Claves para entender a los Maestros

02 febrero 2017

DOCUMENTOS MASÓNICOS: MANUSCRITO REGIUS 1390 e∴v∴

MANUSCRITO REGIUS
1390 ev


El manuscrito Regius data de alrededor del año 1390. Fue publicado en 1840 por James O. Halliwell, se hace mención a él en un inventario de la biblioteca John Theyer realizado en 1670. Ésta biblioteca fue vendida a Robert Scott, constando en un nuevo inventario realizado con tal motivo en 1678. El manuscrito perteneció después a la Biblioteca Real hasta 1757, de donde tomó el nombre de “Regius” (Real), fecha en la que fue donado por el rey Jorge II al Museo Británico, donde permanece.

El Manuscrito Regius se compone de las siguientes partes:
1.- Fundación de la Masonería en Egipto por Euclides.
2.- Introducción de la Masonería en Inglaterra bajo el reinado de Adelstonus (rey sajón, 925-939).
3.- Los Deberes: quince artículos.
4.- Los Deberes: quince puntos.
5.- Relato de los Cuatro Coronados.
6.- Relato de la Torre de Babel.
7.- Las siete artes liberales.
8.- Exhortación sobre la misa y cómo conducirse en la iglesia.
9.- Instrucción sobre las buenas maneras.

Aquí comienzan los Estatutos del Arte de la Geometría según Euclides:


Quienquiera que bien desee leer y buscar,
Podrá hallar escrito en un viejo libro
De grandes señores y damas la historia,
Que, ciertamente, muchos hijos tenían;
Pero no poseían tierras para vivir de ellas,
Ni en la ciudad, ni en los campos o los bosques;
Un consejo les dieron a todos ellos:
Para decidir en bien de estos niños,
Acerca de cómo podrían ganarse la vida
Sin grandes penurias, cuitas ni luchas;
Y también para la multitud que llegará,
Algunos de ellos fueron enviados
A buscar grandes clérigos,
Para que les enseñaran buenos oficios;
Y nos les rogamos, por el amor de nuestro Señor,
Para que nuestros hijos encontraran trabajo,
Y pudieran así ganarse la vida,
De forma honesta y muy segura.
Ya en aquellos tiempos, por la buena geometría,
Este honesto oficio que es la masonería
Fue ordenado y creado de tal manera,
Concebido por todos estos clérigos;
Gracias a sus oraciones ellos inventaron
La geometría.
Y le dieron el nombre de masonería
Al más honrado de todos los oficios.
Los hijos de estos señores se aplicaron
En el aprendizaje del oficio de la geometría,
Lo cual hicieron muy cuidadosamente;
La oración de los padres, y también de las madres,
Les puso en este honrado oficio,
Y aquel que mejor lo aprendía, y era honesto,
Y superaba en atención a sus compañeros,
Si en este oficio les aventajaba,
Debía ser más honrado que el último.
Este gran clérigo se llamaba Euclides,
Su nombre era conocido en todo el mundo.
Pero este gran clérigo ordenó
A quien más elevado estaba en este grado,
Que debía enseñar a los más simples de espíritu
Para ser perfecto en este honrado oficio;
Y así debían instruirse el uno al otro,
Y amarse juntos como hermano y hermana.
También ordenó que
Maestro debía ser llamado;
A fin de que fuera más honrado,
Debía ser así entonces tratado;
Pero jamás masones deben llamar a otro,
En el seno del oficio entre ellos,
Ni sujeto, ni servidor, mi querido hermano,
Aunque sea menos perfecto que otro;
Cada uno llamará a los demás compañeros con amistad,
Pues de nobles damas han nacido.
De esta forma, por la buena ciencia de la geometría,
Comenzó el oficio de la masonería;
Así fundó el clérigo Euclides,
Este oficio de geometría en tierras de Egipto.
En Egipto a todos lo enseñó,
Y en distintos países de todas partes,
Durante muchos años, según he oído,
Antes de que el oficio llegara a este país.
Este oficio llegó a Inglaterra, como os he dicho,
En los días del buen rey Adelstonus;
Hizo entonces construir muchas casas en el bosque,
Y altos templos de gran renombre,
Para gozar de ellos día y noche.
Este buen señor amaba mucho el oficio,
Y quiso mejorar todas sus partes,
Por las muchas faltas que en él encontró.
Envió a través del país
Decir a todos los masones del oficio,
Venir a él sin tardanza,
Para enmendar juntos tales defectos
Con buenos consejos, si fuera posible.
Un buen grupo reunió entonces
De diversos señores, en su rango,
Duques, condes y también barones,
Caballeros, escuderos y muchos otros,
Y los grandes burgueses de la ciudad,
Cada uno en su propio rango;
Allí estaban todos juntos,
Para fundar el estatuto de los masones.
Con todo su espíritu buscaban
Cómo podrían ser gobernados;
Quince artículos quisieron producir,
Y otros quince puntos fueron creados.



AQUÍ COMIENZA EL ARTÍCULO PRIMERO:


El primer artículo de esta geometría:
El maestro masón debe ser digno de confianza
A la vez constante, leal y sincero,
Y jamás tendrá nada que lamentar;
Y pagará a sus compañeros según el coste
De las vituallas, que tú bien conoces;
Y págales justamente, y de buena fe,
Lo que puedan merecer;
Y evita, por amor o por temor,
Que ninguna de las partes acepte ventajas,
Ni del señor ni del compañero, sea cual sea,
De ellos no aceptes ningún tipo de prebendas;
Y como un juez mantente íntegro,
Y entonces a ambos harás buen derecho;
Y en verdad haz esto allá donde te encuentres,
Tu honor, tu provecho, será el mejor.



ARTÍCULO SEGUNDO:


El segundo artículo de buena masonería,
Como vos debéis entender especialmente,
Que todo maestro, que sea masón,
Debe asistir a la asamblea general,
Para lo cual le será comunicado
El lugar en que se celebrará.
Y a esta asamblea debe acudir,
Salvo si hay una excusa razonable,
O sea desobediente al oficio,
O se abandone a la mentira,
O esté tan gravemente enfermo
Que no pueda venir a ella;
Ésta es una excusa buena y válida,
Para esta asamblea, si es sincera.



ARTÍCULO TERCERO:


En verdad, el tercer artículo es
Que el maestro no tome aprendiz,
Salvo si puede asegurarle alojamiento
Con él por siete años, como os digo,
Para aprender su oficio, y que le sea de provecho;
En menos tiempo no será apto
Ni provechoso para su señor, ni para él,
Como podéis comprender por buena razón.



ARTÍCULO CUARTO:


El cuarto artículo éste debe ser,
Que el maestro debe vigilar,
En no tomar a un siervo como aprendiz,
Ni embaucarle por su propio bien;
Pues el señor al que está ligado
Bien puede buscar aprendiz donde quiera.
Si en la logia fuera enseñado
Mucho desorden podría causar,
Y en tal caso podría ocurrir
Que algunos se entristecieran, o todos.
Pues todos los masones que serán
Todos unidos estarán.
Si un siervo en el oficio permaneciese,
De diversos desórdenes os podría hablar:
Para tener paz, y honestidad,
Tomad un aprendiz de mejor condición.
En un antiguo escrito encuentro
Que el aprendiz debe ser de noble nacimiento;
Y así, muchas veces, hijos de grandes señores
Han adoptado esta geometría, que es muy buena.



ARTÍCULO QUINTO:


El quinto artículo es muy bueno,
Que el aprendiz sea de legítimo nacimiento;
El maestro no debe, bajo ningún pretexto,
Tomar un aprendiz que sea deforme;
Ello significa, como veréis,
Que todos sus miembros estén enteros;
Para el oficio sería gran vergüenza,
Formar a un hombre estropeado, o a un cojo,
Pues un hombre imperfecto de nacimiento
Sería poco útil al oficio.
Cada uno puede comprenderlo,
El oficio quiere hombres potentes,
Y un hombre mutilado no tiene fuerza,
Como sabéis desde hace tiempo.



ARTÍCULO SEXTO:


Al sexto artículo no debéis faltar,
Que el maestro no perjudique a su señor,
Tomando del señor para el aprendiz,
Tanto como reciben sus compañeros, en todo,
Pues en este oficio se han perfeccionado,
Pero aún no el aprendiz, como comprenderéis,
Así que sería contrario a la buena razón
Dar igual salario a él y a los compañeros.
Este mismo artículo, en tal caso,
Ordena que el aprendiz gane menos
Que sus compañeros, que son perfectos.
En diversos puntos, sabed en cambio,
Que el maestro puede instruir a su aprendiz,
Para que su salario crezca rápidamente,
Y antes de que haya terminado su aprendizaje
Su salario habrá en mucho mejorado.



