Las paradojas del laicismo!!!
Hoy proponemos hacer un ejercicio reflexivo. Es moneda
corriente la lucha que realiza la masonería, por el laicismo, en Uruguay es un
largo camino que empezó con el proceso de secularización en el siglo XIX –como
en la gran mayoría de los países latinoamericanos el puntapié lo dio la
secular
Desde esa fecha y hasta la actualidad, se han dado muchos
debates si el Estado viola ese principio de laicidad. Para algunos está
presente la discusión por el mantenimiento de la Cruz, donde Juan Pablo II
realizo su misa campal, o a la muerte de este cuando se coloca la estatua del
Papa delante de la cruz.
Un dato que no es menor para el Uruguay, a lo largo y ancho
del mismo podemos encontrar estatuas de varias religiones en espacio público y
nadie se escandaliza por ello, incluso hasta de filosofías y es común ponerlas
en la misma bolsa como religión.
I.M.M.
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Confucio P. Rodo
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Orixa
Iemoja.
Playa Ramírez
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Tres Cruces
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Damaso A. Larrañaga
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Virgen de los Pescadores.
Piriapolis |
Neptuno. P. Rodó
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Isla de Flores
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Estas imágenes ya las tenemos incorporadas a nuestras retinas,
por lo tanto no nos cuestionamos si violan o no la laicidad del Estado, del
espacio público.
Lo que tiene que quedar bien claro que el Estado debe de
garantizar que todas puedan tener la misma posibilidad si desean estar presente
en los espacios públicos, violar es permitir unas y prohibir otras. ¿Dónde
puede haber una violación? Si esos monumentos fueron realizados con los fondos
del Estado, eso sí es un aspecto que no da lugar a segundas interpretaciones,
el Estado no puede financiar nada en esa línea.
Pasemos a ver desde el punto de vista de la propia definición
que implica laicismo.
“La laicidad del
Estado y de sus instituciones es ante todo un principio de concordia de todos
los seres humanos fundado sobre lo que los une, y no sobre lo que los separa.
Este principio se realiza a través de los dispositivos jurídicos de
la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas,
agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las
diferentes opciones de conciencia particulares.
Puede definirse
la laicidad como un régimen social de convivencia, cuyas
instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por
elementos religiosos.
Si
la laicidad designa el estado ideal de emancipación mutua de las
instituciones religiosas y el Estado, el laicismo evoca el movimiento
histórico de reivindicación de esta emancipación laica. La laicidad pretende
un orden político al servicio de los ciudadanos, en su condición de tales y no
de sus identidades étnicas, nacionales, religiosas,…
El laicismo como
afirma Henri Peña-Ruiz, “es la palabra para referirse al ideal de
emancipación de la esfera pública con respecto a cualquier poder religioso
o, en un sentido más amplio de toda tutela del Estado que, siendo
democrático, ha de ser de todos y no sólo de unos algunos”.
La
laicidad descansa en tres pilares: la libertad de conciencia, lo que significa que la religión
es libre pero solo compromete a los creyentes, y que el ateísmo es libre pero
solo compromete a los ateos; la igualdad
de derechos, que impide todo privilegio público de la religión o del
ateismo; y la universalidad de la
acción pública, esto es, sin discriminación de ningún tipo. Esas son las
tres exigencias indisociables del laicismo, afirma Henri Peña-Ruiz.
Los principios del LAICISMO
Libertad de conciencia.
La conciencia es naturalmente libre para adherirse a cualquier opción
espiritual, ya sea creyente, agnóstica o atea, o para no adherirse a ninguna o
cambiar de opción cuando quiera (la apostasía es un derecho que ha de ser
garantizado por el Estado).
Separación del Estado y las confesiones religiosas. Lo que implica la clara distinción entre
el ámbito público y el privado, y la estricta separación entre la política y
las religiones u otros particularismos.
Igualdad de trato de todos los ciudadanos y ciudadanas. La neutralidad del Estado laico exige que
ninguna opción particular (religiosa o no) sea discriminada ni positiva ni
negativamente. No caben los privilegios públicos de una opción cualquiera
en un Estado laico. Solo así se garantiza la igual consideración de todos los
individuos como ciudadanos libres.
La búsqueda del bien
común como única razón de ser del Estado. Los griegos llamaban “koinonía” al
principio según el cual el ejercicio de la ciudadanía debía tener como único
referente el bien común (koinon), poniendo entre paréntesis los intereses
privados.
