EL
ARTE DE LO OCULTO II
Un
libro de consulta visual para el místico moderno
S.
Elizabeth
Ediciones
Akal, 2024, Madrid
Miriam Escofet
1967
La obra de Miriam Escofet, con su hiperrealismo cargado de
atmósfera y alegoría, puede leerse esotéricamente como una exploración del
espacio interior, la memoria simbólica y la trascendencia, donde objetos
cotidianos se convierten en umbrales hacia lo invisible.
1. El hiperrealismo como velo iniciático
Aunque Escofet trabaja con una técnica hiperrealista, su
obsesión por el detalle y la atmósfera no busca solo imitar la realidad, sino
revelar lo oculto detrás de lo visible.
En términos esotéricos, el trompe-l’oeil y la
naturaleza muerta funcionan como puertas simbólicas, lo que parece material se
convierte en signo de lo espiritual.
2. Espacio y atmósfera como símbolos del “mundo
imaginal”
Escofet declara que su pasión es describir “espacio,
volumen y atmósfera”.
Desde una lectura inspirada en Henry Corbin, ese espacio
pictórico puede interpretarse como el mundus imaginalis, un territorio
intermedio entre lo sensible y lo espiritual, donde los objetos adquieren
resonancia arquetípica.
3. La alegoría y la memoria
Sus composiciones imaginarias y alegóricas dialogan con la
tradición de la pintura barroca y renacentista.
Maurice Halbwachs y Pierre Nora hablarían aquí de lugares de
memoria: cada objeto pintado (una taza, un pliegue, un gesto) se convierte en
símbolo de permanencia, un recordatorio de lo eterno en lo efímero.
4. Retratos como epifanías
El retrato de su madre con una taza de té, ganador del BP
Portrait Award 2018, puede leerse como una epifanía doméstica: lo cotidiano se
transfigura en ritual.
El gesto de beber té se convierte en un acto contemplativo,
casi litúrgico, donde la intimidad se abre a lo universal.
Conexión con tradiciones esotéricas
·
Hermetismo: La unión de microcosmos y
macrocosmos se refleja en la manera en que un objeto mínimo (una taza, un
pliegue de tela) contiene la totalidad.
·
Masonería y rituales iniciáticos: Su uso
de perspectiva y composición recuerda la arquitectura simbólica del templo,
donde cada elemento tiene función de instrucción espiritual.
·
Eranos y Jung: Como en las imágenes
recopiladas por Fröbe-Kapteyn, sus obras son arquetipos visuales que invitan a
la meditación.
La obra de Miriam Escofet, más allá de su virtuosismo
técnico, puede entenderse como un arte de revelación; convierte lo cotidiano en
símbolo, lo visible en umbral, y lo íntimo en universal. Desde lo esotérico,
sus pinturas son espacios de contemplación iniciática, donde el espectador es
invitado a cruzar del mundo sensible al imaginal.
|
Obra / Motivo |
Símbolo visible |
Arquetipo iniciático |
Lectura esotérica |
|
Retrato de su madre con taza de té |
La madre, la taza |
Sophia / Grial |
La madre como figura de la
Sabiduría eterna; la taza como recipiente del conocimiento y la comunicación
espiritual. |
|
Naturalezas muertas hiperrealistas |
Objetos cotidianos (tazas, telas, frutas) |
Talismanes / Microcosmos |
Cada objeto es condensador
de energía simbólica; lo mínimo refleja lo máximo (principio hermético). |
|
Espacios arquitectónicos y atmósferas |
Perspectiva, geometría, luz |
Templo / Cosmos ordenado |
La pintura como arquitectura
iniciativa: el espacio pictórico es un templo interior, reflejo del orden
universal. |
|
Retratos familiares y cercanos |
Rostros íntimos |
Linaje iniciático / Transmisión |
La memoria personal se
convierte en cadena de transición espiritual, como genealogía iniciática. |
|
Hiperrealismo atmosférico |
Detalles minuciosos, atmósfera envolvente |
Mundus imaginalis |
LO visible se abre a lo
invisible: el detalle es vía contemplativa hacia el mundo intermedio descrito
por Corbin. |
El cuadro Los cinco sólidos platónicos de
Miriam Escofet puede interpretarse como una meditación visual sobre la
geometría sagrada y la relación entre forma, cosmos y espíritu. Cada sólido
funciona como un arquetipo iniciático que conecta lo material con lo
trascendente.
