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27 febrero 2019

Soberanos Grandes Comendadores de América


Soberanos Grandes Comendadores de América

Montevideo fue sede del encuentro de Soberanos Grandes Comendadores de América, el 27 de febrero de 1958.

Asisten a la misma por:

Argentina                    Alberto Mazzioti
Chile                           Pedro Castelblanco Agüero
Paraguay                     Salvador Amodei
Perú                            Sebastián LLorente de Patrón
Uruguay                      Armando Roberto Lerma



07 febrero 2018

Manuel Ricardo Palma Soriano

Manuel Ricardo Palma Soriano
7 febrero de 1833 – 6 de octubre de 1919
Lima, Perú



Fue un escritor romántico, costumbrista, tradicionalista, periodista y político peruano, famoso principalmente por sus relatos cortos de ficción histórica reunidos en el libro Tradiciones peruanas. Cultivó prácticamente todos los géneros: poesía, novela, drama, sátira, crítica, crónicas y ensayos de diversa índole. Sus hijos Clemente y Angélica siguieron sus pasos como escritores.

Manuel Ricardo Palma y Carrillo nació el 7 de febrero de 1833 en Lima (aunque existe una teoría de monseñor Salvador Herrera Pinto que pone su cuna ocho años antes en el pueblo de Talavera de la Reyna en Apurímac),​ en el seno de una familia humilde; fue inscrito en la partida de bautismo como hijo natural de Pedro Ramón Palma Castañeda y de Guillerma Carrillo y Pardos, a quien muchos consideran la abuela materna y que su madre fue en realidad Dominga Soriano y Carrillo, la hija de 16 años de esta, ​ con quien Pedro se casaría cuatro años más tarde, el 6 de abril de 1837. ​ Ramón, era un comerciante mestizo con aspiraciones, que doblaba en edad a Dominga, quien era cuarterona (ascendenia subsahariana). El matrimonio Palma-Soriano "fracasó prontamente –según el historiador Oswaldo Holguín Callo– por las diferencias raciales, generacionales y culturales", y el pequeño Ricardo, que tenía 9 años, permaneció naturalmente en la casa paterna. ​
Asistió a la escuela para párvulos de Pascual Guerrero, a la de Antonio Orengo y a la de Clemente Noel. Terminada la secundaria, siguió leyes en el Convictorio de San Carlos (aunque algunos cuestionan este dato como una superchería del autor y otros dicen que probablemente fuera alumno externo). ​
A los 15 años comenzó su carrera literaria, primero escribiendo poesía y dramas. Fue a esa edad que empezó a usar, junto con el primer nombre, su segundo, Ricardo, que después ya utilizaría solo, sin el primero original de Manuel. También desde joven se mezcló en política, y en 1857 secundó la sublevación del general Manuel Ignacio de Vivanco contra el presidente Ramón Castilla, por lo que fue separado del ejercicio de su cargo en el Cuerpo Político de la Armada del Perú.
Se inició como masón a los 22 años en la logia chalaca del Callao Concordia Universal, el 4 de julio de 1855, siendo venerable maestro Damián Alzamora, orador Antonio Álvarez del Villar y secretario José Antonio Barboza. ​
En la Armada, a la que ingresó como oficial tercero en 1853, sirvió en la goleta Libertad, el bergantín Almirante Guisse, el transporte Rímac —donde el primero de marzo de 1855 estuvo a punto de morir a consecuencia del naufragio de la nave— y el vapor Loa. ​ Tomó parte en el desembarco de Guayaquil en 1859, durante la guerra con Ecuador.
En noviembre de 1860 participó en el fallido asalto a la casa presidencial que acometió un grupo de civiles y militares de tendendica liberal, liderados por José Gálvez. El fracaso del golpe contra Castilla lo obligó a abandonar el Perú y el 20 de diciembre se embarcó con destino a Chile.

En Valparaíso, adonde arribó a fines de mes, frecuentó los salones literarios, fue miembro de la Sociedad de Amigos de la Ilustración y colaboró en la Revista del Pacífico y en la Revista de Sud-América. Los casi tres años que pasó en esa ciudad —durante los cuales realizó frecuentes viajes a Santiago— fueron literariamente «intensos y fructíferos». Allí conoció a José Victorino Lastarria, Guillermo Blest Gana y otros escritores, y en las revistas mencionadas publicó textos importantes: poesías, siete tradiciones y lo que después derivaría en los Anales de la Inquisición de Lima que aparecerían en la capital peruana a su regreso y con el que puede decirse que «comienza la plenitud literaria de Palma». ​


