Claves para entender a los Maestros

04 enero 2026

EL ARTE DE LO OCULTO II - Miriam Escofet


EL ARTE DE LO OCULTO II

Un libro de consulta visual para el místico moderno

S. Elizabeth

Ediciones Akal, 2024, Madrid

 

Miriam Escofet

1967

 

La obra de Miriam Escofet, con su hiperrealismo cargado de atmósfera y alegoría, puede leerse esotéricamente como una exploración del espacio interior, la memoria simbólica y la trascendencia, donde objetos cotidianos se convierten en umbrales hacia lo invisible.

 

1. El hiperrealismo como velo iniciático

Aunque Escofet trabaja con una técnica hiperrealista, su obsesión por el detalle y la atmósfera no busca solo imitar la realidad, sino revelar lo oculto detrás de lo visible.

En términos esotéricos, el trompe-l’oeil y la naturaleza muerta funcionan como puertas simbólicas, lo que parece material se convierte en signo de lo espiritual.

2. Espacio y atmósfera como símbolos del “mundo imaginal

Escofet declara que su pasión es describir “espacio, volumen y atmósfera”.

Desde una lectura inspirada en Henry Corbin, ese espacio pictórico puede interpretarse como el mundus imaginalis, un territorio intermedio entre lo sensible y lo espiritual, donde los objetos adquieren resonancia arquetípica.

3. La alegoría y la memoria

Sus composiciones imaginarias y alegóricas dialogan con la tradición de la pintura barroca y renacentista.

Maurice Halbwachs y Pierre Nora hablarían aquí de lugares de memoria: cada objeto pintado (una taza, un pliegue, un gesto) se convierte en símbolo de permanencia, un recordatorio de lo eterno en lo efímero.

4. Retratos como epifanías

El retrato de su madre con una taza de té, ganador del BP Portrait Award 2018, puede leerse como una epifanía doméstica: lo cotidiano se transfigura en ritual.

El gesto de beber té se convierte en un acto contemplativo, casi litúrgico, donde la intimidad se abre a lo universal.

 

Conexión con tradiciones esotéricas

·       Hermetismo: La unión de microcosmos y macrocosmos se refleja en la manera en que un objeto mínimo (una taza, un pliegue de tela) contiene la totalidad.

·       Masonería y rituales iniciáticos: Su uso de perspectiva y composición recuerda la arquitectura simbólica del templo, donde cada elemento tiene función de instrucción espiritual.

·       Eranos y Jung: Como en las imágenes recopiladas por Fröbe-Kapteyn, sus obras son arquetipos visuales que invitan a la meditación.

La obra de Miriam Escofet, más allá de su virtuosismo técnico, puede entenderse como un arte de revelación; convierte lo cotidiano en símbolo, lo visible en umbral, y lo íntimo en universal. Desde lo esotérico, sus pinturas son espacios de contemplación iniciática, donde el espectador es invitado a cruzar del mundo sensible al imaginal.



Obra / Motivo

Símbolo visible

Arquetipo iniciático

Lectura esotérica

Retrato de su madre con taza de té

La madre, la taza

Sophia / Grial

La madre como figura de la Sabiduría eterna; la taza como recipiente del conocimiento y la comunicación espiritual.

Naturalezas muertas hiperrealistas

Objetos cotidianos (tazas, telas, frutas)

Talismanes / Microcosmos

Cada objeto es condensador de energía simbólica; lo mínimo refleja lo máximo (principio hermético).

Espacios arquitectónicos y atmósferas

Perspectiva, geometría, luz

Templo / Cosmos ordenado

La pintura como arquitectura iniciativa: el espacio pictórico es un templo interior, reflejo del orden universal.

Retratos familiares y cercanos

Rostros íntimos

Linaje iniciático / Transmisión

La memoria personal se convierte en cadena de transición espiritual, como genealogía iniciática.

