Claves para entender a los Maestros

10 mayo 2020

Ceremonia de iniciación al primer grado de aprendiz



G.I.- (Marcando el paso y el signo del Primer Grado.) Hermano Segundo Vigilan­te, hay un mensaje.
S.V.- (Da los golpes del Primer Grado, luego se levanta con paso y signo.) Venerable Maestro, hay un mensaje.
V.M.- Hermano Segundo Vigilante, averigüe quién desea la admisión.
G.I.- (Corta la señal, abre la puerta y se dirige al Guardián Exterior.) ¿A quién tiene ahí?

G.E.- El Señor..., un pobre candidato en estado de oscuridad, que ha sido digna­mente recomendado, reglamentariamente propuesto y aprobado en logia abierta, y llega por su propia y libre iniciativa, convenientemente preparado, y suplica humildemente ser admitido a los misterios y privilegios de la francmasonería.
G.I.- ¿Cómo espera obtener esos privilegios?
Cand.- (Impulsado por el Guardián Exterior.) Por la ayuda de Dios, al ser libre y de buenos informes.
G.I.- Deténgase mientras informe al Venerable Maestro. (Cierra la puerta, marca el paso y el signo.) Venerable Maestro, un pobre candidato en estado de oscuridad, etc. (En­tonces se repite el informe del Guardián Exterior.)
VM.- ¿Cómo espera obtener él esos privilegios?
G.I.- Por la ayuda de Dios, siendo libre y de buenos informes.
VM.- Los buenos informes ya se han oído en su favor; ¿aseguraría, Hermano Guar­dián Interior, que está preparado adecuadamente?
G.I.- Lo aseguro, Venerable Maestro.
VM.- Entonces sea admitido en debida forma. (El Guardián Interior corta el signo.) Hermanos Diáconos.
(El Primer Diácono coloca el reclinatorio en el rincón nordeste. El Guardián Interior recibe al candidato en la puerta y le aplica la punta de un puñal en su pecho izquierdo des­nudo y pregunta: ¿Sentís algo? Ante la respuesta afirmativa, el Guardián Interior alza el puñal para mostrar al Venerable Maestro que su tarea está hecha. El Segundo Diácono toma enton­ces la mano derecha del candidato con su izquierda y le guía al reclinatorio.)
VM.- Señor... Como nadie puede ser hecho Masón si no es libre y de edad madu­ra, os pregunto: ¿sois un hombre libre y de veintiún años cumplidos?186.
Cand.- Lo soy.
VM.- Asegurado esto os agradecería que os arrodilléis mientras la bendición del Cie­lo es invocada sobre nuestras actuaciones. (Da un solo golpe, respondido por los vigilan­tes. Los Hermanos están de pie al orden con la señal de Reverencia y los Diáconos cru­zan sus varas sobre la cabeza del candidato.) El Venerable Maestro o el capellán si lo hay ofrece la oración siguiente:
«Reclamamos Tu ayuda, Poderoso Padre y Supremo Gobernador del Universo, a nuestra actual reunión, y concédenos que este candidato a la Francmasonería dedique y consagre su vida a tu ser­vicio para que se convierta erta en un Hermano puro y fiel entre nosotros. Dótale con tal competencia en tu divina sabiduría que, asistido por los secretos de nuestro Arte masónico, pueda capacitarse para desplegar las bellezas de tu divinidad, en honor y gloria de tu santo nombre.»
M.I.A.- Así pueda ser. (Todos rubrican el signo de Reverencia y los Diáconos bajan sus varas).
VM.- En todos los casos de dificultad y de peligro, ¿en quién ponéis vuestra con­fianza?
Cand.- En Dios.
VM.- Me alegra encontrar su fe tan bien fundada; apoyado en respaldo tan seguro podéis levantaron con seguridad y seguir a su jefe con firme y humilde confianza porque donde el nombre de Dios es invocado confiamos en que no aparezca peligro alguno.
(El Segundo Diácono ayuda al candidato a levantarse y el Primer Diácono retira el reclinatorio. El Venerable Maestro y los hermanos toman asiento.)
VM.- (Dando un solo golpe, repetido por los Vigilantes.) Los Hermanos del Nor­te, Este, Sur y Oeste tomarán nota de que el señor... pasará ante ellos para mostrar que es el candidato adecuadamente preparado y persona apta e indicada para ser hecho Masón.