Análisis esotérico del cuadro
1. Los sólidos como símbolos cósmicos
Los cinco sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octaedro,
dodecaedro, icosaedro) han sido asociados desde Platón con los elementos
fundamentales: fuego, tierra, aire, agua y el universo.
En la obra de Escofet, su disposición y atmósfera pictórica
los convierte en emanaciones arquetípicas, más que en simples figuras
geométricas.
2. Geometría sagrada y contemplación
La geometría perfecta de los sólidos se convierte en un
mandala tridimensional: un espacio de contemplación que invita al espectador a
entrar en el orden invisible del cosmos.
Desde la perspectiva de Henry Corbin, el cuadro puede leerse
como un acceso al mundus imaginalis, donde las formas geométricas son puertas
hacia realidades espirituales.
3. Lectura iniciática
·
Cada sólido es un grado de ascenso:
·
Tetraedro (fuego): purificación y energía vital.
·
Cubo (tierra): estabilidad, fundamento del
templo.
·
Octaedro (aire): equilibrio y respiración
espiritual.
·
Icosaedro (agua): fluidez, memoria y emoción.
·
Dodecaedro (universo): totalidad, unión con lo
divino.
La pintura se convierte en una tabla iniciática, donde la
contemplación de cada sólido es un paso hacia la integración del ser.
La definición de mundus imaginalis según Corbin
Un mundo real, no ficticio
Corbin insiste en que el mundus imaginalis no debe
confundirse con lo “imaginario” entendido como fantasía o ilusión. Es un
nivel ontológico autónomo, con su propia consistencia y leyes.
Órgano de percepción: la imaginación activa
Este mundo se percibe mediante la imaginación creadora
(imaginatio vera), que no es fantasía subjetiva, sino una facultad cognitiva
capaz de revelar realidades espirituales.
El “octavo clima”
En la tradición islámica que Corbin estudió, este mundo
corresponde al ʿālam al-mithāl (mundo de las imágenes arquetípicas) o al
malakūt (mundo sutil). Es llamado también el “octavo clima”, un
espacio intermedio entre lo sensible y lo inteligible.
Función simbólica y visionaria
El mundus imaginalis es el lugar donde se manifiestan
las visiones, los símbolos y las teofanías. Es el ámbito de los relatos
visionarios, de los sueños significativos y de las experiencias místicas.
An Allegory of the Gothic Ideal (2005) de
Miriam Escofet es una pintura alegórica y surrealista que convierte la estética
gótica en un símbolo espiritual; la figura femenina elevada sobre un pilar
encarna la unión entre lo humano y lo trascendente, mientras la arquitectura y
el paisaje evocan el templo interior del alma.
Claves esotéricas del cuadro
1. La figura femenina como Sophia
La mujer vestida de blanco con un cinturón azul (colores que
evocan pureza y trascendencia) representa la Sabiduría divina (Sophia), la Virgen
iniciática que se eleva hacia lo alto.
Su gesto ascendente y su posición sobre la columna evocan la
elevación iniciática, el tránsito del mundo material al espiritual.
2. La columna gótica como axis mundi
El pilar tallado funciona como columna del templo interior,
símbolo del eje que conecta cielo y tierra.
En la tradición hermética y masónica, la columna es soporte
del cosmos y del conocimiento.
3. El paisaje como mundus imaginalis
Montañas, árboles y nubes en el fondo sugieren un espacio
intermedio, el mundo imaginal descrito por Corbin.