El Estado laico, sobre
la base de aquel principio republicano, tiene como referencia la universalidad
del bien común. No es legítima la financiación pública de los cultos
particulares, que debe destinarse única y exclusivamente a lo que es de interés
general.
El laicismo se compromete así con la defensa
de los servicios públicos, es decir, la utilización del presupuesto público
para aquellos servicios que son de interés general (educación, sanidad, etc.).
Aclaraciones
El laicismo no es antirreligioso, pues ello iría en contra del principio de la libertad de conciencia
que anima el ideal laico. Tampoco es esencialmente anticlerical, si por ello se
entiende una oposición frontal al ejercicio de las funciones del clero.
Laicismo no es ateísmo o agnosticismo. El laicismo busca una forma de convivencia institucional, una
organización política de la sociedad, mientras el ateísmo o el agnosticismo son
cosmovisiones en las que dios no se incluye.
Religión no es lo mismo que clericalismo. El “clericalismo”, frente al cual lucha el movimiento laicista, es la
ilegítima deriva política de la religión, es decir, la pretensión de dominación
de una opción espiritual particular sobre la esfera pública. El laicismo no es
anticlerical cuando el clero desempeña su papel dentro de los límites de su
comunidad religiosa; pero se vuelve anticlerical, en virtud de sus principios,
cuando el clero traspasa los límites de su comunidad religiosa e intenta
imponer una cierta concepción de la ley (común) a partir de una cierta concepción
de la fe (particular).
Defender la libertad de conciencia y la tolerancia que de ella se
deriva no es ser relativista. La
neutralidad del Estado laico no implica la relatividad de los valores
morales (relativismo), y mucho menos ausencia de valores (nihilismo).
Precisamente, el laicismo asume la salvaguarda y la garantía de valores
morales fuertes, pero no son valores particulares que provienen de una matriz
particularista, sino valores universales, cuya raíz está en los derechos
humanos (libertad de conciencia, autonomía moral, igualdad entre el hombre y la
mujer, dignidad de las distintas orientaciones sexuales, libertad a la hora de
decidir sobre la interrupción voluntaria del embarazo, etc.). Quienes
desde sectores clericales se arrogan el papel de guardianes de la moral tienden
a negar la validez universal de los valores morales que defiende el laicismo.
La lucha por el
laicismo es la lucha por la emancipación de las conciencias. Pero esta lucha
estará inacabada mientras una religión particular siga gozando de prerrogativas
ilegítimas en el ámbito público en general y de forma especial en el ámbito
escolar. Por eso, el laicismo reclama la separación del Estado y de las
Iglesias, del poder político y de las instituciones religiosas, así como la abolición
de todo tutelaje de la conciencia humana, como condición de posibilidad para la
emancipación del ser humano. De ahí su especial relación con la racionalidad y
el libre pensamiento”.[1]
Bueno todo esto bien por el planteo reciente de la intención
de colocar una estatua de la Virgen María
en la rambla de Montevideo, lo que motivo que algunas organizaciones comiencen
una campaña en su contra:
DENUNCIAN VIOLACIÓN DE LAICIDAD POR
INSTALACIÓN DE ESTATUA DE LA VIRGEN MARÍA
“Una docena de
organizaciones enviaron una carta a Daniel Martínez para aclararle que si se
aprueba la instalación de una virgen en la rambla se producirá "una
violación a la laicidad y la vulneración de las reglas de convivencia tolerante
entre todos los ciudadanos".
El arzobispo de Montevideo,
Daniel Sturla, pidió a la Intendencia permiso para la colocación de una imagen
de la virgen María en la rambla. La comuna consideró el proyecto
"viable" y autorizó la construcción de una escultura de hasta 3,80
metros...
En la carta, las organizaciones
aclaran que no puede ser un justificativo que ya haya otras estatuas en la
rambla que pertenecen a otras religiones, lo que también es violatorio de la
laicidad.
"Uruguay es un
Estado Laico, como tal, las instalaciones estatales y los espacios públicos en
general deben guardar la neutralidad correspondiente, preservándolos para el
uso y goce común de toda la ciudadanía y -en ningún caso- para el usufructo de
una colectividad religiosa en particular. Esto es válido para todo el ámbito de
soberanía de la República -superficie terrena, marítima y fluvial- incluyendo
sus islas y el territorio antártico. Por ello, igualmente rechazamos la estatua
religiosa instalada recientemente en la isla de Flores", dice la carta.