(El Primer Diácono coloca el reclinatorio en una posición delante del pedestal del Venerable Maestro en el Oriente y le da el puñal. El Segundo Diácono toma firmemen­te al candidato por la mano derecha, le conduce a través del Norte, el Este y el Sur cua­drando cuidadosamente la logia con detención en las esquinas, volviéndose luego para re­emprender el camino con el pie izquierdo. Cuando llega al Segundo Vigilante le toca tres veces en el hombro derecho con la mano derecha del candidato.)

S.V- ¿A quién tenéis?
S.D.- Al señor..., un pobre candidato en estado de oscuridad, etc.
S.V- ¿Cómo espera obtener ese privilegio?
S.D.- Con la ayuda de Dios, siendo libre y de buenos informes.
(El Segundo Diácono conduce al candidato hasta el Primer Vigilante, cuadrando la logia en la esquina suroeste. Se le hace el mismo examen. Entonces pasan a la izquierda del Primer Vigilante y miran al Este.)
P.V.- (Marcando el paso y la señal.) Venerable Maestro, os presento al señor..., un can­didato adecuadamente preparado para ser hecho Masón.
V.M.- Hermano Primer Vigilante, vuestra presentación será atendida, para lo cual di­rigiré algunas preguntas al candidato, a las que con fin responda con sinceridad.
¿Declaráis firmemente por vuestro honor que, sin coacción por parte de amigos contra vuestra propia inclinación, y sin influencia de motivos indignos, os ofrecéis libre y voluntariamente candidato para los misterios y privilegios de la Francmasonería?

Cand.- Lo declaro.
VM.- ¿Os comprometéis de igual manera a que estáis dispuesto a solicitar esos pri­vilegios por una opinión previa y favorable de la Institución, un deseo general de conoci­miento y un anhelo más apto para servir a vuestros compañeros del Arte?
Cand.- Me comprometo.
VM.- ¿Declaráis además seriamente por vuestro honor que, evitando el miedo por una parte y la rudeza por otra, perseveraréis continuamente a lo largo de la ceremonia de vuestra iniciación y si sois admitido os comportaréis y mantendréis en adelante según los antiguos usos y costumbres establecidas de la Orden?
Cand.- Lo declaro.
VM.- Hermano Primer Vigilante, ordenaréis al Segundo Diácono que instruya al candidato para que avance hacia el pedestal en la debida forma.
P.V.- Hermano Segundo Diácono, el Venerable Maestro ordena que instruya al can­didato para que avance hacia el pedestal en debida forma.
(El Segundo Diácono conduce al candidato hasta una yarda del pedestal. Entonces le instruye para que coloque sus pies en ángulo recto con los talones juntos, el pie iz­quierdo hacia el Este y el derecho hacia el Sur.)
S.D.- Marcad un paso corto con vuestro pie izquierdo colocando luego los pies en forma de escuadra. Dad otro paso algo mayor y colocad luego los pies como antes. Otro aún más largo, con los pies del mismo modo.
(El candidato debe estar ahora en posición de arrodillarse ante el pedestal. Mientras tanto el Primer Diácono ha llegado y está de pie a la izquierda del candidato, con el Se­gundo Diácono a la derecha, los tres mirando a Oriente.)
VM.- Es mi deber informaros de que la Masonería es libre, y requiere una perfecta libertad de inclinación en cada candidato para los misterios. Se funda en los más puros principios de piedad y virtud; posee grandes y valiosísimos privilegios; y para asegurar esos privilegios a hombres dignos, y nosotros confiamos solamente en hombres dignos, se re­quieren votos de fidelidad; pero permítame aseguraron que en esos votos no hay nada in­compatible con vuestros deberes civiles, morales o religiosos; ¿estáis por tanto dispuesto a asumir un solemne Juramento, fundado en los principios que he indicado, y a guardar in­violados los secretos y misterios de la Orden?
Cand.- Estoy dispuesto.
VM.- Entonces os arrodillaréis sobre vuestra rodilla izquierda, vuestro pie derecho formando escuadra, me daréis vuestra mano derecha que yo coloco sobre el libro de la Sa­grada Ley mientras vuestra mano izquierda se ocupará en sostener este Compás, con una punta hacia vuestro pecho izquierdo desnudo.
