Claves para entender a los Maestros

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12 noviembre 2023

LOGIA N° 69 FENIX

 

LOGIA FENIX

12 de noviembre de 1887

Montevideo-Uruguay


 

Venerable Maestro     Pedro De León

1er. Vigilante             Eugenio Ruiz

2do. Vigilante            Alberto Rieck

Orador                        Ramón Valdes

Secretario                   Juan José Debali

Tesorero                     Luis Beretta

 

Fuente: Miguel Salsamendi-Crónicas.

 

19 enero 2021

Carlos Gutiérrez Rojí

 

Carlos Gutiérrez Rojí

19 de enero de 1880 - ¿?

Uruguay

 


Contador, funcionario de la Dirección de Vialidad. Domicilio Gonzalo Ramírez N° 1731. Se inició en Logia Caridad N° 10, el 11 mayo1931, obtuvo su P.·. Q.·. el 7 septiembre del mismo año, siendo integrante además de las logias Fénix N° 69, donde se le concedió el P.·. Q.·. el 13 marzo 1939 y Sol Oriental N° 11 a la cual se afilió el 22 marzo 1939.

Gran Secretario de la Gran Logia. Exaltado al grado 33º miembro activo del Supremo Consejo el 2 marzo 1935.

 

 

Fuente: Miguel Salsamendi- Efemérides Enero.

26 abril 2020

JOSE PEDRO LAGGIA DEBELLIS


JOSE PEDRO LAGGIA DEBELLIS
26 de abril de 1887 – 16 de agosto de 1937
Trinidad (Flores) -


Médico cirujano, especializado en obstetricia y ginecología.

Miembro fundador de la Asociación Cristiana de Jóvenes (6 de abril de 1909) y socio de la Sociedad Filantrópica Cristóbal Colón, fue Representante Nacional (Diputado) por el Departamento de Flores, electo por el Partido Colorado Batllismo entre el 15 de febrero de 1923 y el 14 de febrero de 1926 (XXVIIIª Legislatura) y reelecto para XXIXª Legislatura (15 de febrero de 1926-14 de febrero de 1929).

Integrante de la Asamblea Deliberante designada el 31 de marzo de 1933 y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que elaboró la Constitución de 1934, fue nuevamente electo diputado por Flores para la XXXIIª Legislatura en 1934, falleciendo en el ejerció del cargo, el 16 de agosto de 1937.

Iniciado en la Logia Garibaldi Nº 50 el 22 de noviembre de 1911, obtuvo el 2º grado el 14 de febrero de 1912 y el 3ro. el 28 de febrero del mismo año.

Venerable Maestro de la referida Logia, en los ejercicios 1923 y 1933, fue Miembro de Honor de la Logia Fénix Nº 69.


Alcanzó la calidad de Miembro Activo del Grado 33º el 1º de julio de 1929.


Lugarteniente Gran Comendador a partir del año 1931, renunció al cargo al resultar electo Gran Maestro del Serenísimo Gran Oriente del Uruguay en 1933, en sustitución de Gabriel Terra.

Soberano Gran Comendador entre 1935 y 1937, fue declarado Soberano Gran Comendador Ad Vitam el 25 de enero de 1937.


Colaboró -junto a los demás integrantes de la Logia Garibaldi- con el Gran Maestro, Julio Bastos, en la fundación en 1924 de Logia Trabajo Nº 93 de Trinidad.


En su honor, dicho Taller, devenido a partir de 1935 en Triángulo, pasó a denominarse José Pedro Alaggia el 11 de noviembre de 1937.




21 febrero 2019

Diego Pons



Diego Pons Sipolina
21 de febrero de 1862 – 19 de diciembre de 1944
Montevideo

Hijo del inmigrante menorquín Bernardino Pons Tutzó, próspero vitivinicultor de la zona de Suárez y de la argentina María Sipolina (Cipolina) Diego es el primero de seis hijos.

Luego de vivir con su familia en Barcelona entre 1871 y 1876, comenzó a desempeñarse en 1880 como contador público habilitado por el Juzgado de Comercio, instalando poco después una barraca de frutos del país en Las Bóvedas.
Administrador de "Mensajerías Fluviales", el negocio familiar lo vinculó con los vitivinicultores Federico Vidiella y Pablo Varzi, quienes lo invitarían a ingresar en la Masonería.


Presidente de la Sociedad Vitícola Uruguaya en 1891, fue presidente de la Asociación Rural del Uruguay entre 1894 y 1899.

Su presidencia se destacó por la inauguración de la primera Exposición de Ganadería y Agricultura en 1895 y por profundizar, desde las columnas de la revista de la asociación, la prédica a favor de la diferenciación productiva y la difusión de innovaciones tecnológicas en el agro. Además, fue presidente por tres períodos consecutivos (1894-1896) de la Sociedad Vitícola Uruguaya, emprendimiento de la ARU en la Cruz (Florida) destinado a la capacitación de la mano de obra rural desempleada y que, rápidamente, se había transformado en una de las principales bodegas del país. Siempre en representación de la gremial ruralista, fue miembro del directorio del recién fundado Banco de la República en 1898.[1]



Integrante del Partido Colorado, fue ministro de Hacienda durante la presidencia de Juan Lindolfo Cuestas.

