Claves para entender a los Maestros

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26 diciembre 2020

Oraciones masónicas VII Padre Nuestro

 

Oraciones masónicas VII

Padre Nuestro

 


Padre Nuestro:

Tú que estás sobre todas y en todas las cosas,

!Antes que sus causas y tras sus efectos,

!En un Infinito que lo abarca todo!

Lo uno y lo diverso.

Padre Nuestro que estás inmanente en el Todo:

Arriba y abajo; muy alto en el cenit,!

Muy bajo en la hondura, bajo nuestro suelo,!

Aunque el hombre te adore en la altura,

cuando ignora que en ella navega "su mundo";

que estamos flotando en el cielo.

Cada cual santifica Tu Nombre

Según su potencia de conocimiento:

Según lo que alcanza

Con la inteligencia o con el sentimiento,

!Poderes benditos que nos van acercando al Misterio

tras el cual te escondes mientras progresamos

en la ruta infinita del tiempo¡

Sea venido a nosotros Tu Reino:

Por estar en él "somos"; en él "existimos",

bajo todas las formas de vida que tú has deparado,

en cadena sin fin de experiencias,

anhelos, herencias y cambios de estado;

Juez omnipotente

de causas primeras y causas finales,

¡contingencias de libre albedrio

en circuitos de leyes fatales!

Fluir aparente de luces y sombras,

de bienes y males,

siempre relativos

y convencionales,

¡pero que nos ligan a lo trascendente!

Así yo concibo Tu Reino

con mil horizontes, moradas y planos;

reinando por todo tus leyes,

creándolo todo Tus manos;

siendo Tú el venero

de lo Bueno, lo Bello y lo Justo,

que es lo Verdadero.

Y así se encadena

tomando sentido moral y fecundo

la vida terrena:

"Estar en el mundo

de tres dimensiones"

donde nos acucian oscuros problemas,

y grandes miserias y bajas pasiones,

para "ser" más allá de ese mundo;

en el otro reino que viene o que espera,

en el cual la vida sigue mansamente

su eterna carrera.

Hecha está Tu Voluntad,

 así en la Tierra como en el Cielo:

Por doquier asoma,

 por doquier la vemos,

cuando alumbran buscando el arcano

las luces inquietas del entendimiento.

El pan nuestro nos distes por siempre,

Providente y Bueno,

antes que naciera en el "homo sapiens"

y en la bestia humilde

el imperativo de hacer que comerlo.

Mas, aunque lo diste con pródiga mano,

has determinado, para que fuera "nuestro",

que cada uno gane, con trabajo propio,

pan para su alma y pan que nutra el cuerpo.

Yo sé que a tus ojos

están perdonadas mis deudas;

que todas mis culpas

no son más que formas de yerro:

ignorancias que iré cancelando

amando y sufriendo,

mientras subo la escalera gloriosa

del "semper ascendens";

la ruta bendita de luz y progreso

donde sacrificas a todos los seres

que pueblan los mundos

que van por los cielos.

!Y en ese camino,

donde se proyecta todo mi futuro,

y está mi pasado y vive lo eterno,

cuanto más alcanzo,

más te entiendo,

tanto más perdono las ajenas deudas,

tanto más disculpo el error ajeno.

!Déjarne caer en tentación de pecados,

que pueda medirlos mi discemimiento;

que al librarse de ellos,

por mi propio motivo y esfuerzo,

podré demostrar ante mi y ante todo otro ser,

que, al orar,

he sabido sentir, meditar y querer;

que dentro de mí

hay un ente que "sabe creer".

Haz que mis hermanes mayores

me libren del mal

cuando yo no pueda valerme y vencerme.

!Seres de otro plano, entes de otro cielo,

que, obrando en Tu nombre,

puedan influir en las cosas del suelo.

¡Señor! que me ayuden.

Yo a mi vez prometo

en plan solidario,

auxiliar a aquellos que lo necesiten,

mientras pueda prestarles

mi brazo o mi mente, ayuda o consejo.

¡Sea así! Que se cumpla Tu ley,

Sempiterno instrumento del bien;

la que da a cada

uno lo suyo,

conforme a sus obras y según su grado,

por siglos de siglos, ¡Amén!

 

Autor: Eduardo Anaya Mena, Maestro Masón, simbólico Asmara, Penal de Burgos, 1941.

Fuente: Eduardo Alfonso, La masonería española en presidio, Barcelona, 1983, pp. 30-31.