ARTÍCULO SÉPTIMO:


El séptimo artículo, que ya está aquí,
Os dirá a todos vosotros,
Que ningún maestro, ni por favor ni por miedo,
Debe vestir o alimentar a ningún ladrón.
Jamás albergará a ninguno de ellos,
Ni a quien haya matado a un hombre,
Ni a quien tenga mala reputación,
Pues traerá vergüenza al oficio.



ARTÍCULO OCTAVO:


El octavo artículo nos muestra
Lo que el maestro tiene derecho a hacer.
Si emplea a un hombre del oficio,
Y no es tan perfecto como debiera,
Puede sin tardanza reemplazarlo,
Y tomar en su lugar a un hombre más perfecto.
Por imprudencia, un hombre así
Podría deshonrar el oficio.



ARTÍCULO NOVENO:


Muy bien muestra el noveno artículo
Que el maestro debe ser fuerte y sabio;
Que no emprenda ninguna obra
Que no pueda acabar y realizar;
Y que sea provechoso a sus señores,
Así como a su oficio, allí donde vaya.
Y que las obras estén bien construidas,
Para que ni fisuras ni brechas haya.



ARTÍCULO DÉCIMO:


El décimo artículo sirve para hacer saber,
A todos los del oficio, grandes o modestos,
Que ningún maestro debe a otro suplantar,
Sino estar juntos como hermana y hermano.
En este oficio singular, todos, unos y otros,
Trabajan para un maestro masón.
No debe él suplantar a ningún hombre
Que encargado esté de un trabajo.
El castigo por ello es muy duro,
No vale menos de diez libras,
A menos que sea hallado culpable
Aquel que primero tenía el trabajo.
Pues ningún hombre en masonería
Debe suplantar a otro impunemente,
Salvo si de tal manera ha construido
Que la obra se reduce a nada;
Puede entonces un masón pedir este trabajo,
Para no perjudicar al señor;
En tal caso, si ocurriera,
Ningún masón se opondría.
En verdad, quien ha comenzado las obras,
Si es un masón hábil y sólido,
Tiene la seguridad en su espíritu
De llevar la obra a buen fin.



ARTÍCULO DECIMOPRIMERO:


El decimoprimero artículo, te lo digo yo,
Es a la vez justo y libre;
Pues enseña, con firmeza,
Que ningún masón debe trabajar de noche,
A menos de dedicarse al estudio,
Por el cual podrá mejorar.



ARTÍCULO DECIMOSEGUNDO:


El decimosegundo artículo es de gran honradez
Pues todo masón, allá donde se encuentre,
No debe despreciar el trabajo de sus compañeros
Si quiere mantener su honor;
Con honestas palabras lo aprobará,
Gracias al espíritu que Dios le ha dado;
Pero mejorándolo con todo tu poder,
Sin ninguna duda entre los dos.



ARTÍCULO DECIMOTERCERO:


El artículo trece, que Dios me ayude,
Es que si el maestro tiene un aprendiz,
Le enseñará de manera completa,
Para que muchas cosas pueda aprender
Y así mejor conozca el oficio,
Allí donde vaya bajo el sol.



ARTÍCULO DECIMOCUARTO:


El artículo catorce, con buenas razones,
Muestra al maestro cómo actuar;
No debe tomar aprendiz
A menos de tener diversas tareas por cumplir,
Para que pueda, mientras duren,
Aprender mucho de él.



ARTÍCULO DECIMOQUINTO:


El decimoquinto artículo es el último;
Pues para el maestro es un amigo;
Le enseña que hacia ningún hombre
Debe adoptar un falso comportamiento,
Ni seguir a sus compañeros en el error,
Por muchos bienes que pueda conseguir;
Ni permitir que hagan falsos juramentos,
Por cuidado de sus almas,
So pena de atraer la vergüenza al oficio,
Y sobre sí mismo una severa culpa.



DIVERSOS ESTATUTOS:


En esta asamblea otros puntos fueron adoptados,
Por grandes señores, y también maestros,
Que el que quiera conocer este oficio y abrazarlo,
Debe amar a Dios y a la santa Iglesia siempre,
Y a su maestro también, por lo que es,
Allá donde vaya, por campos y bosques,
Y ama también a tus compañeros,
Pues es lo que tu oficio quiere que hagas.



PUNTO SEGUNDO:


El segundo punto os voy a decir,
Que el masón trabaje el día laborable
Tan concienzudamente como pueda,
A fin de merecer su salario el día de descanso,
Pues quien verdaderamente ha hecho su trabajo
Merece tener su recompensa.



PUNTO TERCERO:


El tercer punto debe ser severo
Con el aprendiz, sabedlo bien,
El consejo de su maestro debe guardar y ocultar,
Y el de sus compañeros, de buen talante;
De los secretos de la cámara a nadie hablará,
Ni de la logia, se haga lo que se haga;
Aunque creas que debes hacerlo,
A nadie digas dónde vas;
Las palabras de la sala, y también las del bosque,
Guárdalas bien, por tu honor,
De lo contrario sobre ti el castigo caerá,
Y al oficio grande vergüenza traerás.



PUNTO CUARTO:


El cuarto punto nos enseña,
Que ningún hombre a su oficio será infiel;
Error alguno le entretendrá
Contra el oficio, pues a él renunciará,
Y ningún perjuicio causará
A su maestro, ni a su compañero;
Y aunque el aprendiz sea tratado con respeto,
Siempre está sometido a la misma ley.



PUNTO QUINTO:


El quinto punto es, sin duda,
Que cuando el masón cobre su paga
Del maestro, que él atribuya,
Humildemente aceptada debe ser;
Sin embargo justo es que el maestro,
Antes del mediodía, le advierta formalmente
Si no tiene intención de emplearle,
Como antaño se acostumbraba hacer;
Contra esta orden no puede rebelarse,
Si reflexiona bien, es en su interés.



PUNTO SEXTO:


El sexto punto debe ser bien conocido,
De todos, grandes y modestos,
Pues un tal caso puede ocurrir;
Que entre algunos masones, si no todos,
Por envidia u odio mortal,
Estalle una gran pelea.
Entonces debe el masón, si puede,
Convocar a ambas partes un día fijado;
Pero este día no harán las paces,
Antes de finalizar la jornada de trabajo;
Un día de permiso debéis encontrar
Para dar oportunidad a la reconciliación,
Por temor a que siendo un día laborable
La disputa les impida trabajar;
Haced de manera que acabe la riña,
Para que permanezcan en la ley de Dios.



PUNTO SÉPTIMO:


El séptimo punto bien podría decir,
Como tan larga es la vida que el Señor nos da,
Y así claramente se reconoce,
Que no yacerás con la mujer de tu maestro,
Ni de tu compañero, de ninguna manera,
Bajo pena de incurrir en el desprecio del oficio;
Ni con la concubina de tu compañero,
Así como no querrías que lo hiciera con la tuya.
El castigo por ello, sábelo bien,
Es permanecer de aprendiz por siete años completos,
Quien falte a una de estas prescripciones
Debe ser entonces castigado;
Pues gran preocupación podrá nacer
De tan odioso pecado mortal.



PUNTO OCTAVO:


El octavo punto es, seguro,
Que aunque algún cargo hayas recibido,
A tu maestro queda fielmente sometido,
Pues jamás lamentarás este punto;
Un fiel mediador debes ser
Entre tu maestro y tus compañeros libres;
Haz lealmente cuanto puedas
Hacia ambas partes, y ésta es buena justicia.



PUNTO NOVENO:


El noveno punto se dirige a aquel
Que es el intendente de nuestra sala;
Si os encontráis juntos en la cámara
Servios uno al otro con calmada alegría;
Gentiles compañeros, debéis saberlo,
Cada uno ha de ser intendente por turnos,
Semana tras semana, sin ninguna duda,
Todos a su vez intendentes deben ser,
Para servirse unos a otros, amablemente,
Como si fueran hermano y hermana;
Nadie se permitirá los gastos de otro,
Ni se librará de ellos en su beneficio,
Pues cada hombre tendrá la misma libertad
En este cargo, como debe ser;
Mira de pagar siempre a todo hombre
A quien hayas comprado las vituallas,
A fin de que no te haga ninguna reclamación,
Ni a tus compañeros, en cualquier grado;
A todo hombre o mujer, sea quien sea,
Paga bien y honestamente, así lo queremos;
A tus compañeros darás cuenta exacta
Del buen pago que has hecho,
Por temor a meterles en un aprieto,
Y de exponerles a la vergüenza.
Siempre cuentas debes dar
De todos los bienes adquiridos,
De los gastos que hagas en bien de tus compañeros,
Del lugar, las circunstancias y el uso;
Estas cuentas debes dar
Cuando te lo pidan tus compañeros.