Luego de haber desempeñado diferentes cargos administrativos, en 1899 fue electo diputado por Tacuarembó por el Partido Colorado. En 1901 asumió como Ministro de Hacienda. Abandonado el ministerio en 1902, al año siguiente fue electo senador por Salto. En 1904 fue nombrado vicepresidente de dicha Cámara y presidente en 1905. Entre 1911 y 1914 fue nuevamente diputado, esta vez por Canelones. En 1916 fue nombrado miembro del directorio del Banco Hipotecario, cargo que conservó hasta 1920. Culminó su carrera como Embajador Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Italia, entre 1925 y 1930, año en que se retiró de la actividad pública para residir en su granja de Canelones hasta su muerte.[2]

En setiembre de 1944 vendió su reconocida bodega y los viñedos a la bodega Varela Zarranz.


Falleció en Montevideo, el 19 de diciembre de 1944, a los 82 años. La plaza principal de Joaquín Suárez y un camino circundante llevan su nombre.

---------- O ----------

Iniciado en la Logia Sol Oriental el 12 de mayo de 1884, obtuvo los grados 2º y 3º el 23 de junio del mismo año.



Integrante en 1886 de la efímera Liga Masónica Uruguaya, escindida del Gran Oriente del Uruguay, fue miembro de la Logia Fénix.

Alcanzó el Grado 33º Activo el 3 de febrero de 1904, desempeñándose como Soberano Gran Comendador – Gran Maestro entre 1918 y 1920, cuando renunció al cargo.








http://www.masoneria-uruguay.org/?q=node/128
http://iunuy.org/flop01/wp-content/uploads/elsitio/ElSitioN%C2%BA4.pdf


[1] http://anuarioiehs.unicen.edu.ar/Files/2010/La%20Granja%20Pons.%20Desarrollo%20y%20decadencia%20de%20una%20empresa%20vitivin%C3%ADcola.pdf
[2] Ibidem.

22 enero 2019

Juan Paullier


Juan Paullier y Mailhos
22 de enero de 1851 – 3 de junio de 1916
Montevideo

Sus padres: José Paullier y Brun (nacido en Cerdeña, Italia, en 1813) y María Mailhos (nacida en Altos Pirineos, Francia).

Su hermana fue Ana Paullier y Mailhos.

Se casó en Montevideo con Adriana de Mula (hija de José Isidro de Mula y Ángela Antonia Paullier y Mathon), nieta de su tío.

Fue padre de dos hijos: Esther y Washington.

Se graduó en Derecho en la Universidad de París y en 1876 regresó a Montevideo. Escribió en el diario La Razón, desde cuyas páginas divulgaba sus ideas liberales en cuestiones filosóficas y políticas. Era políglota y contaba con una biblioteca de más de 30.000 volúmenes.


Vicepresidente del Club Liberal Francisco Bilbao, creado por la Masonería Oriental.

En 1884 participó en la formación de la Liga Liberal.

Ingresó al Parlamento en 1907 como diputado. Más tarde fue senador. Fue miembro del Consejo de Instrucción Pública.
Desde el parlamento defendió las reformas sociales del batllismo. En 1915, durante el debate por la jornada de ocho horas expresó como senador: «Si hay en mi patria una industria que no pueda vivir y prosperar más que a la sombra de la explotación del hombre por el hombre, ¡maldita sea esa industria, y cuanto antes desaparezca mejor!»

***

Ingreso a la Masonería el 25 de diciembre de 1878 en la Logia Les Amis de la Patrie, ocupó el cargo de Orador en 1882.

También fue miembro de Logia Fénix N° 69, afiliado el 1° octubre 1891, fue su Venerable Maestro en 1896.

Exaltado al grado 33° miembro activo del Supremo Consejo, el 19 enero 1894.


https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Paullier

06 diciembre 2018

El espíritu masónico




El espíritu masónico I[1]
Revista El Faro
Año I Nº 2
Febrero 1912
Montevideo/Uruguay

¿Existe el espíritu masónico? En otros términos: ¿puede admitirse que la Franc-Masonería modifica en sus adeptos su estado de espíritu habitual y su concepción de las cosas? Eso es incontestable. Pero, es necesario apresurarse a decirlo, y conviene repetirlo a menudo: no es la iniciación la que hace al masón. La iniciación realizada con toda la seriedad deseable, con las completas y mejor ordenadas formas rituálicas y simbólicas, no hace más que conferir al recién llegado nuevos derechos y nuevas obligaciones, señalándole la ruta que deberá seguir para adquirir esa intelectualidad especial que los masones dignos designan bajo el nombre de espíritu masónico.

Este no se transmite, pues, por la sola entrada a la Masonería. Ese espíritu se adquiere, y se adquiere lentamente. Se desenvuelve y se precisa, mediante la frecuentación a la Logia y el trato con los buenos masones; por el cultivo serio y perseverante del simbolismo masónico; por el estudio atento de la historia de la Asociación, y por los tránsitos sucesivos de los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, que, por sus enseñanzas, van insensiblemente formando al verdadero y perfecto masón. Es, en fin, la educación masónica la que desarrolla el espíritu masónico.