Regresó al Perú en agosto de 1863, después de ser amnistiado, y en julio del año siguiente fue nombrado cónsul en el Pará, Brasil, cargo que aparentemente no llegó a ejercer: obtuvo una licencia y viajó a Europa: El Havre, París, Londres. En 1865 retornó vía Estados Unidos —se quedó un tiempo en Nueva York—, cuando Perú está ya en pleno conflicto con España. Con el puerto del Callao bloqueado, Palma desembarca probablemente en Paita y es nombrado asistente de Gálvez, ministro de Guerra y Marina. Ambos participan, desde la torre La Merced del Callao, en el combate contra la escuadra española el dos de mayo de 1866, en el que Galvéz murió cuando una bomba, disparada desde la fragata española Almansa o desde la Blanca, cayó en unos depósitos de pólvora. Palma se salva milagrosamente: había abandonado la torre minutos antes de la explosión.
Tomó parte en la sublevación del coronel José Balta al año siguiente, y estuvo en prisión y desterrado brevemente en Guayaquil. Balta lo nombró su secretario particular después de ser elegido presidente en 1868. Al poco tiempo fue elegido también senador por Loreto, cargo que ejerció hasta 1872. El asesinato de Balta, ocurrido el 26 de julio 1872, marca el fin de la vida política de Palma, que pasa a dedicarse exclusivamente a la literatura. Tres años más tarde se retira a Miraflores y en 1878, se muda con su familia al balneario de Chorrillos.
Durante la guerra con Chile participó en la defensa de Lima. Cuando las tropas de ocupación incendiaron en enero de 1881 su casa, ubicada en el balneario de Miraflores, Palma perdió su biblioteca y algunos manuscritos, como el de la novela Los Marañones y sus memorias del gobierno de Balta. Perdida su casa, se traslada a Lima donde alquila una en la calle Veracruz.
Dos años más tarde, el dueño del diario La Prensa de Buenos Aires le ofreció el cargo de redactor literario del periódico, pero el presidente Miguel Iglesias logró convencerlo que aceptara la dirección de la Biblioteca Nacional, que se encontraba destruida como consecuencia de la guerra y que durante la ocupación había sido expoliada por los chilenos. Al ocurrir esos hechos en marzo de 1881, Palma, que era a la sazón subdirector de la Biblioteca, había redactado una carta de protesta, firmada por él y el director, Manuel de Odriozola. ​ Esto motivó que el entonces contralmirante Patricio Lynch y comandante en jefe del ejército de ocupación, dictara prisión contra el escritor, que cumplió primero en el segundo piso de la misma Biblioteca ocupada y después en un buque en el Callao, donde pasó 12 días hasta que recuperó la libertad gracias a gestiones de diplomáticos franceses y brasileños. Odriozola, contra el que también había orden de arresto, «logró asilarse en la legación norteamericana».
Su labor al frente de esta institución constituyó uno de sus grandes logros. Fue en aquella época que se ganó el apelativo de "el bibliotecario mendigo", porque, ante el magro presupuesto con el que contaba, decidió utilizar su prestigio y sus contactos para pedir a personalidades de diversos países que donaran libros. Gracias a su amistad con el presidente de Chile Domingo Santa María (1881-1886), consiguió recuperar unos 10 000 de manos chilenas. El 28 de julio de 1884 inaugura la biblioteca, que dirige hasta febrero de 1912, cuando renuncia por discrepancias con el gobierno de Augusto Leguía, que, en reemplazo, nombra a su enemigo, Manuel González Prada. Verdad es que el escritor tendrá su desagravio: el nuevo gobierno del coronel Óscar R. Benavides lo nombrará director honorario de la Biblioteca en 1914, González Prada será destituido y su puesto lo ocupará el candidato de Palma, Luis Ulloa. Esto, sin embargo, no durará mucho: en febrero de 1916 González Prada recupera el cargo y el famoso escritor renuncia a su nombramiento honorario.
Palma, ya convertido en el patriarca de las letras peruanas, se había retirado en marzo de 1912 a Miraflores, donde viviría los últimos años de su vida.
Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española (1878) y de la Peruana de la Lengua —que presidió desde su fundación en 1887 hasta su renuncia en 1918, cuando pasa a ser director honorario—, y de otras prestigiosas instituciones.

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Un miércoles 4 de julio de 1855, Ricardo Palma Soriano ingresa a la Masonería Peruana con tan solo 22 años. Se inició en la tradicional Logia del Callao, denominada “Concordia Universal”, registrada con el Nº 2 en el Gran Oriente Peruano. Al año siguiente, el Gran Oriente Nacional del Perú, presidido por su Gran Maestre, Matías León, promulgó un nuevo Estatuto Masónico. Esta época fue una etapa de florecimiento de la masonería, a la que Ricardo Palma dedicaba mucho tiempo, a pesar de su trabajo en la armada y en su vida literaria.
Durante su estancia en el vecino país sureño, Palma colabora en la “Revista del Pacífico” y la “Revista de Sud- América”, además de publicar un libro: “Dos poetas, apunte de mi cartera”. Al año siguiente publica “Anales de la Inquisición”, además del primer número de “Heraldo Masónico”. 
El periodo entre 1872 y 1877 fue de felicidad para Ricardo: nació su primer hijo, Clemente, fundó el “Club Literario de Lima”, estuvo en la Ceremonia del nuevo Templo Masónico en la calle Teatro, y publicó las series de Tradiciones Peruanas”. 
Gracias a su obra de las Tradiciones Peruanas, se conoce los primeros indicios de un templo masónico en el Perú, en el capítulo “La Casa de Pilatos”.