Hiperrealismo atmosférico

Detalles minuciosos, atmósfera envolvente

Mundus imaginalis

LO visible se abre a lo invisible: el detalle es vía contemplativa hacia el mundo intermedio descrito por Corbin.

 

El cuadro Los cinco sólidos platónicos de Miriam Escofet puede interpretarse como una meditación visual sobre la geometría sagrada y la relación entre forma, cosmos y espíritu. Cada sólido funciona como un arquetipo iniciático que conecta lo material con lo trascendente.

Análisis esotérico del cuadro

1. Los sólidos como símbolos cósmicos

Los cinco sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octaedro, dodecaedro, icosaedro) han sido asociados desde Platón con los elementos fundamentales: fuego, tierra, aire, agua y el universo.

En la obra de Escofet, su disposición y atmósfera pictórica los convierte en emanaciones arquetípicas, más que en simples figuras geométricas.

2. Geometría sagrada y contemplación

La geometría perfecta de los sólidos se convierte en un mandala tridimensional: un espacio de contemplación que invita al espectador a entrar en el orden invisible del cosmos.

Desde la perspectiva de Henry Corbin, el cuadro puede leerse como un acceso al mundus imaginalis, donde las formas geométricas son puertas hacia realidades espirituales.

3. Lectura iniciática

·       Cada sólido es un grado de ascenso:

·       Tetraedro (fuego): purificación y energía vital.

·       Cubo (tierra): estabilidad, fundamento del templo.

·       Octaedro (aire): equilibrio y respiración espiritual.

·       Icosaedro (agua): fluidez, memoria y emoción.

·       Dodecaedro (universo): totalidad, unión con lo divino.

La pintura se convierte en una tabla iniciática, donde la contemplación de cada sólido es un paso hacia la integración del ser.

 

La definición de mundus imaginalis según Corbin

Un mundo real, no ficticio

Corbin insiste en que el mundus imaginalis no debe confundirse con lo “imaginario” entendido como fantasía o ilusión. Es un nivel ontológico autónomo, con su propia consistencia y leyes.

Órgano de percepción: la imaginación activa

Este mundo se percibe mediante la imaginación creadora (imaginatio vera), que no es fantasía subjetiva, sino una facultad cognitiva capaz de revelar realidades espirituales.

El “octavo clima

En la tradición islámica que Corbin estudió, este mundo corresponde al ʿālam al-mithāl (mundo de las imágenes arquetípicas) o al malakūt (mundo sutil). Es llamado también el “octavo clima”, un espacio intermedio entre lo sensible y lo inteligible.

Función simbólica y visionaria

El mundus imaginalis es el lugar donde se manifiestan las visiones, los símbolos y las teofanías. Es el ámbito de los relatos visionarios, de los sueños significativos y de las experiencias místicas.



An Allegory of the Gothic Ideal (2005) de Miriam Escofet es una pintura alegórica y surrealista que convierte la estética gótica en un símbolo espiritual; la figura femenina elevada sobre un pilar encarna la unión entre lo humano y lo trascendente, mientras la arquitectura y el paisaje evocan el templo interior del alma.

Claves esotéricas del cuadro

1. La figura femenina como Sophia

La mujer vestida de blanco con un cinturón azul (colores que evocan pureza y trascendencia) representa la Sabiduría divina (Sophia), la Virgen iniciática que se eleva hacia lo alto.

Su gesto ascendente y su posición sobre la columna evocan la elevación iniciática, el tránsito del mundo material al espiritual.

2. La columna gótica como axis mundi

El pilar tallado funciona como columna del templo interior, símbolo del eje que conecta cielo y tierra.

En la tradición hermética y masónica, la columna es soporte del cosmos y del conocimiento.

3. El paisaje como mundus imaginalis

Montañas, árboles y nubes en el fondo sugieren un espacio intermedio, el mundo imaginal descrito por Corbin.