Es posible que algunos Hermanos comprendan más rápidamente que otros la significación de la Masonería, —el rol que ella debe desempeñar, la influencia que ella debe ejercer— porque ellos poseen especiales aptitudes; pero la gran mayoría de los masones no llega a comprender, ni menos a practicar, el espíritu masónico sino después de un largo y perseverante cultivo de las enseñanzas de la Masonería. Los hay que no son capaces de asimilar el espíritu masónico, a pesar de su inteligencia, de su ciencia o de su elevada posición en la Orden; ellos son y permanecen masones por la forma, pero no sufren jamás esa íntima influencia que la actividad masónica ejerce sobre los Masones.

Y sin embargo, se ha dicho —y es lo cierto — que la Masonería ha contribuido, más que ninguna otra institución, a dar importancia y fuerza a la opinión pública y a investir a ésta de la necesaria misión de control. Ella ha trabajado para hacer reconocer los derechos del poder civil, para contener o rechazar las pretensiones de ciertas iglesias, para imponer la tolerancia en materia religiosa y para afirmar y consolidar el carácter laico del Estado.

Ha luchado constantemente para eliminar de todas las Reglas del Derecho y de todas las manifestaciones jurídicas, el elemento religioso, heredero del elemento mágico que prevalece en las sociedades primitivas.

En lo que al derecho privado concierne, no ha cesado de preconizar las últimas reformas de la legislación, que entrañan el triunfo de uno de sus principios fundamentales: el principio de la legalidad.

En el derecho público, muy especialmente, ha sido la Masonería la más decidida y cruel adversaria del absolutismo, favoreciendo, con todas sus fuerzas, el establecimiento y la cimentación del sistema parlamentario.

En el dominio internacional, donde sus tendencias cosmopolitas encuentran aplicación natural, ha prestado incalculables servicios a los pueblos. Elevándose por encima de las patrias, no pudo dejar de combatir la política egoísta que denuncia como enemigo natural a todo pueblo extranjero. Predicando la alianza universal, se ha convertido en la más grande adversaria de la guerra.

La Masonería no dicta dogmas a sus afiliados; se conforma con formularles un ideal que todos deben interesarse en realizarlo. Ese ideal se resume en las palabras fraternidad, libertad, igualdad, tolerancia y beneficencia.

El espíritu masónico está compuesto de todas esas y otras ideas.

Parece, por consiguiente, que todos los masones —frente a frente de esta obra acabada, — debieran sentirse impregnados del espíritu masónico. Desgraciadamente no es así.

Pero aún hay algo más extraño todavía. Se encuentran hombres que jamás han sido masones, y que, tanto por sus actos como por su lenguaje, prueban que poseen verdadero espíritu masónico. Han sido instruidos por la experiencia, y su inteligencia y su corazón los han orientado al contacto de una historia en cuyas páginas ha puesto la Masonería una gran parte de sus enseñanzas.

Ignorándolo, admiran la obra acabada de la emancipación, y, sin recelanzas, favorecen la labor masónica, y son excelentes, aunque involuntarios sostenedores de ella.

En efecto, dice Ernesto Nis: «a través de dos siglos, se encuentran sobre todos los  puntos del globo los miembros de las Logias a la cabeza de los valientes que combaten por el triunfo de la libertad política, de la tolerancia religiosa; que combaten por la armonía, por la cordialidad de los pueblos. En más de una ocasión—agrega— han sido los Talleres masónicos los que han intervenido en las luchas, sosteniendo los principios fundamentales de la Orden, es decir, la aversión al error, al abuso y a los prejuicios».

El tema el ESPÍRITU MASÓNICO, merece, por consiguiente, que ante él nos detengamos. Será, pues, útil examinarlo con atención, colocándonos, para resolverlo, frente a esta cuestión previa: ¿Poseeré yo ese espíritu masónico; mi vida, mis actos, mi actividad, serán la prueba de esta conquista?

Y esto se contesta con lo siguiente: Con la práctica de la Masonería, con la frecuentación a las Logias, con la lectura de los trabajos, con el estudio de los símbolos, con las preocupaciones que se derivan de la vida de los Talleres, así como con el atento examen de los hechos históricos, se impresiona el fiel masón, comunicándole—sobre la vida, sobre el trabajo, sobre la humanidad, sobre el fin de la existencia, y, en general, sobre sí mismo y sobre el mundo que lo rodea—ideas especiales y un nuevo estado de su espíritu.

Todos los verdaderos masones han hecho la experiencia, y, debe añadirse, han hecho una feliz experiencia.

Ed. Quartier-la-Tente.

(Continuará.)


[1] Creemos cooperar al móvil que guiara á la Logia mas.·. «Fénix» (de Montevideo) al publicar este trabajo, reproduciéndolo en nuestras páginas. Aquellos de nuestros lectores que no hubieran conocido esta luminosa exposición de principios sin nuestra mediación, nos la agradecerán.