PUNTO DÉCIMO:


El décimo punto muestra la buena vida,
Cómo vivir sin preocupaciones ni peleas;
Si el masón lleva una mala vida,
Y en su trabajo no es honrado,
Y busca malas excusas,
Injustamente podrán a sus compañeros difamar,
Y por tales infames calumnias
Atraer la vergüenza sobre el oficio.
Si así a éste deshonra,
No le debéis favor alguno,
Ni mantenerle en su mala vida,
Por miedo a caer en fracaso y conflicto;
Pero no le deis plazo alguno
Hasta no haberle citado
A comparecer dónde bien os parezca;
En el lugar acordado, de grado o por fuerza,
A la próxima asamblea le convocaréis,
Para comparecer ante sus compañeros;
Y si rechaza allí acudir,
Se le hará renunciar al oficio;
Castigado será según la ley
Que fue establecida en los tiempos antiguos.



PUNTO DECIMOPRIMERO:


El decimoprimero punto es de buena discreción,
Como podréis comprender por buena razón;
Un masón que conoce bien su oficio,
Que a su compañero ve tallar una piedra,
Y que a punto está de romperla,
Ha de cogerla tan pronto pueda,
Y mostrarle cómo corregirla;
Para que la obra del señor no se estropee,
Muéstrale dulcemente cómo corregirla,
Con buenas palabras, que Dios te guarde;
Por el amor de quien mora en lo alto,
Con dulces palabras nutre su amistad



PUNTO DECIMOSEGUNDO:


El decimosegundo punto es de gran autoridad,
Allí donde la asamblea se celebrará,
Habrá maestros, y compañeros también,
Y otros muchos grandes señores;
Estará el juez de la comarca,
Y también el alcalde de la villa,
Y habrá caballeros y escuderos,
Y además magistrados, como veréis;
Todas las ordenanzas que allí se adopten
Se han acordado para ser respetadas;
Contra cualquier hombre, sea quien sea,
Que pertenezca al oficio bello y libre,
Si alguna querella hace contra ellas,
Detenido será y puesto a vigilar.



PUNTO DECIMOTERCERO:


El decimotercero punto requiere de toda nuestra voluntad,
Él jurará no robar jamás,
Ni ayudar a quien trabaje en este mal oficio,
Por ninguna parte de su botín,
Saberlo debes, o pecarás,
Ni por su bien, ni por el de su familia.




PUNTO DECIMOCUARTO:


El decimocuarto punto es ley excelente
Para aquel que bajo su temor esté;
Un buen y verdadero juramento debe prestar,
A su maestro y compañeros que aquí están;
También fiel debe ser, y constante,
A todas las ordenanzas, vaya donde vaya,
Y a su señor leal al rey,
Por encima de todo ha de ser fiel.
Sobre todos estos puntos
Debes tú prestar juramento;
Y el mismo prestarán todos
Los masones, por las buenas o por las malas,
Sobre todos estos puntos,
Así lo establece una excelente tradición.
Y de cada hombre averiguaran
Si los pone bien en práctica,
O si alguien es reconocido culpable
Sobre uno de estos puntos en particular;
Que se le busque, sea quien sea,
Y que sea llevado ante la asamblea.



PUNTO DECIMOQUINTO:


El decimoquinto punto es excelente tradición,
Para aquellos que han prestado juramento
A esta ordenanza, llevada a la asamblea
De grandes señores y maestros, como se ha dicho;
Para los desobedientes, yo lo sé,
A la presente constitución,
Y a los artículos que han sido promulgados,
Por grandes señores y masones juntos,
Y siendo sus faltas probadas
Ante esta asamblea, con celeridad,
Y si no quieren corregirse,
Deberán entonces abandonar el oficio,
Y jurar jamás volver a ejercerlo.
Salvo si aceptan enmendarse,
Jamás tomarán parte en él;
Y si se negaran a ello,
El juez sin tardanza los detendrá,
Y en un calabozo profundo los encerrará,
A causa de su trasgresión,
Y confiscará sus bienes y su ganado
En provecho del rey, en su totalidad,
Y tanto tiempo allí les dejará
Como plazca a nuestro amado rey.



EL ARTE DE LOS CUATRO CORONADOS:


