Claves para entender a los Maestros

08 diciembre 2013

Primer Grado: Aprendiz


Después que el “profano” ha solicitado su ingreso, y luego de un proceso de investigación a conciencia de sus antecedentes, los miembros de la logia realizan una votación secreta para aceptar o no la solicitud de ingreso. La elección exige votos afirmativos de todos los miembros de la tenida, los cuales son emitidos en cubos o bolas blancas y negras. En algunos casos los votos son por mayoría de dos tercios de los habilitados (Hermanos que tienen un mínimo de concurrencia desde su iniciación).Si un solo miembro arroja unade color negro, no se concede la admisión. En caso de tener un voto negativo para su ingreso, quien realizo ese voto deberá presentar sus argumentos al Venerable.
También está el caso que el profano sea propuesto por un Hermano con el aval de dos más. Su postulación no solo será presentada en la tenida de la logia, sino que circulara por todas las logias, en tres tenidas.

Una vez aceptado su ingreso, comienza el proceso de iniciación –ver Apéndice-.La ceremonia de iniciación expone ante el candidato, de forma sintetizada, qué es lo que se espera que haga, pidiéndole que declare, mediante juramento, si está dispuesto a unirse a quienes están siguiendo el mismo camino que él desea emprender (in itio), el taller se habrá informado sobre la personalidad y costumbres del candidato, mediante conversaciones personales mantenidas con él por tres maestros y habiéndose realizado las verificaciones pertinentes para su presentación a la logia.
La ceremonia de iniciación representa la iniciación virtual y en modo alguno la real, aunque el neófito haya sido así hecho masón. Todos los masones que le reciben en su logia son también buscadores de la Verdad por la misma vía iniciática gradual.
La masonería simbólica o azul cuenta únicamente con tres grados iniciáticos: el de Aprendiz (1º), el de Compañero (2º) y el de Maestro (3º).
El aprendiz es la piedra bruta. Deberá extraer el “orden del caos”, re-creándose y re-haciéndose a sí mismo con la ayuda del Arte Real. El medio para lograrlo está en su voluntad y con su recta intención, dos cualidades que están simbolizadas por el mazo y el cincel –herramientas con las que acometerá los primeros trabajos sobre la piedra bruta-.

La marcha del aprendiz simboliza la precisión y seguridad con que el iniciado camina hacia el oriente en la búsqueda permanente de la luz de la sabiduría y del conocimiento; a diferencia de la marcha del profano que es incierta porque no sabe hacia dónde se dirige, el aprendiz tiene un objetivo fijo y definido. Esta marcha se compone de tres pasos que significan igualmente infancia, madurez y senectud. Al terminar la marcha se hace el saludo a los tres dignatarios de la logia y cuyo significado ha sido definido en cada uno de los tres casos como fe en los ideales masónicos (saludo al V.·.M.·.),esperanza en alcanzarlos (saludo al Primer V.·.) y amor a la humanidad (saludo al Segundo V.·.). El saludo por sí mismo representa el juramento de silencio y lealtad a los principios y misterios de la orden.
El aprendiz debe labrarse a sí mismo, pues es la piedra bruta. Debe librarse de los vicios profanos y de sus propios defectos, de la pereza, el egoísmo y la falta de propósito vital. Debe prepararse para ser útil, debe perfeccionarse a sí mismo y encontrar su esencia. Debe encontrar el valor de la Libertad, de la Tolerancia y de la Fraternidad. Para esto se le muestra un camino que ya han recorrido otros antes que él, pero que por definición es un camino personal. Las señales de este camino le son mostradas gradualmente y le van ayudando a internalizar un sistema de valores -moral y de autoconocimiento- que le guiarán. No obstante, la enseñanza masónica no es una metafísica, no es un dogma, es un método, un método de trabajo.
El mazo es chispa del fuego divino en el corazón humano, con la que el aprendiz impulsa la obra regeneradora.
Por su parte el cincel es para golpear la piedra, se necesita la facultad de la inteligencia discriminativa, que “distingue” y separa lo esencial de lo superfluo.[1]

