Serie:
Ciudad de sombras
El disparador para analizar esta serie fue la fuerte mención
de la masonería:
Cap. 1 menciona
al asesino, entre la hipótesis integrante de sociedades masónicas.
Cap. 2 Un listado
masónico. Estando en la biblioteca libros sobre la masonería.
Aparece en la
vereda una marca G (Gaudí o masónico).
1. La ciudad como templo iniciático
Barcelona no es solo escenario: funciona como un
cuerpo simbólico, con sus callejones húmedos, fachadas monumentales y luces
mortecinas que evocan el tránsito entre planos de conciencia.
La Pedrera, lugar clave en la trama, se convierte en axis
mundi, un punto de intersección entre lo visible y lo oculto, entre lo
histórico y lo ritual.
2. El ojo brillante como símbolo
El ojo que aparece en la imagen puede interpretarse
como el Ojo del Vigilante, símbolo de conciencia superior, vigilancia
espiritual o incluso reminiscencia del Ojo de Horus.
En clave masónica, podría representar la presencia del Gran
Arquitecto, que observa el deterioro moral de los personajes desde lo alto, sin
intervenir.
3. El protagonista como iniciado
Verónica Echegui encarna a una investigadora que no
solo busca resolver crímenes, sino descifrar signos, rastrear huellas del
pasado y enfrentarse a sus propias sombras.
Su recorrido por la ciudad es un viaje de descenso,
enfrentando pruebas, revelaciones y traiciones que la transforman.
4. Crimen como ritual profano
Los asesinatos no son meros actos violentos: están cargados
de simbolismo, conectados con la memoria colectiva, la arquitectura y el poder
oculto.
La serie sugiere que detrás de cada crimen hay una
estructura invisible, una lógica ritual que reproduce patrones de sacrificio y
purificación.
5. La atmósfera como espejo del alma
La densidad visual –reflejos metálicos, luces apagadas, aire
detenido- no solo ambienta: refleja el estado interno de los personajes,
atrapados entre culpa, deseo y redención.
El tiempo parece suspendido, como en los rituales, donde lo
cronológico cede ante lo simbólico.
Conexiones con la tradición esotérica
Mircea Eliade hablaría de la ciudad como espacio
sagrado degradado, donde lo profano aún conserva vestigios de lo numinoso.
Paul Ricoeur podría ver en la serie una narración que
articula memoria, identidad y trauma, como un ritual de reconfiguración del yo.
Maurice Halbwachs resonaría en la forma en que la
serie explora la memoria colectiva a través de la arquitectura y el crimen.
Lectura Alquímica
La trama como opus alchemicum: cada crimen es una
etapa del proceso alquímico.
·
Nigredo: la oscuridad inicial, la corrupción y
el crimen.
·
Albedo: la purificación a través de la
investigación, la búsqueda de claridad.
·
Rubedo: la revelación final, donde la verdad se
manifiesta y el iniciado alcanza la transmutación interior.
El ojo como athanor: el horno alquímico donde las
pasiones y las sombras se transforman en conocimiento. Su brillo indica el
fuego secreto que consume y purifica.
Los personajes secundarios: funcionan como sustancias
o metales imperfectos que deben ser transmutados: el plomo de la corrupción, la
plata de la memoria, el oro de la verdad.
Lectura Mitológica
Descenso al inframundo: la protagonista encarna a una
Perséfone moderna, que desciende a las sombras de la ciudad para rescatar la
memoria y confrontar a Hades (el crimen, la violencia, el poder oculto).
El ojo como símbolo solar: recuerda al ojo de Ra o al
ojo de Horus, guardianes que vigilan el equilibrio entre caos y orden. Su
presencia marca la lucha entre fuerzas ctónicas y solares.
La ciudad como laberinto: evocando el mito del
Minotauro, los crímenes son pruebas dentro de un laberinto urbano. El
investigador es Teseo, guiado por el hilo de Ariadna (la memoria, las pistas,
los símbolos).




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