Oremos ahora al Dios Omnipotente,
Y a su radiante madre María,
A fin de que podamos seguir estos artículos
Y los puntos, todos juntos,
Como hicieron los cuatro santos mártires,
Que en este oficio tuvieron gran estima;
Fueron ellos tan buenos masones
Como pueda hallarse sobre la tierra,
Escultores e imagineros también eran,
Por ser de los obreros mejores,
Y en gran estima el emperador los tenía;
Deseó éste que hicieran una estatua
Que en su honor se venerara;
Tales monumentos en su tiempo poseía
Para desviar al pueblo de la ley de Cristo.
Pero ellos firmes permanecieron en la ley de Cristo,
Y sin compromisos en su oficio;
Amaban bien a Dios y a su enseñanza,
Y se habían volcado a su servicio para siempre.
En aquel tiempo fueron hombres de verdad,
Y rectamente vivieron en la ley de Dios;
Ídolos se negaron a erigir,
Y por muchos beneficios que pudieran reunir;
No tomaron a este ídolo por su Dios
Y rechazaron su construcción, pese a su cólera;
Por no renegar de su verdadera fe
Y creer en su falsa ley,
Sin demora el emperador los hizo detener,
Y en una profunda cárcel los encerró;
Más cruelmente les castigaba,
Más en la gracia de Dios se regocijaban.
Viendo entonces que nada podía
Les dejó ir a la muerte;
Quien lo desee, en el libro puede leer
De la leyenda de los santos,
Los nombres de los cuatro coronados.
Su fiesta es bien conocida por todos,
El octavo día tras Todos los Santos.
Escuchad lo que he leído,
Que muchos años después, con gran espanto,
El diluvio de Noé fue desencadenado,
La torre de Babilonia comenzó a erigirse,
La más grande obra de cal y piedra
Que jamás hombre alguno haya visto;
Tan alta y grande fue pensada
Que siete mil su altura sombra arrojaba;
El rey Nabucodonosor la hizo construir
Tan potente para la defensa de sus hombres,
Que si un tal diluvio ocurriera
La obra sumergir no pudiera;
Pero tan fiero orgullo tenían, y tanta jactancia,
Que todo el trabajo se perdió;
Un ángel les castigó sus lenguas dividiendo,
Y así nunca más uno al otro se comprendieron.
Muchos años más tarde, el buen clérigo Euclides
El oficio de geometría enseñó por el mundo,
Y en este tiempo hizo tambié
Diversos oficios en gran número.
Por la alta gracia del Cristo en el cielo.
Las siete ciencias fundó;
Gramática es la primera, lo sé,
Dialéctica la segunda, me congratulo,
Retórica la tercera, que no se niegue,
Música la cuarta, os lo digo,
Astronomía es la quinta, por mis barbas,
Aritmética la sexta, sin duda alguna,
Geometría la séptima, y cierra la lista,
Pues es muy humilde y cortés.
En verdad, la Gramática es la raíz,
Todos la aprenden en el libro;
Pero el arte supera este nivel,
Como del árbol el fruto es mejor que la raíz;
La Retórica mide un lenguaje esmerado,
Y la Música es un suave canto;
La Astronomía da el nombre, querido hermano,
La Aritmética demuestra que una cosa es igual a otra,
La Geometría es la ciencia séptima,
Y distingue la verdad de la mentira, lo sé;
Quien de estas siete ciencias se sirva,
Bien puede ganar el cielo.
Ahora, mis queridos hijos, tened buen espíritu
Para apartar el orgullo y la codicia,
Y aplicaos a bien juzgar,
Y a bien conducíos, allá donde estéis.
Os pido ahora mucha atención,
Pues esto debéis saber,
Pero mucho mejor aún
Que como aquí está escrito.
Si para ello te falta inteligencia,
Pide a Dios que te la conceda;
Pues el mismo Cristo nos enseña
Que la santa iglesia es la casa de Dios,
Y no para otra cosa está hecha
Sino para orar, como la Escritura nos dice;
Es allí donde el pueblo debe congregarse
Para orar y llorar sus pecados.
Trata de no llegar tarde a la iglesia,
Por haber tenido en la puerta palabras libertinas;
Cuando a ella estés en camino
Ten en la mente en todo instante
Venerar a tu señor Dios día y noche,
Con todo tu espíritu, y toda tu fuerza.
Al llegar a la puerta de la iglesia
Tomarás un poco de agua bendita,
Pues cada gota que toques
Limpiará un pecado venial, sábelo cierto.
Pero antes debes descubrir tu cabeza,
Por el amor de aquel que murió en la cruz.
Cuando entres en la iglesia,
Eleva hacia Cristo tu corazón;
Alza entonces los ojos a la cruz,
Y arrodíllate sobre las dos rodillas;
Ora entonces para que Él te ayude a obrar
Según la ley de la santa iglesia,
Y a guardar los diez mandamientos
Que Dios a todos los hombres legó.
Y ruégale con voz dulce
Que te libre de los siete pecados,
A fin de que en esta vida puedas
Mantenerte lejos de preocupaciones y querellas;
Y que te dé además la gracia
Para un lugar encontrar en la beatitud del cielo.
En la santa iglesia abandona las palabras frívolas
Del lenguaje lascivo, y las bromas obscenas,
Y deja de lado toda vanidad,
Y di tu Padre Nuestro y tu Ave;
Vigila de no hacer ruido,
Más estate siempre en oración;
Pero si no quieres rezar,
No molestes al prójimo de ninguna manera.
En este lugar no estés ni de pie ni sentado,
Sino en el suelo bien arrodillado,
Y cuando yo lea el Evangelio,
Álzate, sin apoyarte en los muros,
Y persígnate si sabes hacerlo
Cuando se entone el gloria tibi;
Y cuando acabe la lectura,
De nuevo puedes arrodillarte,
Y caer sobre tus dos rodillas,
Por amor a quien a todos nos ha redimido;
Y cuando oigas sonar la campana
Que anuncia el santo sacramento,
Debéis arrodillaos, jóvenes y viejos,
Y elevar las manos al cielo,
Para entonces decir en esta actitud,
En voz baja y sin hacer ruido:
“Señor Jesús, sé bienvenido,
En forma de pan, como te veo,
Ahora Jesús, por tu santo nombre,
Protégeme del pecado y de la culpa;
Dame la absolución y la comunión,
Antes de que me vaya de aquí,
Y sincero me arrepiento de mis pecados,
A fin, Señor, de que jamás muera en este estado;
Y tú, que de una virgen has nacido,
No sufras porque me haya perdido;
Más cuando de este mundo haya partido,
Otórgame la beatitud sin fin;
¡Amén! ¡Amén! ¡Así sea!
Y ahora, dulce dama, orad por mí”.
He aquí lo que has de decir, o algo parecido,
Cuando te arrodilles ante el sacramento.
Si buscas tu bien, no ahorres nada
Para venerar a quien todo lo ha creado;
Pues para un hombre es un día de alegría,
Que una vez ese día pueda verle;
Es algo tan precioso, en verdad,
Que nadie puede ponerle precio,
Pues tanto bien hace esta visión.
Como dijo san Agustín muy justamente,
El día en que veas el cuerpo de Dios,
Poseerás estas cosas, con toda seguridad:
Comer y beber lo suficiente,
Nada ese día te faltará;
Los juramentos y vanas palabras,
Dios también te perdonará;
La muerte sufrida ese mismo día
En absoluto la has de temer;
Y tampoco ese día, te lo prometo,
Perderás la vista;
Y cada paso que entonces des,
Para ver esta santa visión,
Será contado a tu favor,
Cuando de ello tengas necesidad;
Este mensajero que es el ángel Gabriel
Exactamente los conservará.
Tras esto, ahora puedo pasar
A hablar de otros beneficios de la misa;
Ven entonces a la iglesia, si puedes,
Y oye misa cada día;
Si no puedes acudir a la iglesia,
Allí donde estás trabajando,
Cuando oigas sonar la misa,
Ora a Dios en el silencio de tu corazón,
Para que te dé parte en este servicio
Que en la iglesia se celebra.
Quiero además enseñarte,
Y a tus compañeros, oíd esto,
Cuando ante un señor te presentes,
En una casa, en el bosque o en la mesa,
La capucha o el gorro debes quitarte,
Antes de estar frente a él;
Dos o tres veces, sin duda,
Ante el señor debes inclinarte;
Doblarás también la rodilla,
Y tendrás así salvo tu honor.
No te pongas el gorro o la capucha
Hasta que te dé permiso.
Todo el tiempo que hables con él
El mentón alto con franqueza y amabilidad mantén;
Así, como el libro te enseña,
Mírale a la cara con gentileza.
Tus pies y manos ten tranquilos,
Sin rascarte, ni tropezar, sé hábil;
Evita también escupir y sonarte la nariz,
Espera a estar solo para ello,
Y si quieres ser sabio y discreto,
Gran necesidad tienes de gobernarte.
Cuando entres en la sala,
Entre personas bien nacidas, buenos y corteses,
No presumas de nada,
Ni de nacimiento, ni de tu saber,
Ni te sientes ni te apoyes,
Es el signo de una buena y apropiada educación.
No te dejes llevar en tu conducta,
En verdad la buena educación salvará la situación.
Padre y madre, sean quienes sean,
Digno es el hijo que actúa dignamente,
En la sala, en la cámara, donde te encuentres;
Las buenas maneras hacen al hombre.
Presta atención al rango de tu prójimo,
Para dirigirle la reverencia que conviene;
Evita saludar a todos a la vez,
Excepto si les conoces.
Cuando a la mesa sentado estés,
Come con gracia y decoro;
Vigila que tus manos estén limpias,
Y que tu cuchillo sea cortante y afilado,
Y no cortes más pan para la vianda
Que aquel que puedas comer;
Si así actúas junto a un hombre de rango superior,
Bien entonces harás.
Déjale que se sirva primero la comida,
Antes de tocarla tú.
No cojas el mejor trozo,
Aunque él te lo indique;
Mantén las manos limpias y decentes,
Para no tener que usar la servilleta;
No la uses para sonarte las narices,
Ni te limpies los dientes en la mesa;
Ni mojes mucho los labios en la copa,
Aunque tengas mucha sed;
Esto te haría lagrimear,
Lo cual no es demasiado cortés.
Mira de no tener la boca llena
Cuando vayas a hablar o a beber;
Si ves que alguien bebe
Escuchando tus palabras,
Interrumpe pronto tu historia,
Para que beba el vino o la cerveza.
Vigila además de no ofender a nadie,
Por achispado que esté;
Y de ninguno murmures
Si quieres salvar tu honor;
Pues lanzar tales palabras
En molesta situación te pondrían.
Retén tu mano en el puño
Para evitar decir: “si lo hubiera sabido”,
En un salón entre bellas damas,
Ata tu lengua y sé todo ojos;
No rompas en carcajadas,
Ni armes jaleo como un bellaco.
No bromees si no es con tus semejantes,
Y no cuentes a todos lo que has oído;
Ni te vanaglories de tus actos,
En broma o por interés;
Con bellos discursos puedes realizar tus deseos,
Pero también los puedes echar a perder.
Cuando te encuentres a un hombre de valor,
No debes llevar gorro o capuchón;
En la iglesia, el mercado o el pórtico,
Salúdale según su rango.
Si andas con alguien de un rango
Superior al tuyo,
Ves por detrás de él,
Pues esto es de buena educación y sin falta;
Cuando él hable, estate tranquilo,
Cuando acabe, di lo que quieras,
En tus palabras sé discreto,
Y a lo que diga presta atención;
Pero no interrumpas su historia,
Aunque sea debida al vino, o a la cerveza.
Que Cristo entonces, por su gracia celestial,
Os conceda el espíritu y el tiempo,
Para comprender y leer este libro,
A fin de obtener en recompensa el cielo.
¡Amén! ¡Amén! ¡Así sea!.
Digamos todos, por caridad.



18 enero 2017

Rubén Darío

Rubén Darío
18 de enero de 1867 – 6 de febrero de 1916
Matagalpa, Nicaragua -León

En La vida de Rubén Darío contada por él mismo (1915, cap. X), su autor —refiriéndose a su adolescencia en León, cuando tenía trece años y era redactor del periódico La Verdad—, consigna: “Cayó en mis manos un libro de masonería y me dio por ser masón, y llegaron a serme familiares Hiram, el Templo, los Caballeros Kadosh, el mandil, la escuadra, el compás, las baterías y toda la endiablada y simbólica liturgia de esos terribles ingenuos”. No podía ser masón oficialmente por su edad, pero la cultura en León —donde Máximo Jerez había fundado una Logia en los años cuarenta del siglo XIX—, gravitaba sobre él. No se olvide que entonces vivía su breve periodo anticlerical, mejor dicho, de enfant terrible.

