habían creado escuelas o academias, en cierto sentido iniciáticas, para exponer su filosofía esotérica.
La plomada y el nivel, representativas, respectivamente, de la verticalidad y la horizontalidad, se complementan para comprobar la calidad del trabajo de la construcción, tanto al nivel de unas bases perfectamente planas, como de unos muros que cumplan con una perfecta verticalidad, para que el edificio masónico se asiente debidamente en el conjunto de la humanidad, para el beneficio de ésta.

Quinto viaje: llana, relacionada con la glorificación del trabajo.
Durante el quinto y último viaje el aspirante llevaba las manos libres sin ningún instrumento, pero conservaba durante la ceremonia el mandil de aprendiz. Con ello se quería representar la libertad social, a la que solo debía tener acceso el hombre que trabajaba moral y materialmente en beneficio de sus semejantes. Al terminar el viaje se mostraba al iniciando el cuadro del templo masónico en grado de compañero, que significaba el Universo, verdadero templo del Gran Arquitecto, que sólo era posible construir por medio de la virtud, la ciencia y el trabajo. El Experto llamaba la atención sobre la Estrella Flamígera, en cuyo centro destacaba la letra G. Todos los rituales se esforzaban en dar su versión sobre el significado de esta enigmática letra.
La llana, atributo del constructor, sirve para unificar los elementos y pulir las diferencias, con el fin de pulir, afinar y enlucir el edificio, como una glorificación al trabajo, teniendo en cuenta que el propósito de unión y de supresión de las desigualdades, no solo es aplicable a la construcción material sino a la construcción social, sobre la base del trabajo, que mejora al hombre y a la sociedad.
Cabe resaltar que las herramientas, entendidas como medios para cumplir con la finalidad del grado, de construir una edificación social, van cumpliendo etapas progresivas que van desde la preparación de los materiales, la verificación del debido escuadramiento de las piedras y de la ubicación del entorno de la edificación y de los materiales dentro de ésta, así como su debida colocación, para luego comprobar la horizontalidad y verticalidad de la construcción y concluir con el enlucido final.
Pero también se da un proceso interior y gradual dentro del constructor, razón por la que el Venerable Maestro afirma: "Para ser recibidos compañeros, ustedes deben pasar de la Columna "J" a la Columna "B", es decir, de la claridad lunar a la claridad solar, de la plomada al nivel, del estado de la piedra en bruto al de la piedra cúbica piramidal, del estudio al conocimiento. Después de descubrir su propio ser interior, ustedes avanzarán por etapas hacia el descubrimiento de los otros seres, utilizando para ello las nuevas herramientas simbólicas."


FUENTES:
ppt del Dr. Jorge Norberto Cornejo