(El Primer Diácono ayuda a que el candidato tome dicha posición. El Compás está abierto en ángulo recto, la punta superior dirigida al pecho izquierdo del candidato. El Maestro da un solo golpe, repetido por los Vigilantes. Los Hermanos se levantan y se si­túan al orden con la señal del Grado. Los Diáconos cruzan sus varas sobre la cabeza del candidato, sosteniéndolas con sus manos izquierdas, marcando el signo con la derecha.)
VM.- Repita su nombre completo y diga después de mí:

JURAMENTO
Cand.-Yo..., en presencia del Gran Arquitecto del Universo, y de esta digna, venera­ble y patentada logia de Masones Libres y Aceptado, regularmente convocada y adecua­damente dedicada, por mi propia libre voluntad y acuerdo, por esto (El Venerable Maestro toca la mano derecha del candidato con su mano izquierda) y por esto (El Venerable Ma­estro toca la Biblia con su mano izquierda) sincera y solemnemente prometo y juro que yo siempre ocultaré, esconderé y jamás revelaré parte ni partes, punto ni puntos de los se­cretos o misterios propios o que pertenezcan a los Masones Libres y Aceptados en la Ma­sonería, que puedan en adelante ser conocidos por mí o se me comuniquen en el futuro, a no ser a algún o algunos verdaderos y legales Hermanos y ni siquiera a ellos sin la debi­da comprobación, estricto examen o segura información de un Hermano bien conocido, acerca de que él o ellos son dignos de tal confidencia, o en el cuerpo de una justa, perfec­ta y regular logia de Antiguos Francmasones. Yo además prometo solemnemente que no escribiré esos secretos, ni los dictaré, grabaré, marcaré, esculpiré o los dibujaré de cualquier otra manera ni provocaré ni toleraré que así se haga por otros, si está en mi poder hacer­lo, sobre cualquier cosa móvil o inamovible bajo la bóveda del cielo, dondequiera que una letra, carácter o figura, o la más mínima traza de letra, carácter o figura pueda ser legible o inteligible para mí mismo o para cualquier persona del mundo, de forma que nuestras ar­tes secretas y misterios ocultos puedan inadecuadamente ser conocidos por mi indignidad. Juro observar todos esos puntos sin evasión, equivocación o reserva mental de cualquier clase, bajo una pena no menor en caso de violación de alguno de ellos de que mi cabe­za sea cortada, mi lengua arrancada de raíz y enterrada en la arena desde la playa, donde la marea regularmente fluye y refluye dos veces en veinticuatro horas, o el más efectivo cas­tigo de ser marcado como un individuo conscientemente perjuro, privado de toda digni­dad moral, y totalmente inadecuado para ser recibido en esta venerable logia, o en cual­quier otra logia patentada o asociación de hombres que estimen el honor y la virtud por encima de las ventajas exteriores de rango y fortuna. Así Dios me ayude y me mantenga firme en este mi grande y solemne juramento como un ingresado aprendiz francmasón.
(Todos cortan la señal, los Diáconos bajan sus varas y el Venerable Maestro retira el Compás de la mano del candidato.)
VM.- Lo que habéis repetido sólo puede considerarse como una seria promesa; como un compromiso de vuestra fidelidad y para convertirlo en Juramento Solemne lo se­llaréis con vuestros labios en el Libro de la Sagrada Ley.
(El candidato así lo hace.)
VM.- Habiendo vivido un tiempo considerable en estado de oscuridad, ¿cuál es en la situación actual, el deseo predominante de vuestro corazón?
Cand.- Luz.
VM.- Hermano Segundo Diácono, que la bendición se restaure en el candidato.
(El Venerable Maestro hace oscilar su mallete a la izquierda, a la derecha y hacia aba­jo en el pedestal. Los Hermanos aplauden a la vez, el Segundo Diácono manipula el ca­puchón de forma que los ojos del candidato se dirijan a la Biblia que hay ante él. Enton­ces le quita la soga del cuello.)
V.M.- Una vez que habéis sido devuelto a la bendición de la luz material, permitid­me llamaros la atención sobre las que consideramos las tres grandes, aunque simbólicas, lu­ces en la Francmasonería; son el Libro de la Sagrada Ley, la Escuadra y el Compás. Las Sa­gradas Escrituras han de gobernar nuestra fe, la Escuadra regular nuestras acciones, el Compás mantenernos en la debida vinculación con toda la Humanidad, particularmente con nuestros Hermanos en la Francmasonería.