El ilustrado y políglota polaco José Leonard y Bertholet —a quien llama “mi profesor” en su autobiografía— acrecentó el entusiasmo masónico de Rubén. Así lo reconoce Edelberto Torres: “Su discípulo lee mucho y con interés la atingencia que tiene el ritual masónico en el mundo oculto, y porque los grandes liberales de la época pertenecen a la secreta fraternidad. Como todo lo misterioso, el secreto masónico tuvo para él un atractivo insinuante”. Se refiere el biógrafo a 1881 y 1882, año en que Leonard fundó dos logias: una en Managua y otra en Granada. (A la muerte del educador polaco, el poeta escribiría: “Más que krausista, Leonard era un hegeliano. Su libre pensamiento tenía esos visos. Creía en el progreso, en el inacabable perfeccionamiento humano. A todos sus discípulos les comunicaba su fe y su fuego”).
En 1883, durante su primera estada en El Salvador, Rubén tuvo a otro masón de amigo: el doctor Rafael Reyes, director del centro donde enseñaba gramática. Pues bien, en 1889 recurrió a “la buena voluntad masónica” de Reyes para que interviniera ante el improvisado presidente que diera un golpe de Estado para poder salir hacia Guatemala desde San Salvador, o sea, durante su segunda estada salvadoreña.  
En su autobiografía, sin embargo, Darío omite su ingreso formal a la masonería, ocurrida la noche del viernes 24 de enero de 1908 en Managua. Un documento poco conocido es la fuente de este hecho. Su autor: el español establecido en Nicaragua, Dionisio Martínez Sanz (1891-1970), hacendado e industrial (tuvo una fábrica: “La Nutritiva”) y, sobre todo, explorador de los volcanes de Nicaragua. Tres publicaciones dejó: Ríos de oro, torrentes de lava (Managua, Tipografía Heuberger, 1951), Montañas que arden (León, Editorial Hospicio, 1963), ambas crónicas; y Setenta años por Nicaragua (Managua, Editorial Unión, 1970).  
He aquí dicho documento que prueba el ingreso aludido, no sin antes informar que si bien Leonard había sido su mentor para iniciarse en la masonería, a Manuel Maldonado le correspondió apadrinarlo. Así fue presentada su solicitud con la firma de los tres principales miembros de la Logia Progreso Nº 1 del Oriente de Managua. De acuerdo con los trámites de la votación de la Logia, Darío logró por unanimidad el ingreso con bolas blancas. No hubo, pues, ninguna bola negra que reprobara su conducta anterior de hombre bohemio, devoto del whisky y del champán, y también —como dice Lagos— “de los dorados faisanes femeninos”. Sólo se tuvo en cuenta la trascendencia del poeta ecuménico, o más precisamente, del mundo hispánico.  
Martínez Sanz, uno de los dignatarios de la Logia y encargado del ceremonial, registra en su curiosa crónica: “Después de seguir una larga información y pasar por todos los trámites de rigor, con algunas discusiones en pro o inconveniencia de la admisión, sometidas a la balanza, naturalmente que Rubén Darío salió triunfante. Pesaban mucho más sus cualidades de genio y grandeza de espíritu, que sus debilidades humanas. Efectuados los balotajes en diferentes sesiones, siempre salió favorecido con sólo bolas blancas, cosa indispensable para ser admitido en la masonería; pues en esa institución no puede entrar quien las obtenga negras, aunque sea una sola. La noche del 24 de enero de 1908, día fijado para la ceremonia de iniciación, fue de gran pompa para la masonería nicaragüense; se puede asegurar que en las Logias de Nicaragua nunca se han juntado tantas personalidades como en esa noche. A la iniciación de Darío concurrieron personalidades de todo Centroamérica. De Guatemala, el eminente sabio y político don Juan Ponciano y el candidato a la presidencia de es República, general don José León Castillo; de El Salvador, el doctor Fernando Cornejo; de Honduras, el ex presidente doctor Policarpo Bonilla, y el general Guadalupe Reyes y los doctores Ricardo Alduvín y Paulino Balladares; de Costa Rica, los profesores don Virgilio Salazar y don Juan Bautista Jiménez”.  