Sobre su pertenencia a la orden masónica se sabe que fue iniciado el 04 de Julio de 1855, siendo V:.M:. Damian Alzamora, Secretario José Antonio Barboza y Orador: Antonio Alvarez del Villar. Se afilió luego a la Logia Virtud y Unión en el año 1856 siendo secretario en ese mismo año. Luego de ello se logra ubicarlo en una ceremonia de instalación de la Logia Parthenón y en el año 1871 figura como elegido su Venerable Maestro.
Todas estas logias mencionadas pasaron a formar parte de la Gran Logia del Perú, y por lo tanto todas las actas y documentos están en el Museo Histórico Masónico "Jorge Basadre" de la Gran Logia del Perú.



Documento donde Ricardo Palma firma
como secretario de la Logia

https://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Palma

https://logiahonorylealtad.blogspot.com.uy/2016/02/ricardo-palma-mason.html

18 junio 2015

REVOLUCION HISPANOAMERICANA Y LA MASONERIA. XII PERU

PERU

Simón Bolívar
Ver Bolivia.
Antonio José de Sucre
Ver Ecuador.
Francisco Antonio De Zela y Arizaga

Decir que Zela era masón, es otra gran falsedad histórica por las siguientes razones:
1. Para establecer una logia masónica los componentes del grupo que lo intente debían ser afiliados de otras logias masónicas, ostentar el grado tercero, denominado “maestro”, y no ser menor de siete en número. Además deben haber obtenido una autorización escrita, denominada “patente de instalación”, para establecer la nueva logia, lo cual debe ser otorgada por una Gran Logia, es decir la autoridad superior de la masonería de un determinado país o región. Estos requisitos masónicos jamás pudieron haberse cumplido por esos años en Tacna.
2. El historiador que afirma que en Moquegua existía una logia masónica no ofrece ninguna prueba de su aseveración… De haber existido alguna logia, tendría que haberse establecido una correspondencia  con la Gran Logia de cual dependía, dando cuenta de sus actividades…De todo lo enumerado no se exhibe una sola prueba. Referentes a otras logias masónicas de esa época, sí existen pruebas, como es el caso de las invasiones inglesas en Buenos Aires ocurrida en 1806 y 1807,  los mismo están depositados en el Archivo de la Nación Argentina  de las cuales han sido publicados".[1]
Lima, 24 de julio de 1768 - Chagres, actual Panamá, 18 de julio de 1819; precursor de la Independencia del Perú, que encabezó la Revolución de Tacna de 1811.
Andrés de Santa Cruz y Calahumana
En el segundo piso está la galería de ex presidentes masones del país: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Andrés de Santa Cruz, José Ballivián, José María Linares, Adolfo Ballivián, Tomás Frías, Narciso Campero, José Manuel Pando, Ismael Montes, David Toro, Germán Busch, Enrique Peñaranda, Gualberto Villarroel, Hugo Ballivián, Víctor Paz Estenssoro, René Barrientos y Juan Pereda...”.[2]

Santa Cruz emprendió el regreso a Bolivia, al llegar a la ciudad de Cusco se compromete en matrimonio con doña Francisca Cernadas, que fue su fiel esposa y compañera inseparable de toda la vida, boda que después se realizó por poder, consolidándose después en el Santuario de Copacabana. Pasando por Arequipa y después por Puno, fundó la Logia que tenía como fin la unión de Bolivia y Perú, idea que tuvo Santa Cruz desde hace mucho tiempo, la Logia Masónica se denomino -Titicaca- donde Santa Cruz es elegido “Gran Maestre de la Orden” con el nombre simbólico de -Arístides-.[3]
 La Paz, Bolivia, 5 de diciembre de 1792 –  Beauvoir, Francia, 25 de septiembre de 1865; militar y político peruano-boliviano. Fue Presidente de la Junta de Gobierno del Perú (1827), Presidente de Bolivia (1829-1839) y Protector de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839). Fue nombrado por el gobierno peruano Gran Mariscal de Zepita.
Bernardo O'Higgins
Ver Chile.
José de San Martín
Ver Argentina.
Juan Pablo Vizcardo y Guzmán
Fue masón también el seminarista jesuita Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, quien apoyado por la masonería italiana recorrió Europa solicitando ayuda para la América sojuzgada. Célebre es la Carta a los españoles americanos y el Plan para la Independencia del Perú, documento último que asumió la masonería inglesa y lo hizo conocer a través de sus logias a criollos como San Martín, Bolívar, O’Higgins y a otros hermanos masones.[4]
Pampacolca, Arequipa, Perú, 26 de junio de 1748 - Londres, 10 de febrero de 1798; jesuita y escritor criollo. Precursor de la Independencia hispanoamericana, fue autor de la célebre "Carta a los españoles americanos", documento publicado por primera vez en 1799, donde instaba a los hispanoamericanos a independizarse de la corona española, exponiendo una serie de argumentos que justificaban tal decisión. Ha sido reconocido por los historiadores reunidos en el tercer congreso de Historia de América realizado en Buenos Aires, como el “primer precursor ideológico de la independencia americana”.