No es un paisaje realista, sino un escenario de contemplación, donde la naturaleza se convierte en espejo del espíritu.

4. El ideal gótico como aspiración espiritual

El gótico, con su verticalidad y luz, simboliza la búsqueda de trascendencia.

Escofet traduce ese ideal arquitectónico en alegoría pictórica: la figura humana se convierte en la catedral viva.

 


La pregunta misma (¿Y no vivimos en sueños?) introduce la idea de que la realidad es un velo, un estado intermedio.

Desde Platón y su alegoría de la caverna hasta Jung y el inconsciente colectivo, el sueño es metáfora de la condición humana: vivimos entre sombras y símbolos, buscando despertar.

¿Y no vivimos en sueños? es una obra que funciona como espejo iniciático: nos recuerda que la realidad es un sueño compartido, un tejido de símbolos que solo se revela plenamente en la contemplación. Escofet convierte lo cotidiano en un umbral hacia lo invisible, invitando al espectador a despertar dentro del sueño.

 

Lectura simbólica de la imagen inferior

1. El caballero y el dragón: combate iniciático

El caballero representa el yo consciente, armado con voluntad, disciplina y propósito.

El dragón encarna el inconsciente profundo, las fuerzas caóticas, instintivas, o incluso el “guardían del umbral” en términos junguianos.

El combate no es destrucción, sino transmutación: el héroe debe enfrentar lo oscuro para integrar su sombra.

2. La lanza como eje de transformación

El arma que atraviesa al dragón es símbolo del logos, la palabra, la razón iluminada.

En clave hermética, la lanza es el rayo de conciencia que penetra el caos para revelar el orden oculto.

3. La figura bajo el árbol: testigo o Sophia

Esta figura puede representar la Sabiduría contemplativa (Sophia), que observa el proceso sin intervenir.

El árbol bajo el cual se sitúa es símbolo del eje del mundo, la conexión entre planos.

También puede ser el aspecto femenino del alma, que espera la integración del héroe para revelarse.

4. El relieve como imagen dentro del sueño

Si esta escena está en la parte inferior de ¿Y no vivimos en sueños?, funciona como fundamento simbólico: el sueño es el campo donde se libra el combate iniciático.

El relieve en piedra sugiere memoria arquetípica, como si el sueño fuera una inscripción ancestral en el alma.

 


La obra se centra en la idea del templo como espacio simbólico y no meramente arquitectónico. Escofet lo concibe como un lugar de contemplación, donde la geometría y la luz sugieren lo trascendente.

El templo funciona como alegoría del espacio interior humano, un refugio espiritual.

La composición sugiere una arquitectura idealizada, más cercana al mito que a la realidad.

La ausencia de figuras humanas enfatiza la idea de lo eterno y lo universal.

El templo se inscribe en la tradición de la arquitectura imaginaria como metáfora del alma, recordando tanto a los espacios visionarios del Renacimiento como a las construcciones simbólicas de Jung y Corbin. Escofet logra que el espectador se sitúe en un umbral: entre lo material y lo espiritual, entre la piedra y la idea.

Figura femenina central: podría encarnar la Sophia o sabiduría, como guardiana del templo interior.

Imágenes laterales: podrían funcionar como virtudes cardinales o arquetipos platónicos que sostienen la estructura espiritual.

Disposición arquitectónica: recuerda a un retablo o iconostasio, donde las imágenes no son retratos individuales, sino emanaciones de lo sagrado.

 


 El Arte Oculto I

 

https://conchamayordomo.com/2022/06/07/miriam-escofet/

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9860677

https://miriamescofet.com/other-works/

https://www.arteinformado.com/galeria/miriam-escofet/an-allegory-of-the-gothic-ideal-63150

https://www.arteinformado.com/guia/f/miriam-escofet-197507

https://www.neurochispas.com/wiki/los-5-solidos-platonicos-propiedades-diagramas-y-ejemplos/

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