Martínez Sanz prosigue: “De Nicaragua, el fogoso periodista, apasionado historiador y gran político, don José Dolores Gámez (que era el representante del Supremo Consejo Centroamericano de la masonería en el país), y los doctores Rodolfo Espinosa R., Juan Francisco Gutiérrez, Manuel Maldonado, Rafael Zenón Rivera, Manuel Reyes Mayorga, Emilio Espinosa [padre de Rodolfo], Francisco López Bravo, etc., y la mayor parte de los miembros de las diferentes Logias de los departamentos de la república. Hubo también masones de diferentes nacionalidades: don Enrique Dreyfus y don Fernando Levy; don Ángel Caligaris y don Napoleón Re, italianos; don Ricardo Susmann y don Francisco Brockmann, alemanes; don Carlos Harding y Carlos Overand, ingleses; y don Nicolás Delaney, norteamericano”.  
Significativamente —añade Martínez Sanz— “aquel sabio Leonard, bien conocido en Centroamérica y que en España fue íntimo de los primeros republicanos españoles Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Alonso y Emilio Castelar, estando en Nicaragua, enfermo, tullido y cercano a la muerte, se hizo transportar a la Logia en una silla de manos; quiso presenciar la iniciación de Rubén Darío en la masonería”. España también estuvo representada. Llegaron los que llaman “los dos Chentes” (el doctor Vicente Piñera Rubin y don Vicente Rodríguez), y “los tres Pepes” (los profesores don José Gómez, don José Robles y don José Blen), aparte del cronista Martínez Sanz, quien representaba a la gran Logia de Madrid.  
La Logia Progreso Nº 1, fundada por Rafael Reyes en 1898, se había instalado en Managua el 14 de diciembre de 1899. A ella siguieron más logias en León, Rivas y Matagalpa. El 14 de diciembre de 1906 se decidió constituir una Gran Logia con los representantes de la Logia Progreso (Managua), Estrella Meridional (Rivas) y Luz (León). Esta Gran Logia fue creada oficialmente el 23 de noviembre de 1907, con el doctor Rodolfo Espinosa R. como Gran Maestro. En esa fecha había arribado Rubén a Corinto y cuatro días después se hallaba en Managua. La crónica de Martínez Sanz es más extensa e interesante. Pero bastan los anteriores párrafos para demostrar la iniciación masónica de nuestro bardo, negada por varios autores.  
En cuanto a Manuel Maldonado, notable orador, Darío le escribió un soneto cuyo primer cuarteto decía: “Manuel: el resplandor de tu palabra / ha iluminado la montaña oscura, / en donde, hace ya tiempo, mi figura / vaga entre el cisne, el sátiro y la cabra”. Pero el último sustantivo (cabra), revelando su ignorancia, Maldonado lo consideró un ripio. Rubén tuvo que aclararle, sonriendo:  
—No, Manuel. Ustedes sólo observan las distintas acepciones que el diccionario da a los vocablos: no investigan su genealogía. Soy cisne porque el poeta es de estirpe divina y esta ave sirvió de vehículo a Júpiter en el Mito de Leda…; sátiro porque experimento las emociones, pasiones y sensaciones del ser humano; también soy cabra porque soy panida, y Pan va saltando tras las ninfas —las ilusiones— por “la montaña oscura”, sonando sus siete canas, con su cuerpo de hombre y sus patas de cabra.  
Napoleón Re y las diabluras a Rubén en su iniciación masónica  
La noche del viernes 24 de enero de 1908 Rubén Darío ingresó formalmente a la masonería. Uno de sus padrinos fue el médico, orador y poeta, Manuel Maldonado (1864-1945) y al solemne acto de iniciación asistieron respetabilísimos masones de once nacionalidades, residentes en la capital: 1 polaco, 1 español, 1 norteamericano, 2 ingleses, 2 alemanes, 2 italianos, 2 franceses, 2 costarricenses, 2 guatemaltecos, 4 hondureños y, al menos, una docena de nicaragüenses. Ellos habían sido convocados a la Logia Progreso nº 1 de Oriente de Managua.  
Así lo refirió un testigo: el español Dionisio Martínez Sanz (1879-1971) en testimonio difundido en la Página de Opinión de El Nuevo Diario, correspondiente al sábado 23 de enero de este año. Pero, por razones de espacio, no lo reproduje completo: faltó el aspecto histriónico del ritual que ahora transcribo, tomado del libro de Martínez Sanz: Montañas que arden (León, Editorial Hospicio, 1963). Antes quisiera aportar los datos biográficos de una de las personalidades masónicas presentes en dicha iniciación: Napoleón Re (Milán, Italia, 1866- Managua, Nicaragua, 31 de marzo, 1931), es decir: una de las víctimas del primer terremoto capitalino del siglo XX.  
Egresado de Ingeniero Arquitecto de la Escuela Superior de Ingeniería de su ciudad natal, vino a Nicaragua en 1892, radicándose en Managua; dos años después se unió en matrimonio a Rosaura Fonseca, con quien procreó dos hijos: Humberto y Margarita Re Fonseca. El 24 de diciembre de 1926 fallecía su esposa y en 1930 contrajo segundas nupcias con Ofelia Correa. El niño Mario Re Correa nació de este matrimonio.  
Su carrera masónica la hizo Re en la Logia Progreso Nº 1, ingresando a ella el 4 de mayo de 1900. Recibió los grados de Compañero y de Maestro, respectivamente, el 4 de septiembre y el 18 de diciembre del mismo año. Y el 26 de agosto de 1903 le fue otorgado el grado 18. Como profesional, construyó el Campo de Marte, la fortaleza de Tiscapa, el primer templo masónico, la Casa Bárcenas y su chalet “La Palacina”, los tres últimos destruidos por el terremoto de 1931.  
Pasando a la parte complementaria del testimonio de Martínez Sanz, dice: “He referido el aspecto serio de la iniciación en la masonería del grande hombre. ¿Por qué no contar algo de los sustos que le hicimos pasar al mínimo Rubén? El local que ocupaba la Logia Progreso, en la época a que me estoy refiriendo, era la casa que fue de don Fabio Carnevallini, frente al ahora Palacio de Comunicaciones. El patio era grandísimo, con árboles frutales, matas de plátano, y hasta había restos de materiales para edificar. Con todo esto, nos dábamos gusto los traviesos y armábamos una serie de obstáculos para someter a los profanos a una serie de pruebas, al parecer tan ridículas, pero tan necesarias a la parte simbólica y filosófica de la masonería.  
Para la iniciación de Darío, por tratarse de personalidad tan respetable, hicimos las menos diabluras posibles. Pero sí, armamos un cerrito que, por un lado, tenía escalones de piedras labradas, y por el otro, piedras irregulares rodadizas. Ayudado por los expertos, subió Rubén, con los ojos vendados, el lado de los escalones; y al descender por la parte opuesta, las piedras se corrieron, se rodaron, el cuerpo que parecía que iba a dar a un abismo. Una voz dijo: ‘Dejadle que se despeñe; que se acabe de una vez este pecador’; pero otra rectificó inmediatamente: ‘Detenedle; todavía se puede salvar’.  
Claro. Todo estaba bien dispuesto, y no pasó a más que recibir un gran susto el nervioso novato postulante. Una vez Rubén, dentro de la Logia, concluida la ceremonia y pronunciados los discursos de salutación al neófito, se le instó a que hiciera uso de la palabra para que manifestara sus impresiones, y si tenía algo que objetar a cuanto había visto y oído en esa noche. Darío se puso de pie y con voz pausada dijo: ‘Señores: ahora que he visto la luz, y que me veo rodeado de caballeros, manifiesto a ustedes que lo que más me ha impresionado esta noche han sido unas palabras que, al casi rodar mi cuerpo por unas piedras, alguien dijo: ‘Dejadle que se despeñe; que se acabe de una vez este pecador”, y otras que, a continuación, en diferente tono, se oyeron: ‘Detenedle; todavía se puede salvar’. Yo señores, no olvidaré estas últimas palabras, y haré por mantener en alto mi espíritu. Agradezco el abrazo que cada uno de ustedes me ha dado, y esta noche siempre estará en mi memoria’.
No dudo que, en la memoria de Rubén Darío, estuvieran de por vida las impresiones que recibió aquella noche del 24 de enero del año octavo de este siglo, pues en la mía —a través de los tantos que han transcurrido— están vivos como si hubiera sucedido ayer. Veo a Rubén, en el Cuarto de Reflexiones, que al quitarle la venda de sus ojos, se encontró con sus dos acompañantes —uno de ellos el suscrito— enfundados en negros capuchones, con negro antifaz, en una habitación terrorífica con paredes y techo completamente negros, con resaltantes inscripciones en blanco, de tan reales y tremendas significaciones, con la figura de la parca Atropos de guadaña al hombro; un duro taburete, una escueta mesita, una pluma y un tintero; una calavera y un reloj de arena; símbolos todos de la incontenible marcha de la vida hacia la muerte… se puso a temblar.
Hubo un momento en que pareció que Rubén, quería salir de tan tétrico recinto. Sin embargo se sobrepuso y tendió su mirada a las diferentes leyendas. Le insinuamos que tomara asiento; lo hizo, y se calmó. Pero pronto le llegó otro momento de apuros, y fue al presentarle el formulario para que contestara a las preguntas que en él se hacen a los profanos, y que entre los iniciados se llama ‘Testamento masónico’. Rubén Darío, aquel cerebro que produjo cosas tan sabias y bellas, no sabía cómo principiar. Lo dejamos completamente solo en aquel Cuarto de Reflexiones. Cuando al rato volvimos, no había dado una plumada, y manifestó no saber qué decir. Le dijimos que podía hacerlo en forma lacónica y sencilla y, tomándose para ello buen rato, en forma lacónica y sencilla lo hizo. Y lo firmó.
A mediados de 1908, Darío, se fue otra vez para Europa. El general José Santos de Zelaya, le nombró Ministro residente ante el Rey de España. Con este motivo, la colonia española en Nicaragua, le dio una recepción que se llevó a cabo en el establecimiento “La Sirena”, del gran amigo de Rubén Darío, Monsieur Luis Layrac. En esa tarde tuve ocasión de hablar a solas con Darío, le diera algunas lecciones de cómo habría de presentarse en las Logias de España.
Cuando en diciembre de 1915, Rubén retornó a su patria, ya venía muy enfermo. Fui a visitarle. Pero, teniendo en cuenta su delicado estado de salud, no era oportuno tratar de averiguar sus actividades en la masonería europea y los escalones que en ella subió. Nos concretamos a hablar algo de la Madre Patria, y Darío, aún con su parquedad, me habló de los grandes días pasados en ella pasados. De su cariño para el que consideraba su padre espiritual don Juan Valera. De sus largos veladas en los suntuosos salones de doña Emilia Pardo Bazán. De sus íntimos afectos para una española de apellido Sánchez, y del entrañable amor para un hijo, que en brazos de esa había dejado en España. Nos estrechamos las manos. Fue el último apretón que nos dimos. A los pocos días se trasladó para León, la Metrópoli.
Cuando murió Rubén, fui a León. Los funerales fueron una apoteosis. En la gradería, frente a la puerta de la Catedral, cerca de la tribuna en que habría de pronunciar la oración fúnebre el doctor Santiago Argüello, al bajar a tierra los restos de Darío, tomé lugar con tiempo. Quise oír bien; en aquel tiempo no había magnavoces. Debido al largo recorrido por las calles de la Ciudad Universitaria, cuando el féretro con los restos del aeda llegó frente a la Basílica, era completamente de noche; pero como el número de antorchas de rajas de pino que portaba la multitud eran tantas, todo resultaba visible como en el más claro día. Dio principio el orador, y recuerdo que, desde sus primeras palabras, salió en un tono altísimo. Yo creí que no pudiera resistir su garganta semejante esfuerzo. Sin embargo, en el mismo altísimo tono siguió y terminó el extenso y magistral discurso, propio de la rica y bien cultivada mentalidad de Santiago Argüello, y digno para quien iba dirigido: al espíritu de Rubén Darío, el más preclaro hijo de Nicaragua.”[1]