(Toma entonces con su mano derecha la mano derecha del candidato y prosigue).
Levantaos, recién juramentado Hermano, entre los Masones. Ahora estáis capacitado para descubrir las tres luces menores; están situadas al Este, Sur y Oeste y representan al Sol, la Luna y al Maestro de la logia; el Sol para regir el día, la Luna para gobernar la noche, el Maestro para dirigir su logia. Hermano..., por vuestro manso y sincero comportamiento esta tarde, habéis escapado de dos grandes peligros, pero hay un tercero que os acechará hasta el último período de vuestra existencia. Los peligros a los que habéis escapado son los de ser apuñalado y estrangulado porque a vuestra entrada en la logia este puñal (lo em­puña y muestra al candidato) se esgrimió hacia vuestro pecho izquierdo desnudo para que si intentabais lanzaros hacia delante hubierais provocado vuestra propia muerte por apuñalamiento, mientras que el Hermano que lo sostenía hubiera permanecido firme y cum­plido con su deber. De igual manera esta soga con un nudo corredizo alrededor de vues­tro cuello hubiera hecho fatal cualquier intento de retirada; pero el peligro que os aguardará hasta vuestra última hora es el castigo por vuestro juramento, vuestra garganta cortada si inicuamente reveláis los secretos de la Masonería.
Habiendo pronunciado el Gran y Solemne Juramento de un Masón, se me permite in­formaros ahora de que hay varios grados en la Francmasonería, cada unos con sus secretos pe­culiares reservados; que, sin embargo, no se comunican de forma indiscriminada sino que se confieren a los candidatos de acuerdo con su mérito y capacidades. Por tanto, procedo a con-faros los secretos de este grado, es decir aquellas marcas por las que nos reconocemos unos a otros y nos distinguimos del resto del mundo; pero debo anticipar para vuestra información general que todas las Escuadras, Niveles y Plomadas son verdaderos y propios signos median­te los que se puede reconocer a un masón. Se esperará de vuestra persona que esté perfecta­mente erguido, vuestros pies formando escuadra, vuestro cuerpo considerado así como un emblema de vuestra mente, y vuestros pies de la rectitut de vuestras acciones.
Ahora marcaréis un paso corto hacia mí con vuestro pie izquierdo, llevando el talón iz­quierdo a la concavidad. Este es el primer paso regular en la Francmasonería, y la posición en la que los secretos del grado se comunican. Consisten en una señal, un contacto y una palabra.
Colocad vuestra mano en esta posición con el pulgar extendido y formando escua­dra con la garganta. La señal se da corriendo la mano elegantemente sobre la garganta y dejándola caer al costado.
(Realiza la señal que el candidato copia.)
Esta es una alusión al castigo en virtud de vuestro juramento; implica que como hombre de honor y masón preferiríais ver cortada vuestra garganta (de nuevo se mar­ca el signo) a revelar indebidamente los secretos que se os confían.
El contacto se verifica mediante una clara presión del pulgar sobre la primera ar­ticulación de la mano, lo cual, cuando se da y recibe regularmente sirve para distinguir a un Hermano de noche tan bien como de día. Este contacto exige una palabra muy apreciada por los masones como contraseña de sus privilegios. Toda precaución que se observe al comunicarla será poca; nunca se pronunciará completa sino por letra o síla­bas; para permitir que lo hagáis así os diré que esa palabra es BOAZ.
(El candidato repite la palabra. El Venerable Maestro entonces la deletrea, y el can­didato le sigue.)
VM.- Como en el curso de la ceremonia seréis llamado por esta palabra, el Se­gundo Diácono dictará ahora las respuestas que deberéis dar.
V.M.- (Haciendo el contacto). ¿Qué es esto?
Cand.- (Inducido por el Segundo Diácono para responder.) El contacto de un Aprendiz Ingresando Francmasón.
VM.- ¿Qué es lo que exige?
Cand.- Una palabra.
VM.- Dadme esa palabra.
Cand.- En mi iniciación se me enseñó a ser cauteloso; la deletrearé o la partiré con usted.
VM.- Lo que os plazca, y empezad.
Cand.- (Impulsado todavía por el Segundo Diácono.) BO.