"La laicidad es
la libre manifestación de todas las concepciones religiosas, políticas e
ideológicas en igualdad de condiciones, sin preferencias para una en
particular, en función de su peso o tradición social o alguna otra
consideración particular, plasmándose institucionalmente en el Estado Laico. En
él todos los ciudadanos y ciudadanas son iguales, no admitiéndose favoritismos
que, sea por el resultado del orden jurídico o por vía de los hechos, resulten
en la instauración de ciudadanos de categorías A, B, o C, de triste memoria en
el recuerdo de los uruguayos. Consagrar favoritismos implica romper una regla
fundamental de la democracia republicana y laica", agrega.
El punto tres de la
carta indica: "Nuestra Constitución de la República expresa, de manera
clara y concreta, que la libertad de cultos está garantizada plenamente y que
todas las manifestaciones religiosas tienen derecho a expresarse libremente. En
el Estado Laico las instalaciones estatales y los espacios públicos no pueden,
y fundamentalmente no deben, ser un escenario de competencia entre preferencias
particulares religiosas o políticas, sino el ámbito reservado al bien
común".
"La instalación
de un símbolo religioso en ese espacio, en forma permanente, constituye una
violación a la laicidad y la vulneración de las reglas de convivencia tolerante
entre todos los ciudadanos. Significa,
en los hechos, un claro favoritismo hacia quienes tienen determinada influencia
en las esferas estatales, en detrimento de otras expresiones minoritarias
discriminadas, suponiendo una injusticia y generando condiciones de dominación
inaceptables en una república democrática y laica.[2] La opresión consentida
y consagrada jurídicamente es la peor de las opresiones", agrega.
Las organizaciones
consideran que si - finalmente - se acepta y decide instalar otra imagen
religiosa, esta vez en la rambla del Buceo, "no sólo sería violatoria de
la laicidad sino que también se apartaría de la aplicación justa e igualitaria
de la libertad de cultos". "El hecho de que existan otros símbolos
religiosos en el departamento de Montevideo, siendo también ellos violatorios
de la laicidad y el Estado Laico, no habilita ni legitima una decisión que
implique una nueva e irritante violación a la misma", agregan…”.
La carta está firmada por:
AILP (Asociación Internacional de Librepensamiento),
AULP (Asociación Uruguaya de Libre
Pensadores), Lic. Elbio Laxalte Terra. Miembro de la Asociación Civil 20 de
Setiembre (www.20desetiembre.org). Portavoz
de la Asociación Internacional de Libres Pensadores – AILP
MYSU (Mujer y Salud en
Uruguay) y
Será interesante que el lector de una mirada a estos link, y
podrán calibrar el peso que tienen para algunas de estas instituciones, y no
tiene desperdicio poder ver el video de APEL.
Y en esta línea de hacer un alto para ver las cosas
cotidianas, no hemos visto un cuestionamiento por ejemplo la presencia en
muchas iglesias la presencia de un símbolo patrio, como es la bandera de los
33, con la Virgen que estos tuvieron en la gesta heroica.
Iglesia de Punta
Carretas
O en los cementerios públicos, conviven infinidad de
símbolos de diferentes religiones y filosofía, y no genera ningún conflicto.
Tampoco he visto voces en contra, por ejemplo cuando se
inaugura en la ciudad de Rivera, del monolito a la Masonería –quien sí lo hizo fue
el Partido Comunista[3]-, y tener
presente que su ubicación se realizó en la Plaza
General José Gervasio Artigas, que está frente a la Iglesia Inmaculada Concepción.
Tampoco se escapa la rambla de Montevideo, pero está
presente un recordatorio masónico:
Y en esa lucha a ultranza por el laicismo, capaz también
habría que iniciar campaña por cambiar los nombres del santoral canario: Santa Lucia, San Ramón, Santa Rosa, San Antonio, San Jacinto, San Bautista.
Creemos como en el video que recomendamos, los términos y
las circunstancias van cambiando, por lo que la “lucha” en este terreno también debe de acompasar eso tiempos…
tolerancia, diversidad, etc., más que hacerlos respetar es saber convivir con
el otro en forma armónica y en paz, y no estar en pie de guerra
permanentemente. No es imponer sino saber de tu diferencia y caminar juntos.
[2] El destacado es nuestro.
[3] “…edil
comunista Enrique Da Rosa (suplente de un edil nuevoespacista), cuando al
sustentar su voto afirmó: “No voto a una organización secreta” de la que no se
conocían ni los integrantes ni los fines”. http://www.lr21.com.uy/comunidad/206476-con-dura-critica-del-comunismo-los-masones-instalan-monolito-frente-a-catedral-de-rivera Aclaremos el tema no secreta, sino discreta.
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