La obra:
La obra literaria de Darío recoge detalles que corroboran lo masónico. El color azul, tan presente en Darío y con el que titula uno de sus libros, conecta con la masonería por definir ese mismo color los ritos de iniciación de los tres primeros grados masónicos, la masonería azul, como símbolo del color celeste que agrupa a todos los hombres fraternalmente. Puede hallarse también el influjo de la masonería en el hecho de que Darío incluyera en la primera edición de Prosas profanas (1896) el simbólico número de treinta y tres poemas: el mismo número del máximo grado sublime masónico y también relacionado con la trinidad de las cosmogonías y con la importancia del número pitagórico, como se comprueba en el tratado ocultista de Gerard Encausse («Papus») que Darío conoció11. En las ceremonias de iniciación masónica, además, el neófito pasa por los tres grados que simbolizan consecutivamente el nacimiento, la vida y la muerte. Es el número masónico con sentido cabalístico y ecos bíblicos, múltiple de la tríada o número mágico terciario. En Darío abundan sintagmas utilizados en las ceremonias masónicas que revierten en algunos de sus versos donde se menciona al «padre» y al «maestro» («Coloquio de los centauros» o «Responso») o al «Gran Todo» («Yo soy aquel...»). El anticlericalismo que nutre algunas de sus composiciones juveniles procede también de la influencia liberal y masónica y son muchos los textos de homenaje a liberales y masones (Martí, Lugones, A. Machado...). Determinados poemas completos, como «El salmo de la pluma», incluye la sucesión casi exacta de las letras del alfabeto hebreo, en una idea cabalística enmarcada en el culto masónico por el Antiguo Testamento y donde Dios es para Darío «el gran todo». Lo mismo cabe decir de poemas como «El libro», «Pax» o «Palas Atenea», que deben leerse a la luz de la masonería. Al llegar a Cantos de vida y esperanza (1905), Darío incluye «Al Rey Oscar», dedicado a Oscar II de Suecia y Noruega, quien ejerció como Gran Maestre en ambos países hasta su muerte en 1907. Del mismo libro, no pueden obviarse las constantes referencias masónicas a la fortaleza, la sinceridad y la luz en «Yo soy aquel...». Lo mismo ocurre con la hermética «Salutación a Leonardo», el Leonardo da Vinci que es también «maestro», «soberano maestro» y en el que se alude a la sonrisa oculta de la Gioconda o a «antiguas canciones» que remiten a una larga tradición oculta en la que se ubica el artista italiano. De ella han dado cuenta Picknett y Prince respecto al linaje de los templarios y su ligazón martinista y masónica. En «Pegaso», Darío se lanza a la vida mientras «el cielo estaba azul y yo estaba desnudo» (PC, 639). Nuevamente aparece esa desnudez y Darío es caballero, en relación directa con uno de los grados masónicos ligados a los templarios: «Yo soy el caballero de la humana energía» (PC, 639); y su guía es la aurora, es decir el Este u Oriente masónico donde se ubica el Venerable Maestro. Incluso ciertos motivos finiseculares como el personaje de Salomé, aparece recreado por Darío en el poema «En el país de las Alegorías...» con tintes masónicos y en la tradición favorable a Juan el Bautista y a toda una sexualidad sagrada («la rosa sexual» de Darío) que conecta con el simbolismo esotérico cristiano. Es la tradición oculta de la masonería, enraizada en los evangelios apócrifos y gnósticos, con la Virgen Negra -la «madona negra»- ligada a las divinidades paganas femeninas y aun a la Magdalena -pieza fundamental en la tradición de cátaros y templarios- y visible en zonas del sur de Europa. Darío tiene otros textos cercanos a estos temas, desde «La muerte de Salomé» o «El Salomón negro» a «La extraña muerte de Fray Pedro» o «La Virgen Negra», escritos que se comprenden desde esta perspectiva. El código moral masónico se refleja, por ejemplo, en el poema «Melancolía», para su «hermano» Domingo Bolívar, con la idea de la vida como camino ciego hacia una muerte iluminadora y con referencias obvias a la ceguera y la búsqueda de la luz de iniciación masónica: «Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía. / Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas» (PC, 675). En el siguiente libro, El canto errante (1907), hallamos composiciones como «En elogio del Ilmo. Sr. Obispo de Córdoba, Fray Mamerto Esquiú, O.M.», que aun teniendo un fondo cristiano incluye un hermetismo de léxico litúrgico, con salterios y vírgenes, palomas y lirios que se enmarca en la literatura rosacruz de Joseph Péladan y conectada con la masonería. No puede obviarse que al mismo Esquiú le dedicaría también Lugones otro poema. Varias composiciones del mismo libro, como «Metempsícosis», «Sum» o «Eheu» no pueden entenderse sin la migración de las almas y las reencarnaciones de larga tradición esotérica, desde Platón o Apolonio de Tania hasta «Éliphas Lévy», Joseph Péladan o Gerard Encausse, autores que Darío menciona o lee directamente. También es sintomática la elegía de 1906 a Bartolomé Mitre en una oda que lo presenta como defensor de libertades y derechos, amigo del masón Garibaldi (el liberal italiano que llegó incluso a vivir en Nicaragua), padre de la libertad americana y también «maestro» que fue «fiel al divino origen del Dios que no se nombra / desentrañando en oro y esculpiendo en basalto» (PC, 729). Las referencias finales de Darío a la luz masónica contrastan con las cualidades que halla en el «alma de luz» de Mitre y a las que aspira todo buen masón: belleza, justicia, bien y verdad. También el poema «Lírica», dedicado a Eduardo Talero, puede leerse en clave masónica, desde «el pabellón azul de nuestro rey divino» (PC, 764) hasta la mezcla de las creencias cristianas con lo órfico-pitagórico y lo demoníaco del inesperado final. Bourne observó con acierto que la masonería en Darío puede verse como acceso al pitagorismo y a lo oculto. Aunque resulta cuestionable lo que Bourne define como fe enferma en Darío, a causa de su liberalismo y su condición de masón, parece acertado aludir a su temprano poema «El libro», en el que Darío menciona al «gran Arquitecto». También es posible considerar cómo el poema que abre Canto a la Argentina y otros poemas (1914), que recoge menciones sobre su «filosofía de luz» (PC, 821), así como el elogio de la libertad que entronca con las referencias masónicas al Sol, al sincretismo religioso, la tolerancia y la fraternidad de almas y cultos. En ese mismo libro puede hallarse igualmente el poema «Los motivos del lobo» que, junto a su franciscanismo, es paradigmático de la bondad y la hermandad masónica.[2]

http://estrelladenicaragua.net/?p=6217
http://www.elnuevodiario.com.ni/nacionales/384272-funerales-apoteosicos-ruben-dario/





[1] Rubén Darío y su iniciación masónica en Managua, por JORGE EDUARDO ARELLANO http://magazinemodernista.com/2010/11/12/dario-y-su-iniciacion-masonica-en-managua/
[2] Dos caras desconocidas de Rubén Darío: El poeta masón y el poeta inédito. Alberto Acereda
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/dos-caras-desconocidas-de-ruben-dario-el-poeta-mason-y-el-poeta-inedito/html/da049430-c0ea-11e1-b1fb-00163ebf5e63_3.html

14 enero 2017

Símbolos del 14º Maestro de la Bóveda Sagrada


14º Maestro de la Bóveda Sagrada

Entre los símbolos principales de este grado se encuentran:


v  El pozo
El pozo  iniciático, (“sobre el que un rayo de Sol cae a plomo”), es similar a la caverna. Descender a sus profundidades es penetrar en lo más hondo del inconsciente, tanto personal como colectivo. En el fondo del pozo hay un Delta, el Delta de Hiram, es decir, algo muy valioso, que Hiram arrojó allí antes de morir.

Como un rayo de Sol cae perpendicularmente en el pozo, quiere decir que, en ese instante, el Sol alcanzaba el meridiano (justo cuando se encontraba sobre la abertura del pozo; en realidad esto sólo es exacto durante un equinoccio).
Y es en ese instante preciso, a mediodía, cuando se abre la Logia del 14° grado.

v  Las herramientas
Se dice que: “Fueron utilizadas en descubrir y levantar la piedra cuadrangular que cubría la entrada a las bóvedas de Enoch, en abrir un camino que condujese a la Bóveda Sagrada y en destruir el pedestal que estaba encerrado allí.
-          La palanca
-          El azadón
-          La pala
En el Arco Real se menciona el pico en lugar de la azada, pero el significado simbólico es equivalente.

v  Ushebtis,
Término egipcio que significa "los que responden", son  estatuillas que se depositaban en la tumba del difunto. Su cometido era servirle en la Duat. Generalmente, eran figuras momiformes, a imagen del difunto, portando una azada y, a veces, un pico o un saco a la espalda. El número de ushebtis depositados en las tumbas varió según la época e importancia del personaje.
Algunos enterramientos del Imperio Nuevo poseían 365 ushebtis, o más, correspondientes a cada día del año. En la imagen vemos distintos instrumentos portados por los ushebtis, tales como azadas o picos que, precisamente, son fundamentales en los grados 13° y 14° escoceses.


v  El Delta
Se dice que el Delta es “el verdadero objeto de la Perfección masónica”.
Y notemos que este Delta no observa y juzga al hombre desde el Cielo, sino que se encuentra en las profundidades, en un mundo subterráneo, sólo accesible a través de pozos y cavernas.

v  La corona
La presencia de la corona en la joya de este grado alude a Kether, el primero y más elevado de los Sephiroth. De hecho, si se cuenta al Sephiroth desconocido Daat, las emanaciones cabalísticas son once, y no diez, como los once grados de la Logia Capitular de Perfección. El Sendero a través de estos grados sería entonces un Sendero de reintegración (“La búsqueda de la Palabra”), de Malkuth a Kether, desde el Maestro Secreto, donde todo está oculto, hasta el Gran Elegido, donde todo se manifiesta.


v  El compás
El compás se considera, en la Masonería Simbólica, atributo del Gran Maestro. Su relevancia en este grado es una forma de asociar la Logia Capitular a una Gran Logia.
Y de otorgar a sus miembros una jerarquía equivalente a la de “un Maestro entre los Maestros”.
Según los Rituales, aparece abierto a 90° o a 45°.
Parece más adecuada la primera opción, que “indica los vastos conocimientos adquiridos”.

v  El Sol
Es la visión directa de la Luz, la Energía, la Palabra.
El Sol es el Centro, la Fuente, el Núcleo.
Representa el Sí-Mismo, lo más Verdadero, ya sea en el hombre o en el Universo.

v  El anillo
Su naturaleza circular alude a la consumación de un ciclo.
Y, siendo un símbolo femenino, junto al dedo que lo lleva (un símbolo fálico masculino), implica la conjunción de los opuestos.
Es la corona, pero en la mano que construye, mientras que la primera se coloca en el cerebro que piensa.
¿Qué significa la inscripción “La virtud une lo que la muerte no puede separar”?
Por supuesto que no puede aludir a una virtud exotérica, de carácter trivial.
Pero “virtud”, etimológicamente, deriva de valor, valor físico, y, al derivar de vir, se vincula con virilidad, y tiene una connotación masculina.
Por ello, la virtud es el valor, el valor del guerrero, del luchador, del que mantiene sus valores en medio de las vicisitudes de la vida.
Todo esto remite a un origen templario, y a una postura frente a la vida acorde con los ideales del templarismo.

v  El arbusto ardiente
El que está cerca de mí está cerca del fuego” (Evangelios Apócrifos).
La experiencia del Sí-Mismo es reveladora y transformadora, pero conmocionante y perturbadora a la vez

v  Los diversos Altares
Hay en este grado tres altares: el Altar de los Perfumes, el Altar de los Sacrificios y el Altar Central.