VM.-  AZ.
Cand.- BOAZ.
VM.- Esta palabra se deriva de la columna situada a la izquierda del pórtico de entrada en el Templo del Rey Salomón, llamada así por Boaz, el bisabuelo de David, príncipe y gobernante en Israel. El significado de la palabra es «en fuerza». Pase, Boaz.
(El Segundo Diácono conduce al candidato hacia el pedestal del Segundo Vigi­lante, instruyéndole cómo cuadrar la logia en la esquina sudoeste).
S.D.- (Con paso y señal.) Hermano Segundo Vigilante, os presento al Hermano... en su iniciación.
S.V- Agradecería al hermano... que avanzase hacia mí como un Masón. (El candida­to marca el paso y la señal.) ¿Tenéis algo que comunicar?
Cand.- Lo tengo. (Realiza el contacto, ayudado por el Segundo Diácono.) S.V- ¿Qué es esto?
Cand.- Una palabra.
S.V- Dame esa palabra.
Cand.- En mi iniciación se me enseñó a ser cauteloso; la deletrearé o partiré con usted. S.V- Como guste, y empiece.
Cand.- B.
S.V_ O.
Cand.- A.
S.V- Z.
Cand.- BO.
S.V- AZ.
Cand.- BOAZ.
S.V- Pase, BOAZ.
(El Segundo Diácono conduce al candidato, cuadrando la logia en la esquina, hacia el pedestal del Primer Vigilante. Donde marca el paso y la señal.)
S.D.- Hermano Primer Vigilante, os presento al Hermano... en su iniciación (corta la señal).
P.V.-Yo agradecería al Hermano... que avance hacia mí como un Masón. (El candi­dato marca el paso.) ¿Qué es eso?
Cand.- El primer paso regular en la Francmasonería.
P.V.- ¿Traéis alguna otra cosa?
Cand.- La traigo. (Marca la señal.)
P.V.- ¿Qué es eso?
Cand— La señal de un Aprendiz Ingresado Francmasón.
P.V.- ¿A qué alude?
Cand.- Al castigo de mi Juramento; implica que, como hombre de honor y Masón, prefiero que mi garganta sea cortada (marca nuevamente la señal) antes que revelar inade­cuadamente los secretos que se me han confiado.
P.V.- ¿Tenéis algo que comunicar?
Cand.- Lo tengo (ofreciendo el contacto).
P.V.- ¿Qué es esto?
Cand.- El contacto de un Aprendiz Ingresado Francmasón.
RV- ¿Qué exige?
Cand.- Una palabra.
RV- Dadme esa palabra.
Cand.- En mi iniciación se me enseñó a ser cauteloso; la deletrearé o partiré con usted. P.V.- Como os plazca y empezad.
(La palabra se parte exactamente igual como sucedió ante el Venerable Maestro.) P.V.- ¿De dónde se deriva esa palabra?
(El candidato da la misma explicación que antes y recibe el paso. El Segundo Diá­cono conduce al candidato hacia el Maestro en el Oriente).
P.V.- (Con paso y signo).Venerable Maestro, os presento al Hermano... en su inicia­ción, para alguna marca de vuestro favor.
V.M.- Hermano Primer Vigilante, delego en usted para investirle con la distinguida insignia de masón.
(El Primer Vigilante asistido por el Segundo Diácono, inviste al candidato con la in­signia o mandil de su grado. El mandil es de piel pura y blanca de cordero, sin adornos de ninguna clase. El Primer Vigilante sostiene la esquina inferior derecha del mandil en su mano derecha mientras habla.)
P.V.- Hermano... por orden del Venerable Maestro os invisto con la distinguida in­signia de masón. Es más antigua que el vellocino de oro o el águila romana, más honora­ble que la Jarretera o cualquier otra Orden existente, porque es la insignia de la inocencia y el vínculo de la amistad. Yo os exhorto enérgicamente a llevarla siempre y considerarla como tal; y os informo además de que si nunca deshonráis a esta insignia (el Primer Vigi­lante golpea al mandil del candidato con su mano derecha; los Hermanos simultáneamente golpean sus mandiles) ella nunca os deshonrará.