No es un paisaje realista, sino un escenario de
contemplación, donde la naturaleza se convierte en espejo del espíritu.
4. El ideal gótico como aspiración espiritual
El gótico, con su verticalidad y luz, simboliza la búsqueda
de trascendencia.
Escofet traduce ese ideal arquitectónico en alegoría
pictórica: la figura humana se convierte en la catedral viva.
La pregunta misma (¿Y no vivimos en sueños?)
introduce la idea de que la realidad es un velo, un estado intermedio.
Desde Platón y su alegoría de la caverna hasta Jung y el
inconsciente colectivo, el sueño es metáfora de la condición humana: vivimos
entre sombras y símbolos, buscando despertar.
¿Y no vivimos en sueños? es una obra que funciona
como espejo iniciático: nos recuerda que la realidad es un sueño compartido, un
tejido de símbolos que solo se revela plenamente en la contemplación. Escofet
convierte lo cotidiano en un umbral hacia lo invisible, invitando al espectador
a despertar dentro del sueño.
Lectura simbólica de la imagen inferior
1. El caballero y el dragón: combate iniciático
El caballero representa el yo consciente, armado con
voluntad, disciplina y propósito.
El dragón encarna el inconsciente profundo, las fuerzas
caóticas, instintivas, o incluso el “guardían del umbral” en términos
junguianos.
El combate no es destrucción, sino transmutación: el héroe
debe enfrentar lo oscuro para integrar su sombra.
2. La lanza como eje de transformación
El arma que atraviesa al dragón es símbolo del logos, la
palabra, la razón iluminada.
En clave hermética, la lanza es el rayo de conciencia que
penetra el caos para revelar el orden oculto.
3. La figura bajo el árbol: testigo o Sophia
Esta figura puede representar la Sabiduría contemplativa
(Sophia), que observa el proceso sin intervenir.
El árbol bajo el cual se sitúa es símbolo del eje del mundo,
la conexión entre planos.
También puede ser el aspecto femenino del alma, que espera
la integración del héroe para revelarse.
4. El relieve como imagen dentro del sueño
Si esta escena está en la parte inferior de ¿Y no vivimos en
sueños?, funciona como fundamento simbólico: el sueño es el campo donde se
libra el combate iniciático.
El relieve en piedra sugiere memoria arquetípica, como si el
sueño fuera una inscripción ancestral en el alma.
La obra se centra en la idea del templo como espacio
simbólico y no meramente arquitectónico. Escofet lo concibe como un lugar de
contemplación, donde la geometría y la luz sugieren lo trascendente.
El templo funciona como alegoría del espacio interior
humano, un refugio espiritual.
La composición sugiere una arquitectura idealizada, más
cercana al mito que a la realidad.
La ausencia de figuras humanas enfatiza la idea de lo eterno
y lo universal.
El templo se inscribe en la tradición de la
arquitectura imaginaria como metáfora del alma, recordando tanto a los espacios
visionarios del Renacimiento como a las construcciones simbólicas de Jung y
Corbin. Escofet logra que el espectador se sitúe en un umbral: entre lo
material y lo espiritual, entre la piedra y la idea.
Figura femenina central: podría encarnar la Sophia o
sabiduría, como guardiana del templo interior.
Imágenes laterales: podrían funcionar como virtudes
cardinales o arquetipos platónicos que sostienen la estructura espiritual.
Disposición arquitectónica: recuerda a un retablo o
iconostasio, donde las imágenes no son retratos individuales, sino emanaciones
de lo sagrado.
https://conchamayordomo.com/2022/06/07/miriam-escofet/
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9860677
https://miriamescofet.com/other-works/
https://www.arteinformado.com/galeria/miriam-escofet/an-allegory-of-the-gothic-ideal-63150
https://www.arteinformado.com/guia/f/miriam-escofet-197507
https://www.neurochispas.com/wiki/los-5-solidos-platonicos-propiedades-diagramas-y-ejemplos/
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