El Altar de los Perfumes, aunque se derive de los rituales hebreos, tiene un claro simbolismo alquímico: el “perfume” es el resultado de la purificación de las substancias de la tierra, de la acción del fuego sobre la materia, para liberar sus esencias básicas.

El Altar de los Sacrificios no remite a un acto cruento o al sacrificio de alguna función natural humana, sea esta física o intelectual. El “sacrificio” es la muerte de un personaje, el sacrificio de una máscara, para dar expresión a la libre voluntad del Sí-Mismo.

Y el Altar Central es precisamente ese Sí-Mismo, el núcleo de nuestro ser, el verdadero Yo.

Todo se concreta, entonces, en conocer quiénes somos realmente, y ese conocimiento es la Perfección.
¿Puede alcanzarse tal Perfección en forma definitiva? Seguramente no, porque la profundidad del Ser es infinita.
Por ello, tal Perfección es sólo relativa.

Recordemos una de las preguntas que se le formulan al Candidato en la Iniciación Martinista: “No te pregunto quién eres, porque si lo supieras, no tendrías ya más nada que aprender; en cambio, sí te pregunto, ¿quién crees que eres?”.


v  La piedra cúbica
Se la estudia con más detalle en el Rito Francés. Aquí la examinaremos con más cuidado en la “Instrucción”, pero es un símbolo masónico universal, y muy apropiado para representar la consumación, el cumplimiento de una Obra.



Imágenes de la baraja masónica de Jean Beauchard, con un simbolismo muy afín al del
Presente grado
 
 















v  La Columna de la Belleza
Es el “axis mundi”, el eje en torno al cual se orienta el Universo.
Es análoga al Árbol de la Creación, en torno al cual gira el Todo.
Es una columna arquetípica, y la elección de la “Belleza” no es casual, si recordamos el importante valor que Platón le adjudicaba a la Belleza en el reino de las Ideas.
Según el Manuscrito Francken (siglo XVIII): “es la columna que sostiene al Mundo”.

v  Los “Elegidos
Algunos Rituales, de inspiración teúrgica, comparan a los Grandes Elegidos del grado 14° con los “ángeles” cabalísticos, que eran invocados en los ritos de magia ceremonial.
Esto nos indica que el grado 14° pudo tener su origen en Rituales mágicos, en los que cada Oficial corporizaba un “ángel” (un principio cósmico) y, supuestamente, al personalizarlo se transformaba en un canal para que su influencia alcanzara a todos los miembros de la Orden.

v  Los planetas

v  El Mercurio Filosófico
El Mercurio Filosófico, relacionado con el Árbol de la Vida y con la crucifixión de Cristo.
De hecho, esta obra, de L.Cattiaux (1950), lleva el título, en apariencia religioso, de Cristo en la cruz.

v  La Tetractys
Es un símbolo que fusiona el tres y el cuatro, el ternario y el cuaternario, reintegrándolos a la unidad.

v  La mezcla sagrada
Está formada por leche, aceite, vino y harina.
El Ritual dice que estos materiales simbolizan, respectivamente: “dulzura, sabiduría, fuerza y belleza”.
Aunque esa interpretación parece algo trivial.
La mezcla parece más bien un símbolo de la Piedra Filosofal, en su condición de cuaternidad.
Como la Iniciación consiste en una serie de purificaciones, el hecho de comer parte de la mezcla sería la purificación suprema.
Desde ese ángulo, la mezcla representaría la Piedra Filosofal en su condición de Medicina Universal.


Dr. Jorge Norberto Cornejo
mognitor1@yahoo.com.ar


13 enero 2017

Lawrence L. Mercerar

Lawrence L. Mercerar
¿? - 13 de enero de 1948
¿? - Montevideo

Venerable Maestro de Acacia Lodge en 1930.



Cementerio Británico. Montevideo.

09 enero 2017

Grandes Maestres Orden de los Templarios: Thomas Bérard

Grandes Maestres
Orden de los Templarios (XX)


Thomas Bérard
 ¿? - 1273

Se duda sobre su origen. Para unos era italiano y para otros inglés.
Sucedió en 1256 al gran maestre Renaud de Vichiers. Ejerció sus altas funciones en las más tristes circunstancias, sucesivamente hipotecado en las querellas de su orden con la de los Hospitalarios, y siendo testigo de los progresos del sultán mameluco Baibars, quien, poco a poco, obligó a los cristianos de Palestina a encerrarse tras los muros de San Juan de Acre, último baluarte del Reino de Jerusalén.


En fecha 9 de octubre de 1258, Tomas de Bérard, actual gran maestre, se reunió con Hugo de Revel, gran maestre del Hospital y Anno de Sangerhausen, maestre de los Teutónicos para firmar un tratado en el cual ponían fin a las disputas entre las órdenes, ya que se veían opacadas por la invasión mongol hacia los territorios sarracenos.

Con todo este clima revuelto, Béraud supo mantener en las filas de la Orden una disciplina sin fisuras y se guio por una aplicación estricta de la regla. Pondremos el ejemplo de dos hechos para explicar los problemas de la época:

El Gran Maestre Thomas es hecho prisionero en Safeta y los detractores de la Orden afirman que fue liberado por renegar de Cristo. Durante el proceso se utilizó esta acusación indemostrable y se dijo que a partir de ese momento los Templarios convertirían esta falta en una práctica obligatoria durante la ceremonia de recepción para los nuevos miembros de la Orden.

En el año 1263 el Papa Urbano IV convoca en Roma al Mariscal de la Orden Etienne de Sissey,  y por razones oscuras el Papa declara que Sissey es indigno del cargo que ocupa y le solicita que dimita, a lo que el Mariscal se niega por lo que el Papa lo excomulga. Entonces Sissey busca el apoyo del Maestre, quien se lo brinda sin más, y lo mantiene en el cargo.

El gran maestre Thomas Bérard murió en 1273.




Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_B%C3%A9rard
              https://lostemplariosysuepoca.wordpress.com/2012/11/06/thomas-berard-25-marzo-1273/


05 enero 2017

Renaud de Vichiers Gran Maestre del Temple

Grandes Maestres
Orden de los Templarios (XIX)


Renaud de Vichiers

 ¿? - 1256

Renaud de Vichiers, o de Vichy, originario de la región de Champaña, ostentó sucesivamente los cargos de Preceptor de Francia y Gran Mariscal de la Orden, siendo elevado a la dignidad de Gran Maestre para suceder a Guillaume de Sonnac, que había muerto en Egipto en la batalla de Al Mansurah. Siendo el décimo noveno Gran maestre de la Orden del Temple.

Recién ascendido al cargo de Gran Maestre Renaud de Vichiers o de Vichy tuvo que resolver el asunto del pago del rescate de Luis IX. Tras ciertas discusiones en cuanto al protocolo a seguir con el Señor de Joinville; no tuvo más remedio que ceder a las presiones de éste último y dejar que se procurara la cantidad de dinero necesaria para la liberación del Monarca. A partir de este momento el rey tuvo un gran rencor hacia los Templarios y humilló en público al Gran Maestre obligándole a renunciar a la alianza que había pactado con el Sultán de Damasco.
Esta humillación tuvo lugar delante de las tropas y este mismo día Luis IX obligo al Maestre Vichiers a expulsar de Tierra Santa al Mariscal del Temple Hugo de Jouy, que era quien había realizado el pacto con Damasco. 
Contribuyó con sus consejos a que San Luis, después de su cautiverio tras la batalla de Al Mansurah, permaneciera en Tierra Santa reorganizando las posesiones francesas.
Renaud de Vichiers falleció el 20 de enero de 1256.



Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Renaud_de_Vichiers
https://lostemplariosysuepoca.wordpress.com/2012/11/05/renaud-de-vichiers-20-enero-1256/