V.M.- Permítaseme añadir a la observación del Primer Vigilante que nunca se pondrá esta insignia si se dispone a visitar una logia en la cual haya un Hermano con el cual mantengáis discrepancia, o contra quien sintáis animosidad. En tal caso se espe­ra que le invite a retirarse, para resolver vuestras diferencias amistosamente; una vez lo­grado lo cual podrá revestirse y entrar en la logia y trabajar con el amor y armonía que caracteriza siempre a los Masones. Pero si por desgracia vuestras dificultades son de tal naturaleza que no pueden solucionarse con tanta facilidad, será mejor que uno de los dos o los dos se retiren antes que la armonía de la logia se vea perturbada por vuestra presencia. Hermano Segundo Diácono, colocad a nuestro Hermano recién hecho en la parte nordeste de la logia.
(Así se hace mirando los dos al Sur.)
S.D.- Izquierda de la logia, derecha de la logia, prestad atención al Venerable Maestro.
VM.- Es costumbre, en la edificación de un grandioso y soberbio edificio, colo­car la primera piedra en la esquina nordeste de la construcción. Habiendo sido recién admitido a la Masonería, está colocado en la parte nordeste de la logia para representar esa piedra, y que desde el cimiento colocado esta tarde podáis alzar una estructura per­fecta en sus partes y honorable para el constructor.
Señor... ahora se yergue, para toda apariencia externa, como un Masón justo y recto, y yo os recomiendo encarecidamente que continuéis y actuéis como tal.
VM.- Por tanto, procederé inmediatamente a poner vuestros principios, en cierta me­dida, a prueba, para llamaron a ejercitar aquella virtud que puede denominarse justamente como la característica distintiva de un corazón francmasónico, y me refiero a la caridad. No necesito extenderme aquí en sus excelencias; sin duda la habéis sentido y practicado frecuen­temente. Es suficiente decir que goza de la aprobación del Cielo y la tierra, y que como su hermana la misericordia bendice tanto al que la da como al que la recibe.
En una sociedad tan ampliamente extendida como la Francmasonería, cuyas ramas se expanden por las cuatro partes del globo, no puede negarse que tenemos muchos miembros de rango y opulencia; ni puede ocultarse que entre los millares que militan bajo sus banderas, hay algunos que quizás por circunstancias de inevitable calamidad y desgracia, se han reduci­do al límite, inferior de la pobreza y el infortunio. A favor de ellos es nuestra habitual cos­tumbre despertar los sentimientos de cada Hermano recién hecho por una invocación a la ca­ridad que las circunstancias de su vida puedan correctamente otorgar. Por tanto, aquello que estéis dispuesto a donar debe depositarlo ante el Segundo Diácono; será recibido con grati­tud y fielmente aplicado.
S.D.- (Presentando la bandeja de las limosnas.) ¿Tenéis algo que dar por razón de cari­dad?
(El candidato queda algo aturdido ante la respuesta que debe dar, y probablemente indicará por sus propias palabras que su dinero se ha quedado fuera en la antelogia y nada lleva sobre sí.)
S.D.- ¿Ha sido privado de cualquier cosa de valor antes de entrar en la logia? (Se deja al candidato responder afirmativamente). Si no hubiérais sido despojado, ¿daría algo libremente?
(Se espera nuevamente una respuesta afirmativa. Pero no se le sugiere.)
S.D.- (Con paso y señal.) Venerable Maestro, nuestro Hermano recién hecho afirma haber sido desprovisto de cualquier cosa de valor previamente a su entrada en la logia, y de no ser así daría algo libremente.
(Corta la señal.)
V.M.- Le felicito por los honorables sentimientos según los habéis actuado, e igual­mente por la imposibilidad que en la presente instancia os impide obrar según ellos; cre­edme que la prueba no se ha hecho para jugar con vuestros sentimientos; lejos de noso­tros semejante intención; se ha hecho por tres especiales razones. Primero, como ya he indicado, para probar vuestros principios; segundo para demostrar ante los Hermanos que no lleváis ni dinero ni sustancias metálicas; porque de lo contrario la ceremonia de vues­tra iniciación tendría que repetirse, y tercero como una advertencia a vuestro corazón para que si en algún tiempo futuro encuentra a algún Hermano en circunstancias de miseria, y solicita vuestra ayuda, deberéis recordar el momento preciso en que se la recibió en la Ma­sonería, pobre y sin un penique, y entonces abracéis con entusiasmo la oportunidad de practicar esa virtud que habéis profesado admirar.