Al pulir la piedra bruta, el aprendiz constructor, está realizando un trabajo y un gesto ritual consigo mismo. La piedra es él mismo, y la transformación de ésta, en piedra tallada y cúbica, simbolizando la transmutación cualitativa de todo su ser.
El mazo y el cincel como principales herramientas se deben usar para desbastar la piedra bruta, simbolizan respectivamente, la energía activa que conduce la voluntad del aprendiz y la energía pasiva de la recta intención de salir desde las tinieblas a la luz, cualidad fundamental en el inicio del proceso de la purificación que se han manifestado por los tres viajes misteriosos que en la iniciación el aprendiz tuvo que recorrer.
Estas dos herramientas entregadas al aprendiz, hablan respectivamente, tanto de la necesidad de la energía y la fuerza de voluntad que debe aplicar permanentemente en su labor de desbastado, como de la necesidad de mantener el control inteligentemente sobre lo que debe labrar. La fuerza sin control no sirve de nada, así como tampoco el control sin fuerza.
Pasa simbólicamente por cuatro etapas o pruebas. La asociación de las pruebas con los viajes pone de relieve la importancia del movimiento evolutivo de búsqueda en el avance personal y la necesidad de actuar, venciendo obstáculos que se hallan dentro del orden universal que va apareciendo ante el iniciado gradualmente.
El primer grado representa una vía purgativa iniciática que persigue limpiar de adherencias ilusorias la piedra bruta que aún es el iniciado. Solo eliminando lo ilusorio, lo que oculta lo esencial, podrá el aprendiz aprestarse a ser receptivo. Esta experiencia simbólica constituye la prueba del aire de los antiguos misterios, que viene después de la prueba de la tierra que ha sufrido durante su estancia en la Cámara de Reflexión.
El aire y el fuego son elementos masculinos, activos y sutiles, opuestos y complementarios con la tierra y el agua, femeninos, pasivos y más densos.
El aire, que representa al mundo intermedio entre la tierra y el cielo, se relaciona con el soplo que da origen a la creación, con el Verbo -la palabra que se expande por él-, con el hálito vital que permite el delicado equilibrio de la vida y con el viento que, como el espíritu, sopla donde quiere.
La prueba de la tierra
Se lleva a cabo mediante la permanencia, asolas, en el Gabinete o Cámara de Reflexión, en el que se hallan objetos e inscripciones que invitan a la meditación. Con ello se simboliza el descenso al interior de la Tierra -muerte virtual- para resurgir consciente de la necesidad de despojarse de cuanto impide o estorba el ascenso hacia lo esencial -resurrección virtual-. En el interior de la Tierra se halla la semilla del verdadero yo, que deja de ser tal semilla para germinar y convertirse en plata -Platón y la caverna.
Tras esta experiencia previa, que es un viaje introspectivo, el candidato deberá emprender otros tres viajes, también simbólicos, desplazándose con los ojos vendados y sometiéndose, al finalizar cada uno de ellos, a otras tantas pruebas de voluntad purificadora. La privación de visión simboliza el estado del hombre carente de conocimiento, que no distingue los valores reales, cegado por su ignorancia, su intolerancia, su egoísmo y demás pasiones.

Llegado ante la puerta del Templo, el Experto, que acompaña al recién llegado, pedirá acceso en su nombre, garantizando que el candidato es hombre libre y de buenas costumbres, buscador de la Luz -del conocimiento-. Para entrar; el candidato encontrará dificultades que habrá de poder superar con humildad, a fin de reconstruir sobre ella su auténtica divinidad. En este primer recorrido por el interior de la logia, sus pasiones le asaltarán como si de estruendosos ruidos de desorden y confusión se tratara. Finalmente, con ayuda de quienes van a ser sus hermanos, logrará experimentar una primera purificación simbólica causada por el elemento Aire, “medio sensible de transmisión de lo invisible”, que simboliza un primer contacto con la fuerza espiritualizadora que habrá de llevar al candidato hacia la Luz buscada.
Tras ello, proseguirá con mayor firmeza su recorrido purificador hacia el Agua, símbolo de la limpieza purificadora por excelencia, con la que se desprenderá de residuos no aventados aún por el Aire.
Por último, ya notablemente aligerado su ánimo y fortalecida su voluntad, proseguirá la marcha hacia el Fuego, definitivo elemento purificador simbólico. Pasando a través del Fuego, el candidato mostraba en las antiguas iniciaciones su fortaleza de ánimo y su sugerencia en sí mismo.

Solo después de superar estas pruebas iníciales podrá el nuevo masón ver realmente, empezando a identificar lo que la luz revela. Simbólicamente, el Venerable Maestro de la logia hará que la Luz contenida en la tradición masónica le sea dada.
El aprendiz jura que se propone ser un buscador de la Verdad -de sus parcelas de la Verdad- unido a sus hermanos, apoyándose en ellos y apoyándolos con el mismo fin.
El aprendiz masón debe guardar silencio durante su permanencia en el recinto de la logia. El silencio ritual invita y acostumbra al aprendiz a analizarse a sí mismo antes de emitir un juicio sobre lo que oye o ve, asegurándose de que su entendimiento no está mediatizado por sus propias pasiones. Por otra parte, recogiendo la tradición de los antiguos masones o constructores de oficio, no debe revelar los secretos del taller a nadie, ni siquiera a los hermanos ausentes, cuando se reencuentre con ellos.
Atuendo
El mandil o delantal de trabajo, heredado de la francmasonería operativa, sin el que no le es posible participar en tenidas rituales. El aprendiz al finalizar el ritual de iniciación se le entrega uno, es hoy día, de tejido blanco, aunque fue originariamente piel de cordero. En su parte superior lleva una solapa triangular que debe mantenerse levantada hasta acceder al segundo grado. Carece de todo ornamental y simboliza el ánimo activo y la predisposición espiritual “cándida” y receptiva que han de caracterizar simultáneamente al aprendiz para participar en las tareas comunes de la logia. La solapa superior cubre precisamente el chakra umbilical, con el que se vincula “sentimientos y emociones contra los que debe protegerse especialmente para alcanzar la serenidad de espíritu que haga de él un iniciado real”.
El aprendiz en su labor de desentrañar la duda filosófica que se hace prender en el espíritu del iniciado, en relación con todos aquellos aspectos que no han sido analizados por el mismo, así como en sus esfuerzos por salir de las tinieblas de la ignorancia, con el fin de vivir y conquistar su propia dignidad. En este sentido, es necesario destacar los cuatro elementos consustanciales de esta edad simbólica: la piedra bruta, el mazo, el cincel y el mandil.

Los derechos de un aprendiz son limitados. No puede votar ni ocupar cargos, pero si tiene derecho a un funeral masónico. Tampoco está habilitado para organizar actividades de beneficencia masónica, aunque tampoco se le impide recibir asistencia de un masón. En el apéndice se encuentra el índice de los treinta y tres temas que debe preparar el aprendiz para tener un aumento de salario.






[1] Siete Maestros Masones- Ob. Cit. p. 66.

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