           

 

 

 

 

15 agosto 2020

Oraciones masónicas V

 

Oraciones masónicas V 

Oración hecha por el capellán de la Logia · en sesión dedicada a San Juan Evangelista

 

A.·. U.·., la confianza que vuestra bondad y prudencia me inspiran y la necesidad de cumplir con la obligación que esta respetable L.·. me ha impuesto, honrándome con el Título de su capellán, me animan a encender mi pequeña luz, no para aumentar los resplandores de las grandes luces de nuestra L.·. sino para llenar mi deber y contribuir al regocijo y solemnidad de esta pequeña, aunque muy augusta función dedicada al Restaurador de la antigua M.·. nuestro Patrón S. Juan


Evangelista; bajo cuya tutela, según la constante tradición y fidedignos documentos M.·. trabajaron desde el principio y consagraron sus L.·. los verdaderos M.·., digo verdaderos, porque no todos los que se cubren con tan respetable manto contribuyen a la reedificación del gran templo del Supremo Arquitecto del Universo, ni al engrandecimiento de aquella nueva y hermosa ciudad, que nuestro tutelar vio en la Isla de Patmos, la cual no necesita de los resplandores del sol ni de la luna, porque es mayor la luz que la ilumina por cuyas puertas no entra nada manchado y hasta los Reyes de la tierra reciben honor y gloria cuando cruzan sus umbrales.

Nosotros A.·. U.·. reunidos para llevar al cabo tan grande obra, debemos trabajar con actividad constancia y fortaleza, para reunir abundantes y escogidos materiales, cuidando de su mejor colocación, que es para lo que nos hemos revestido de los adornos M.·. y no para una vana ostentación, teniendo presente que la joya más preciosa del M.·. es la virtud, verdadera y única fuente de la alegría, de la paz, de la unión, de la gloria y de la felicidad terrena y celestial, y sin la que es imposible mantener ni la armonía M.·. ni civil. Por esto están cerradas nuestras puertas para el vicio y para el crimen que siempre traen consigo el desconsuelo, la pena la desunión, la discordia y la anarquía, y lo que es más la reprobación del supremo Arquitecto del Universo. Por esto los gloriosos H.·. que nos han precedido, pintaron la virtud con símbolos tan bellos e interesantes, como horribles y espantosos los del vicio; sigamos pues sus huellas, y sobre todo las de nuestro tutelar Patrono, que después de haber empleado su larga vida en enseñar a los hombres a vivir en paz y armonía, ilustrándolos y comunicándolos la luz; nonagenario ya en Éfeso solía repetir diariamente a sus discípulos estas memorables palabras, que deben estar grabadas en el corazón de todos los M.·.: Hijos míos amaos unos a otros. Amémonos, pues, mutuamente guiados por nuestra fe, esperanza y caridad, y veremos con santo jubilo crecer y elevarse esta obra grandiosa, y descender sobre nuestros inocentes trabajos las bendiciones del Supremo Arquitecto del Universo. Amen.

 

Fuente: A. G. P., Papeles reservados de Fernando VII, t. 67, fol. 286-287 vto.

 

04 agosto 2020

Oraciones masónicas IV

Oraciones masónicas IV

 Oración que hace el V., arrodillados todos los M., antes de recibir el juramento al pretendiente

 

Oh Gran Dios, Arquitecto Supremo del Universo, dignaos admitir y bendecir nuestros trabajos, y acogernos bajo vuestra divina protección; rogámoste todo poderoso, que este pretendiente cumpla fiel y religiosamente con los preceptos de la M. el más antiguo y honrado orden; inspirarle fortaleza y determinación para alejarse y deshacer todo atentado que pueda corromper la Moral; y para que jamás escuche a los malvados, que bajo la capa de M. quieren sumergir su patria en anarquía y guerra civil, tan ajeno todo de tus divinos preceptos, como del deber de un buen M.

Iluminad su entendimiento, y gravad en su corazón el sagrado juramento que va a hacer y la necesidad de cumplir con él en todas sus partes para bien de la Sociedad y de todo el género humano, recordándole que sin buenas obras no hay felicidad en esta vida, ni salvación n la venidera; y que el buen M. no puede ser traidor a su Rey, Patria ni Religión. Así os rogamos que os dignéis escucharnos, inspirándonos el modo de seguir el camino recto, trazado desde el principio. Amen.

 

Fuente. A. G. P., Papeles reservados de Fernando VIII, t. 67, fol. 285.

 


30 julio 2020

Oraciones masónicas III

Oraciones masónicas III

 

QUE LA ARMONÍA REINE EN NUESTROS CORAZONES

(Apertura de Trabajos. Rito de York, siglo XIX)

 

Muy Santo y Glorioso Señor Dios,

Gran Arquitecto del Universo,

Dispensador de todos los dones y gracias,

Tú que has prometido que allí donde dos o tres se reúnan en Tu nombre,

Allí estarás Tu en medio de ellos y les bendecirás.

En Tu nombre nos hemos reunido

Y en Tu nombre deseamos cumplir nuestros actos.

Haz que los sublimes principios de la francmasonería

puedan hacernos superar toda discordia y pasión,

que ellos introduzcan la armonía en nuestros corazones,

que ellos nos enriquezcan de Tu amor y de Tu bondad

y que esta Logia pueda, en este momento,

reflejar humildemente el orden y la bondad

que reinan siempre ante Tu trono.

Amen.

  

Fuente: Philippe Langlet, Les plus belles prières des francs-maçons, Paris, 2001.