(El Segundo Diácono sitúa al candidato ante el Venerable Maestro. El Maestro In­mediatamente Anterior coloca la caja de herramientas sobre el pedestal.)
VM.- Ahora os presento las herramientas de trabajo; son el calibre de 24 pulgadas, el martillo común y el cepillo. El calibre de 24 pulgadas es para medir nuestro trabajo; el marti­llo para arrancara golpes nuestros nudos y excrecencias superfluos; y el cepillo para alisar y preparar la piedra y hacerla apta para las manos de un trabajador más experto. Pero como no somos todos masones operativos, sino más bien libres y aceptados o especulativos, aplicamos estas herramientas a nuestra moral. En este sentido el calibre de 24 pulgadas representa las veinticuatro horas al día, que deben emplearse parcialmente en el rezo al Dios todopoderoso; dedicar en parte al trabajo y el recreo; y en parte a servir a un amigo o un Hermano en si­tuación de necesidad, sin detrimento nuestro o de nuestras relaciones. El martillo representa la fuerza de la conciencia, que debe repeler todos los pensamientos vanos e inconvenientes que puedan perturbarnos durante alguno de los períodos indicados; con el fin de que nues­tras palabras y acciones puedan ascender inmaculadas al Trono de la Gracia. El cepillo nos se­ñala las ventajas de la educación, por la cual nos convertimos en miembros adaptados de una sociedad regularmente organizada.
Como en el curso de la tarde seréis llamado para ciertos abonos relacionados con su ini­ciación, es conveniente que sepáis en virtud de qué autoridad actuamos. Esta es nuestra Car­ta o Patente de la Gran Logia de Inglaterra (abre la Carta) que podéis inspeccionar en esta tar­de y las futuras. Este es el Libro de las Constituciones (ofrece un ejemplar al candidato) y estos son nuestros reglamentos particulares (le ofrece un ejemplar); os recomiendo un serio uso de ambos porque con uno de estos libros seréis instruido en vuestros deberes generales respecto del Arte y por el otro en los que se refieren a esta logia en particular.
VM.- Ahora quedáis en libertad de retiraron, para recuperar vuestra apariencia y comodidad personal y una vez que regreséis a la logia llamaré vuestra atención sobre una Obligación, fundada en las excelencias de la Institución y las cualificaciones de sus miembros.
(El Segundo Diácono conduce al candidato a la izquierda del Primer Vigilante y le indica cómo saludar al Venerable Maestro en cuanto masón, con paso y signo. Entonces el candidato se retira y se viste con sus ropas normalmente, incluido el mandil. Cuando está listo, el Guardián Exterior avisa con golpes del Primer Grado.)
G.I.- (Con paso y signo.) Hermano Segundo Vigilante, hay un informe. (El Segundo Vigilante da un golpe, el Guardián Interior abre la puerta.) G.E.- (Con paso y señal).Venerable Maestro, el candidato en su regreso. V.M.- Admítale.
(El Guardián Interior corta la señal. El Segundo Diácono va a la puerta y toma al candidato de la mano cuando entra. Le ordena de nuevo saludar al Venerable Maestro como Masón, y le conduce al Norte del pedestal del Primer Vigilante donde se va a reci­tar la Obligación. Esta se pronuncia por el Venerable Maestro o por un Venerable Maestro anterior o por un Vigilante.)
Con la mencionada Obligación la liturgia de iniciación de un Aprendiz queda concluida. Como muy bien su propio nombre indica, en este acto el Venerable Maestro además de obligar, re­comienda una serie de cuestiones como el comportamiento, ejemplar que debe acompañar a todo masón; el respeto al Libro de la Sagrada Ley y la consideración del mismo como un ina­gotable modelo para hallarlaverdad y la justicia o el respeto a la figura del secreto, la fidelidad y la obediencia. En definitiva, un completo recordatorio de todo el proceso de iniciación.
Tal y como sucede con otras celebraciones y rituales masónicos, en no pocas oca­siones, y una vez concluidas todas las pautas exigida, para adquirir el Primer Grado de la masonería, se pone punto y final con la celebración de un banquete al que deben acudir los miembros de la hermandad, logia o taller.

Martín Albo, Miguel- La Masonería. Una hermandad de carácter secreto. Libsa. Madrid. 2005. pp. 422-433.




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